Ser padres es un acto de fe.

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Si hay algo que he aprendido en estos últimos 12 meses, es que ser padre es un acto de fe. Pocas cosas en mi vida han sido tan impredecibles como tener y criar a un hijo. 

Comenzando con el parto, que no tenía por qué ser complicado. Mi bebé y yo estábamos en perfecta salud. Pero, sí hubo complicaciones. Casi se muere el niño. A mí también me dejó secuelas el parto y perjudicó mi salud durante meses.

Mi hijo ya tiene un año y hemos comenzado a formar su carácter.

Procuramos enseñarle que la palabra “No” tiene consecuencias. Procuramos enseñarle que no siempre puede hacer lo que él quiere. Procuramos enseñarle que siempre, siempre, siempre le amamos.

Hacemos todo esto en fe. 

Hoy no podemos ver un carácter bien formado. No podemos saber si entendió el amor de Dios gracias a nuestro amor y lo aceptó. No hay forma de predecir cuál será el resultado de nuestra labor de crianza. Pero, tomamos cada paso en fe. 

Lo hacemos porque creemos la Palabra de Dios. 

No porque las Escrituras prometan que nuestro hijo será un adolescente bien portado. No porque Dios diga que será salvo. No porque tengamos la seguridad de que si somos buenos padres, él será buen hijo. No hay garantías. 

Las Escrituras sí nos mandan a formar su carácter. A enseñarle a obedecer. A instruirlo en sabiduría. A guiarlo por un camino adecuado para él. La Palabra de Dios nos manda y nosotros procuramos obedecer en fe.

Nuestra fe no está en los buenos resultados. Nuestra fe está en Dios. 

Antes del parto, pudimos confiar en Dios, no porque todo saldría bien, sino porque Él estaba en control y nos daría la fuerza que necesitábamos. Al formar el carácter de nuestro hijo, podemos confiar en Dios, no porque será una buena persona, sino porque Dios está en control y nos dará la gracia que necesitamos.

Ser padres es un acto de rendición de control. Es un acto de reconocimiento que Dios es soberano.

Ser padres es un acto de fe. 

No hice la voluntad de Dios. ¿Ahora qué?

Escribí este artículo para la página del centro evangélico en Zapopan y quise compartirlo aquí también.

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Eres creyente pero, ¿has cometido un error terrible? ¿O hiciste algo en rebeldía a la voluntad de Dios? ¿O tomaste un camino incorrecto del que no sabes si puedes regresar?

Gomer tampoco obedeció la voluntad de Dios. 

En el libro de Oseas, leemos que ella pasó tiempo y noches con hombre tras hombre, en lugar de serle fiel a su esposo. Su situación pasó de mal a peor y cayó en manos de quien la vendía como esclava. ¿Y quién la compró, pagando un precio extraordinario? Su esposo. Su esposo la había buscado, la había encontrado y había pagado muchísimo para llevársela a casa y ponerla de nuevo en su su posición de honor como esposa, madre y ama de casa. 

Dios dijo que Gomer era como Israel, que vez tras vez le dio la espalda y el esposo como Dios que la buscó y sacrificó todo para mostrarle amor. 

Con esta historia Dios quería comprobar que Él nos alcanza donde estemos.  Si caímos en pecado, si anduvimos en rebeldía abierta, si nos hundimos en profundidades de mal a donde nunca pensábamos llegar, Dios aún nos alcanza. Y Dios aún nos muestra su amor. 

Dios puede alcanzarte donde estás. 

Ester es otra persona en la Biblia que estaba en donde no debía estar. 

Si Israel no hubiera pecado, no los hubieran llevado como esclavos a Babilonia. Si sus antepasados hubieran regresado a Jerusalén cuando el rey de Babilonia les dio permiso, ella no hubiera estado allí aún cuando el reino pasó al rey Medo-Persa que decidió reemplazar a la reina. Si ella no hubiera estado allí, no la hubieran obligado a ir al palacio de un rey pagano que la usaría de concubina. Pero todo eso sí había pasado y ahora ella se encontraba atrapada en un palacio, esperando su noche con el rey. Ya nunca podría tener una vida normal. 

A pesar de que ella solo estaba allí gracias a una serie de malas decisiones, se puso en manos de Dios, orando tres días. Y aunque parecía imposible que ella tuviera influencia alguna en la corte de un rey incrédulo y mujeriego, Dios la usó para evitar el genocidio. 

Ester empezó donde estaba y Dios la usó. Como Ester, nosotros a veces nos encontramos atrapados gracias a una combinación de malas decisiones propias y de otros. Pero como ella, podemos orar, podemos hacer lo correcto, podemos permitir que Dios obre a través de nosotros aún en esa situación. 

Dios puede usarte donde estás.

Moisés tuvo un mal comienzo. 

Aunque de niño lo habían rescatado de la muerte y había recibido la educación de un príncipe y líder, como adulto, lo primero que hizo fue matar a alguien. Luego, en lugar de tomar responsabilidad por lo que había hecho, huyó al desierto. Además de homicida, cobarde.

Ahí mismo en el desierto, Dios lo llamó. Moisés (después de ciertas objeciones) obedeció. Y a través de Moisés, Dios reveló su gloria como nunca antes se había visto en la tierra. Dios descendió en toda Su gloria al tabernáculo que Moisés construyó. De hecho, le mostró sus mismas espaldas a Moisés en el monte, porque Moisés no podría ver Su cara y vivir. ¿Y dónde pasó todo esto? En el desierto.

Era un hombre homicida y cobarde pero Dios lo llamó, quiso mostrarle Su gloria y también revelar Su gloria a otros a través de él.

¡Qué esperanza! A pesar de tener un pasado terrible, Dios llama. Quiere mostrar Su gloria no solamente a nosotros, sino también a través de nosotros a los que nos rodean. 

Dios puede revelar Su gloria donde estás.

Gomer. Ester. Moisés. Quizás tu situación se parezca éstas. Quizás has sido tan rebelde que no sabes cómo regresar. Quizás estás atrapado por malas decisiones (tuyas y de otros). Quizás has huido de la realidad de lo que has hecho. Satanás hará todo lo posible por ahogarte en la vergüenza de tu pasado, pero no es necesario que te hundas. 

Dios puede rescatar cualquier situación. Quiere tomar todo lo malo de tu pasado y encaminarlo a bien. 

“Hijitos míos…si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.“

1 Juan 2:1

¡Hay tanto que hacer!

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¡Hay tanto que hacer!

No necesito hacer una lista de tareas. Cuando leíste esa frase, seguramente vino a tu mente cosas que sientes que debes hacer. Nuestros quehaceres nos abruman, muchas veces. Y es por eso que he sentido tanta libertad en la palabra “No”. 

Soy la persona más dispuesta a ayudar, a suplir necesidades, a estar ahí para arreglar, apoyar, añadir… y me abrumo yo sola. Es un hábito terrible que me ha dejado totalmente exhausta y vacía en más de una ocasión. 

Pero, el mismo Señor Jesucristo que es Dios Omnipotente no lo hacía todo cuando estaba aquí en la tierra. ¿Qué me hace pensar que yo sí podré con todo?

El Señor Jesucristo se retiró en más de una ocasión para estar a solas, o para descansar con sus discípulos. Dejó ciudades enteras que querían verlo para ir a lugares en donde no lo seguirían. 

¡Había tanto que hacer! 

Había demonios que podría echar fuera, enfermos que  podría sanar, pobres que podría alimentar. Pero, el Señor Jesucristo no dejó que todo lo  posible lo distrajera de lo imprescindible. El Señor dijo “No” a muchas cosas buenas que no eran parte de su misión.

Yo también, como tu, tengo un llamado específico. Tengo una razón por la que Dios me puso en este lugar. 

Tengo una misión específica. 

Y eso me da la liberta de decir “No” a todo lo que podría hacer que no es parte de mi misión. 

No tengo por qué presionarme a hacer algo que otros hacen muy bien. No tengo por qué apoyar en un proyecto que, mientras interesante, no tiene nada que ver con mi llamado. No tengo por qué sentirme culpable si no digo “Sí” a cada oportunidad que se me presenta. Al contrario. 

Cristo, nuestro ejemplo a seguir, dejó sin hacer muchas cosas buenas para enfocarse en lo mejor, en Su misión.  Tenemos el privilegio de hacer lo mismo.

nos llama a descansar

Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Marcos 6:31

Algún día, este versículo colgará en la pared sobre nuestro sofá, una invitación a descansar a solas.

El Señor invitó a sus discípulos a descansar.

Este tema es algo que ha sido olvidado, durante siglos, por los misioneros. O quizás, no por los misioneros mismos, sino solo por los que escribieron las historias de los misioneros. El descanso es algo vital y más cuando tu trabajo es persuadir a la gente a creer algo.

Cada creyente, sea misionero a tiempo completo o no, necesita recordar este versículo como algo esencial.

Es importante compartir el evangelio, ¡es un mensaje urgente! Pero, es igual de importante descansar.

Dios creo nuestros cuerpos para necesitar tiempo de descanso. Nuestros cerebros también necesitan ratos de silencio y soledad para procesar los sucesos del día, y estos tiempos tienen efectos grandes sobre nuestra salud emocional, también. (Hay estudios que indican que el aumento de la ansiedad en los jóvenes se relaciona directamente con la falta de soledad y silencio, ya que cada momento “a solas” se llena de likes, comentarios, memes en las pantallas de sus celulares).

No solo nos creó Dios con esta necesidad, sino que también practica el principio del descanso y nos lo dice en Génesis. Él, siendo inmortal y todopoderoso, descansó el séptimo día. Cristo también tomaba tiempo aparte para descansar, aunque era Dios mismo.

El descanso es necesario, aún para el creyente misionero.

Así que, en nuestra pasión por predicar el evangelio, no olvidemos este principio básico del Dios que tanto queremos compartir.

Venid aparte… y descansemos un poco.

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De Angelina Kichukova en Unsplash

el amar a Dios

He estado meditando en el siguiente versículo últimamente.

 Jesús le dijo:

—Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Mateo 22:37

La Palabra De Dios nos instruye en este versículo a usar tres cosas que pensamos que no se pueden controlar: el corazón, la voluntad y los pensamientos. Pero, a través de la Biblia, es muy obvio que Dios espera que los controlemos.

Y no solo que tomemos el control de cada uno de estos aspectos de nuestro ser, sino que los controlemos para un propósito: el amar a Dios (y por ende, a nuestro prójimo).

De hecho, este versículo nos ayuda a definir el amor.

¿Qué es el amor?

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De Cathal Mac an Bheatha en Unsplash

Según Mateo 22:37, es la unión de propósito de tu corazón, tu voluntad y tus  pensamientos.

¿Y ese propósito?

El bien del Amado.

Es un reto para nuestra vida cristiana.

Mis deseos deben ser solo para el bien de Dios.

Mi voluntad debe ser solo para el bien de Dios.

Mis pensamientos deben ser solo para el bien De Dios.

Pero, precisamente el hecho de que son cosas que tengo que controlar indica que esto no vendrá de manera natural. Tendré deseos en mi corazón que van en contra de la gloria de Dios. Es mi responsabilidad enfrentar esos deseos y reemplazarlos con el deseo de darle gloria a Dios. Mi voluntad querrá hacer cosas que no dan gloria a Dios. Es mi responsabilidad nunca, nunca hacer algo a propósito, es decir, de manera voluntaria, que va en contra de la gloria de Dios. Llegarán a mi mente pensamientos que no dan gloria a Dios. Es mi responsabilidad desechar esos pensamientos y enfocar mi mente en lo que sí le da gloria.

Y eso es amar a Jehová mi Dios con todo mi corazón, con toda mi alma y con toda mi mente.