fuera de la zona de confort

El inscribirse a una escuela nueva.

El iniciar un matrimonio.

El cruzar un puente de madera vieja.

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Imagen de Dalton Touchberry / CC-BY

Estas son situaciones que nos incomodan. Claro, ¡son emocionantes! Pero, son situaciones en las que hay tantas cosas nuevas que a veces no sabemos qué hacer. En la otra escuela y en la vida soltera sabíamos qué hacer. ¡Nos era fácil caminar sobre tierra firme! Sabíamos cuál era nuestro lugar y qué actividades nos correspondían. En una situación nueva, hay que volver a aprender todo eso.

Y es intimidante.

Pero, cada vez estoy más convencida de que Dios hace eso a propósito.

Dios nos pone en situaciones incómodas, intimidantes y a veces abrumadoras con un plan.

Y Su propósito es que dependamos de Él.

En cada decisión que tomamos, quiere que le tomemos de la mano. Quiere que estemos totalmente rendidos a Su voluntad, quiere que reconozcamos nuestra incapacidad de hacer algo sin Él.

Somos muy malos para confesar nuestra debilidad.

Es por eso que Dios con frecuencia nos pone en situaciones nuevas, en circunstancias incómodas.

Por que cuando no sabemos qué hacer, lo buscamos. Cuando nos sentimos impotentes, corremos a Sus brazos. Sólo estamos dispuestos a reconocer nuestra incapacidad ante Él cuando no tenemos idea sobre cómo proceder.

¡Y nuestro Dios amoroso lo sabe!

Entonces, cuando me encuentro en una situación nueva, sintiéndome totalmente inadecuada e incapaz, es momento de darle gracias a Dios.

Y es momento de caer en Sus fuertes brazos y confesar que todo lo puedo sólo en Él.

una meditación sobre los zapatos

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Imagen de Jake Hills en Unsplash

Mira tus zapatos.

No sé lo que ves. Quizás unos mocasínes rojos. Quizás unos tacones negros de charol. Podrían ser sandalias cafés o tenis azules. Pero, dejan una huella.

Y algún día alguien seguirá tus pasos.

De hecho, en este momento alguien está siguiendo tu ejemplo.

Puede ser una hermanita o un sobrino. Podrías ser el héroe de tus alumnos de la escuelita bíblica. Probablemente, ni te des cuenta de cómo te observan esos adolescentes con quienes nunca platicas.

Alguién te sigue.

¿A dónde los llevarán tus pasos?

Si sigue tus pisadas, ¿amarán a otros? ¿Permitirán que la amargura los domine? ¿Se dejarán quebrantar por las dificultades? ¿Serán fuente de gozo? ¿Triunfarán sobre el pecado o se rendirán ante la tentación?

Esos zapatos ¿hacia dónde los llevan?

¿Hacia dónde te llevan a ti?

cuando tu pecado te pesa

¡A veces la memoria no es nada amable con uno!

Cuando menos quieres recordarlo, cuando te quieres dormir o cuando estás a punto de dar un discurso en público tu memoria decide repasar con horroroso detalle cada momento vergonzoso que jamás has tenido.

¿Te ha pasado? ¡Es horrible!

Pero, poquito peor, cuando no es un problema de simples recuerdos que dan pena, sino pecados. A veces, especialmente en días difíciles, uno se siente bombardeado por recuerdos de pecados que cometió.

Los recuerdos traen vergüenza, traen culpa, traen desánimo.

Y precisamente por eso es una de las herramientas preferidas de Satanás.

Él sabe que amamos al Señor y no lo queremos decepcionar. Y sabe que si logra hacernos recordar las veces que le fallamos al Señor, tiene una mayor probabilidad de desanimarnos. Esa es una de las razones por las que es Acusador de los hermanos.

¡Nos quiere volver inútiles, ahogados en el pantano del desánimo!

No sé si has sufrido un ataque así. Yo sí. Y quiero ayudarte a defenderte en contra de esos vergonzosos y deprimentes recuerdos.

¿Sabes que Pablo también tenía este problema?

Imagínate la culpa que Satanás seguramente le echó en la cara a Pablo. Pablo, el que había sido devoto a las reglas de unas tradiciones muertas. Pablo, el que no había visto a Cristo entre tantas profecías del Antiguo Testamento. Pablo, el celoso que había detenido y encarcelado a muchos hermanos. Pablo, ¡el que causó la muerte de otros hermanos! La historia de Pablo no era nada bonita. Y seguramente Satanás lo usó.

Pero en Filipenses 3:13 Pablo nos da una pista acerca de cómo se defendía ante tal ataque.

Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante… Filipenses 3:13

Pablo nunca dijo ser perfecto. Sabía que no lo era. Pero, después de confesar su pecado y ser restaurado ante el Señor, puso fuera de su mente lo pasado. Él se enfocó en el futuro, en lo que aún le quedaba por vivir y hacer.

Por tanto, nosotros también … despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante… Hebreos 12:1

¡El pasado pesa mucho! Desarráigalo de tu corazón y de tu mente. Arroja tu sentimiento de culpa a un lado.

¡Y corre! ¡Extiéndete hacia el futuro!*

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Imagen de Joshua Earle / CC-BY

*En esta entrada estoy hablando de pecado que ya se enfrentó y se trató. Si un creyente peca, lo primero que debe hacer es confesarlo ante Dios y cualquier otra persona correspondiente. Ya enfrentado y confesado el pecado, Dios promete perdonarlo y se restaura la comunión con Dios y los hermanos (1 Juan 1:7). De ahí en adelante, aplica esta entrada.

el amor de Cristo por Su iglesia

Aaron Armstrong escribe en la página Blogging Theologically y el otro día publicó algo que disfruté mucho y quiero compartir hoy. 

Conozco a no pocas personas que aunque quizás no sea justo decir que se han desenamorado de la iglesia local, definitivamente han quedado decepcionados con ella, al menos en práctica. Valoran la comunidad cristiana y la comunión pero la palabra “iglesia” conlleva bagaje emocional.

Lo entiendo. Es fácil desilusionarse especialmente cuando se toman en cuenta todas las malas experiencias que muchos han tenido, (estoy agradecido de que mis pocas experiencias negativas en la iglesia han sido menores). Simpatizo y procuro tener empatía con los que han dicho o sienten la tentación d decir, “Me voy.” Pero estoy muy agradecido por las personas que, a pesar de sus frustraciones y experiencias dolorosas, se rehusan a abandonar la iglesia. La aman, a pesar de sus fallas. 

De manera pequeña, están mostrando el tipo de amor que Jesús tiene por Su novia, la iglesia: un amor que nunca la desamparará ni la dejará. Me encanta como lo describió Spurgeon en uno de sus sermones:

Antes de encender la primera estrella, antes de que la primera criatura comenzara a cantar las alabanzas de su Creador, Él amó a su Iglesia con un amor eterno. La vio a través del cristal de la predestinación, la imaginó en Su divina presciencia y la amó con todo Su corazón; y fue por esta causa que dejó a Su Padre y se unió a ella para que la pudiera redimir. Fue por esta causa que la acompañó en este valle de lágrimas, pagó sus deudas y llevó Él mismo sus pecados en Su cuerpo sobre el madero. Por causa de ella, durmió en la tumba y con el mismo amor que lo trajo a tierra, ascendió, y con ese corazón fiel al mismo bendito compromiso ha subido a la gloria, esperando allá el día de las bodas cuando regresará para recibir a Su esposa perfeccionada, quien se habrá preparado por medio de Su gracia. Nunca, ni por un momento, ni como Dios de todo, bendito eternamente, ni como Dios y hombre en una persona divina, ni como muerto y sepultado, ni como resucitado y ascendido, nunca ha cambiado el amor que tiene para con Su Elegida.1

Ésa última frase me toca el corazón. “Nunca, ni por un momento…ha cambiado el amor que tiene para con Su Elegida.” Jesús no dejará de amar la iglesia. Él sabe todo lo que hace, todo lo que hacemos, y aún así nos ama. Él está preparando a Su esposa para la eternidad. Su amor la limpiará. Y algún día, la iglesia realmente será tan bella por fuera como Jesús la ve ahora.

  1.  Charles H. Spurgeon, The Metropolitan Tabernacle Pulpit Sermons, Vol. XL
Traducido con permiso de http://www.bloggingtheologically.com/2017/04/23/jesus-love-church-never-changes/

la vez que sirvieron pan y pescado

 Y tomando los cinco panes y los dos pescados, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de la gente. Lucas 9:16

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Cuando leemos la historia de cómo Cristo dio de comer a tantas personas, generalmente nos enfocamos en el milagro.

No es malo.

Pero, hoy quiero ver otro aspecto.

“…y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de la gente.”

Si Cristo milagrosamente multiplicó el pan y los peces, ¿por qué no hizo que milagrosamente aparecieran en las manos de cada persona allí? Pues, Él decidió usar a los discípulos para repartir la bendición de la comida.

El Señor elige usarnos para su obra.

En oración nosotros le pedimos que haga cosas que nosotros no podemos hacer: salvar almas, tocar corazones, sanar cuerpos, abrir ojos espirituales, dar sabiduría…

A la vez, Él nos pide a nosotros hacer lo que sí podemos hacer: repartir comida, dar apoyo moral, mostrar amor, hablar del Salvador, orar con las personas.

En esa ocasión, los discípulos tuvieron la increíble oportunidad de ser parte del milagro que Cristo hizo, aunque quizás en el momento, ellos no sabían que dos milenios después aún se hablaría con asombro de ese día.

Y tú también tienes la increíble oportunidad de ser parte de una gran obra que el Señor va a completar. Una obra que, vista desde la eternidad, tiene valor inmenso. 

Los discípulos hicieron lo que Cristo les pidió en ese momento.

Algo sencillo, servir pan y pescado.

¿Qué cosa sencilla te está pidiendo el Señor hoy?

Imagen de: Ted’s photos – Returns Mid May 2016 – China – Yellow Mountain – 16 of 27 via photopin (license)