cuando tienes que responder “no se”

Recuerdo que como adolescente leí un artículo que decía que si alguien te preguntaba algo sobre la Biblia y no sabías, se valía decir “No sé”. De hecho, era bueno, con tal de que después fueras a investigar la respuesta.

Me impactó, porque a veces creemos que los cristianos debemos tener todas las respuestas a todas las objeciones a nuestra fe.

Creemos que la Biblia sí tiene las respuestas a todas las dificultades de la vida. Pero, ¡eso no implica que nosotros vamos a saberlas todas!

Sí nos vamos a topar con preguntas que son difíciles. Sí vamos a enfrentarnos con objeciones y dificultades que no sabemos responder.

Y a veces, tendremos que responder “No sé”.

Se vale.

Pero, la Biblia sí indica que debemos tener respuestas cuando nos preguntan sobre nuestra fe.

y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; 1 Pedro 3:15

El Señor espera que estemos preparados para presentar defensa, es decir, hay que prepararnos. No nos sabremos todas las respuestas en cuanto el Señor nos salva. ¡No, tendremos que prepararnos!

Esto quiere decir que tendremos que estudiar la Biblia, buscar las respuestas en las profundidades de su verdad, pasar tiempo en oración pidiendo sabiduría al Señor, investigar sobre el idioma y la cultura original.

También quiere decir que tendremos que aprender de otros. Tendremos que preguntar a los que tienen más experiencia que nosotros. Tendremos que leer comentarios y escuchar mensajes de personas confiables. (Por eso me gusta este canal en YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCh5ynVlOrUUrNC5q4wbO6cg).

Y luego, podremos regresar con la persona y decirle que investigamos ¡y que encontramos una respuesta!

¿Por qué es importante tener la capacidad de decir “No sé”?

Las personas que nos preguntan sobre nuestra fe están a la defensiva, buscando cualquier indicio de hipocresía o de que nos sentimos mejores que ellos. Por eso es tan importante responder con mansedumbre y reverencia.

Debemos tomar esas preguntas en serio y debemos responder en humildad. Y eso conlleva ser sinceros acerca de lo que no sabemos.

Pero, no nos impide el regresar y decir, “¿Te acuerdas de la conversación que tuvimos sobre X o Y tema? Investigué un poco y encontré que…”

Así que, no nos de miedo decir “No sé”.

¡Y no nos detengamos de investigar y regresar con la respuesta!

5 razones por las que se necesitan mujeres en una obra misionera

Dios dio funciones distintas a los hombres y a las mujeres en las iglesias locales. Pero, creo que también en lugares que a penas son misiones, las mujeres tienen mucho que contribuir que los hombres no pueden. Hay muchas razones por las cuales es importante que las mujeres participen y apoyen en obras misioneras. Aquí, sólo presento cinco:

  1. Las mujeres se cubren la cabeza según 1 Corintios 11 para mostrar la sujeción de la congregación a Cristo
  2. Las mujeres demuestran al mundo lo que es la femineidad como Dios la diseñó
  3. Las mujeres brindan un equilibrio a la congregación con la sabiduría, gracia y ánimo que dan a los demás
  4. Las mujeres pueden conversar con mujeres y jovencitas no creyentes, y en especial, escucharlas, en conversaciones privadas
  5. Las mujeres pueden ganarse a los niños pequeños en clases bíblicas de una manera especial.
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De JuanMa Velasquez. en Unsplash

¿desde dónde sigo a Cristo?

En Lucas 22:54-62 leemos la triste historia de Pedro cuando negó a Cristo. La última vez que leí este pasaje, lo que resaltó fue la última frase del versículo 54.

“Y Pedro le seguía de lejos.”

Creo que esta frase es la clave para el resto de la historia.

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Imagen de Jehyun Sung en Unsplash

Pedro le estaba siguiendo, pero a una distancia “razonable”. Había pasado su época de “fanático” (todos seguramente recuerdan el incidente con la espada). Ahora, seguiría a Cristo de una manera más moderada.

Quizás aquí podamos notar la tendencia de los seres humanos hacia los extremos. Pedro quería seguir a Cristo con mucha pasión, pero tenía poco entendimiento. Luego se distanció de Cristo, tanto que terminó totalmente separado de Él.

Pero, ese no es mi punto en esta entrada.

Mi punto es señalar el peligro de seguir a Cristo de lejos.

Lo mejor que podemos hacer en esta vida es permanecer cerca del Señor.

El que sigue a Cristo de lejos, no lo ve todos los días. No tiene conversaciones con Él a diario. No ve las huellas de Sus pisadas para seguirlas con precisión. No conoce su corazón.

Y, quizás, el cristiano que sigue a Cristo de lejos, también llegue a encontrarse en una situación como la de Pedro, a punto de negar que siquiera conoce a su Señor.

Entonces, te dejo con el reto, y es algo que yo también tengo que enfrentar.

¿Desde dónde sigo a Cristo?

¿Sigo a Cristo desde lejos?

¿O estoy con Él siempre? ¿Camino con Él? ¿Platicamos a diario? ¿Me muestra lo que hay en Su corazón? ¿Sé lo que es disfrutar de su presencia día con día?

¿Será que algún día podrán decir de mí: “Y Erika le seguía de cerca”?

el legado de mis abuelos

A principios de diciembre, falleció mi abuela materna. 

Un mes y medio después, falleció mi abuelo materno. 

Gracias a Dios, pudimos estar en Canadá en ambas ocasiones y estar con la familia. Entre las lagrimas y las risas de los recuerdos, me impactó mucho el efecto que un simple mortal puede tener en este mundo. 

Mis abuelos nunca fueron famosos; no tuvieron grandes logros que dejarían indelebles sus nombres en la historia del mundo, ni dejaron atrás obras escritas como su legado personal. 

Pero, cada uno, dejó su huella única en el mundo.

Una huella que se sentirá años después de que sus nombres hayan sido olvidados. 

Sus cuatro hijas fueron formadas por la influencia de sus padres. Cada una tomó la crianza que sus papás le dieron y se fue en una dirección distinta. Y donde más se nota la influencia de mis abuelos es en reuniones familiares. Observé que una hija heredó de mi abuela, no sólo el amor por la música, sino la disciplina de practicarla. Otra heredó el sentido de humor de mi abuelo ¡y les causa mucha risa a sus hermanas! Todas siempre tienen sus casa en orden, tal como lo tenía su mamá. ¡Y las cuatro disfrutan salir a buscar ofertas como lo hacía mi abuelo!

Pero, mis abuelos dejaron muchas cosas de valor, no sólo a sus hijas sino también a los nietos: 

  • El amor por los idiomas. 
  • El deseo de profundizar en la Biblia. 
  • El amor por los buenos himnos. 
  • La importancia del testimonio personal. 
  • La gravedad del pecado. 
  • La prioridad de compartir el evangelio. 
  • Lo precioso que es una asamblea al Señor. 

Creo que hasta ahorita, nunca había apreciado todo lo que nos enseñaron mis abuelos a través de palabra y ejemplo.

Y sus vidas me inspiraron. 

Su influencia quedará en las vidas, no sólo de sus hijos y de sus nietos, no sólo entre los que los conocieron, sino también entre los que no. Hay personas en todo el mundo que recibieron bienes físicos y también el evangelio gracias a los esfuerzos de mis abuelos. Esas personas que nunca oyeron sus nombres y otras personas que ya jamás tendrán la oportunidad de conocerlos aún pueden sentir la influencia de sus vidas. Las siguientes generaciones que aún no han nacido podrán sentir la influencia de las verdades que vivían mis abuelos.

Yo también quisiera poder dejar un legado así cuando el Señor me lleve. 

Yo también quisiera que, aunque olviden mi nombre, mi influencia sea una influencia piadosa en las vidas de muchos más de los que jamás me conocieron. 

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Muriel & Jim Webb

el error #1 al responder a las preguntas del incrédulo

Imagínate lo siguiente: estás disfrutando el lonche en unos minutos libres que tienes. Un compañero que no es salvo, se acerca, se sienta frente a ti y te hace una pregunta. —Tu sabes de la Biblia, ¿verdad?

—Sí,— le contestas —algo. Soy cristiano—.

Y te empieza a hacer preguntas sobre Cristo, sobre su madre, sobre lo que sucede después de morir.

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Imagen de Juri Gianfrancesco en Unsplash

¡Es emocionante!

A mí me ha pasado y ¡me encantó! Hay pocos creyentes que no sentirían entusiasmo por una conversación así.

Pero, hay un error que yo he cometido, que he oído a otros cometer y que probablemente tú también has cometido al responder a sus preguntas: no escuchar.

Ahora, ¡obviamente para contestar las preguntas uno tiene que poner atención! Pero no me refiero a simplemente escuchar las palabras y responder a las preguntas de manera abstracta. Eso lo hemos hecho casi todos. Me refiero a realmente escuchar a la persona.

Cuando alguien hace preguntas así, es porque algo está sucediendo en su alma.

Y una de las mejores cosas que podemos hacer, es hacerle más preguntas para saber por qué está haciendo el tipo de preguntas que está haciendo, qué no sabe, cuáles prejuicios tiene, de qué situación están surgiendo estas preguntas.

Las preguntas sobre el evangelio nunca se hacen en un vacío.

El incrédulo que está haciendo las preguntas tiene un contexto emocional, cultural e intelectual que está provocando las preguntas y nos incumbe saber todo lo posible sobre eso al contestar las preguntas. Por ejemplo, la misma pregunta: “¿Por qué existen cosas malas en el mundo si Dios es bueno?” debe responderse de una forma muy diferente dependiendo si la persona que hace la pregunta es una joven activista que quisiera negar la existencia de Dios por todo el sufrimiento que ve o si es una mamá religiosa que acaba de sufrir un aborto.

Cuando alguien se acerca a nosotros para hacer preguntas sobre Dios y su Palabra, ¡es fácil emocionarnos y comenzar a responder como nosotros queremos y simplemente predicarles el evangelio!

Pero eso es un error.

Tomemos el tiempo de responder con preguntas, de realmente escuchar con amor divino a esa persona, de al menos hacer el esfuerzo de comprender su punto de vista, para así responder con palabras de gracia, sazonadas con sal, sabiendo cómo debemos responder a cada uno.