¿qué significa ser cristiano

“Soy cristiano.” 

Esas palabras siempre traen una reacción. A veces positiva, a veces negativa. Y generalmente, cuando es negativa uno piensa que es porque no saben lo que realmente es ser cristiano. 

Pero, eso nos lleva a la pregunta, ¿qué es ser cristiano? 

Cuando digo que soy cristiano, ¿qué significa? 

¿Qué implica en mi visión del mundo, en mis acciones diarias, en mis prácticas espirituales? 

Quizás me ayude saber de dónde viene la palabra “cristiano.”

Según un diccionario etimológico, “la palabra cristiano (perteneciente de Cristo) viene del sufijo -ano (pertenencia) sobre el nombre “Cristo”, el cual viene del griego Christos = “Ungido”.

Así que, entiendo que ser cristiano indica que no soy mío, sino de Cristo.

Él es el dueño de mi vida. 

Me imagino que eso ya lo sabías. Nada de esto es nuevo para ti.

Pero, las consecuencias de vivir como si Cristo fuera dueño de mi vida son enormes. 

Quiere decir que mis deseos desde el momento que llego a ser cristiano son irrelevantes. Claro, en ocasiones Dios los usará para guiarme en su voluntad. Pero, a veces no. Y mis decisiones nunca se basarán sólo en mis deseos.

Quiere decir que la opinión de otros sobre mí y sobre mis acciones, tampoco importan. Sólo importa lo que piensan de Cristo, gracias a mis acciones. Es decir, mis acciones ya no influyen sobre mi reputación, sino sobre la reputación de Cristo. 

Quiere decir que aunque mi autoestima no sufrirá porque sé que soy una Hija, amada, escogida y atesorada por Dios, sólo viviré para complacer al Señor, no para hacerme sentir bien a mí misma. 

Ser cristiano quiere decir que en mi vida, ya no mando yo. 

Quiere decir que el lema de mi vida es,

“Señor, ¿qué quieres que yo haga?” 

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Imagen de Eutah Mizushima en Unsplash

mi héroe

¿Tienes un misionero favorito? 

Obviamente me refiero a los grandes héroes. Los que a través de la historia siguen llamando la atención. Los nombres del Salón de la Fama de la Fe como Pablo de Tarso, Gladys Aylward y Nate Saint. ¿Quién es tu héroe? Amy-Carmichael-from-wiki

La que más me inspira es Amy Carmichael.

Su biografía se ha publicado ya y no pienso agregar nada a esas obras excelentes. Pero, sí quiero compartir por qué es tan asombroso para mí su trabajo. 

Amy tenía compasión. 

Para ella, el rescatar miles de niñas no comenzó como un proyecto a completar. Simplemente, ayudó a los que pudo. Mostró la compasión de Dios a los indefensos. En donde podía, ayudaba y el resultado fue que miles de niñas fueron rescatadas de la muerte o la prostitución en los templos. Su corazón de compasión la impulsaba a ayudar. 

Amy era decisiva.

De hecho, su firmeza y determinación rompieron las impenetrables barreras de las castas en India. En su hogar, nadie era demasiado bueno para ningún trabajo y al asignar tareas, no se tomaban en cuenta las clases sociales. En la cultura de India, esto era inconcebible y otros misioneros le avisaban que ir en contra del sistema de castas tendría resultados desastrosos. Pero, ella estaba decidida y fue exitosa en mostrar a los que la rodeaban que todos eran iguales ante ella y ante Dios.

Estas dos características quizás parezcan contradictorias, pero en ellas consistían el carácter de Amy Carmichael. Su compasión por las niñas perdidas la llevo a determinar que las rescataría. Su determinación, cosa que algunos llamarían obstinación, fue guiada por compasión. Estas dos características definieron su vida y es por eso que la admiro tanto. 

Quiero ser compasiva y decisiva. 

Quiero ser com Amy. 

Y tú ¿como quién quieres ser? ¿Por qué admiras tanto a tu misionero favorito? ¿Qué me puedes contar de él o ella?

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el tiempo y el testimonio

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Imagen de Tristan Colangelo en Unsplash

Colosenses 4:5 “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.”

Redimir el tiempo. Usar bien el tiempo. No malgastar el tiempo.

Este principio es algo que al creyente se le enseña y muchos procuramos ponerlo en práctica. O al menos, sabemos que deberíamos de ponerlo en práctica.

Pero, hasta que tuvimos el estudio bíblico sobre Colosenses 4, yo siempre había leído este versículo en partes. Primero, andar sabiamente para con los incrédulos, es decir, cuidar mi testimonio. Y en segundo lugar, redimir el tiempo, cuidarlo. Fue durante el estudio, al leer el pasaje, que leí el versículo por primera vez como una unidad.

Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.

“Redimiendo.” No dice, “Y redimid,” ni “también redimid.” No es punto y seguido. Es el mismo enunciado.

“Redimiendo.” 

Quizás hayas notado que las palabras que terminan en “endo” y “iendo” y “ando” siempre indican que es una acción simultánea, o sea, sucede al mismo tiempo que la otra acción mencionada.

Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.

Es decir, para andar sabiamente, hay que redimir el tiempo. Y redimir el tiempo es andar sabiamente.

Entonces, en mi testimonio para con las personas que no creen en Cristo, debe haber un cuidado por el tiempo. El evitar malgastar mi tiempo es sabio y afectará cómo me ven los incrédulos. 

Eso es impactante, porque yo siempre había asociado el redimir el tiempo con servir al Señor y la buena vida cristiana. Pero, la Biblia nos está indicando que afecta directamente nuestro testimonio para con los inconversos.

¡Espero ser mejor misionera de ahora en adelante, redimiendo el tiempo!

3 maneras en que la hospitalidad predica el evangelio

Antes de casarme no había pensado en la hospitalidad como predicación del evangelio, pero sí lo había visto en acción. Recibir a alguien en casa era un hábito para mis papás y para mis suegros y se convirtió en una prioridad para nosotros cuando Ricky y yo nos casamos.

Pero, yo muchas veces pensaba en recibir a los hermanos. El mandamiento de la hospitalidad es mayormente hacia los hermanos, ¿no?

“…compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.” Romanos 12:13

Pero, últimamente he aprendido que la hospitalidad también es una manera de predicar el evangelio.

1. Lo más obvio es la conversación.

Cuando invitas a alguien a tu casa, tienes la oportunidad para hablarle del evangelio. No siempre se da, ni es siempre necesario, pero en el momento adecuado, ¡la hospitalidad es la oportunidad perfecta!

2. También, observarán lo que hay en tu casa.

Cualquier visita leerá los versículos enmarcados en la pared, oirá la oración antes de comer, notará la ausencia de vicios. La casa del creyente es diferente y los que no conocen a Cristo lo observarán y quizás te darán una oportunidad de explicarles por qué.

3. La gente que hospedas te llega a conocer.

Cuando invitas a alguien a tu casa, no hay manera de esconder quién eres. La realidad del ambiente y el trato familiar, de los conflictos, de las consideraciones sale a relucir. ¡Y eso es bueno! Las personas que no creen en Cristo muchas veces tienen un concepto muy extraño de lo que es seguir a Cristo. Sólo permitiéndoles conocernos podrán ver la verdad. La verdad es que somos pecadores, que herimos a otros, que nos enojamos, que sólo somos salvos por la gracia de Dios. La verdad es que lamentamos nuestro pecado, que pedimos perdón, que perdonamos y que procuramos mostrar, en la siguiente ocasión, la gracia que Dios nos ha mostrado. ¡Al conocernos, verán nuestra sinceridad y la luz de la verdad del evangelio de la gloria de Cristo!

Las tres cosas son importantes al compartir el evangelio. Es importante que la gente lo oiga, pero también es importante que vean la evidencia de un cambio, de una vida diferente no sólo en la casa, sino en nuestras interacciones familiares también.

Con esto en mente, ¡espero seguir invitando más personas no creyentes a mi hogar para poder compartirles así el evangelio! ¿Y tú?

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Imagen de Herson Rodriguez en Unsplash

la vanidad vs. el cuidado del templo

¡Nunca me había imaginado que pudiera ser tan controversial el hacer ejercicio!

Pero, resulta que así como hay muchos apasionados por hacer ejercicio, hay otros que realmente creen que hacerlo es malgastar el tiempo y peor, satisfacer la vanidad.

Y así como en muchas otras cuestiones, la Biblia nos lleva, no a un extremo ni al otro, sino a una vida de equilibrio.

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Imagen de Justyn Warner en Unsplash

Primero, según la Biblia, no es malo querer ser saludables.

El apóstol Juan escribió a Gayo deseándole buena salud en 3 Juan 1:2. Además, en 1 Timoteo 5:23 el apóstol Pablo aconsejó a Timoteo sobre cómo cuidar su salud.

Estamos aquí para darle gloria a Dios y Dios nos dio un cuerpo para movernos en este mundo para Su gloria.

Si no cuidamos el cuerpo – se le puede llamar una herramienta – que Él nos dio, estamos permitiendo que se dañe una manera de glorificar, y más específicamente de servir, a Dios. Según 1 Corintios 4:12, es nuestra responsabilidad administrar bien las herramientas y los recursos que Dios nos ha dado y nuestro cuerpo es uno de ellos.

Así que, cuidar nuestra salud no sólo es aceptable, sino nos permite glorificar y servir a Dios mejor con las herramientas que Él nos ha dado.

En segundo lugar, la Biblia nos enseña moderación.

Mientras que es importante cuidar de nuestra salud, no es lo más importante. Es imposible tratar el tema del ejercicio sin citar hacer referencia a 1 Timoteo 4:8: “… el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha…” Mientras el versículo no nos dice que no es provechoso, tampoco es lo mas provechoso del mundo.

Hay otras cosas más importantes, para ser más precisos: la piedad.

El mundo de la salud y el ejercicio (así como el mundo del trabajo, el mundo de Facebook o el mundo del activismo) exige cada vez más tiempo.

El creyente que desea glorificar a Dios va a poner un límite sobre su tiempo de ejercicio para que no se vuelva su vida, porque a final de cuentas, lo importante es glorificar a Dios.

Y esto nos lleva al punto final y quizás más importante: la motivación.

¿Por qué voy a procurar mantenerme saludable?

¿Por qué no voy a permitir que el ejercicio llegue a ser lo más importante en mi vida?

Para la gloria de Dios.

La Biblia muy claramente nos dice en 1 Corintios 10:31, “…hacedlo todo para la gloria de Dios.” Es fácil hacer algo que creemos que es bueno, sin detenernos a preguntar por qué lo estamos haciendo, pero la motivación es muy importante para Dios.

Entonces, no hagamos ejercicio para vernos mejor o para impresionar a otros. Hagamos ejercicio para mantenernos saludables, para administrar bien estos cuerpos con los que podremos agradar a Dios.

Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 1 Corintios 6:20