9 razones malas para ser un misionero

¡Ser misionero es maravilloso! ¡Qué increíble servir a Dios a tiempo completo! ¡Ellos son verdaderos héroes!

Lo que se dice acerca de la vida misionera muchas veces, además de incorrecto, nos hace a todos creer que lo mejor que podemos hacer con nuestra vida es ser misionero. Pero, en primer lugar, si el Señor no nos ha llamado a ser misioneros, ¡serlo es lo peor que podríamos hacer! Y en segundo lugar, antes de responder al llamado del Señor, hay que examinar nuestros motivos porque hay muchos que llenan nuestros corazones y sólo llevan a la decepción, la tragedia y el fracaso. Hay muchas razones para ser misionero pero la mayoría no son válidas. Hoy vamos a ver 9 razones malas para ser misionero.

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Imagen de Lonely Planet en Unsplash
  1. Porque me gusta conocer otras culturas. Algunas personas son buenísimas para aprender nuevos idiomas. A otros les encanta viajar. No por eso deben ser misioneros. Un talento natural no es un llamado a una esfera específica de servicio, aunque puede ser un indicador usado por Dios. Predicar el evangelio en una cultura totalmente ajena a la tuya es una de las cosas más difíciles de hacer. (De hecho, se han escrito libros sobre el tema.)
  2. Para ser un gran siervo. A veces puede parecer que los misioneros son las celebridades del mundo cristiano. Pero, la verdad es que los incrédulos entre los que trabajan no tienen por qué respetarlos ni por qué reconocer el sacrificio que han hecho para llevarles el evangelio. Después de salvas, algunas personas agradecen su esfuerzo, pero el misionero puede obrar durante años en un lugar en el que prefieren correrlo porque no quieren cambiar sus creencias religiosas. Un misionero rápido se da cuenta de que muy pocos lo consideran “un gran siervo”.
  3. Para ser mejor cristiano. El campo misionero te hará un mejor creyente, pero no será fácil. En la obra del Señor cada falla personal, cada falta de rasgo de carácter queda amplificado y se examina no sólo por los incrédulos que te rodean, sino también por los creyentes que te enviaron.
  4. Porque quiero más tiempo para estudiar la Biblia. Es difícil explicar cómo el servicio al Señor a tiempo completo disminuye tanto el tiempo de estudio, pero así es. El misionero es consejero, amigo, guía, anfitrión, conserje y proveedor de transporte, además de expositor del evangelio y enseñanzas bíblicas. Si se requiere de disciplina para estudiar la Biblia mientras uno tiene un trabajo “secular”, siendo misionero se requiere de poquita más.
  5. Porque perdí el trabajo. Hay gente que toma esta oportunidad para dedicarse a tiempo completo a predicar el evangelio, pero es un error. Las circunstancias no pueden ser nuestra única guía en la vida. Y si parece que ser misionero es una forma buena, o sencilla, o eficaz de ganarse el pan, simplemente con acercarnos a cualquier misionero que conozcamos para preguntarle sobre su estado financiero nos basta para un desengaño total e inmediato.
  6. Porque me gusta predicar. No es malo predicar. Pero un gusto por pararme ante un público y explicar la Palabra, no es un llamado. Ser misionero no se trata de predicar. La mayoría del trabajo de los misioneros se hace en tres lugares: al rededor de una mesa, de rodillas en un cuarto y detrás del volante en carretera.
  7. Para dejar atrás mis problemas interpersonales. Aquí hay un secreto que no lo debe ser: mis problemas interpersonales son mis problemas, aquí y en China. Si me voy de misionero sin resolver mis problemas con los hermanos de mi hogar, en el campo misionero surgirán los mismos con otros hermanos.
  8. Porque quiero ser como mi héroe. ¡Qué bueno es tener héroes! Pero, Dios sólo creó una Elisabeth Elliot y un David Livingstone. No necesita más. Dios quiere usarme a mí y formarme a Su imagen, no a la imagen de Guillermo Williams. Quizás Dios me llame a hacer algo similar a lo que hizo mi héroe. Pero, quizás no. Y una forma segura de fracasar en la obra misionera como en la vida es procurar ser alguien más.
  9. Para salvar almas. Este motivo es uno de los más comunes y más aceptados. ¿Qué tiene de malo salvar almas? Pues, me temo que la mayoría de los misioneros salen a la obra creyendo que esto es su trabajo principal. Pero, esa idea no sólo es incorrecta, ¡es anti bíblica! Y además, es un camino directo a la depresión. El misionero que predica para salvar almas se va a desanimar cuando la gente no acepta el mensaje, se va a enojar cuando el creyente nuevo decide abandonar el Camino de la vida cristiana y se va a enorgullecer cuando alguien no sólo acepta el evangelio sino crece en el Señor. Nada de eso glorifica a Dios.

Esto, ahora, nos lleva al verdadero y único motivo que debe regir nuestra decisión de salir al campo misionero y dedicarme a esa obra a tiempo completo: la gloria de Dios. De hecho, debe ser nuestro único motivo al desear la labor de pastor, al establecer una escuela cristiana o al buscar ser maestra de la escuela dominical. También, debe ser nuestra única razón de comenzar la carrera de medicina, tomar un diplomado en mecánica o dedicarnos de lleno al hogar.

¿Ves aquí un patrón de vida?

El propósito, sin importar qué hacemos es darle gloria a Dios.

Sí, podemos darle gloria a Dios como misioneros. Y podemos darle gloria a Dios en cualquier otra esfera de servicio a la que Él nos ha llamado.

Ése es y siempre tiene que ser nuestro motivo principal.

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