cómo regalar un folleto

¿Sabes regalar un folleto? Yo creía que sí sabía. Digo, no tiene nada de complicado el pasarle un papel a otra persona, ¿verdad?

Pero, mi esposo Ricky tiene otra filosofía. Él cree que hay ciertas cosas que uno puede hacer para no sólo repartir folletos, sino hacerlo de manera excelente.

Hoy lo invité a compartir sus secretos sobre cómo ¡ser un excelente repartidor de folletos!

Se empieza con una Sonrisa.

Todos juzgamos a los demás queramos o no. Formamos una opinión acerca de una persona por como se ve y como se porta dentro de los primeros segundos de haberlos visto. La sonrisa es el símbolo universal de amabilidad y genera confianza. Cuando te vean con una sonrisa por lo general concluyen que no les vas a hacer un mal. Ahora, Proverbios dice que el rostro es un reflejo del corazón así que es importante que seas sinceramente feliz. Si tienes una sonrisa en la cara pero se nota que te es una obligación, se ve la falsedad y te tendrán poca confianza.

Se evita la Sorpresa.

Por lo general, a la gente les gustan las sorpresas pero en cuanto a dar folletos la sorpresa no es buen buena. Es importante que le avises a la persona desde una distancia que tienes algo para el o ella. Si esperas hasta que están tan cerca para poder saludar de mano y rápido extiendes el folleto hacia su persona normalmente se espantan y algunos se ofenden. No  invadas su espacio personal.  A unos pasos puedes saludarle con un sencillo “Buenos días” o “Disculpe, señor” y ya que haya contacto visual, extiendes el folleto con una sonrisa.

Se le da Seguimiento.

Testimonio. La gente te va estar viendo. Al darle un folleto estas declarando públicamente que eres un Cristiano y le estás invitando a serlo también. Es importante que te portes como es digno del evangelio. Si estás haciendo relajo con tus amigos antes o después de darle un folleto es poco probable que te tomen en serio. No quiere decir que tengas que ir con todo y corbata o velo y serio como una monja, sino que te comportes en una manera respetable.

Si haces estas tres cosas, por lo general te van a recibir el folleto bien.

Recuerda, puede que alguien sea salvo por un solo folleto que tu le diste.TF-109

Ricky Sawatzky nació en Chihuahua, México, pero creció en Manitoba, Canadá. Allí estudió carpintería un tiempo, pero el Señor lo llamó a dedicarse a tiempo completo a la obra misionera. Ahora, vive y trabaja en México, junto con su esposa.

de lo que me arrepiento

Todos tenemos algo en nuestro pasado que quisiéramos cambiar.

Hoy les voy a compartir algo que si pudiera regresar en el tiempo y cambiar mis acciones, lo haría.

 

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Imagen de David Cantelli / CC-BY

Hace unos meses estábamos en una oficina con una agente esperando a que la otra agente. Ella empezó a preguntarnos de dónde éramos, a qué nos dedicábamos, por qué habíamos llegado a Irapuato, etc. Después de explicarle que nos dedicábamos a predicar el evangelio y enseñar la Biblia, ella dijo que a final de cuentas todos creíamos lo mismo, la misma Biblia, el mismo Dios…

Y yo me quedé callada.

No sé si fue porque temía que no pudiéramos seguir trabajando con ella.

No sé si fue porque no quería caerle bien.

Pero, no corregí esa mentira. Y lo lamento.

Todo salió bien con los papeles ese día, nos despedimos de ella y nunca la he vuelto a ver. Pero, de vez en cuando pienso en ella y me pregunto qué hubiera pasado si le hubiera dicho la verdad. “La verdad no todos creemos lo mismo. La mayoría de las personas creen que haciendo cosas buenas pueden llegar al cielo pero la Biblia dice que no es por obras. La Biblia nos dice que es por gracia y fe en el obra del Señor Jesucristo en la cruz cuando derramó su sangre para borrar nuestros pecados.”

Pero esas palabras las encerré en mi ser y ella nunca las escuchó.

¡Qué triste! Dejé pasar la única oportunidad que tuve de hablar con ella acerca de las verdades más importantes que ella jamás oiría.

Pero aprendí mi lección. Y la siguiente vez que alguien me haga un comentario sobre lo que “todos creemos” ¡no se me vuelve a ir la oportunidad! 

Le compartiré el evangelio, cueste lo que cueste.

propósitos evangelísticos

Debería de haber compartido esta entrada ayer, pero ¡se me pasó!

Vamos casi a la mitad de febrero. Justo las fechas cuando muchos se están dando cuenta de que ya no se sienten motivados a cumplir sus propósitos de año nuevo. Pero hoy, les voy a compartir mis propósitos evangelísticos para este año. 

  1. Voy a regalar folletos en el mercado. Cada semana compro fruta y verdura en el mercado. ¿Por qué no llevarme dos folletos y regalarlos a los que me venden sus productos? Sería lo más sencillo del mundo.
  2. Todos los días voy a orar por la predicación del siguiente domingo. A veces no es posible asistir a la oración previa a la predicación. ¡Pero sí puedo orar por esa presentación del evangelio entre semana!
  3. Voy a publicar un versículo evangelístico en FB y mis otras redes sociales cada semana. ¡Hay que sembrar la semilla!
  4. Una vez al mes, voy a invitar a alguien a la predicación.

Esos son mis 4 propósitos evangelísticos para el 2017. ¿Cuáles son los tuyos?

no sabía qué responder a los que dudaban

Un compañero me dijo que no creía en Dios. Él era ateo. Otro, me comentó que sí creía que existía Dios, pero sólo como una máquina impersonal que había iniciado el Big Bang. Un amigo me preguntó cómo sabía que Jesús no era un loco que se creía Dios.

¡O si hubiera sabido responderles!

Cuando escuchaba sus comentarios, no sabía como convencerles de la verdad de la existencia de un Dios personal, amoroso que había descendido al mundo para sacrificarse por nosotros.

¿Y cómo les respondería hoy?

No estoy segura. Pero, sí tengo una mejor idea de los problemas que enfrentan a los incrédulos, a los que dudan, a los cínicos.

Y aprendí esto gracias a dos autores que han llegado a ser héroes cristianos para mí. 

Uno vivió a principios de los mil novecientos, fue un filósofo inglés que, convertido ya adulto, escribió bastante acerca de las dudas que lo habían asediado como ateo. Se llamaba C. S. Lewis y los libros de él que me han ayudado son:

Mero Cristianismo está basado sobre una serie de radio en la que el autor explicó lo básico de lo que creen los cristianos. Es un libro que no sólo explica qué crees sino también ¡por qué debes creerlo!

Cartas del diablo a su sobrino  es una colección de cartas ficticias que dan un vistazo imaginativo al mundo de los espíritus. Francamente, me abrió los ojos y me mostró perspectivas diferentes sobre las tentaciones y las dudas.

El otro es un filósofo nacido en India que inmigró a Canadá y ahora trabaja en los Estados Unidos. Él, antes de cumplir los 20 años, prometió a Dios que buscaría la verdad y desde entonces a eso se ha dedicado. Se llama Ravi Zacharias y lo que más disfruto de él son los videos en su canal de YouTube. El canal tiene todo desde debates hasta discursos sobre la filosofía del que sigue a Cristo. Además, su libro Jesús entre otros dioses sobre por qué Él es la opción más lógica ¡se ve buenísimo! Puedes encontrar más sobre él en la página web de su organización, RZIM.

No sé si tú también te has topado con preguntas sobre Dios o comentarios incrédulos acerca de Su existencia o Su bondad que no has sabido responder. Pero espero que estas fuentes de información que yo descubrí demasiado tarde te sirvan.

…santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;”

1 Pedro 3:15

porque todos tenemos un Patmos

Juan el apóstol, se encontró sólo en la isla de Patmos.

Patmos representaba mucho para él. Era el castigo que las autoridades le habían dado por predicar el evangelio. Era soledad y abandono. Era montañas rocosa y colinas secas.

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Imagen de Aaron Lee / CC-BY

Quizás con otros prisioneros políticos o religiosos, Juan se encontraba sobre una isla que nunca podría escapar. No sabemos si Juan buscó la compañía de otros allí o si prefería estar solo. Quizás no tenía más opción que estar solo. De hecho, sabemos muy poco de la vida de Juan sobre esa terrible isla porque él no nos habla de aquello.

En circunstancias difíciles, en tiempos de tribulación, en sufrimiento y persecución, Juan escribió el libro de Apocalipsis. No se rindió al llegar a la isla. No se deprimió al encontrarse sin apoyo emocional o espiritual. No cedió ante la mano de hierro del gobierno que lo estaba sofocando en esa isla.

Juan buscó la faz de Dios.

Pasó tiempo con el Señor, se metió de lleno en Su presencia. Habló con el Señor, escuchó al Señor, adoró al Señor. Y vio lo que Dios quería que él hiciera. Vio visiones y las escribió.

Escribió un libro de profecía profunda, un libro fascinante que muestra destellos y sombras del futuro.

Si Juan hubiera cedido a la decepción que de seguro le asediaba, si hubiera permitido que la tristeza lo envolviera, no hubiera podido hacer el trabajo que Dios le tenía. Seguramente triste, seguramente decepcionado, seguramente sintiéndose sólo, Juan se acercó a Dios.

Y fue cuando Dios le mostró la gran obra que tenía para él.

¿Cuál es tu Patmos?

¿Qué te hace sentir sola? ¿Qué has vivido que te decepcionó? ¿Qué te envuelve en tristeza? Tu Patmos quizás no sea una isla rocosa, pero quizás tienes un problema que te deja paralizado de temor o frustración. Yo también, tengo mi Patmos. Juan, en su Patmos, permitió que Dios obrara y el resultado fue un maravilloso libro inspirado.

¿Qué harás tú con tu Patmos?