la capacitación del creyente misionero (parte 2 de 4)

Un misionero necesita capacitación.

En un mundo ideal, el misionero comenzaría la obra ya con capacitación. Pero, eso no siempre sucede. Además, hay buenas razones para continuar la capacitación después de estar en el campo misionero.

Pero, no sólo se trata de misioneros a tiempo completo. ¿Qué tal el creyente “normal”? ¡El creyente que vive en su lugar de origen pero quiere compartir el evangelio también necesita capacitación!

Esta entrada es la segunda de cuatro en las que voy a hablar de la capacitación y la preparación que cada creyente misionero puede tener y por qué es importante, independientemente si es misionero a tiempo completo o no. (Puedes leer las otras partes aquí: parte 1, parte 3, parte 4.)

¿Se puede decir que un misionero llega al punto en donde termina su capacitación?

¡Claro que no!

Un creyente misionero nunca termina porque la vida cambia y por lo tanto su forma de evangelizar también debe cambiar.

Se encontrará en situaciones imprevistas. Si es el único “espiritual” que alguien conoce, quizás repentinamente lo inviten a dar una clase en un albergue para niños o predicar en un velorio. En esas situaciones, no cualquier mensaje del evangelio es apropiado. La capacitación ayudará a elegir una forma apta de compartir el evangelio ante esos públicos tan diferentes. No sólo hay situaciones imprevistas, también hay cambios de cultura.

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Imagen de Lonely Planet en Unsplash

No importa si el misionero se va al siguiente estado o si se va a la China, se enfrentará con cambios culturales.

Lo religioso en un lugar es pagano en otro. Lo que es tema aceptable en la predicación en un lugar puede ser ofensivo en otra región. Un creyente misionero debe tomar en cuenta que cada lugar requiere de nueva capacitación, aunque sea breve, porque hay culturas diferentes que hay que enfrentar de diferente manera con el evangelio.

Finalmente, no sólo hay cambios culturales, sino entre más años pasan, más cambios habrá en el mundo en general.

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Imagen de Marten Bjork en Unsplash

Es importante continuar capacitándose para poder responder a los cambios.

Un creyente misionero puede prepararse para predicar el evangelio de Juan 3, ¿pero qué tal si alguien le pregunta por qué está mal casarse con alguien del mismo sexo? Un creyente misionero debe poder responder a esa pregunta con el evangelio, no sólo con un “Es que Dios dice que es pecado.” Una creyente misionera puede haberse preparado para dar una clase sobre Rut, pero ¿qué pasa si una alumna adolescente le pregunta si Dios la odia porque se droga? Estas preguntas quizás no se hubieran hecho hace 50 años, pero hoy sí.

Así que la capacitación continua ayuda a enfrentarse con situaciones imprevistas, con las diferencias de culturas regionales y también con los cambios en el mundo en general.

¿Pero por qué es tan importante tener todo eso en cuenta?

…se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.”

¿Recuerdas la parábola de los cuatro tipos de tierras que recibieron semilla? La tierra buena dio fruto, pero aún así no fue cien por ciento exitoso.

“…parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.”

Yo no sé tú, pero yo quiero ser un creyente misionero que da fruto al cien por ciento. No quiero que el Señor reciba de mí el 60% o el 30%. Claro, no soy tierra con espinos, ni dura, ni con piedras… soy salva.

Pero ¿cuánto fruto recibirá el Señor de mí?

Si me capacito para pulir mis talentos y desarrollar mis dones, si busco incrementar mi sabiduría, tendré más capacidad para rendir al Señor el 100%. ¡Y cuánto quisiera escuchar esas palabras en el cielo que se encuentran al final de la parábola en Mateo 25.

“Buen siervo y fiel.”

Dios ha dado a cada creyente una potencial y nos da una enseñanza clara en estas dos parábolas y en 1 Corintios 2:4.

Él espera que seamos fieles en cumplir el 100% de nuestra potencial.

Pero, hacerlo requiere de esfuerzo, requiere de capacitación continua para estar preparados para cualquier situación, para enfrentar diferencias culturales y adaptarnos a los cambios que llegan con el paso del tiempo.

¿a quién adoras?

Los dioses falsos de hoy no son como los que vemos en la Biblia. Es fácil leer acerca de los que se postraban ante estatuas hechas por manos humanas y preguntarnos cómo pudieran ser tan ciegos, pero realmente, los creyentes de hoy también nos dejamos regir por dioses falsos a quienes tenemos en más alta estima que el Dios verdadero.

Últimamente me he hecho esta pregunta importante y aquí te comparto mis pensamientos sobre el tema.

¿A quién adoro?

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Imagen de Nine Köpfer en Unsplash

¿Adoro al dios de mi corazón?

¿Permito que mi corazón guíe mis acciones? ¿Tomo las decisiones que siento son correctas? ¿Mis sentimientos dictan mi camino en la vida? Si es así, entonces, mis sentimientos también dirigen lo que no hago. Si algo me hace sentir feo, no lo hago. Si algo se siente incómodo, es la decisión incorrecta para mí. Si un camino no es agradable, elijo otro. Si lo que siento en mi corazón es lo que rige mi vida, no adoro al Dios verdadero, sino al dios de mi corazón.

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, Jeremías 17:9b

Pero hay otro dios, igualmente peligroso.

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Imagen de Amanda Dalbjörn en Unsplash

¿Adoro al dios de mi mente?

¿Permito que mi intelecto guíe mis acciones? ¿Tomo las decisiones a base de mi lógica? ¿Mi razón dicta mi camino en la vida? Si es así, mi intelecto también dirige lo que no hago. Si no entiendo por qué es importante hacer algo, no lo hago. Si hay algo que no puedo razonar, es la decisión incorrecta para mí. Si un camino requiere pasos de fe, elijo otro. Si mi intelecto es lo que rige mi vida, no adoro al Dios verdadero, sino al dios de mi mente.

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? Romanos 11:33,34a

¿Quiere decir esto que nunca debo tomar en cuenta lo que siento? O, ¿quiere decir que debo abandonar la lógica?

¡Claro que no!

Vivir sin reconocer el corazón o el intelecto, sería muy peligroso.

Tienen su lugar en la vida. Las falsas deidades de los antiguos como el sol, la lluvia, la fertilidad y la muerte son creaciones del Dios verdadero y son parte de la vida, tal como los sentimientos y la lógica. El Dios verdadero usa todo lo que creó para guiarnos, pero es un grave pecado adorar la creación en lugar del Creador.

…cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador… Romanos 2.25

El Dios verdadero es un Dios todo poderoso. Este Dios es uno que no puedo entender por completo. Es un Dios acerca del cual no lo sé todo. Es un Dios que realmente, puede incomodarme y hacerme sentir lo pequeño e indigno que soy. ¡Pero eso es bueno!

¡Es bueno adorar a un Dios así!

Si yo tuviera un Dios que siempre me hiciera sentirme bien, ¡sería un Dios muy cambiante! Porque lo que siento cambia dependiendo de las horas que duermo, lo que como y mi niveles hormonales. Si yo tuviera un Dios que siempre pudiera entender, ¡sería un Dios más pequeño que yo! Porque los seres humanos ni nos entendemos por completo a nosotros mismos.

El Dios verdadero se define precisamente porque nunca cambia (un cambio indicaría una falta de perfección en algún momento) y porque es más grande que nuestro intelecto (si no es más grande que yo, no queda razón para adorar).

Espero estos pensamientos te lleven no sólo a examinarte para ver si tu vida realmente es guiada por el Dios verdadero, sino también que te lleven a adorar a este Dios tan grande, tan incomprensible, este Dios que nunca cambia.

Este Dios que es el único digno de nuestra adoración.

la oración más básica

El otro día leí que todas las oraciones se pueden resumir en una de dos: “ayúdame” o “gracias.”

Me pareció interesante, pero creo que hay una oración aún más básica.

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Photo by Priscilla Du Preez on Unsplash

En mi experiencia cristiana, hay una sola oración que es el fundamento de todas. Hay una oración que lleva a todas las demás. Creo yo que esta es, por excelencia, la oración del cristiano.

“Hágase Tú voluntad, para Tu gloria.”

Cuando yo buscaba la voluntad de Dios antes de tomar unos viajes, antes de empezar mi carrera, antes de casarme y aún hoy, cuando busco la voluntad de Dios, Él ha ido reduciendo mis oraciones hasta llegar a esta sencilla oración.

“Hágase Tú voluntad, para Tu gloria.”

Nada más.

¿Por qué creo que esta es la oración fundamental de la vida del creyente?

Cuando le pido algo a Dios, debo y quiero pedirlo dentro de su voluntad. Cuando no sé qué hacer, busco la voluntad de Dios. Cuando pido ayuda para no ceder ante la tentación, estoy pidiendo ayuda para actuar sólo en su voluntad.

Y finalmente, cuando se hace su voluntad, doy gracias y Él recibe gloria.

Porque esa es mi meta.

Fui creada para la gloria de Dios. Mis acciones, mis palabras, mis pensamientos, en fin… toda mi vida es para Su gloria. Entonces, idealmente, el resultado de cada oración que hago es la gloria de Dios.

No sé si se pueda decir de manera dogmática que cada oración es, en su fondo, “Hágase Tu voluntad, para Tu gloria.”

Sin embargo, hasta la fecha no he encontrado una oración sincera que no se pueda resumir o reducir a esta frase.

Quisiera sugerirte que también uses esta frase al orar, sería interesante saber cómo afecta tu vida de oración.

Darme cuenta de esto me ha ayudado mucho a poner todas mi oraciones en la perspectiva correcta. Por eso procuro en mi tiempo de oración siempre incluir esta frase fundamental.

“Hágase Tú voluntad, para Tu gloria.”

Reseña: Mujeres fuertes y los hombres que las aman

Mujeres fuertes y los hombres que las aman: Cómo construir la felicidad en el matrimonio cuando los opuestos se atraen fue escrito por Tom y Jane Lane y publicado en inglés en el 2015 y en español en el 2016 por la editorial Casa Creación. Es un libro de no ficción en el que los autores comparten su historia y algunos consejos para matrimonios que creen en el patrón bíblico, pero sienten que sus personalidades entran en conflicto con sus convicciones. Se dirige a parejas en las que la esposa tiene una personalidad más fuerte y el esposo es más pasivo, pero también tiene consejos que pudieran ayudar en cualquier matrimonio y, en general, es un libro que yo recomendaría.Portada Mujeres fuertes y los hombres que las aman

El libro tiene varios temas, entre los cuales resaltaron:

– los trasfondos familiares y cómo afectan las distintas personalidades

– las características que Dios ejemplifica y requiere de nosotros

– las diferencias de cada personalidad al enfrentarse con una crisis o un desacuerdo

Además, toma en cuenta el efecto que ha tenido el feminismo sobre el patrón bíblico del matrimonio ¡y hay todo un capítulo dedicado al tema controversial de la sumisión!

Como una mujer de personalidad fuerte, en cuanto leí el título el libro sabía que lo quería leer. Tristemente, el libro tuvo la gran desventaja de que ¡la leí justo entre dos libros de Elisabeth Elliot! Aún así, puedo decir que es un libro útil.

Quizás era de esperarse que el capítulo más controversial es el capítulo sobre la sumisión. Tuvo bastantes frases importantes que subrayé, sin embargo, sí hubo algunas cosas que los autores dijeron que me dejaron con dudas. Por ejemplo, su explicación de la sumisión me pareció excelente.

“El corazón de la sumisión realmente es confiar en Dios, que Él está en control, que Él nos conoce, que Él sabe qué es lo mejor para nosotros, y que Él cuidará de nosotros. Cuando entendemos la sumisión a los caminos de Dios, que Él nos ama y quiere lo mejor para nosotros, la sumisión llega a ser algo cómodo y satisfactorio. A final de cuentas, necesitamos saber que la sumisión no se trata de cambiar nuestras personalidades. Se trata, más bien, de una postura que tenemos en la relación hacia la otra persona.”

Por otro lado, habló del liderazgo como un don no tan íntimamente relacionado con la autoridad como se ve tradicionalmente.

“Si la mujer tiene don para manejar las finanzas, que ella se encargue. Si ella es mejor líder, que ella guíe.”

No sé si puedo estar de acuerdo con eso. Jane nunca aclaró si se refería a liderazgo en ciertas áreas de la vida, (quizás áreas en las que la esposa tiene más habilidad) o si era liderazgo de la familia. Y eso fue lo que me dejó un poco incómoda, especialmente al recomendar el libro.

Pero, quizás la cita que mejor resume el capítulo sobre la sumisión, la que más me ayudó y con la que estoy totalmente de acuerdo es la siguiente:

“La verdadera sumisión es comunicar con honestidad lo que sentimos y deseamos a nuestro esposo y luego ceder nuestro derecho de que las cosas se hagan a nuestra manera.”

El otro tema que más resaltó del libro, para mí, fue el tema de pedir perdón. Para tener una relación saludable, es importante pedir perdón cuando uno comete errores y Tom mencionó 3 formas de pedir perdón que realmente no cuentan.

  1.  “`Si he hecho algo que te ofendió, lo siento.´ Es pedir disculpas sin realmente pedir disculpas. […] Es procurar cubrir tu error sin reparar el daño.
  2. “La excusa del motivo impide el pedir perdón porque la persona afirma que la ofensa no fue intencional.”
  3. “Otra excusa es la de `lo que él hizo es peor de lo que yo hice.´ Indica que nos interesa más el problema que la relación.”

Nunca las había clasificado como tal, aunque tenía una idea general de estas distintas filosofías de disculpas. Creo que sería útil para cada pareja tomar en cuenta este análisis y reconocer cuando no están pidiendo perdón con sinceridad. Se podrían resolver bastantes problemas…

En conclusión, el libro me pareció bastante útil para una pareja cristiana que quiere obedecer las Escrituras pero sienten un conflicto entre sus personalidades y sus ideas de lo que son el liderazgo y la sumisión. Por otro lado, no creo que valga la pena para una pareja en la que él es más fuerte y ella más pasiva, aunque tiene algunos buenos consejos generales. Realmente se dirige a un público muy específico. Cuando terminé el libro, tenía más información sobre la dinámica de personalidades opuestas, una mente más instruida sobre la dinámica de personalidades distintas y cómo las afectan sus crianzas y con algunas preguntas importantes sobre la naturaleza de la sumisión. Me pareció un libro fácil de leer, con vocabulario sencillo y letra grande. Lo terminé rápido. Yo diría que cumplió su propósito en el sentido de que me hizo reexaminar mis convicciones sobre la sumisión y me hizo sentirme más cómoda con mi personalidad fuerte. Si eres parte de ese grupo de parejas en las que la mujer es más fuerte y el hombre más pasivo y sientes un conflicto con los conceptos de liderazgo y sumisión, este libro te podría ayudar.

En resumen: 4/5

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el deseo y la capacidad de hacer lo bueno

Me imagino que no quieres hacer lo malo.

Yo tampoco. Somos creyentes y queremos agradar a Dios. Y queremos hacer lo bueno.

Pero, como Pablo en Romanos 7:18 tenemos un problema.

…porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.

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Imagen de Jeremy Perkins en Unsplash

Cuando somos salvos, y a veces aún antes de ser salvos, queremos hacer cosas buenas. Pero, aunque logremos hacer una que otra cosa buena, no podemos formar el hábito de hacer lo bueno. La tentación nos acecha y cuando menos lo pensamos ya volvimos a perder la paciencia, a herir a alguien con nuestras palabras o a decir algo que no es verdad. Siempre nos encontramos haciendo lo malo, otra vez.

Pero, cuando Dios nos salva y pone dentro de nosotros el deseo de hacer el bien, no nos deja con ese problema. Pablo mismo nos explica en Filipenses 2:13:

…porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

Dios nos da el deseo. Y luego produce en nosotros la capacidad de hacer lo bueno. Al momento de salvarnos, ¡Dios nos da una nueva naturaleza, una naturaleza capaz de resistir la tentación y hacer lo bueno!

Y entonces, ¿así de fácil haremos lo bueno?

Pues, no, porque Pablo dice en 1 Timoteo 6:12:

Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna…

Hacer lo bueno, nunca será fácil. La naturaleza nueva que Dios nos da, no es una naturaleza fuerte, es una naturaleza bebé que necesita de alimento y cuidado para crecer y ser fuerte. Se requerirá de disciplina, de determinación y de dependencia diaria del Señor para reforzar cada vez más la naturaleza nueva y debilitar cada vez más la naturaleza vieja que es incapaz de hacer lo bueno. Y digo “cada vez” porque cada tentación es una oportunidad para dar fuerza a una naturaleza y debilitar a la otra.

Hacer lo bueno es una batalla.

Pero, Dios ya ha puesto en cada creyente la posibilidad de vencer lo malo y hacer lo bueno.

Y con la constante ayuda de Dios, ¡haremos un poco más de lo bueno cada día!