3 cuentos para compartir el evangelio

San Jorge y el dragón de Giorgio Vasari

¿Habías pensado en que los cuentos de hadas son reflejos del evangelio? 

“Érase una vez…” 

El evangelio es la Gran Historia de una mujer atrapada en la torre por el gran Dragón, la mujer que vestía solo trapos, que era esclava y no podía escapar; del Rey sabio y bueno que desde su hermoso reino la amó y decidió salir a rescatarla; de cómo él luchó en contra del Dragón y que justo al momento de herir al Dragón en la cabeza, el Dragón le hirió en el talón y cayó en aparente derrota; de cómo ese Rey se levantó, triunfante rescató a la mujer y vivieron felices por siempre.

Debemos entender que los cuentos de hadas se basan en la Gran Historia. 

Sí existe un Rey que luchó con el Dragón para rescatar a su Esposa, a quien Él ama. 

Los cuentos de hadas reflejan verdades de la Biblia. Y hay algo en nuestros corazones que responde a la Gran Historia, solo por eso han sido preservados los cuentos por tantas culturas durante tantos años. Porque tocan la eternidad en nuestro corazón.

Por eso tienen tanto valor los cuentos clásicos. 

¿Cuáles son ejemplos de estos cuentos? 

  1. Rapunzel

En la historia original, el príncipe procura subir a la torre pero cae entre los espinos que la rodean y queda ciego. Solo después de años se encuentra con Rapunzel como por magia. Ella llora al verlo en esa condición y sus lágrimas sanan la vista del príncipe.

  1. La cenicienta

Esta historia de una joven maltratada por su madrastra es más sangrienta de lo que uno pensaría. Las hermanastras se cortan los dedos y el talón de los pies para que les quede la zapatilla. Pero, de nuevo, por magia y ayuda sobrenatural, el príncipe encuentra a la cenicienta para casarse con ella. 

3.  Los cisnes salvajes

En este viejo cuento, una princesa obedece a un hada para deshacer el hechizo de una bruja que mantiene a sus hermanos en forma de cisnes. 

Estos cuentos no son la versión “sanitizada” de las películas infantiles modernas porque contienen verdaderas confrontaciones con el Mal. No esconden el peligro, ni las consecuencias. Pero el triunfo del Bien ante el Mal verdadero en estos cuentos da esperanza a los oidores. 

Y la esperanza no declara que no hay dragones pero sí insiste en que se pueden derrotar. 

Es más, los protagonistas no derrotan a sus dragones o brujas o madrastras por su cuenta, sino que necesitan ayuda sobrenatural. 

Así también nosotros no podemos vencer al pecado por nuestra propia fuerza, sino es Dios quien triunfa sobre la muerte y el pecado para rescatarnos. 

¡Es nuestro Rey el que derrota al Dragón!

Así es como estos cuentos preparan los corazones para el Evangelio. 

¿Habías considerado tú la importancia de los cuentos para compartir el evangelio? ¿Qué piensas de estos cuentos que no esconden el Mal? ¡Dime en los comentarios!

3 historias que enseñan sobre el Mal

Vivimos en un mundo lleno del Mal. Y es difícil saber cómo hablar con los niños sobre un tema tan oscuro.

G. K. Chesterton dijo:

“Los cuentos de hadas no dan al niño su primera idea de los fantasmas. Lo que los cuentos de hadas dan al niño es su primera idea clara de una posible victoria sobre el fantasma. El bebé ha conocido íntimamente al dragón desde siempre, desde que supo imaginar. Lo que el cuento de hadas hace es proporcionarle un San Jorge capaz de matar al dragón.”

A veces, en el afán de protegerlos, queremos negar la existencia del Mal. Decimos cosas como, “En tu cuarto no hay tigres” o  “No existen los fantasmas” ignorando por completo el terror real que hay detrás de sus miedos infantiles. Mientras no hay monstruos bajo su cama, ni piratas en el guardarropas, sí hay un Adversario que anda como león rugiente buscando a quién devorar. 

El origen del temor del niño es real: el Mal.

En lugar de dar respuestas fáciles que no tocan el ni corazón del tema, ni el del niño, sugiero que podemos dar a los niños un contexto. Esto no quitará sus miedos, pero sí entenderán que, en primer lugar, tomamos en serio sus temores y que, en segundo lugar, hay una razón por la que se sienten amenazados por el Mal y, finalmente, que el Mal se puede derrotar.

¿Cómo? 

¡Con buenas historias, obviamente!

La caída de los ángeles rebeldes de los hermanos Limbourg via WikiArt

1. La caída de Satanás

“Érase una vez un hermoso ángel, guardaespaldas de Dios, el más inteligente de todos los seres creados…”

Esta historia explica el origen del Mal y da a conocer el primer pecado: ponerse en el lugar de Dios.

2. La serpiente en el Edén

“Érase una vez un bello jardín creado por Dios, en donde el primer hombre y la primera mujer cuidaban las plantas y los animales…”

Esta historia explica cómo entró el Mal en nuestro mundo y por qué todos los seres humanos nacemos pecadores. También, da un vistazo hacia la redención que Dios quiere llevar a cabo para restaurar la relación con los seres humanos.

3. Hansel y Gretel

“Érase una vez un leñador muy pobre que vivía junto al bosque con su mujer y sus dos hijos…”

Esta historia, junto con muchos cuentos tradicionales, involucran monstruos, bestias y verdadero peligro para los personajes principales. No ponen temores en las mentes de los niños, al contrario, forman sus imaginaciones para entender que hay maneras de vencer al Mal. Los cuentos toman en serio al Mal, pero también presentan las formas verdaderas de triunfar sobre el Mal, por ejemplo, con la Verdad, la Bondad y la Belleza, pero más que nada, con ayuda divina.

Imagen de Arthive

Estas historias forman una base de entendimiento. 

Sobre esta base, los niños (y adultos también) pueden ir formando no solo una buena filosofía de vida, sino también una buena teología.

¿Habías considerado la importancia de las historias sobre el Mal? ¿Hay cuentos que sugieres agregar a esta lista? ¡Dime en los comentarios!

Caminando por San Esteban

El muchacho me miró caminando por la calle empedrada y me ofreció su brazo. Me apoyé en él, pos porque ya no camino como antes, ni miro como antes y me puedo tropezar. Ese muchachito que acababa de comprar la casa de Goyo. No me conocía muy bien, pero muy respetuoso, él. Y yo soy de allí, de San Esteban. Tengo 75 años en la misma casa, en el mismo terreno de mi pa.

Me miró quién sae cómo… alamejor con tristeza o compasión… Pues, es que ya no stoy tan fuerte como antes, como él. No… de joven yo también caminaba derechito y con los hombros hacia atrás. No es por nada, pero sí me miraba muy bien, yo. Y más cuando me ponía mis botas vaqueras con mi cinto de cuero los domingos pal baile. Sí, en esos días yo caminaba derechito como él. 

Saludamos a la nieta de mi compa Moncho. Ramón, pues, se llama, pero desde chiquillo le decíamos Moncho. Se me hace bonito que este muchachito salude a todos tan amable aunque no sea de aquí. Bueno, saludó más amable a la chiquilla que a doña Angelita, la de la tienda… pero, pos, ¿quién no? Doña Angelita de angelita no tiene nada… es bien gruñona. Y la muchachita esta…uufff…se parece a su abuela, Carmela. Ay, Carmela era una hermosura cuando Moncho y yo andábamos atrás de ella, los dos. Al final, se decidió por Moncho y pos, qué le íbamos a hacer. Me dijeron que me fuera pal norte y que con los dólares me la ganaba pero pos no le iba a hacer eso a mi compa. Moncho siempre fue bien derecho conmigo y yo con él, aunque los dos quisiéramos a la misma mujer. Pero sí… volvió a salir la hermosura pura de Carmela en su nieta y pos como que mi vecinito nuevo se dio cuenta.

Llegamos cerca de la casa. Goyo y yo construimos nuestras casas casi pegadas. Se me hizo bien triste cuando Goyo se murió y pos sus hijos ya no quieren regresar a San Esteban. Ellos se fueron a vivir a colonias más modernas con nombres elegantes como la Ciudadela y los Prados del Fresno o sabe qué árbol. Extraño al Goyo. Ya casi nadie queda que vivió lo que nosotros vivimos. Nadie se acuerda de cuando pasaban los revolucionarios a llevarse a los hombres a pelear y las mamás escondían a sus chamacos. Ni de cuando se acabó la guerra y nos empezaron a repartir los terrenos que ahorita ya todos vendieron a gentes que vinieron a poner casonas y tiendas en vez de tener parcelas y animales. Y pos está bien tener lugares bien bonitos pero, yo digo que ¿qué tenían de malo nuestras casitas? Miro a la gente igual de feliz o hasta menos felices que uno… y pos yo con Goyo siempre platicaba de esas cosas. Ora… ¿con quién voy a platicar? Este vecinito ya me viene diciendo cómo quiere mejorar la casa y pos yo pienso que no le interesa saber de nuestra vida antes, cómo era y cómo salimos adelante. 

Le voy a dar las gracias al muchachito por ayudarme y ofrecerle un vaso de agua. No creo que se quede a platicar. Yo siento que tiene ganas de meterse rápido a su casa, siempre dice que tiene mucho trabajo por interné. Yo me acuerdo de cuando nos sentábamos afuera de las casas a platicar y es cuando más extraño a Goyo y a mi Ofelia. Carmela me rechazó, pero Ofe sí quiso conmigo y fue la mejor mujer que conocí. Siempre me trato bien mi Ofelia y cuando no, pos era bien merecido. Y platicábamos con Goyo y su mujer afuera de la casa en las sillas que Ofe tejía. Pero, si le ofrezco una silla y un vaso de agua a este muchachito no se queda porque tiene bien mucho trabajo. 

Mi casa sigue de la de Goyo… pos ya no de Goyo, ¿verda? Ora ya es casa de este muchachito…¿cómo se llamaba? Ricardo. No sé si ya se cansó de ayudarme a caminar. Es que ya no camino como antes, ni miro como antes. Yo me venía por estas calles cuando eran de tierra. Caminaba derechito y a veces andaba a caballo por aquí y pos, me decían que bien galán. Pero… ya no. Ya estas calles son para Ricardo y los demás jovencitos. Ya no son mi calles. 

lo perseguí

Lo perseguí por las calles, mis tenis pegaban el asfalto caliente en un ritmo que era eco de sus pasos. El sol quemaba mi cabeza, no había brisa para refrescar. El sonido del tráfico no me dejaba pensar. Un claxon. Un ladrido. Una campana. Y había rodeado una esquina. Desapareció. 

Lo perseguí por los campos, en el lodo fértil de las fresas. Los árboles daban sombra y escondite. Solo se oía su respiración agitada y el correr del agua en el canal. A orillas del campo, cerca del canal, entre el follaje desapareció. 

Lo perseguí por la noche, mis ojos buscaban entre las estrellas su forma efímera. El viento de la noche penetró hasta mis huesos y las nubes encubrieron el cielo. Las luces de la ciudad por un lado y el bosque por el otro lado, pero en ninguno lo encontré. Desapareció. 

Lo perseguí por las mañanas, al salir el sol del horizonte. Los pájaros cantaban, me impedían oír el latido de su corazón. La frescura del día cargaba su aroma pero guardó sus secretos. El cielo silencioso se volvió azul y él, junto con los colores de la aurora, desapareció.

Lo perseguí hasta perder esperanza. Y cuando me detuve, vi que había dejado en mis manos todo lo que yo buscaba.