el contentamiento

Enséñame el contentamiento.
Cuando todo es abundante,
mis manos, llenas de bendiciones.
Tengo todo lo que necesito
también unos cuantos lujos,
además, Cristo, conmigo,
y rebosa mi corazón.
Enséñame el contentamiento.

Enséñame el contentamiento.
Cuando carezco de tanto…
y mis manos, esperando vacías, 
ni siquiera lo que necesito, 
mucho menos ciertos lujos.
Pero está Cristo conmigo.
y Él llena mi corazón. 
Enséñame el contentamiento.

Mi gran propósito

Mi gran propósito es ser como Cristo.
Y todo lo que Dios trae a mi vida—
las bendiciones y tribulaciones,
cada lucha, maravilla o triunfo—
son simples herramientas en sus manos, 
en manos del carpintero perfecto.
Y cortan, aplanan, lijan y pulen,
y al fin, mi alma, hermosa y útil,
reflejará en sus brillantes facetas
a Aquel que con tanto amor la labró.

la ansiedad

Te siento mordisquear
las orillas de mi mente,
ya una idea delincuente,
ya una acción sin terminar.
Te siento deshilar
lo que pienso y recuerdo, 
me confundo y me pierdo. 
Entre sombras, te escondes,
un cobarde, en rincones.
Te siento y me defiendo.



12 cosas que aprendí en mi primer año como mamá

Aunque he tenido el deseo de ser mamá desde que tengo memoria, no había pensado mucho en todo lo que implicaría. Sí, había pensado en la importancia de la formación del carácter y cuáles serían las mejores maneras de hacerlo. No había pasado tanto tiempo pensando en los demás aspectos de ser mamá. En este año, he aprendido mucho y he tenido la oportunidad de meditar más en la vida de madre.

Imagen de Jonathan Sanchez en Unsplash
  1. Estoy sembrando hoy lo que no cosecharé durante años. 
  2. Yo necesito la estabilidad de una rutina diaria tanto como mi hijo.
  3. No tengo garantías que mi hijo seguirá al Señor. 
  4. Hacer esto sin un esposo sería increíblemente difícil. 
  5. Necesito tiempo a solas a diario para restaurar mi tranquilidad interna. 
  6. Necesito tiempo a solas con Dios más que nunca porque Él me da la perspectiva correcta de mi trabajo como mamá.
  7. Los sacrificios de mis padres al criar hijos lejos de su familia fueron inmensos.
  8. La salud de mi hijo es una bendición que no puedo dar por hecho.
  9. El gozo que llena mi corazón cuando veo que mi hijo aprende algo, me hace entender el gozo de Dios cuando yo doy un paso de madurez en la vida cristiana.
  10. Solo hay tiempo para lo realmente importante. Es imprescindible saber qué es lo realmente importante. 
  11. Mi hijo no tiene la vida garantizada, pero mi deber es enseñarle como si fuera a vivir muchos años sin mí. 
  12. Hay pocos trabajos tan importantes como el de criar hijos. A los pies de mamá, se forman los hombres que en la próxima generación guiarán al mundo.

Me interesaría también saber qué lecciones has aprendido tú si eres padre o madre. Y si no lo eres, qué lecciones aprendiste de tus padres.

Cuando soy un cristiano sin gozo

Imagen de Lesly Juarez en Unsplash

Cristo prometió vida en abundancia. Dio mandamientos para que nuestro gozo fuera cumplido. Nos dice que podemos regocijarnos siempre en el Señor. Entonces, ¿por qué hay días en los que me siento vacía? ¿Por qué paso tiempos sin ánimo?

¿Por qué soy un cristiano sin gozo?

En mi experiencia, la falta de gozo no viene por alguna falla del Señor, sino porque he olvidado ciertos hábitos saludables.

Cuando desaparece mi gozo en la vida cristiana, me doy cuenta de que he dejado a un lado ciertas prácticas.

1. Adorar antes de servir. 

Es un principio básico de la vida cristiana, que antes de servir, hay que adorar. Pero, es un principio que muy rápido olvidamos. Pasar tiempo en la presencia del Señor expresando aprecio por Su persona, nos prepara mental, emocional y espiritualmente para servir a los que nos rodean. Si dejo pasar demasiados días excesivamente en servicio, sin adorar, pronto se me acaba el gozo.

2. Meditar a diario. 

Subestimamos la importancia de tiempo en silencio en la presencia de Dios. En el silencio podemos poner en orden nuestros pensamientos. En el silencio, nuestra perspectiva cambia y vemos los altibajos de la vida como lo que son. En el silencio, podemos oír la voz de Dios de manera más clara a través de su Palabra. Todo esto contribuye al gozo interno y la paz personal frente a cualquier circunstancia de la vida.

3. Pasar tiempo en la naturaleza. 

Está bien comprobado que pasar tiempo en la naturaleza disminuye el estrés físico, mental y emocional. Es otro hábito que nos abre a disfrutar no solo la naturaleza misma, sino las demás bendiciones en la vida también, a pesar de cualquier problema o tribulación. Cuando mantengo mi hábito de pasar unos minutos bajo un árbol o entre las plantas del jardín o caminando en un parque, el Señor usa Su creación para darme gozo.

4. Moverme.

Es impresionante el impacto del ejercicio físico sobre todos los aspectos de la salud. Además de ser bueno para el cuerpo, el ejercicio físico tiene buenos efectos sobre la salud mental y el equilibrio emocional. El esfuerzo físico permite enfocarme en mi cuerpo y dejar a un lado los asuntos de la vida. Cuando regreso a la vida cotidiana, me siento mejor y estoy abierta a gozarme hasta en los detalles del día.

5. Recibir al igual que dar.

Es muy importante dar a otros de nuestro tiempo, de nuestra energía, de nuestros bienes. Pero, a veces olvidamos la importancia de recibir. Los que nos rodean tienen cosas que compartir con nosotros y si no permitimos que ellos nos den, perjudicamos nuestra relación y nos perjudicamos a nosotros mismos. Para poder gozarme en mis relaciones con los demás, Teo estar dispuesta a recibir. A veces se trata de pedir ayuda, a veces, de trabajar en conjunto, a veces, de permitir que alguien me dé un regalo. Cuando no solo doy, sino recibo, soy una persona más saludable con relaciones más saludables y es fácil gozarme en ellas.

Solo Dios da gozo. Pero practicar estos buenos hábitos me deja más abierta al gozo. Me aclara la mente, me enfoca el alma, abre mi corazón y puedo disfrutar más del gozo del Señor.

¿Qué tal tú? ¿Practicas alguno de estos hábitos? ¿Cuáles conducen al gozo en tu vida?