Una meditación sobre el 2020

(Escribí esta meditación al final del año pasado, espero sea de bendición ¡a pesar de que ya estamos en el siguiente año!)

Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. Malaquías 3:6

El año 2020 ha sido uno lleno de retos. Los niños sin ir a la escuela, muchos sin trabajo y, lo más impactante para nosotros, los hermanos sin reunirnos. Muchísimas actividades de la vida cotidiana han cambiado drásticamente y hemos sentido, hasta sufrido, por la inestabilidad que estos cambios nos han traído. Si algo hemos aprendido es que ningún aspecto de nuestra vida es incambiable. 

Dios, sin embargo, nos da una promesa en Malaquías: Él no cambia. Sigue siendo el mismo, hoy, ayer y por los siglos. (Heb. 13:8). Una vida fundada en Él, como una casa con fundamento en la roca, será estable a pesar de los cambios que le puedan rodear (Mateo 7:25). Una vida dependiente de Él, no será consumida. 

Podemos depender de este Dios incambiable cuando todo a nuestro al rededor está cambiando. Y es gracias a eso que el 2020 no puede acabar con nosotros. Aunque no podamos salir, aunque suframos soledad, aunque no podamos ver a nuestros hermanos, no hemos sido ni seremos consumidos. Porque la vida del creyente esta fundada en un Dios incambiable. 

Dependemos de Dios y Dios no cambia. 

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