Días así

 Hay días así. 
 ¿Qué se puede hacer? 
 
 No suena el alarma,
 ni hay agua caliente.
 No prenden las luces,
 se fue la corriente.

 Se amarga el café,
 me duele la espalda.
 Se quema el pan, 
 se mancha mi falda. 
 
 No encuentro mi Biblia,
 ¿por dónde empezar? 
 Ni tiempo me da
 si quiera de orar. 
 
 Hay días así. 
 ¿Qué se puede hacer? 
 
 ¡Al menos aún vivo!
 Me tomo un segundo, 
 doy gracias por eso. 
 Respiro profundo.

 ¿Y las bendiciones?
 Me pongo a contar.
 Muy pronto el gozo
 empieza a brotar.
 
 Solo un día malo,
 un día nada más,
 podré superarlo,
 Dios me hace capaz. 
 
 Hay días así. 
 Esto puedo saber:
 
 Dios sigue en control
 y en este día
 sus misericordias
 dará todavía.
 

Cuando camino

Cuando camino,
mi mente, que vuela
junto con las aves, 
regresa tan brillante como el sol
de la mañana.
Cuando camino,
la brisa me acaricia
y mi corazón 
ondea como flores delicadas
de la mañana.
Cuando camino,
mis ojos descansan
en los tonos verdes
de árboles repletos de rocío
de la mañana.
Cuando camino,
el mundo entero
al Creador da gloria
y juntos alabamos a la Estrella
de la mañana.  

Las manos

Imagen de Jeremy Yap en Unsplash
Manos abiertas,
Dios las llena.
Manos cerradas,
Dios no obliga.
Manos abiertas 
todo reciben,
todo entregan.
Rebosando,
bendiciones 
dan a otros.
Luego ofrendan
sufrimientos
al Señor.
Manos abiertas
Dios las llena.
Manos abiertas
¡viven todo!
Manos cerradas
Dios no obliga, 
nada reciben.
No sacrifican,
ni comparten,
nada sufren.
Miserables,
nada tienen,
nada dan.
Manos cerradas 
Dios no obliga. 
Manos cerradas
nada viven.
Manos abiertas,
Dios las llena.
Manos cerradas,
Dios no obliga.

Reseña: Faltas cortas para mentes largas

Faldas cortas para mentes largas de Diana Giraldo fue publicado por la Editorial Letra Minúscula en noviembre del 2020. Conseguí la versión electrónica y lo leí en un par de días. Los cuentos cortos de esta autora resultaron adictivos, están bien escritos y te cautivan desde el inicio de cada uno. 

Siento un conflicto acerca de este libro. La autora nos dio unos cuentos extremadamente bien escritos. Me llevaron a la vida y situación de cada personaje. Me llenaron de lo que sentía cada una: ira, resignación, orgullo… y de ahí mi conflicto, porque pocas veces sentí esperanza. Dicho eso, en estos cuentos veo reflejada a mi amiga, a su tía, a una prima… La autora logró plasmar la vida como es, especialmente para la mujer en latinoamerica, y lo hizo muy bien.

Los cuentos están organizados en categorías dependiendo del tema: Resignadas, Sueños, Maternidad, Liberación, Hombres, Propósito y Complejidades. La colección de citas, refranes, preguntas y poemas al inicio de cada categoría delata que estos cuentos no se tratan de entretenimiento, sino que fueron escritos para hacernos reflexionar.

Entre los cuentos sobre mujeres resignadas, hay uno sobre varias mujeres que quedaron embarazadas, engañadas por un hombre ya casado:

“La madre del niño se llenó de valor y caminó como pudo, por las calles de la vida tomada de la mano de su bendición. Así lo hizo. Por pura dignidad.”

En la categoría de Sueños, encontré el inicio de la historia que más disfruté. La historia de una mujer que pasa la vergüenza de que su sobrino eligió una chica no digna de él. 

“Preciso, mi sobrino se casó con una doña nadie, una muchacha joven pero sin apellido, sin familia, sin belleza, sin riqueza… y yo me voy a encargar de arreglar a la esposa para presentarla ante la sociedad. Qué estrés, arreglar a alguien que no tiene arreglo para que quede aceptable.”

La historia termina en la categoría de Liberación con el punto de vista de la nueva esposa, en un cuento llamado “La fea”.

“Y fue el tiempo, el que le permitió ver en el espejo su belleza, los logros alcanzados, las cualidades que la hacían única e irrepetible… descubrió… su fuerza.”

El libro termina con una carta a la lectora. Las lecciones sobre cobrar fuerza, salir adelante, esperar un mejor futuro, etc. que la autora desea que aprendamos se encuentran allí, de manera muy clara. Sin embargo, muchas personas no leen los prólogos ni las introducciones y me temo que tampoco leerán esta carta de la autora al final del libro; es por eso que me hubiera gustado ver más esperanza en los mismos cuentos.

Este estilo de obra es precisamente el que disfruto más: descripciones de la vida cotidiana que te llevan a experimentar lo que vive el protagonista. Y el talento de la autora es evidente en la forma en que me hizo sentir lo que experimentó cada protagonista. Quizás no encontré mucha esperanza en los cuentos porque muchas mujeres así viven su vida… sin esperanza. Pero, en mi opinión, un libro cristiano precisamente de eso se trata: de señalar la esperanza que tenemos en Cristo, sin importar las circunstancias. Es es la única, gran falla que tiene esta colección de cuentos tan bien escritos.

Instrucciones para un hogar piadoso

Como padres nuevos, mi esposo y yo queremos hacer todo lo posible por establecer el mejor hogar posible. Un hogar lleno de cultura, de retos físicos y mentales, de aprecio por lo práctico, al igual que lo bello, pero más que nada, un hogar piadoso, un hogar que honra a Dios.

Imagen de Kelly Sikkema en Unsplash

En Deuteronomio 11:18 al 20 creo que encontré cómo establecer ese hogar.

“Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos. Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes,y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas…”

Aquí están las instrucciones para un hogar piadoso. Todo empieza con uno, de manera personal.

En el versículo 18, la Palabra de Dios debe estar:

En mi corazón: dirige mis emociones. 

En mi alma: dirige mi ser, quién soy.

En mi mano: dirige lo que hago. 

Entre mis ojos: dirige lo que veo, o quizás mejor dicho, en lo que enfoco la mirada.

Es que nosotros muchas vemos tenemos esto al revés. Permitimos que nuestras emociones nos guíen. Creemos que lo que rige nuestra vida es quienes somos, según nuestra personalidad o nuestros rasgos de carácter más fuertes. Para saber todo sobre alguien, le preguntamos a qué se dedica, como si su trabajo lo definiera. Y nos dejamos llevar por lo que vemos. Pero, todas estas cosas que creemos que nos definen como personas, se deben verificar, y de hecho, regir por la Palabra de Dios.

Luego, las instrucciones sobre el hogar en general. El versículo 19, indica qué estará en mi boca. Debo hablar de la Palabra de Dios: 

Sentado en la casa: relajado con la familia. 

Andando por el camino: en las actividades del día con otras personas. 

Acostado en la cama: descansando con mi pareja. 

Levantándome por la mañana: al iniciar el día solo.

Sin importar con quién hablamos, aunque sea solo nuestro monólogo interno, tenemos un tema recurrente. ¿De qué hablamos? Cuando pasamos un rato en familia en el patio, cuando conversamos con conocidos en el trabajo o la escuela, cuando platicamos con nuestra pareja, y en nuestros pensamientos a solas ¿cuál es nuestro tema? No deben ser exclusivamente las Escrituras. Pero sí, debe estar siempre en conformidad con la Palabra de Dios.

Finalmente, lo que me pareció más importante para un hogar piadoso, se encuentra en el versículo 20. La Palabra de Dios está escrita en dos lugares claves de la casa:

En los postes de la casa: sostiene al hogar. 

En las puertas: se anuncia a los vecinos y a los que pasan.

La Palabra de Dios debe ser las columnas que sostienen nuestro hogar. Sobre ella tomaremos las decisiones para nuestra familia, sobre ella nos apoyaremos para saber qué permitir y qué no, sobre ella fundaremos los principios que inculcamos en nuestros hijos. 

Y la Palabra de Dios debe desplegarse abiertamente desde mi hogar hacia el mundo. Mi testimonio debe ser claro. La Palabra de Dios, escrita en mi puerta.

¡Qué reto tan grande! 

Dejarme dirigir por la Palabra de Dios de manera personal. Hablar de la Palabra de Dios con todos los que me rodean. Basar mi hogar en la Palabra de Dios y dejarlo muy en claro para los que pasan por la puerta. 

Pero, ¡qué belleza de hogar! ¿No?