Casi te pierdo.

Casi te pierdo. 

Como cuando el viento se lleva una carta de amor,

de un momento para otro

casi te pierdo. 

Casi te me vas. 

Como cuando al atardecer desaparece el sol,

de un momento para otro

casi te me vas.

Casi me dejas.

Como cuando al voltear, la mariposa ya no está,

de un momento para otro

casi me dejas.

Casi te pierdo. 

Pero cuando abrí los ojos todavía estabas aquí. 

Y de un momento para otro

te tengo otra vez.

Caminando por San Esteban

El muchacho me miró caminando por la calle empedrada y me ofreció su brazo. Me apoyé en él, pos porque ya no camino como antes, ni miro como antes y me puedo tropezar. Ese muchachito que acababa de comprar la casa de Goyo. No me conocía muy bien, pero muy respetuoso, él. Y yo soy de allí, de San Esteban. Tengo 75 años en la misma casa, en el mismo terreno de mi pa.

Me miró quién sae cómo… alamejor con tristeza o compasión… Pues, es que ya no stoy tan fuerte como antes, como él. No… de joven yo también caminaba derechito y con los hombros hacia atrás. No es por nada, pero sí me miraba muy bien, yo. Y más cuando me ponía mis botas vaqueras con mi cinto de cuero los domingos pal baile. Sí, en esos días yo caminaba derechito como él. 

Saludamos a la nieta de mi compa Moncho. Ramón, pues, se llama, pero desde chiquillo le decíamos Moncho. Se me hace bonito que este muchachito salude a todos tan amable aunque no sea de aquí. Bueno, saludó más amable a la chiquilla que a doña Angelita, la de la tienda… pero, pos, ¿quién no? Doña Angelita de angelita no tiene nada… es bien gruñona. Y la muchachita esta…uufff…se parece a su abuela, Carmela. Ay, Carmela era una hermosura cuando Moncho y yo andábamos atrás de ella, los dos. Al final, se decidió por Moncho y pos, qué le íbamos a hacer. Me dijeron que me fuera pal norte y que con los dólares me la ganaba pero pos no le iba a hacer eso a mi compa. Moncho siempre fue bien derecho conmigo y yo con él, aunque los dos quisiéramos a la misma mujer. Pero sí… volvió a salir la hermosura pura de Carmela en su nieta y pos como que mi vecinito nuevo se dio cuenta.

Llegamos cerca de la casa. Goyo y yo construimos nuestras casas casi pegadas. Se me hizo bien triste cuando Goyo se murió y pos sus hijos ya no quieren regresar a San Esteban. Ellos se fueron a vivir a colonias más modernas con nombres elegantes como la Ciudadela y los Prados del Fresno o sabe qué árbol. Extraño al Goyo. Ya casi nadie queda que vivió lo que nosotros vivimos. Nadie se acuerda de cuando pasaban los revolucionarios a llevarse a los hombres a pelear y las mamás escondían a sus chamacos. Ni de cuando se acabó la guerra y nos empezaron a repartir los terrenos que ahorita ya todos vendieron a gentes que vinieron a poner casonas y tiendas en vez de tener parcelas y animales. Y pos está bien tener lugares bien bonitos pero, yo digo que ¿qué tenían de malo nuestras casitas? Miro a la gente igual de feliz o hasta menos felices que uno… y pos yo con Goyo siempre platicaba de esas cosas. Ora… ¿con quién voy a platicar? Este vecinito ya me viene diciendo cómo quiere mejorar la casa y pos yo pienso que no le interesa saber de nuestra vida antes, cómo era y cómo salimos adelante. 

Le voy a dar las gracias al muchachito por ayudarme y ofrecerle un vaso de agua. No creo que se quede a platicar. Yo siento que tiene ganas de meterse rápido a su casa, siempre dice que tiene mucho trabajo por interné. Yo me acuerdo de cuando nos sentábamos afuera de las casas a platicar y es cuando más extraño a Goyo y a mi Ofelia. Carmela me rechazó, pero Ofe sí quiso conmigo y fue la mejor mujer que conocí. Siempre me trato bien mi Ofelia y cuando no, pos era bien merecido. Y platicábamos con Goyo y su mujer afuera de la casa en las sillas que Ofe tejía. Pero, si le ofrezco una silla y un vaso de agua a este muchachito no se queda porque tiene bien mucho trabajo. 

Mi casa sigue de la de Goyo… pos ya no de Goyo, ¿verda? Ora ya es casa de este muchachito…¿cómo se llamaba? Ricardo. No sé si ya se cansó de ayudarme a caminar. Es que ya no camino como antes, ni miro como antes. Yo me venía por estas calles cuando eran de tierra. Caminaba derechito y a veces andaba a caballo por aquí y pos, me decían que bien galán. Pero… ya no. Ya estas calles son para Ricardo y los demás jovencitos. Ya no son mi calles. 

Reseña: Los siete principios para hacer que el matrimonio funcione

Los siete principios para hacer que el matrimonio funcione de John Gottman y Nan Silver fue publicado en el 2010 por la casa editorial Vintage Español. Gracias a décadas de observación de todo tipo de parejas, los autores ahora han descubierto qué hacen bien las parejas con buenos matrimonios y qué hacen mal las parejas que terminan en divorcio. De hecho, pueden predecir con un 94% de precisión si una pareja se divorciará o no. Este libro explica qué hay detrás de los buenos matrimonios y cómo ponerlo en práctica. Es un libro fantástico y, en mi opinión, uno de los únicos libros que necesita cualquier pareja sobre el matrimonio.

El libro comienza con varios mitos sobre el matrimonio y por qué no son ciertos: 

1. Las neurosis o problemas de personalidad arruinan los matrimonios. 

2. Lo que los mantiene juntos es tener cosas en común. 

3. El concepto de “hoy por ti, mañana por mí” hace exitoso al matrimonio.

4. Evitar el conflicto arruinará el matrimonio.

5. La raíz del divorcio es la infidelidad. (En muchos casos, la infidelidad es síntoma de un problema más profundo).

6. Los hombres no están diseñados biológicamente para el matrimonio. 

7. Los hombres y las mujeres son de distintos planetas.

Luego, el libro habla de lo que sí forma parte de un buen matrimonio y comienza con la amistad. 

“…la sencilla verdad que los matrimonios felices están basados sobre una amistad profunda y con esto me refiero a un mutuo respeto y disfrute de la compañía del otro.”

Habla de las cuatro grandes amenazas a un matrimonio: la crítica, el desprecio, estar a la defensiva y obstaculizar. Luego da maneras de evitar o tratar con estos cuatro problemas cuando surgen. 

Da los 7 principios para un buen matrimonio con ejemplos y ejercicios para poner en práctica cada uno: 

1. Mejoren sus mapas de amor (un mapa de la mente y el corazón la pareja, es decir conocerse).

2. Nutran su cariño y admiración.

3. Búsquense.

4. Permitan que su pareja influya sobre cada uno.

5. Resuelvan los problemas que se pueden resolver. 

6. Superen el estancamiento (los problemas que no se pueden resolver).

7. Creen un propósito con significado compartido.

La verdad este libro me dio mucha esperanza. Resulta que hay parejas felices que se pelean. Hay parejas felices que siempre evitan el conflicto abierto. Hay parejas felices que tienen conflictos que no se pueden resolver y simplemente viven con ellos. Aprendí muchísimo sobre mi matrimonio, pero también sobre el matrimonio en general leyendo este libro. Considero que es esencial para cada pareja. 

*Cuando escribí la reseña, este libro aún estaba disponible en amazon.com.mx Tristemente, parece ya no estar. Espero lo vuelvan a publicar pronto, pero quizás se pueda conseguir en alguna librería de segunda mano.

lo perseguí

Lo perseguí por las calles, mis tenis pegaban el asfalto caliente en un ritmo que era eco de sus pasos. El sol quemaba mi cabeza, no había brisa para refrescar. El sonido del tráfico no me dejaba pensar. Un claxon. Un ladrido. Una campana. Y había rodeado una esquina. Desapareció. 

Lo perseguí por los campos, en el lodo fértil de las fresas. Los árboles daban sombra y escondite. Solo se oía su respiración agitada y el correr del agua en el canal. A orillas del campo, cerca del canal, entre el follaje desapareció. 

Lo perseguí por la noche, mis ojos buscaban entre las estrellas su forma efímera. El viento de la noche penetró hasta mis huesos y las nubes encubrieron el cielo. Las luces de la ciudad por un lado y el bosque por el otro lado, pero en ninguno lo encontré. Desapareció. 

Lo perseguí por las mañanas, al salir el sol del horizonte. Los pájaros cantaban, me impedían oír el latido de su corazón. La frescura del día cargaba su aroma pero guardó sus secretos. El cielo silencioso se volvió azul y él, junto con los colores de la aurora, desapareció.

Lo perseguí hasta perder esperanza. Y cuando me detuve, vi que había dejado en mis manos todo lo que yo buscaba.