¿cómo atrevernos a guardar silencio?

Hace dos años publiqué esta entrada en el blog en inglés, pero es un mensaje que nunca me cansa. Espero te inspire al vivir tu vida como cristiano misionero.


Hace unos meses Ricky predicó de 2 de Reyes 7 y vimos la historia de los leprosos que estaban afuera de la ciudad sitiada de Samaria.

Por si no lo has leído últimamente, te recuerdo rápido de qué trata. Israel estaba peleando una guerra y el enemigo habit sitiado la capital durante tanto tiempo que ya no había comida. Estaban perdiendo Esperanza y si los que estaban adentro de la ciudad estaban sufriendo, la situación de los leprosos que estaban afuera, era aún peor. Por eso, los hombres habían decidido entregarse al enemigo y pedir comida. Lo peor que les podría pasar era que los matarían, pero si se quedaban como estaban, también morirían.

Entonces, fueron al campamento enemigo. Y en lugar de toparse con soldados, encontraron riquezas. Tesoros por todos lados. Ropa, dinero ¡y muchísima comida! Todo estaba abandonado, Dios los había espantado para proveer para Su pueblo.

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Imagen de Peter Hershey en Unsplash

¡Qué sorpresa! Los leprosos se emocionaron, comenzaron a correr por el campamento, tomando las cosas y escondiéndolas. Pero, pronto, se detuvieron.

“No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas nuevas, y nosotros estamos callados. Si esperamos hasta la luz de la mañana, nos alcanzará la maldad. Ahora pues, vayamos, entremos y demos la noticia a la casa del rey.”  (1 Reyes 7:9.) 

Rápido llevaron las noticias a la ciudad y al día siguiente, todos los de la ciudad tenían suficiente para comer, tal como lo había profetizado el hombre De Dios.

Pero, esa exclamación de los leprosos me recordó a mí.

Este es el Día de la Gracia. Este es el día de Buenas Noticias. ¿Y yo guardo silencio? ¿Yo callo? No hago bien. ¿Qué sucederá si espero hasta que haya pasado el día? ¡Qué consecuencia tan terrible!

¡Éste es el momento de proclamar las Buenas Noticias! ¡Hoy es el día de salvación! Hoy es el día para ir, en arrepentimiento, a Cristo.

¿Y cómo creerán a aquel de quien no han oído?

¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?

Tal como los leprosos, ¡recordemos que hay personas que están muriendo!

Las personas se están perdiendo y nosotros tenemos lo que les hace falta.

¿Cómo no decirles?

¿Cómo atrevernos a guardar silencio?

lo que hizo el rey David

Hace mucho compartí esta entrada en el blog que tenía en inglés. Espero hoy también te inspire a vivir la vida del creyente misionero.


¿Alguna vez has leído Hechos 13:36?

Seguramente sí. Estoy que segura que yo también lo había leído muchas veces antes de leerlo el martes, pero nunca había notado lo que decía el versículo acerca del rey David.

Resulta que David tenía una misión especial, una misión que yo creo que Dios también te ha dado a ti.

Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres…

¿Ya viste? El rey David sirvió a su propia generación.

Yo leí el versículo justo después de pedirle a Dios sobre un proyecto específico que estaba meditando. Este versículo fue mi respuesta a la pregunta, “¿Qué debo hacer?”

Sirve a tu generación.

Los abuelos de mis amigos quizás no crean tener mucho que aprender de alguien tan joven, pero mis amigos sí me están observando. Quizás mis compañeros no quieran escuchar a mis papás compartir un versículo de la Biblia, pero me conocen a mí y conocen a mi testimonio.

Yo puedo compartir las verdades del evangelio con mis conocidos, de una manera que nadie más puede.

Y lo mismo aplica a ti.

Entonces, te animo a hacer lo que hizo David.

Sirve a tu generación.

5 razones por las que necesitas congregarte

Se está poniendo muy de moda el no congregarse.

Supongo que muchos se sienten inconformes con algo acerca de su iglesia local. Otros saben que pueden escuchar la predicación en línea y es más fácil quedarse en casa. Algunos se sienten incómodos porque saben que tienen pecado en su vida y creen que serían hipócritas si llegaran así a la congregación. Y hay muchísimas razones más por las que hoy, más que nunca, los cristianos se quedan en casa en lugar de asistir a la predicación, a la oración o al estudio. Pero, yo no puedo responder a cada una.

Solo quiero notar cinco razones por las que es imprescindible que el creyente se congregue.

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Imagen de Igor Rodrigues en Unsplash

1. La razón más importante se encuentra en Mateo 18:20. La presencia de Dios se encuentra en un grupo congregado en al nombre de nuestro Señor Jesucristo de manera especial. El Señor está presente con nosotros en nuestro tiempo devocional personal y en nuestro andar diario, pero Él nos enseña que hay algo especial y diferente cuando hay dos o tres congregados en Su nombre. Si nos limitamos a su presencia en nuestra vida personal, nos estamos perdiendo de un aspecto esencial de nuestro Dios, y al no conocer ese aspecto, le robamos de la adoración que le podríamos dar, la adoración que Él merece por ser Quien es en su totalidad.

Las siguientes tres razones no tienen tanto que ver con Dios, sino con nosotros mismos.

2. Si no nos congregamos, limitamos (y podemos hasta desviar) nuestro aprendizaje de la Palabra. 2 Pedro 1:20 enseña que la Escritura no se puede interpretar por cada quien como quiera. El Espíritu Santo inspiró la Palabra de Dios y ayuda a interpretarla, pero es importante aprender de personas más sabias en las cosas del Señor para tener la seguridad de que no nos estemos desviando en nuestra interpretación personal o privada de las Escrituras. Esto no quiere decir que no podemos entender nada por nosotros mismos, de hecho, esta instrucción supone que habrá estudio personal. Sólo es una advertencia de que una persona a solas se puede desviar si no estudia en conjunto con otros que tienen experiencia dejándose guiar por el Espíritu Santo.

3. Esto nos lleva a un punto que no es muy popular. Necesitamos autoridad espiritual. Romanos 13:2 enseña claramente que Dios estableció el principio de la autoridad y Hebreos 13:17 nos dice que debemos sujetarnos a nuestras autoridades porque ellos cuidan y se preocupan por nuestras almas. Dios estableció la iglesia local y estableció las autoridades en la iglesia local y sabemos que Él sólo hace lo mejor por nosotros, entonces podemos lógicamente concluir que es bueno para nosotros estar congregados y bajo la guía de las autoridades espirituales de la iglesia local.

4. Otra cosa que necesitamos es la comunión con otros creyentes. Hechos 2:42 nos indica que los discípulos establecieron la costumbre de estar y perseverar, de hecho, en la comunión unos con otros. 1 Corintios 1:9 y 10 nos enseña que Dios nos llamó a la comunión con Cristo y a estar unidos con otros creyentes. Dios nos creó con la necesidad de pertenecer a una comunidad y creó la iglesia local para ser un lugar en el que podríamos reunirnos con personas de convicciones similares para disfrutar tiempo juntos, pero lo más importante, para honrarle a Él juntos. Juntos, los creyentes se dan apoyo. Juntos, los más experimentados enseñan a los nuevos. Juntos, todos somos más fuertes espiritualmente.

Finalmente, hay una razón más y esta no trata directamente con Dios como la primera y no se trata de uno mismo como las tres razones anteriores.

5. Debemos congregarnos porque la iglesia local es el lugar en donde podemos ejercer nuestros dones en servicio a Dios. Los dones espirituales que Dios da quizás puedan usarse en otras esferas, pero su propósito principal y su uso más sublime es en el contexto para el cual Dios los dio: la iglesia local. Romanos 12:4 y 5 indican cómo debe funcionar una iglesia local, como un cuerpo unido con un mismo propósito, que sufre cuando falta un miembro. Y los siguientes versículos inmediatamente comienzan a tratar sobre los dones, con una clara implicación de que allí se encuentra su uso principal. Además, no sólo indica que es la iglesia local es su contexto ideal, sino también implica que su uso ideal es para los demás, no para uno. Los versículos 7 y 8 indican cómo deben usarse los dones, no para el prestigio o la gloria de uno. Deben usarse para el servicio, la enseñanza, la exhortación de los demás creyentes y para la repartición liberal, el solícito presbítero, la alegre misericordia a los demás creyentes. El don fuera de la iglesia local pierde su razón de ser.

Así que, a pesar de lo fácil que es no ir a la iglesia local, a pesar de lo común que es, recordemos estas 5 razones tan importantes que la Palabra de Dios nos da para establecer esta convicción: congregarme es imprescindible para mi salud espiritual.

Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos… Hebreos 10:24, 25

la perfección, el suicidio y la Verdad

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Imagen de Issam Hammoudi en Unsplash

Hace unos días estaba escuchando una entrevista con un investigador sobre el suicidio.

En la investigación los amigos y familiares de la gente que se quitó la vida dijeron que tenían expectativas extremadamente altas de sí mismos y de la vida en general. Estas personas esperaban tanto de sí mismos que cuando pasaban por cosas normales como épocas difíciles, exámenes reprobados o pérdidas de trabajo sentían que se les había derrumbado el mundo y no tenían por qué vivir. Obviamente, existen más factores en los casos de suicidio, pero esta investigación señaló algo interesante que yo nunca había considerado.

Las personas más propensas a depresión y a quitarse la vida eran perfeccionistas.

Esperaban perfección de sí mismos y, por consiguiente, de la vida en general.

Me sorprendió pero no debe sorprenderme. Una de las trampas preferidas de Satanás es hacernos creer que necesitamos ser perfectos y si no lo somos, al menos, aparentarlo. Satanás nos presiona a cumplir con falsas expectativas, sean nuestras o sean impuestas por el mundo que nos rodea. Satanás nos hace pensar que necesitamos ser “buenas personas” o “creyentes de excelente testimonio” y cuando nos damos cuenta de que no lo somos, nos hace pensar que hay que esconderlo y proyectar una perfección que sabemos que no tenemos. Luego, cuando la vida ataca y destruye esa máscara de perfección que con tanto cuidado hemos creado, nos sentimos un fracaso, un caso perdido.

Y precisamente esa es la meta del Enemigo, porque si somos un caso perdido, quiere decir que no hay redención para nosotros y la depresión es tanta que ni la buscamos.

Pero en contraste, ¡Dios nos quiere redimir!

(De hecho, Satanás está trabajando directamente en contra de ese propósito que Dios tiene de redimirnos.)

Dios nos da la libertad de reconocer lo que somos: pecadores fracasados.

Dios nos muestra lo perdidos que estamos, nos muestra nuestras imperfecciones y la larga lista de fallas que hay en nosotros.

Y luego, nos ofrece amor, perdón y una oportunidad más. Siempre.

Dios no esconde nuestro pecado. No hace como que no existen nuestros fracasos. Nos ayuda a enfrentarlos y luego suple toda nuestra necesidad: nuestra necesidad de ayuda, de redención, de volver a intentar.

¡Cuán inmenso nuestro Dios! ¡Cuán increíble su paciencia! ¡Cuán grande su amor por nosotros!

Él hace todo lo posible para que no nos quitemos la vida.

De hecho, nos ofrece más. Vida en abundancia.

Entonces, mi meta es dejar atrás mi perfeccionismo.

Abandonar esa falsa máscara de “buen testimonio,” no porque no quiero dar un buen testimonio sino porque Satanás quiere hacerme creer que la perfección es un buen testimonio, cuando no es cierto.

Dios nos dice que un buen testimonio consiste en amarnos unos a los otros, en discernir la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios, en cuidar del huérfano y la viuda, en conocerle a Él y en perdonarnos los unos a los otros.

¡En ningún momento menciona ser perfectos!

Reconocer todo esto, las mentiras de Satanás y la verdad que nos ofrece Dios, no resuelve la depresión clínica.

Pero, esta Verdad puede ayudarnos a todos a combatir esas mentiras que llegan a nuestras mentes.

Cuando oigo, “No eres buena cristiana, te van a preguntar por qué no hiciste X” puedo responder, “Dios me llamó a hacer Y. Él sabe por qué no hice X.” Cuando oigo, “Si realmente amaras al Señor, viajarías a tal lugar” puedo responder, “Dios me ama aunque no haya ido.” Y cuando oigo, “Otra vez fallaste en tu meta de romper ese hábito” puedo responder, “Dios está enterado de que fallé, lo confesé y voy a empezar de nuevo, ¡porque mi Dios es Dios de segundas oportunidades!”

Es triste que la búsqueda de perfección lleve al suicidio.

Es una obra de Satanás.

Pero puedo combatir ese peligro con la Verdad de Dios, no sólo en mi vida, sino también en las vidas de otros.

cuando no entiendo la voluntad de Dios

Es que no entiendo cómo Dios me puede exigir algo tan inmenso.

Tengo amigos que me han dicho esas palabras, o si no, unas muy parecidas. Cuando la Biblia parece tener mandatos imposibles, cuando la Palabra de Dios parece ir en contra de nuestros instintos, cuando parece que Dios nos pide un sacrificio sin razón… ¿cómo debemos reaccionar?

No puede ser que Dios mande eso, Él no sería tan duro.

En el estudio hace unas semanas, los versículos 21 al 23 de Mateo 7, me cayeron como la respuesta a este dilema.

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

¿Quiénes son los que están fuera de la puerta?

¿Son los que abiertamente rechazaron a Cristo? No. 

¿Quiénes son a los que les responde que no los conoce? ¿A los que negaron la existencia de Dios? No.

Son los que no hicieron la voluntad de Dios.

(Obviamente, no sugiero que si un creyente no hace la voluntad de Dios pierde su salvación. Quiero aplicar este pasaje a nuestra vida como creyentes.)

Según el versículo 21, el que entra a su presencia es el que hace la voluntad de su Padre y según el versículo 27, ellos son los que conocen al Señor y el Señor les conoce a ellos.

La clave, creo, es que el hacer la voluntad del Padre viene antes de conocerlo.

¡Toda mi vida había oído esas palabras pero sin entenderlas! Y en pleno estudio, de repente, lo vi.

La obediencia, el hacer la voluntad del Padre, viene primero. Luego, conocer a Dios, viene como resultado.

En términos sencillos: La obediencia lleva al conocimiento.

Estas personas parecían hacer todo lo correcto, pero eso no importaba porque no estaban haciendo la voluntad de Dios y por eso no les conoció y ellos no le conocían a Él.

La obediencia viene primero. Luego, el conocimiento. Y el conocimiento no sólo de Dios, sino muchas veces del por qué de ese mandato.

Esto va totalmente en contra de nuestros instintos.

Antes de obedecer, queremos saber la razón detrás de Su voluntad, el por qué detrás del mandato.

Pero, Dios pide que confiemos en Él.

Dios pide que obedezcamos, y después Él se revelará y le conoceremos.