cómo llegué a ser misionera a tiempo completo

Una vez me pidieron que compartiera a un grupo de mujeres jóvenes cómo me había llamado Dios a servirle. 

¡No sabía qué decir! 

Cierto, Dios usó algunos versículos para convencerme que debía pasar más tiempo en el trabajo del Señor que en el trabajo de la oficina. Cierto, Dios me mostró que era su voluntad que me casara con un misionero. 

¡Pero, todo eso aún no había pasado! Faltaban unos dos años para que eso sucediera. ¡Yo aún no era misionera! Sólo ayudaba en mi asamblea.

¿Por qué me estaban pidiendo que compartiera sobre cómo Dios me había llamado a servirle? 

Medité en el tema durante meses. Y finalmente me di cuenta de lo que había pasado en mi vida.

¡Ya sabía lo que iba a decir! 

“Haz lo que tienes en frente.” 

¡Eso era todo! 

En mi asamblea, se necesitaban sacudir las sillas. Entonces, las sacudí. Se tenían que limpiar las ventanas del local, las limpié. Faltaban maestras. Entonces, comencé a enseñar. Hacía falta quién fuera por los niños en una camioneta. Entonces, comencé a ir por ellos. Faltaba alguien que pasara por los niños entre semana porque querían venir a los estudios. ¡Pues, también lo hice! 

No hice todo lo que se necesitaba hacer en la asamblea. Pero, cuando había algo que yo sí podía hacer, lo hacía.Requería de tiempo, de compromiso y de amor. Y no siempre hice lo que debía hacer. A veces lo hacía con mala actitud. Pero, sabía que en el fondo de mi corazón, quería estar allí sirviendo aunque no fuera en circunstancias ideales.

Y cuando me di cuenta, comencé a tener más oportunidades para servir.

Y me empezó a hacer falta el tiempo. Y pensé en cambiar de trabajo para tener más tiempo para servir en la asamblea. 

Unos años después, tuve la oportunidad de dejar el trabajo secular, para ser misionera. 

No soy misionera porque soy una creyente extraordinaria.

¡Para nada!

No soy misionera hoy porque pasaba horas estudiando la Palabra, ni porque Dios me dio dones increíbles. 

Soy misionera, porque cuando no sabía cómo servir, hice lo que tenía en frente. 

Pasé años en servicio general, antes de que Dios me indicara cuál era su llamado específico. Fueron años de sacudir, pintar, escribir, manejar, limpiar mocos y dar abrazos. Dios no me llamó a servirle en cosas específicas cuando yo estaba sentada en una oficina esperando su llamado. Dios me dio un llamado específico mientras le servía. (Es un principio que se ve en 1 Reyes 19.19-21, también.)

De hecho, mi servicio a Él fue la manera en que me llamó.

Porque me fue dando oportunidades de servicio y al aceptarlas, Dios me fue llevando una por una hasta llegar a un servicio o llamado específico.

Entonces, si no sabes cómo servir, si no sabes cuál es tu llamado de Dios, este debe ser tu primer paso:

haz lo que tienes en frente. 

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Imagen de Caroline Attwood en Unsplash

Luego, haz el siguiente trabajo que Dios te pone. 

Sirve en la siguiente oportunidad. 

Y así, Dios te irá guiando hacia tu llamado. 

la hospitalidad, antes del matrimonio

Invité a una amiga a compartir hoy sobre el tema de mostrar hospitalidad estando aún soltero o soltera. ¡Espero sus pensamientos te inspiren!
De esas palabras bonitas que adornan nuestra Biblia, y que se espera adornen nuestra vida también. La Palabra de Dios nos exhorta a practicarla (Rom. 12:13), a apreciarla (1Ti.5:10), a no olvidarla (Heb. 13:2). Pero ¿qué es, y cómo se vive?
El término en el lenguaje original es Philoxenia, y es la unión de dos palabras: amor por los extraños o necesitados. ¡Y es un término muy cercano a Su corazón! (Ef. 2). 
El deseo de Dios es que vivamos vidas que lo honren siguiendo con devoción Sus Caminos, y para esto debemos dirigir nuestras miradas a lo que es realmente importante para Él. El que me ama, mi palabra guardará (Jn. 14:23).
Ya sea que seas estudiante, trabajador, joven, adulto; soltero o casado; siempre tendrás una oportunidad para apreciar este hermoso ministerio. 
¡Practica la hospitalidad!
¿Recuerdas a Marta, cuyos hermanos Lázaro y María compartían tanto el amor por el Señor, como su deseo de usar su casa para hospedarle? 
Abrir tu casa puede resultar difícil cuando aún vives con tus padres, o no tienes un lugar disponible. Pero como aquella casa de Betania, tiene muchos más elementos para notar allí. Marta estaba cocinando, ¿hay alguna comida, postre o botana que pudieras compartir con alguien? ¿Hay algo en lo que pudieras invertir tu esfuerzo para alimentar al necesitado? María estaba escuchando. ¿Hay alguien a quien pudieras invitar un café para escuchar sus inquietudes, orar por ellos, compartir sus cargas? En otra ocasión, en la misma casa, vemos a Lázaro compartiendo de la comunión “a la mesa”, ¿habrá alguna forma de mostrar esa comunión con los creyentes, apreciando el tiempo juntos y abriendo oportunidades para la convivencia? 
Tal como ves, la hospitalidad no es un trabajo de un solo ingrediente. El amor hermanable por el necesitado se evidencia cuando en obediencia a tu Dios, quieres invertir de tus recursos para cuidar de tus hermanos, o de personas a las que Dios te llama a ayudar. 
Tu puedes practicarla, no la olvides en tu día a día, ¡apréciala! como Él lo hace. 
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Andrea Gómez es misionera a tiempo completo en Guerrero, México.

¿saben que oras por ellos?

¿Tu novia sabe que oras por ella?

¿Tu mejor amiga sabe que oras por ella? 

Ese hermano que casi nunca llega a la reunión de oración, ¿sabe que oras por él? 

Hace tiempo, Ricky y yo oramos por un amigo que parece que ya no tiene a Dios como prioridad en su vida. Yo sabía que él jamás aceptaría mi sugerencia que sus prioridades no estaban en orden. 

Lo único que podíamos hacer era orar. 

Y resulta que también podía decirle que lo habíamos hecho. 

Le mandé un mensaje de texto que decía, “Oramos por ti hoy.” Y ese mensaje inició la conversación más larga que habíamos tenido en años. 

Hay poder en las palabras, “Oré por ti.” 

Pueden abrir el corazón del rebelde. Pueden suavizar el corazón del amargado. Pueden tocar el corazón del perdido. “Oré por ti.” Las palabras muestran que tienes cuidado de aquella persona. Le asegura que aunque quizás no estés de acuerdo con lo que hacen, no estás dispuesto a terminar tu relación con ellos. Les dice que quieres lo mejor para ellos, aunque difieran sus opiniones sobre qué es lo mejor. 

¿Cuándo es la última vez que le dijiste a alguien que oraste por él o ella?

Yo no había experimentado el efecto de las palabras hasta ese día, pero de ahora en adelante espero decirlas a alguien todos los días. Quiero que sepan que me importan. Tengamos una buena relación o una difícil, quiero mostrarles que aún pienso en ellos y los llevo a la presencia de Dios en oración. 

“Oré por ti.” 

¿A quién le dirás esas palabras hoy? 

cuando no sabes cómo servir

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Imagen de Paul Jarvis en Unsplash

“Haz lo que tienes en frente.” 

Podemos pasar mucho tiempo preguntándonos cuál es nuestro llamado. ¿Cuál es nuestra vocación?

¿Cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas? 

Pero, mientras esperamos esa revelación, ¿qué hacemos? 

Siempre hay algo que obedecer. 

Siempre hay un servicio a dar, un paso a tomar, aunque sea tender la cama. 

Dios nunca nos deja totalmente en blanco. Siempre nos da algo que hacer. Tender la cama, como ya mencioné. Barrer el piso antes de la predicación. Ayudar a mamá a doblar la ropa. Estudiar para el examen del martes. 

Siempre hay algo qué hacer. Y es un peligro el estar tan preocupados buscando el gran llamado, la gran causa de nuestra vida que nos perdemos los pequeños pasos de obediencia que Dios nos pide hoy. 

¿Y sabes por qué es tan importante obedecer en lo que tienes por delante? 

Porque Dios así nos guía. 

Dios nos guía por medio de la obediencia a pasos pequeños. Como moronas de pan en el camino del cuento de hadas, Dios nos va dejando pequeñas pistas, oportunidades para obedecer, y si las seguimos, llegaremos al camino que Dios tiene para nosotros. 

Entonces, te quiero animar a buscar la voluntad de Dios. Sí, ora y pídele que te muestre cuál carrera estudiar, con quién te vas a casar, cuál trabajo debes buscar. Pregúntale qué quiere que tú hagas, cuál va a ser tu contribución a su obra. 

Pero mientras, haz lo que tienes en frente. 

Dios te guiará. 

la vida cristiana en 3 pasos

A veces la vida cristiana puede parecer muy complicada, ¡especialmente cuando nos enfocamos en todo lo que se supone que no debemos hacer y todo lo que sí debemos hacer! Pero, hay un versículo en Miqueas que me encanta porque nos da un resumen de lo que pide Dios de nosotros.

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Imagen de Jannes Glas en Unsplash

“Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.”

Sencillamente, tres cosas:

  1. Hacer justicia.
  2. Amar misericordia.
  3. Humillarte ante tu Dios.

¿Y cómo podemos seguir estos tres requisitos en la vida real? ¿Cómo desempolvar este versículo y ponerlo en práctica?

1. Hacer justicia.

Uno no puede controlar sus circunstancias, mucho menos el comportamiento de otros. De hecho, lo único que sí podemos controlar es lo que nosotros hacemos. Y Dios nos pide que hagamos justicia. Es decir, hacer lo justo, hacer lo correcto. No hay condiciones ni excepciones. ¿Qué pide Jehová de mí? Hacer lo correcto. 

2. Amar misericordia.

La misericordia no es algo que uno se muestra a sí mismo. Es algo que uno muestra a otro, cuando hace algo indebido. Pero, es interesante que Dios no nos pide hacer misericordia, ni mostrar misericordia. Dice: “amar misericordia.” El amor a la misericordia no afecta sólo mi comportamiento, sino mi actitud al mostrar misericordia. Jehová pide que yo ame la misericordia que Él me la ha mostrado. Y por amor a esa misericordia, la mostraré a otros.

3. Humillarte ante tu Dios.

El humillarme ante Dios está íntimamente relacionado con reconocer la realidad de quién es Él y quién soy yo. El ser humano tiende a pensar que es lo más glorioso, lo más grande, lo más importante en el mundo. Pero, al llegar cara a cara con Dios, reconocerá lo pequeño que es. Y al humillarse ante Dios, reconocerá lo glorioso, lo grande y lo importante que es Dios y lo adorará. Por eso, Dios pide al ser humano que se humille ante Él. 

Eso es lo que Dios pide de nosotros. En relación a nosotros mismos, exigirnos el hacer lo correcto. En relación a otros, amar la misericordia que Él ha mostrado y por lo tanto, mostrarla. Y en relación a Él, humillarnos, reconociendo quién es Él y quiénes somos nosotros.