lo perseguí

Lo perseguí por las calles, mis tenis pegaban el asfalto caliente en un ritmo que era eco de sus pasos. El sol quemaba mi cabeza, no había brisa para refrescar. El sonido del tráfico no me dejaba pensar. Un claxon. Un ladrido. Una campana. Y había rodeado una esquina. Desapareció. 

Lo perseguí por los campos, en el lodo fértil de las fresas. Los árboles daban sombra y escondite. Solo se oía su respiración agitada y el correr del agua en el canal. A orillas del campo, cerca del canal, entre el follaje desapareció. 

Lo perseguí por la noche, mis ojos buscaban entre las estrellas su forma efímera. El viento de la noche penetró hasta mis huesos y las nubes encubrieron el cielo. Las luces de la ciudad por un lado y el bosque por el otro lado, pero en ninguno lo encontré. Desapareció. 

Lo perseguí por las mañanas, al salir el sol del horizonte. Los pájaros cantaban, me impedían oír el latido de su corazón. La frescura del día cargaba su aroma pero guardó sus secretos. El cielo silencioso se volvió azul y él, junto con los colores de la aurora, desapareció.

Lo perseguí hasta perder esperanza. Y cuando me detuve, vi que había dejado en mis manos todo lo que yo buscaba.  

Ser mamá es ser misionera.

Ser cristiano es ser misionero. Tengo años convencida de eso y escribiendo sobre el tema. 

Pero, ahora soy mamá y de todas las cosas que pensaba que aprendería, la que más me impactó fue la siguiente verdad: Ser mamá es ser misionera. 

¿Cuál es la responsabilidad del misionero? Enseñar a las almas que le rodean que fueron creados por Dios para habitar con Él y glorificarle, pero son pecadores y tienen dos opciones de destino: la habitación de Dios, el cielo, o el único lugar en dónde no está Dios, el infierno. Si una mamá no logra enseñarles otra cosa a sus hijos más que estas verdades fundamentales, es una mamá exitosa. 

¡Qué privilegio el de llevar las buenas noticias del rescate que Dios ofrece a los pecadores! Y si es un privilegio para el misionero en tierra lejana, ¿cuánto más para la mamá que lo comparte con sus seres más queridos? Si el misionero no hizo nada para merecer ser el vocero de Dios a almas pecadoras, la mamá tampoco merece el inmenso privilegio de compartir las Buenas Nuevas con esas almas tan inocentes que llegan a sus brazos y la miran con ojos llenos de confianza.

Rebosa mi corazón pensando en esta inmensa responsabilidad y este increíble privilegio. Ambas cosas son mías como misionera, pero como mamá, aumentan de manera exponencial. Este pequeño ser vivirá conmigo, a diferencia de las otras personas a quienes les comparto el evangelio. Me verá en mis peores momentos y me conocerá como pocas otras personas. Me amará y dependerá de mi como nadie más en el mundo. Si fallo en mi responsabilidad de enseñarle el evangelio, si tengo en poco este privilegio de ser un testimonio ante mi hijo, no será como la pérdida cuando no cumplo como misionera. No. Será una tragedia. Pero si soy una mamá misionera…¡cuánta gloria recibirá Dios en mi hogar! 

Ambas cosas son mías como misionera, pero como mamá, aumentan de manera exponencial. Este pequeño ser vivirá conmigo, a diferencia de las otras personas a quienes les comparto el evangelio. Me verá en mis peores momentos y me conocerá como pocas otras personas. Me amará y dependerá de mi como nadie más en el mundo. Si fallo en mi responsabilidad de enseñarle el evangelio, si tengo en poco este privilegio de ser un testimonio ante mi hijo, no será como la pérdida cuando no cumplo como misionera. No. Será una tragedia. Pero si soy una mamá misionera…¡cuánta gloria recibirá Dios en mi hogar! 

Hay muchos misioneros que se van lejos para sembrar la semilla y segar almas para Dios, pero resulta que el campo misionero más importante se encuentra aquí, en los brazos de mamá.

Paz del Señor

En cada tormenta,

en densas tinieblas,

con olas inmensas,

paz del Señor.

En persecuciones,

sufriendo crueldades,

y tribulaciones,

paz del Señor.

Si hambre padezco,

y me he enfermado,

la muerte acechando,

paz del Señor.

Una prueba

Yo no conocía

este dolor

y esta tortura

me es nueva.

Un peso en el pecho,

y el corazón

rodeado de presión,

nunca antes

lo había sentido.

Pero hoy sí.

Muy secos los ojos,

débil caigo

Ante este enemigo

sin respirar.

Totalmente sola,

agobiada

y golpe tras golpe,

cae sobre mí.

Mi cuerpo doblado,

–¡Ya no puedo!—

declaré mi verdad

mas sin saber

que era mentira.

Yo no conocía

este dolor.

Estoy descubriendo

(muchos saben),

con el sufrimiento,

se puede vivir.

cuando tienes que responder “no se”

Recuerdo que como adolescente leí un artículo que decía que si alguien te preguntaba algo sobre la Biblia y no sabías, se valía decir “No sé”. De hecho, era bueno, con tal de que después fueras a investigar la respuesta.

Me impactó, porque a veces creemos que los cristianos debemos tener todas las respuestas a todas las objeciones a nuestra fe.

Creemos que la Biblia sí tiene las respuestas a todas las dificultades de la vida. Pero, ¡eso no implica que nosotros vamos a saberlas todas!

Sí nos vamos a topar con preguntas que son difíciles. Sí vamos a enfrentarnos con objeciones y dificultades que no sabemos responder.

Y a veces, tendremos que responder “No sé”.

Se vale.

Pero, la Biblia sí indica que debemos tener respuestas cuando nos preguntan sobre nuestra fe.

y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; 1 Pedro 3:15

El Señor espera que estemos preparados para presentar defensa, es decir, hay que prepararnos. No nos sabremos todas las respuestas en cuanto el Señor nos salva. ¡No, tendremos que prepararnos!

Esto quiere decir que tendremos que estudiar la Biblia, buscar las respuestas en las profundidades de su verdad, pasar tiempo en oración pidiendo sabiduría al Señor, investigar sobre el idioma y la cultura original.

También quiere decir que tendremos que aprender de otros. Tendremos que preguntar a los que tienen más experiencia que nosotros. Tendremos que leer comentarios y escuchar mensajes de personas confiables. (Por eso me gusta este canal en YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCh5ynVlOrUUrNC5q4wbO6cg).

Y luego, podremos regresar con la persona y decirle que investigamos ¡y que encontramos una respuesta!

¿Por qué es importante tener la capacidad de decir “No sé”?

Las personas que nos preguntan sobre nuestra fe están a la defensiva, buscando cualquier indicio de hipocresía o de que nos sentimos mejores que ellos. Por eso es tan importante responder con mansedumbre y reverencia.

Debemos tomar esas preguntas en serio y debemos responder en humildad. Y eso conlleva ser sinceros acerca de lo que no sabemos.

Pero, no nos impide el regresar y decir, “¿Te acuerdas de la conversación que tuvimos sobre X o Y tema? Investigué un poco y encontré que…”

Así que, no nos de miedo decir “No sé”.

¡Y no nos detengamos de investigar y regresar con la respuesta!