una carta a una recién convertida

En julio de 1997, Dios me salvó. Acabo de cumplir 19 años de salva, gracias a Él. Al cumplir este aniversario, me pregunté qué es lo que le quisiera decir a esa niñita de 6 años, tan flaquita y tan preocupada por el infierno.

He aquí el resultado: una carta a una recién convertida.

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Imagen de Aaron Burden / CC-BY

Querida yo en 1997:

¡Qué bueno que ya eres salva! Gracias a Dios.

Eres muy chica, entonces los cambios en tu vida no serán tan obvios como los que verás en las vidas de otros. Pero, está bien, no sientas que tu testimonio vale menos. El hecho de que Dios te haya salvado tan chica te hizo evitar muchas experiencias pecaminosas y hábitos malos. ¡Debes agradecerle eso!

Algo que necesitas empezar desde hoy es leer tu Biblia todos los días y orar. Establecer este hábito será muy difícil para ti y entre más tiempo lo practiques, mejor. Si no pasas tiempo con la Biblia, tu comida y bebida espiritual, terminarás una cristiana anémica. El sobrevivir de ministerio en ministerio, no es suficiente aprendizaje para la salud espiritual, ésta depende de tu lectura diaria. ¡No la descuides!

Como creyente nueva, deberás entender que el diablo está buscando la forma de hacerte inútil para Dios. Y él encontrará que tu punto débil es la seguridad de tu salvación. Pasarás meses luchando con dudas sobre tu salvación, preguntándote si realmente es así de sencillo y si quizás no lo “hiciste” bien. ¡Éstas son del diablo! No les hagas caso. Aférrate con esa inocente fe de tu niñez a Juan 6:37, porque esas palabras serán tu salvavidas en el mar de dudas diabólicas.

“… al que a mí viene, no le echo fuera.”

Ahorita eres pequeña y tu mundo no es complejo, pero muy a futuro, el Señor te llevará por caminos y darás pasos inciertos. Pasarás meses tratando de averiguar cuál es Su voluntad. No te afanes. Dios, en su tiempo, te dará cada respuesta que necesitas. Pero, sólo te dará la respuesta que necesitas para ese momento. Dios no te dirá todo lo que te espera, sólo te dirá cuál paso debes dar en seguida. Aprende a estar contenta con eso. Aprende a depender de la mano de Dios y a dar un sólo paso a la vez.

Finalmente, recuerda que Dios da gracia. En tu adolescencia, aprenderás la importancia de vivir para Dios y en tu afán de hacerlo, te vas a desesperar. Perderás la paciencia porque con este horrible cuerpo carnal pecarás vez tras vez. Y te preguntarás por qué Dios no se desespera contigo y tus interminables caídas y confesiones y caídas y confesiones.

Pero Dios da gracia.

Como joven, cometerás errores que dañarán tus amistades. Esto te hará oscilar como un péndulo entre furia y dolor; te sentirás impotente.

Pero Dios da gracia.

Y una vez adulta, pasarás por circunstancias que te quitarán el sueño. Te preguntarás si vale la pena continuar con la obra que Dios ha puesto en tu corazón.

Pero Dios da gracia.

Con la gracia de Dios, podrás enfrentar cualquier enemigo, desde tu carne misma hasta las místicas y oscuras huestes espirituales que quieren destruir lo que Dios ha hecho. Siempre recuerda, jovencita, que Dios da gracia. 

Te deseo lo mejor ¡y te aseguro que Dios también!

Atentamente

Erika en 2016

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