2 formas de glorificar a Dios

El apóstol Pablo dijo algo impactante en Gálatas 1:24.

“Y glorificaban a Dios en mí.”

Él estaba contando cómo los creyentes se sorprendieron cuando él se convirtió y cambió de manera radical. ¡Pasó de perseguir cruelmente a los cristianos a predicar el evangelio con fervor! Los cristianos vieron su vida y glorificaban a Dios.

La última vez que leí este versículo, me pregunté, ¿mi vida causa que otros glorifiquen a Dios?

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Imagen de Jeremy Yap en Unsplash

En Juan 15:8, se mencionan dos cosas que en mí pueden glorificar a Dios.

“En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.”

1. Llevar fruto.

Así como sabemos que un árbol es un limón cuando da limones, los demás sabrán que soy creyente si mi vida lo muestra con cosas visibles. Una vida diferente, una vida que agrada a Dios es una vida con fruto. Y si doy fruto, comprobando que soy creyente, Dios será glorificado.

2. Ser así sus discípulos.

Cristo mismo dio fruto, vivió una vida diferente, vivió de una manera que agradaría a Su Padre. Y al dar fruto, al llevar una vida como la de Cristo, soy su discípulo. Estoy siguiendo sus pasos. Y así como Su vida glorificó al Padre, mi vida también lo hará.

Entonces, en Gálatas 1:24 tenemos un ejemplo, una inspiración a vivir de manera que cuando nos vean, glorifiquen a Dios. Y en Juan 15:8 tenemos dos pasos prácticos para saber cómo vivir para glorificar a Dios.

Habiendo aprendido eso, queda la pregunta para cada uno de nosotros.

¿Mi vida causa que otros glorifiquen a Dios?

el tiempo y el testimonio

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Imagen de Tristan Colangelo en Unsplash

Colosenses 4:5 “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.”

Redimir el tiempo. Usar bien el tiempo. No malgastar el tiempo.

Este principio es algo que al creyente se le enseña y muchos procuramos ponerlo en práctica. O al menos, sabemos que deberíamos de ponerlo en práctica.

Pero, hasta que tuvimos el estudio bíblico sobre Colosenses 4, yo siempre había leído este versículo en partes. Primero, andar sabiamente para con los incrédulos, es decir, cuidar mi testimonio. Y en segundo lugar, redimir el tiempo, cuidarlo. Fue durante el estudio, al leer el pasaje, que leí el versículo por primera vez como una unidad.

Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.

“Redimiendo.” No dice, “Y redimid,” ni “también redimid.” No es punto y seguido. Es el mismo enunciado.

“Redimiendo.” 

Quizás hayas notado que las palabras que terminan en “endo” y “iendo” y “ando” siempre indican que es una acción simultánea, o sea, sucede al mismo tiempo que la otra acción mencionada.

Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.

Es decir, para andar sabiamente, hay que redimir el tiempo. Y redimir el tiempo es andar sabiamente.

Entonces, en mi testimonio para con las personas que no creen en Cristo, debe haber un cuidado por el tiempo. El evitar malgastar mi tiempo es sabio y afectará cómo me ven los incrédulos. 

Eso es impactante, porque yo siempre había asociado el redimir el tiempo con servir al Señor y la buena vida cristiana. Pero, la Biblia nos está indicando que afecta directamente nuestro testimonio para con los inconversos.

¡Espero ser mejor misionera de ahora en adelante, redimiendo el tiempo!

la vida cristiana en 3 pasos

A veces la vida cristiana puede parecer muy complicada, ¡especialmente cuando nos enfocamos en todo lo que se supone que no debemos hacer y todo lo que sí debemos hacer! Pero, hay un versículo en Miqueas que me encanta porque nos da un resumen de lo que pide Dios de nosotros.

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Imagen de Jannes Glas en Unsplash

“Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.”

Sencillamente, tres cosas:

  1. Hacer justicia.
  2. Amar misericordia.
  3. Humillarte ante tu Dios.

¿Y cómo podemos seguir estos tres requisitos en la vida real? ¿Cómo desempolvar este versículo y ponerlo en práctica?

1. Hacer justicia.

Uno no puede controlar sus circunstancias, mucho menos el comportamiento de otros. De hecho, lo único que sí podemos controlar es lo que nosotros hacemos. Y Dios nos pide que hagamos justicia. Es decir, hacer lo justo, hacer lo correcto. No hay condiciones ni excepciones. ¿Qué pide Jehová de mí? Hacer lo correcto. 

2. Amar misericordia.

La misericordia no es algo que uno se muestra a sí mismo. Es algo que uno muestra a otro, cuando hace algo indebido. Pero, es interesante que Dios no nos pide hacer misericordia, ni mostrar misericordia. Dice: “amar misericordia.” El amor a la misericordia no afecta sólo mi comportamiento, sino mi actitud al mostrar misericordia. Jehová pide que yo ame la misericordia que Él me la ha mostrado. Y por amor a esa misericordia, la mostraré a otros.

3. Humillarte ante tu Dios.

El humillarme ante Dios está íntimamente relacionado con reconocer la realidad de quién es Él y quién soy yo. El ser humano tiende a pensar que es lo más glorioso, lo más grande, lo más importante en el mundo. Pero, al llegar cara a cara con Dios, reconocerá lo pequeño que es. Y al humillarse ante Dios, reconocerá lo glorioso, lo grande y lo importante que es Dios y lo adorará. Por eso, Dios pide al ser humano que se humille ante Él. 

Eso es lo que Dios pide de nosotros. En relación a nosotros mismos, exigirnos el hacer lo correcto. En relación a otros, amar la misericordia que Él ha mostrado y por lo tanto, mostrarla. Y en relación a Él, humillarnos, reconociendo quién es Él y quiénes somos nosotros.

la comparación de glorias

Creo que todos recordamos el relato en la Biblia del templo de Salomón y su impresionante lujo y belleza. Simplemente, la cantidad de oro que se usó al decorarla es inconcebible.

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Imagen de Clem Onojeghuo en Unsplash

Entonces, no es sorpresa que después de la destrucción del templo, después de setenta años de cautiverio, después de finalmente obtener permiso de regresar a Jerusalén y reconstruir la ciudad con su templo, los ancianos del pueblo lloraron cuando vieron el templo que se estaba construyendo.

¡No se comparaba con el glorioso templo de Salomón que ellos recordaban!

De hecho, ¡era una nada! ¡Y nunca sería lo que una vez había sido!

“¿Por qué seguir?” Comenzaron a preguntarse. Los ancianos y los jóvenes se desanimaron en la obra al ver lo poquito que podían hacer.

¿No te sientes así, a veces?

¡Sabes que no puedes servir como tal o cual hermano! ¡Estas seguro de que tu esfuerzo en apoyar no vale mucho!

Pues, Hageo tiene un mensaje para ti y para mí, al igual que para esta gente que recordaba la gloria indescriptible del gran templo de Salomón y estaban desanimados con sus propios esfuerzos.

“¿Quién de los que han quedado entre ustedes vio este templo en su primera gloria? ¿Y cómo lo ven ahora? ¿No es este como nada delante de sus ojos? …llenaré este templo de gloria, ha dicho el SEÑOR de los Ejércitos.”

Dios mandó a Hageo a animar al pueblo de Israel. Era cierto. Este templo no era nada en comparación con el templo de Salomón.

Pero, Dios no los estaba llamando a construir el templo de Salomón.

Dios los estaba llamando a hacer lo que ellos podían.

Y Dios honraría su esfuerzo. Dios llenaría el templo de gloria, la gloria de Él.

Así también, nuestros esfuerzos y nuestro servicio. Si creemos que es poquito, si pensamos que no vale mucho, Dios nos anima a través del profeta Hageo.

Nos llama a hacer lo que podemos.

Y Él se encargará de la gloria, la gloria de Él.

10 citas sobre la oración de Oswald Chambers

Hace tiempo, conseguí un libro usado. Se llama La oración: Una ocupación santa. Es de Oswald Chambers y realmente no es un libro normal. Es, más bien, una colección de citas sobre la oración, cosas que él escribió en varios libros. Tristemente, no la encuentro en español en ningún lado.

En la introducción al libro, Oswald Chambers dice lo siguiente:

… muchos de nosotros preferimos pasar nuestro tiempo haciendo algo que tendrá resultados inmediatos. No queremos esperar a que Dios produzca los resultados en su tiempo perfecto, porque su tiempo perfecto casi nunca está sincronizado con nuestro tiempo.

Y por eso procuramos ayudar a Dios. Muchas veces hasta procuramos contestar nuestras propias oraciones.

¡Me impactó mucho ese pensamiento! Y teniendo en mente esa verdad, uno se abre más a aprender las verdades sobre la oración. Hoy, quiero compartirles las mejores citas (en mi opinión) de este libro en el orden en que aparecen en el libro.

  1. Pablo dice, “Orando siempre… por todos los santos y por mí.” ¿Recordamos que tenemos el mandato del Señor de orar por todos los que ministran en su nombre? Si el apóstol Pablo sinceramente pidió que se orara por él “…a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio,” seguramente debemos recordad que esta es la clave que el Señor pone en nuestras manos por toda la obra cristiana; no orar porque somos impotentes, sino orar porque Dios es Todopoderoso.”
  2. Ten cuidado que la actividad en proclamar la Verdad no sea una manera ingeniosa de evitar la concentración espiritual de intercesión.
  3. La flojera física descompone la devoción espiritual más rápido que cualquier otra cosa. Si el diablo no puede llegarnos por medio de la tentación a pecar, nos llegará por hacernos dormir espiritualmente. “No, es imposible que te levantes en la mañana a orar, estas trabajando duro todo el día y no puedes darte ese tiempo para orar. Dios no espera eso de ti.” Jesús dice que Dios sí lo espera de nosotros.
  4. Debemos orar con los ojos en Dios, no en las dificultades.
  5. Es un insulto inclinarse ante Dios y decir “Hágase tu voluntad” cuando no se ha hecho intercesión. Es una oración de incredulidad impertinente, conlleva la idea de que no tiene caso orar, Dios hace lo que Él quiere. La frase, “hágase tu voluntad” nace de la relación más íntima con Dios en la que hablo con Él librememente… La repetición en la oración de intercesión no es negociar, sino una insistencia gozosa en la oración.
  6. Jesús no dijo, “Id a la mies.” Dijo, “Rogad, pues al Señor de la mies, que envíe obreros.” …Hhay una cantidad innumerable de personas que han llegado a una crisis en sus vidas y ya están “blancos para la siega.” Los encontramos en todos lados, no sólo en otros países, sino también en las casas vecinas. La manera de discernir no es por intelecto, ni por sugerencias sino por la oración.”
  7. Dios espera que seamos intercesores no buscadores dogmáticos de fallas, sino intercesores vicarios hasta que las vidas de otros lleguen al mismo estándar.
  8. El significado de esperar en ambos, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento es “pararse debajo de,” es decir, activamente tolerar. No es detenerse con brazos cruzados sin hacer nada, tampoco es decir, “En el tiempo de Dios sucederá.” La mayoría de las veces eso significa que en mi tiempo perezoso permito que Dios obre. No, esperar quiere decir estar parado debajo de, en fuerza activa, tolerar hasta que llegue la respuesta.
  9. Podemos ahogar la Palabra de Dios con un bostezo. Podemos permitir obstáculos al tiempo que debemos pasar con Dios cuando recordamos que tenemos otras cosas que hacer. “No tengo tiempo.” ¡Claro que no tienes tiempo! ¡Tómalo! Ahoga algunas otras actividades y haz tiempo para reconocer que el centro de poder en tu vida es el Señor Jesucristo y Su Propiciación.

Entre las citas, este libro contiene algunas preguntas para meditación. Estas fueron las dos que más me impactaron.

  • ¿A quién estoy privando de la bendición de Dios por no orar por ellos?
  • Cuando oro “Hágase tu voluntad,” ¿lo hago simplemente porque es más fácil que descubrir cuál es la voluntad de Dios?

Y finalmente, mi cita preferida:

Tengamos cuidado de precipitarnos en el mismo deseo de hacer la voluntad de Dios. Corremos delante de Él en mil y un actividades y en consecuencia terminamos tan abrumados con personas y dificultades que no adoramos a Dios, no intercedemos.

Espero estas citas te sirvan a ti, como me sirvieron a mí, para tener una mejor vida de oración.