Días así

 Hay días así. 
 ¿Qué se puede hacer? 
 
 No suena el alarma,
 ni hay agua caliente.
 No prenden las luces,
 se fue la corriente.

 Se amarga el café,
 me duele la espalda.
 Se quema el pan, 
 se mancha mi falda. 
 
 No encuentro mi Biblia,
 ¿por dónde empezar? 
 Ni tiempo me da
 si quiera de orar. 
 
 Hay días así. 
 ¿Qué se puede hacer? 
 
 ¡Al menos aún vivo!
 Me tomo un segundo, 
 doy gracias por eso. 
 Respiro profundo.

 ¿Y las bendiciones?
 Me pongo a contar.
 Muy pronto el gozo
 empieza a brotar.
 
 Solo un día malo,
 un día nada más,
 podré superarlo,
 Dios me hace capaz. 
 
 Hay días así. 
 Esto puedo saber:
 
 Dios sigue en control
 y en este día
 sus misericordias
 dará todavía.
 

La obediencia y la gloria de Dios

¿Alguna vez has pensado que sería más fácil obedecer a Dios si solo lo pudieras ver? Si Dios se mostrara, si Dios mandara una señal, sería más sencillo hacer lo que debemos, ¿verdad?

Los Israelitas pensaron eso cuando Moisés estaba recibiendo los mandamientos en el monte y pasaron más de un mes sin saber de él. Los discípulos en el Nuevo Testamento pensaron eso cuando le pidieron a Cristo que les mostrara al Padre. Y nosotros en muchas ocasiones también pensamos eso.

Pero Dios, a través de Moisés en Levítico 9:6, dejó muy claro el orden en que sucederían las cosas: “Esto es lo que mandó Jehová; hacedlo, y la gloria de Jehová se os aparecerá.”(Lev. 9:6)

El deber de los Israelitas era obedecer y solo después de eso Dios se revelaría a ellos. Tenían que recordar y cumplir con los mandamientos para poder ver la gloria de Dios. Y en esa ocasión, lo hicieron. El contexto de este versículo es la lista de instrucciones sobre el tabernáculo. Obedecieron y, en efecto, vieron la gloria de Jehová descender sobre él.

Pero, nosotros tenemos un privilegio mucho más grande. Juan 1:14 habla del Señor Jesucristo que vino al mundo “y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre”. A través del Nuevo Testamento tenemos el privilegio de conocer a Dios de una manera mucho más íntima, Dios como ser humano. Jehová se revela en el Nuevo Testamento. Podemos ver allí Su gloria. 

No se requiere de nosotros que primero construyamos un tabernáculo ni hagamos sacrificios de animales. Dios ya se ha revelado a nosotros y ahora nos pide obedecer.

Los Israelitas tuvieron que obedecer a un Dios aún no revelado para conocer algo de Él. Pero, ¡que privilegio el de nosotros! Leer sobre Él, conocerle porque ya se reveló. ¿Cómo no obedecer ahora que hemos visto Su gloria?

Reseña: Danzar, estar firme y correr

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El libro Dance, Stand, Run (Danzar, Estar firme y Correr) fue escrito por Jess Connolly y publicado por HarperCollins en Octubre de 2017. Trata del la gracia y la santidad en la vida cristiana. Es muy fácil sentir que estas dos cosas crean una tensión en la vida del creyente y hay que mantener un equilibrio entre ellas. Pero, la autora argumenta que al contrario, van de la mano y sin una, no podemos realmente tener la otra.

A través de este libro ella llama a las lectoras a ser quien pueden ser en Cristo, mujeres que danzan en gracia, están firmes en santidad y corren para compartir las buenas nuevas.

Al empezar el libro, no estaba totalmente convencida que sería bueno, pero entre más leía más aprendía sobre cómo la gracia y la santidad trabajan en equipo y ambas son características de una mujer de Dios. Aún más, aprendí cómo poner en práctica ambas cosas en mi vida.

Es un libro que abrió mis ojos a muchas lecciones y que recomiendo mucho.

El tema principal del libro es la santidad, pero no solo la santidad, sino la santidad de la mano con la gracia. La autora ya ha escrito sobre la libertad de la gracia, pero a través de una experiencia difícil en su iglesia local, se dio cuenta de que no todos conocían la otra parte de su vida cristiana, algo que para ella era muy importante.

“¿Cuántas veces hacía esto de vivir por fuera como alguien que no pensaba todo el tiempo en Dios, cuando por dentro, mi corazón está dedicado sólo a Él? ¿Era esta mi forma de guiar a otros? ¿Ignorando lo santo para quedar bien y parecer normal?”

La autora veía que el mundo cristiano está tan enamorado de la gracia que parece haber perdido, como ella, el conocimiento de la santidad. Entonces, decidió tomar el paso difícil de escribir un libro sobre este gran tema.

“Nos mostramos gracia, pero en algún momento dejamos de permitir que esa gracia nos transformara como debiera. Y me pregunto: ¿nos habrá causado que perdamos de vista nuestra santa posición ante Dios?”

Pero, el libro no es un regaño. Más bien es un precioso recordatorio de quienes somos en Cristo. La autora nos recuerda que ante Dios, la santidad no es algo que se gana o se actúa, sino es nuestra posición.

“Si tienes la identidad de Jesús en tu vida, no puedes llegar a ser más santa, no puedes convertirte en una persona más santa… Simplemente lo eres. Ya lo eres.”

Nos recuerda que lo único que nos queda por hacer es que nuestra vida, nuestras acciones se pongan de acuerdo con nuestra verdadera identidad.

“Él hace lo difícil (mandando a Jesús y ofreciéndonos gracia) y nosotros sólo nos ponemos de acuerdo: con nuestras vidas, nuestros días, nuestro tiempo libre, nuestras decisiones, nuestras relaciones; todo a través del poder del Espíritu Santo.”

Es fácil voltear a ver a nuestra familia en Cristo y señalar toda la falta de santidad, pero ella nos recuerda que la santidad siempre empieza con uno mismo. Además, si uno empieza a vivir de acuerdo con la identidad dada por Dios, nuestro ministerio a otros cambiará. Porque veremos en nosotros mismos los pecados que vemos en los demás. Y aquí es donde la gracia y la santidad se ven entrelazados.

“Podemos ministrar en una manera que clama “¡Yo también!” mientras llamamos a la gente a venir a la seguridad y paz que encontramos cuando nos cubre la sangre de Jesús. Hasta podemos hablar verdades difíciles y compartir su Palabra, pero hacerlo totalmente empapados de humildad y la consciencia de nuestra constante necesidad de que nos muestren gracia.”

Y luego, llega lo práctico:

“Primero, ¿ves algún ritmo, hábito o lujo en tu vida que poco a poco pudiera estar reemplazando a Jesús?”

“¿Porqué participas en esta actividad?”

“Finalmente, hay que preguntarnos: ¿De veras? ¿Realmente creemos que Dios es quien dice ser y que hará lo que dice que hará? Y si sí, ¿deberíamos pasar nuestros días buscando estas comodidades mundanas?”

Pero, el libro no termina hablando de la santidad. Porque como mujeres que danzamos en gracia y nos mantenemos firmes en santidad, seremos inspiradas a correr para compartir las buenas nuevas con otras personas.

“Tenemos que caminar con la gente. Tenemos que ir a la gente. Tenemos que permanecer firmes en tierra santa mientras fomentamos una relación con la gente.”

“Nosotras no somos la respuesta, solo que conocemos al que sí lo es.”

Hay tantas joyas en este libro que me sorprendo cada vez que lo repaso. Hay mucho que aprender sobre la gracia y la santidad, y este libro me ayudó muchísimo a entender como estas dos doctrinas no están en tensión, sino más bien están tan entrelazadas que no se puede vivir una sin vivir la otra. Este libro me enseñó que la gracia sin la santidad no tiene propósito, y la santidad sin la gracia no da esperanza. Sólo pueden hacer sus funciones en mi vida si trabajan juntos. Y si esa lección no fuera suficiente, hay mucho más que aprender de este libro. ¡Espero que pronto lo publiquen en español!

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