¿Cómo saber si un libro es hermoso o no? 

Entendemos que la buena ficción es esencial para un creyente. Y sabemos que se caracteriza por la Verdad, la Bondad y la Belleza

Si un libro Verdadero, señala Verdades divinas y un libro Bueno tiene contenido sano y redacción excelente, ¿cómo identificar la Belleza en un libro?

Quizás la manera más obvia de ver si un libro tiene Belleza es examinar las ilustraciones. 

Las ilustraciones son una buena guía sobre la Belleza general del libro. Deben tener, por ejemplo, equilibrio en su proporción, color y forma. Sea libro para niños o no, debe tener valor artístico, es decir, las ilustraciones deben ser buen arte. Pero, si un libro no tiene ilustraciones ¿qué criterio podemos buscar para discernir la Belleza del mismo?

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La Belleza de un libro está en las ideas que contiene.

El honor, la generosidad, la fidelidad… las bellas historias presentan la hermosura de estas ideas aún cuando están rodeadas de cosas horrendas. 

Corrie en un campo de concentración compartía sus vitaminas. Edmund, que había traicionado a sus hermanos, al fauno y a Aslan, se arrepintió y pidió perdón. Mary, huérfana, despreciada por su tío, descubrió la amistad en un jardín abandonado.

La ficción bella no evita las grandes tragedias ni la fealdad del pecado; ese contexto tan oscuro hace lucir la belleza de estas ideas. 

Otro aspecto de la belleza de un libro es su lenguaje. 

Cuando un libro está bien escrito, es decir, el autor tiene buena técnica y vocabulario preciso, el lenguaje del libro es bello. Presenta las bellas ideas en frases fluidas y palabras exactas. El mismo sonido del texto es placentero para el oído. 

El último punto es el menos importante y a la vez se subestima. 

Pocos reconocen la importancia de la belleza del libro físico. 

La calidad del papel, el diseño de la portada, junto con su grosor y textura, el tamaño y la forma de la letra… todo esto contribuye o le resta belleza al libro. Esta experiencia de belleza tangible es razón suficiente para comprar la mejor edición posible (siempre dentro de nuestras posibilidades económicas. De hecho, las ediciones más hermosas que tengo no son esas ediciones especiales de precio elevado, son libros antiguos, usados que encontré en tiendas de segunda o puestos de libros usados a muy buen precio.)

La belleza de un libro está en su contenido (las ideas), su forma (el lenguaje) y su presentación (libro físico).

Vale la pena buscar esto en los libros que leemos porque la Belleza es una parte esencial de la buena ficción.

¿Por qué no recomiendo “libros cristianos”?

¡Espero quede claro que sí recomiendo libros cristianos!

Sin embargo, creo que muchos se llevan una sorpresa cuando me piden recomendaciones y en lugar de nombrar   “Escoge Agradecer,” el diccionario Vine o “El Matrimonio y la familia” menciono “Orgullo y Prejuicio,” “La audaz aventura” o los poemas de Sor Juana Inés de la Cruz

Los primeros tres son libros buenos para cualquier creyente y han tenido un impacto importante en mi vida personal. A la vez, son solo parte de la dieta literaria completa del cristiano. Este tipo de libro—no ficción, de estudio o de consejo bíblico— es el más recomendado, comprado y leído entre creyentes. ¡Y es importante! Pero, al igual que una dieta desequilibrada al cuerpo, esta dieta de una sola categoría de libro deja desnutrido al espíritu. 

Para el creyente, una dieta completa y balanceada consiste en una variedad de tipos de libros. 

Cuando recomiendo los últimos tres es con propósito. Deseo mostrarle a aquel que solo lee una categoría de libros lo que se está perdiendo: un mundo imaginario rico en enseñanza, sabiduría y ejemplos. 

Y ¿qué nos aporta este buffet de cuentos, novelas, biografías y poesía? 

Hay varias respuestas: aumentan la inteligencia emocional, permiten conocer otros mundos y culturas, muestran verdades en un contexto distinto y más. 

Pero creo que esta es la respuesta más importante: leer ficción, biografías y poesía nos capacita para leer la Biblia.

¿Cómo? 

1. Aprendemos a distinguir entre lo prescriptivo y lo descriptivo. 

Demasiados cristianos cuando leen no saben diferenciar entre una simple descripción de una acción y un buen ejemplo a seguir. Es decir, no identifican una mala decisión del héroe como algo malo si el autor no lo explica claramente. Al leer solo libros prescriptivos, esos libros que te explican cómo debes vivir, no han desarrollado la capacidad esencial de notar verdades implícitas en el texto. Esto los limita en su comprensión de partes de la Biblia como el libro de los Jueces, en donde se cuenta historia tras historia de “los buenos” (los Israelitas y sus jueces) haciendo cosas horribles. El autor no dice explícitamente que están mal, espera que el lector lo entienda. Sucede lo mismo con las historias de los discípulos en el Nuevo Testamento. Nos toca discernir cuáles hechos son buenos y cuáles, malos.

2. Aprendemos a encontrar a Dios aún cuando no se menciona. 

Hay historias y poemas que no son “cristianos” porque no mencionan a Dios. Pero puedes encontrar allí verdades que Dios ha establecido, hay un reconocimiento implícito de la persona de Dios. Ciertos pasajes en la Biblia, como el libro de Ester, parecen ignorar a Dios, pero para quien sabe buscarlo, allí está trabajando en los corazones y en las circunstancias. 

3. Aprendemos a examinar las vidas de personas complejas. 

La Biblia está llena de personas pecadoras. El rey David abusó de su poder, María (hermana de Moisés) participó en un chisme racista, Abraham violó a una esclava y Sara fue cómplice. Si estamos acostumbrados a leer solo libros de no ficción, no nos estamos capacitando para aprender de estas historias reales, mientras que la buena literatura, así como la vida real, está llena de personajes complejos. Hay muchas lecciones en la Biblia para aquellos que pueden leer una historia sin justificar en su propia mente las malas acciones del protagonista.

4. Aprendemos el lenguaje poético. 

La Biblia tiene libros enteros de poesía y los creyentes que no leen poesía se pierden mucho de la Palabra de Dios. Aunque no todos llegarán a amar la poesía, todos tenemos la capacidad de entender un poema u otro texto poético. La práctica de leer poesía nos ayudará al momento de leer y estudiar la Biblia con sus miles de versículos poéticos. 

¿Son importantes los “típicos libros cristianos”? Sí. Es importante estudiar con concordancia y diccionario. Es importante tomar consejos de creyentes con más experiencia que han escrito sobre temas particulares. 

Pero, esos libros no pueden ser lo único que leemos si queremos aprovechar la Biblia al máximo. 

La Biblia tiene narrativa y poesía, historias reales y ficción, hechos históricos y metáforas y para percibir las riquezas de cada género, hay que saber leerlo. 

Por eso recomiendo novelas, cuentos, biografías y poesía aunque no sean los libros más típicos entre cristianos.

¿Por qué no simplemente leer “ficción cristiana”? 

La ficción cristiana no es un problema en sí. 

Es una buena opción para evitar el veneno en la dieta literaria. Sin embargo, bajo la etiqueta “cristiana” hay de todo, desde excelencia hasta tonterías. 

La mayoría de los creyentes sabemos que no todos los predicadores “cristianos” tienen sana doctrina. Debemos reconocer el mismo principio con la ficción.  

No toda la ficción “cristiana” es nutritiva para el espíritu. 

Tristemente, hay ficción “cristiana” que en su afán de examinar la condición humana, olvida que tenemos un Consolador. Hay cuentos “cristianos” que tienen ilustraciones realmente grotescas. Hay novelas “cristianas” que están mal escritas. Esto no es buena ficción aunque sea “cristiana”.

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Depende de la cosmovisión del libro.

Hay que entender que la ficción no se transforma en buena sólo porque un personaje oró, porque se citan versículos o porque el contenido no es gráfico. La buena ficción consiste en representar la Verdad mediante buena técnica y de manera hermosa. Cite o no versículos de la Biblia, una buena novela mostrará las consecuencias del pecado o la justicia. Un buen cuento revela el valor de la amistad, oren juntos los personajes o no. Así como el libro de Ester, la buena ficción pertenece a un mundo sujeto a Dios y a sus Verdades aunque nadie lo mencione a Él explícitamente. Muestra el Mal, el Bien y las complejas personas que primero eligen una y luego la otra. La buena ficción se enfrenta directamente con el sufrimiento, ofreciendo nobleza y esperanza. Representa virtud tras virtud sin cerrar los ojos al Mal. 

Lo que hace toda la diferencia es esa sujeción a las leyes de Dios, a la realidad de Su existencia.

El contenido como oraciones, conversaciones sobre la fe y menciones de Dios no son tan importantes como la cosmovisión del libro para determinar si es buena ficción o no. ¿Busca respuestas fáciles? ¿Confronta la situación humana con cinismo? ¿Niega las paradojas de la vida en un mundo caído? Todo esto está sujeto a un Dios bueno y soberano, y la ficción que nutre el espíritu lo reconoce, sea “cristiana” o no.

Así que no nos conformemos con elegir ficción etiquetada como “cristiana”. 

Busquemos lo excelente. 

Leamos ficción que señala la Verdad, que está bien escrita y es bella. 

¿Qué es la buena ficción?

La buena ficción no solo es importante en la vida de un creyente, sino también como una parte esencial de la formación de un niño.

Es bueno el instinto de los padres cristianos que les advierte que ciertos libros son un desperdicio de tiempo y dinero. Y hay libros que por su contenido gráfico u oscuro son veneno para los lectores. Pero, simplemente evitar el veneno, no es suficiente si buscamos ficción realmente buena. Debemos capacitarnos, formar nuestro gusto, ordenar correctamente nuestros deseos, para tener el discernimiento necesario. El Señor ayudará, ¡obviamente!  Entonces, ¿cómo elegir la buena ficción? ¿No es suficiente con buscar algo etiquetado “ficción cristiana”? No, pero trataremos esa pregunta, más adelante. 

Podemos empezar con este criterio. La buena ficción: 

1. Es verdadera. 

Pero, ¿la ficción no es lo opuesto a la verdad? Hay que saber diferenciar entre lo que llamamos “el mundo real” a nuestro alrededor y la Verdad que va más allá del mundo físico. El cuento o la novela no necesita ser una historia real, pero debe señalar hacia una Verdad. La parábola del sembrador que contó Cristo, señala la Verdad que el Evangelio llega a cada alma, pero el fruto que da varía mucho dependiendo de cómo se recibe. El hombrecito de jengibre es un cuento que señala la Verdad que si queremos escapar del propósito de nuestro Creador, nuestra necedad nos llevará a un fin peor. (Hay que notar que estas historias no tienen moraleja, pero aún así se aprende algo.) De manera sutil, lo que se da por hecho en la historia enseña principios a los lectores. La pregunta para elegir la buena ficción es, ¿los principios son verdaderos o falsos? 

2. Está bien escrita. 

Hay cuentos o novelas que claramente se escribieron para sacarle más provecho a alguna franquicia, sin importar la calidad. Editores y maestros de redacción se quejan de Crepúsculo de Stephanie Meyer y halagan Eso de Stephen King. ¿Por qué? A Stephanie Meyer, le falta mucha técnica, a pesar de su popularidad, y Stephen King es un maestro, no solo de su género, sino del lenguaje. Hago referencia a estas dos obras porque es probable que la mayoría de los cristianos eviten ambos libros por su contenido, pero el ejemplo nos permite diferenciar entre contenido no apropiado y una buena técnica. Saber esta diferencia nos permite también entender que hay libros “cristianos” que tienen contenido inofensivo, pero tampoco tienen buena técnica, por lo tanto son de mala calidad. El uso del lenguaje puede ser preciso, fluido y creativo o vago, repetitivo y monótono. El autor puede usar la ortografía y puntuación para enfatizar los puntos importantes de la historia o puede ignorarlos por completo. La calidad de la redacción importa. Así que la siguiente pregunta es, ¿está bien escrita?

Ningún libro vale la pena leer a los 10 años que no sea igualmente

—y a menudo mucho más—digno de leer a los 50 años y más”. 

C. S. Lewis

3. Es hermosa. 

Los libros para niños dependen mucho de las ilustraciones, así que mientras este principio aplica también para otros libros, por el momento, el enfoque se quedará en ficción infantil. Hay distintos gustos que definen de manera diferente la belleza, claro está. Sin embargo, el arte malo sí existe. De hecho, los cerebros infantiles que nos rodean se sobreestimulan justo por el exceso de colores brillantes, formas exageradas y movimientos bruscos que invaden sus sentidos. Lo mejor que podemos hacer por los niños es brindarles libros hermosos. Debemos mostrarles libros ilustrados con colores y dimensiones naturales, no sobresaturados y exagerados. Las acuarelas de Beatrix Potter, los collages de Eric Carle y las ilustraciones en pluma y tinta de Robert Lawson (para Munro Leaf en su cuento Ferdinando el toro) son buenos ejemplos de hermosura. Ilustraciones digitales también se pueden hacer de manera hermosa, como en Épica: La historia que transformó al mundo ilustrado por Heath McPharson o Mi Rinconcito en Santiago Casandejé de Citlali Castillo Galindo (foto abajo).

Así que la buena ficción—para niños o para adultos—señala la Verdad, está bien escrita y es hermosa. Y si buscamos esas tres características en lugar de sólo buscar la etiqueta “cristiano”, encontraremos buena ficción  que nos nutre, mente y espíritu. 

¿Es importante la ficción para un cristiano?

La ficción no es muy estimada entre creyentes evangélicos. 

Muchos piensan que es algo vano. Se recomiendan libros sobre la vida cristiana y libros de estudio de manera casi exclusiva. Estos son importantes, claro. Pero muchos descartan la ficción, creen que no tiene valor espiritual. 

Pero, Cristo usó muchísimo la ficción. 

Con frecuencia, enseñaba por medio de la ficción.  No solo usaba una historia para ilustrar su punto al momento de enseñar, sino muchas veces su respuesta a alguna pregunta era una historia de ficción (una parábola).

Cristo conocía los corazones de su público y mientras que la historia sí mantenía la atención del público, Él sabía que los que realmente querían entender, minarían verdades profundas que quizás no hubieran apreciado sin la historia. Sabía que otros solo estaban interesados en lo que Él les podía ofrecer (buscaban espectáculo, comida o reglas para seguir).

Cristo sabía que aprendemos mejor con historias.

Las verdades divinas se absorben mejor cuando las vemos en un contexto de vida. En la buena ficción, vemos a los personajes experimentar conflicto y armonía, amor y odio, perdón y venganza, también cómo distintos personajes aplican las verdades divinas de manera práctica (o no). Estas lecciones no sólo se incorporan a nuestra visión del mundo, sino que por el impacto emocional de la historia, se quedan con nosotros por el resto de nuestra vida.

Habrá quien argumente que las historias sí son importantes pero deben ser “reales,” es decir, deben ser biografías y testimonios, no novelas y cuentos. Pero, nuestro ejemplo máximo es Cristo y Él no se limitó a contar las historias del Antiguo Testamento. Él enseñaba con parábolas.

La ficción no sustituye otros tipos de lecturas, pero es vital para el desarrollo del creyente.

Es importante recibir la enseñanza de libros sobre la vida cristiana y libros de estudio. Las verdades y la teoría así quedan claras. Y es igual de esencial leer ficción buena en la que podemos observar las verdades en la práctica. Las historias se quedan con nosotros y llegan a ser una parte de quiénes somos. 

La buena ficción tiene un poder único de hacer que las verdades nos transformen. 

Por eso, la buena ficción es tan importante para el cristiano.