el tiempo y el testimonio

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Imagen de Tristan Colangelo en Unsplash

Colosenses 4:5 “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.”

Redimir el tiempo. Usar bien el tiempo. No malgastar el tiempo.

Este principio es algo que al creyente se le enseña y muchos procuramos ponerlo en práctica. O al menos, sabemos que deberíamos de ponerlo en práctica.

Pero, hasta que tuvimos el estudio bíblico sobre Colosenses 4, yo siempre había leído este versículo en partes. Primero, andar sabiamente para con los incrédulos, es decir, cuidar mi testimonio. Y en segundo lugar, redimir el tiempo, cuidarlo. Fue durante el estudio, al leer el pasaje, que leí el versículo por primera vez como una unidad.

Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.

“Redimiendo.” No dice, “Y redimid,” ni “también redimid.” No es punto y seguido. Es el mismo enunciado.

“Redimiendo.” 

Quizás hayas notado que las palabras que terminan en “endo” y “iendo” y “ando” siempre indican que es una acción simultánea, o sea, sucede al mismo tiempo que la otra acción mencionada.

Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.

Es decir, para andar sabiamente, hay que redimir el tiempo. Y redimir el tiempo es andar sabiamente.

Entonces, en mi testimonio para con las personas que no creen en Cristo, debe haber un cuidado por el tiempo. El evitar malgastar mi tiempo es sabio y afectará cómo me ven los incrédulos. 

Eso es impactante, porque yo siempre había asociado el redimir el tiempo con servir al Señor y la buena vida cristiana. Pero, la Biblia nos está indicando que afecta directamente nuestro testimonio para con los inconversos.

¡Espero ser mejor misionera de ahora en adelante, redimiendo el tiempo!

3 maneras en que la hospitalidad predica el evangelio

Antes de casarme no había pensado en la hospitalidad como predicación del evangelio, pero sí lo había visto en acción. Recibir a alguien en casa era un hábito para mis papás y para mis suegros y se convirtió en una prioridad para nosotros cuando Ricky y yo nos casamos.

Pero, yo muchas veces pensaba en recibir a los hermanos. El mandamiento de la hospitalidad es mayormente hacia los hermanos, ¿no?

“…compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.” Romanos 12:13

Pero, últimamente he aprendido que la hospitalidad también es una manera de predicar el evangelio.

1. Lo más obvio es la conversación.

Cuando invitas a alguien a tu casa, tienes la oportunidad para hablarle del evangelio. No siempre se da, ni es siempre necesario, pero en el momento adecuado, ¡la hospitalidad es la oportunidad perfecta!

2. También, observarán lo que hay en tu casa.

Cualquier visita leerá los versículos enmarcados en la pared, oirá la oración antes de comer, notará la ausencia de vicios. La casa del creyente es diferente y los que no conocen a Cristo lo observarán y quizás te darán una oportunidad de explicarles por qué.

3. La gente que hospedas te llega a conocer.

Cuando invitas a alguien a tu casa, no hay manera de esconder quién eres. La realidad del ambiente y el trato familiar, de los conflictos, de las consideraciones sale a relucir. ¡Y eso es bueno! Las personas que no creen en Cristo muchas veces tienen un concepto muy extraño de lo que es seguir a Cristo. Sólo permitiéndoles conocernos podrán ver la verdad. La verdad es que somos pecadores, que herimos a otros, que nos enojamos, que sólo somos salvos por la gracia de Dios. La verdad es que lamentamos nuestro pecado, que pedimos perdón, que perdonamos y que procuramos mostrar, en la siguiente ocasión, la gracia que Dios nos ha mostrado. ¡Al conocernos, verán nuestra sinceridad y la luz de la verdad del evangelio de la gloria de Cristo!

Las tres cosas son importantes al compartir el evangelio. Es importante que la gente lo oiga, pero también es importante que vean la evidencia de un cambio, de una vida diferente no sólo en la casa, sino en nuestras interacciones familiares también.

Con esto en mente, ¡espero seguir invitando más personas no creyentes a mi hogar para poder compartirles así el evangelio! ¿Y tú?

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Imagen de Herson Rodriguez en Unsplash

la vanidad vs. el cuidado del templo

¡Nunca me había imaginado que pudiera ser tan controversial el hacer ejercicio!

Pero, resulta que así como hay muchos apasionados por hacer ejercicio, hay otros que realmente creen que hacerlo es malgastar el tiempo y peor, satisfacer la vanidad.

Y así como en muchas otras cuestiones, la Biblia nos lleva, no a un extremo ni al otro, sino a una vida de equilibrio.

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Imagen de Justyn Warner en Unsplash

Primero, según la Biblia, no es malo querer ser saludables.

El apóstol Juan escribió a Gayo deseándole buena salud en 3 Juan 1:2. Además, en 1 Timoteo 5:23 el apóstol Pablo aconsejó a Timoteo sobre cómo cuidar su salud.

Estamos aquí para darle gloria a Dios y Dios nos dio un cuerpo para movernos en este mundo para Su gloria.

Si no cuidamos el cuerpo – se le puede llamar una herramienta – que Él nos dio, estamos permitiendo que se dañe una manera de glorificar, y más específicamente de servir, a Dios. Según 1 Corintios 4:12, es nuestra responsabilidad administrar bien las herramientas y los recursos que Dios nos ha dado y nuestro cuerpo es uno de ellos.

Así que, cuidar nuestra salud no sólo es aceptable, sino nos permite glorificar y servir a Dios mejor con las herramientas que Él nos ha dado.

En segundo lugar, la Biblia nos enseña moderación.

Mientras que es importante cuidar de nuestra salud, no es lo más importante. Es imposible tratar el tema del ejercicio sin citar hacer referencia a 1 Timoteo 4:8: “… el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha…” Mientras el versículo no nos dice que no es provechoso, tampoco es lo mas provechoso del mundo.

Hay otras cosas más importantes, para ser más precisos: la piedad.

El mundo de la salud y el ejercicio (así como el mundo del trabajo, el mundo de Facebook o el mundo del activismo) exige cada vez más tiempo.

El creyente que desea glorificar a Dios va a poner un límite sobre su tiempo de ejercicio para que no se vuelva su vida, porque a final de cuentas, lo importante es glorificar a Dios.

Y esto nos lleva al punto final y quizás más importante: la motivación.

¿Por qué voy a procurar mantenerme saludable?

¿Por qué no voy a permitir que el ejercicio llegue a ser lo más importante en mi vida?

Para la gloria de Dios.

La Biblia muy claramente nos dice en 1 Corintios 10:31, “…hacedlo todo para la gloria de Dios.” Es fácil hacer algo que creemos que es bueno, sin detenernos a preguntar por qué lo estamos haciendo, pero la motivación es muy importante para Dios.

Entonces, no hagamos ejercicio para vernos mejor o para impresionar a otros. Hagamos ejercicio para mantenernos saludables, para administrar bien estos cuerpos con los que podremos agradar a Dios.

Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 1 Corintios 6:20

el evangelio completo en tres versículos

Ya he publicado en otras ocasiones sobre los versículos que nos ayudan a presentar el evangelio, versículos que sería bueno memorizar. ¡Pero, no es necesario saberse mil versículos y cómo organizarlos en un sermón completo para compartir el evangelio!

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Imagen de Raul Petri en Unsplash

A final de cuentas el evangelio se trata de tres cosas:

  1. Un problema.
  2. Una solución.
  3. Una acción.

Así que, el evangelio completo se puede resumir con tres versículos.

Romanos 3: 23 nos dice cuál es el problema que tenemos.

“…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios…”

Juan 3:16 nos dice que Dios proveyó una solución.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Hechos 16:31 nos indica cuál es la acción que nos corresponde.

“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo…”

¡Así de sencillo!

Entonces, no te sientas intimidado cuando alguien te pregunta qué crees o qué predican en tu iglesia. ¡Sólo explícale tres puntos!

cuando tienes padres in conversos

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Imagen de Kevin Delvecchio en Unsplash

Yo tuve el privilegio de nacer en un hogar donde gobernaba la Palabra de Dios, mis padres eran creyentes y su prioridad era que yo también escuchara y creyera el evangelio.

Pero, hay muchos que no han tenido esa bendición. Sé que no puede ser fácil ser creyente y llevar una vida cristiana con un testimonio claro cuando tus padres no son salvos. Por eso, me comuniqué con varios amigos y conocidos que tienen papás inconversos y les pregunté qué creen que es lo más importante para saber o recordar cuando estás en esa situación.

Aquí comparto sus respuestas.

“…considero que algo necesario para que el creyente pueda crecer y avanzar en medio de situaciones adversas (padres inconversos) es el respeto hacia lo que somos y hacemos.” – Marisolina

“Honrarles. Nosotros somos los creyentes y una manera de honrarles sujetándonos a ellos (siempre y cuando vaya de acuerdo a la voluntad de Dios lo que nos demanden), brindarles respeto, obedecerles.”  – Isabel

“Dios me ha dado padres inconversos…no pierdo la esperanza de que ellos algún día escuchen sobre la salvación y sean salvos.” – Martín

“En lo personal, ¡debo recordar que realmente pueden ser salvos! Porque a veces son demasiados problemas, a veces son demasiadas las ocasiones en que compartes el evangelio con ellos y sólo dicen: “Sí, tú sigue ahí y no te rindas.” …La situación se hace tan cotidiana que llega el punto en el que no te imaginas a toda tu familia siendo salva.”   – Fabiola

“El lugar más difícil para ser un buen creyente es en la casa. Entonces va a requerir maryor esfuerzo y oración para tener un buen testimonio.”  – Tiberio

“Seré muy sincera…lo primero que debes recordar es que tienes un nuevo Padre, uno eterno a quien encomiendas toda tu vida y alma y que ese Padre siempre estará interesado en tu vida, ¡que su mayor anhelo será salvar a tus padres terrenales!” – Brenda