una chica ordinaria llamada Katie

 

Katie Davis tiene 27 años y 14 hijas.

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Déjame contarte su historia.

Katie es una chica común y corriente y ella sería la primera en aclararlo. En el 2006, un semestre antes de salir de la prepa tuvo la oportunidad de tomar un viaje misionero a Uganda. Lo disfrutó tanto que al graduarse, decidió regresar y pasar un año en Uganda ayudando a los misioneros. Su trabajo allí comenzó en un orfanato, dando clases de kinder, pero pronto inició un programa que ayudaría a los niños más grandes también. Cuando ella se dio cuenta de que muchos niños no asistían a la escuela por falta de recursos, organizó un sistema para que personas de norteamérica pudieran pagar esos estudios o ser patrocinadores. Este proyecto, que inició como algo pequeño para una docena de niños que ella conocía, pronto creció y dentro del año unos 150 niños tenían patrocinadores que no sólo estaban pagando sus colegiaturas sino también sus útiles escolares.

Después de haber pasado ese año en Uganda, ¡Katie no estaba lista para regresar a los estados unidos! Estaba convencida de que Dios quería que se quedara allá. De hecho, durante los siguientes seis años, Dios vez tras vez le trajo huérfanas para que las cuidara. Cuando estas niñas no tenían hogar, Katie las recibía en su casa para cuidarlas un tiempo mientras alguien las adoptaba. Pero Dios comenzó a abrir puertas y dar indicaciones de que algunas de estas niñas no irían a otro hogar y Dios la guió a adoptar. Al final de esos seis años, Katie, de 22 años y aún soltera, había adoptado 13 niñas. Ella asegura que en cada caso, Dios específicamente la guió a adoptar una hija más. 

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Decidió contar su historia en su libro Kisses from Katie, que fue un bestseller, (tristemente, no encuentro una traducción al español) y se hizo algo famosa entre los creyentes norteamericanos. Esto ayudó a que creciera su programa de apoyo a los niños, al igual que los otros programas que también ha establecido, como el de apoyo médico y el de capacitación para mujeres que no tenían forma de mantener a su familia. (Las señoras que antes tenían que pasar horas buscando en la basura o hacer bebidas alcohólicas en casa ahora tienen un trabajo digno que las permite atender también a sus familias.)

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Desde entonces, Katie ha adoptado a otra niña y el año pasado se casó con un joven misionero que también quería dedicar su vida a trabajar para el Señor en Uganda.

La historia parece increíble y Katie dice que muchos le comentan que ella ha de ser fuerte, increíble, dedicada… pero ella lo niega.

“…no soy muy fuerte, ni estoy haciendo nada espectacular. Simplemente estoy haciendo lo que Dios me llamó a hacer como a cualquiera que Le sigue. Él dijo que apacentara sus ovejas y que cuidara a los más pequeños…”

Eso es lo que me encanta de esta historia. Katie no tiene más talento que tú o yo. Katie no es más especial que tú o yo. Katie sencillamente estuvo dispuesta a obedecer las indicaciones del Señor.

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