un ataque en la esquina

Ya estaba oscureciendo y los vecinos se habían metido a sus casas. Por no dejar sola a su hermanita, Chuchito la había llevado a la tienda. Pero, la tienda estaba cerrada y no había conseguido la leche. Tendría que salir temprano para conseguirla antes de que se despertara su hermanita, tenía que estar allí para su tradición diaria. Cada mañana Chuchito se paraba al pie de la cama y cuando la niña despertaba, rodaba hasta caer en sus brazos. Así habían comenzado todos los días desde que ella tenía memoria. Mientras Chuchito calculaba el tiempo que necesitaría para salir, comprar la leche, hacer la avena y estar junto a la cama para el momento que despertaría la niña, algo interrumpió sus pensamientos.

Atrás de ellos se oían unos pasos.

Chuchito tomó la mano de su hermanita. Para no espantarla, sonrió y le dijo —¡Vamos a correr! Y llegando a la casa te doy una galleta óreo. —¡A la niña le encantaban esas galletas!

Cuando comenzaron a correro, los pasos tras ellos se aceleraron. Chuchito sacó una navaja que tenía en el bolsillo. Soltó la mano de su hermanita y susurró en su oído. —Unas carreras…¡a que te gano! —y la miró correr hacia la casa. Lo bueno que había dejado la puerta sin seguro. Justo a la vuelta de la esquina se detuvo y se volteó para enfrentarse con los pasos que le seguían. La mano con la navaja estaba a su lado, en las sombras.

Los pasos se acercaron, la persona venía casi corriendo, y de repente dio la vuelta a la esquina.

Chuchito dio un paso hacia adelante y chocó con tanta fuerza que tumbó el cuerpo ligero con el que se topó.

Y ahí frente a él en la banqueta estaba un chica. La chica comenzó a gritar y a alejarse de él sin si quiera levantarse.

—Perdón. —Chuchito rápido se metió la navaja al bolsillo y le extendió la mano pero ella se levantó de un brinco y comenzó a correr, todavía gritando.

Lo único que él alcanzó a ver fue la larga trenza que se movía mientras ella corría.