la tormenta que conozco

Imagen de Matt Hardy en Unsplash
Esta tormenta la conozco.
Los truenos, las olas, el viento cruel,
Entraron hasta mi alma 
con amenazas que me helaron. 
Y luego, desvaneció. 

La tormenta me dejó 
quebrantada, pero me dejó. 
A ella, esta tormenta
la ataca, la ahoga, la cansa…
y yo nada puedo hacer.
Esta tormenta la conozco. 

Esta tormenta, la vuelvo a ver.
Los truenos, las olas, el viento cruel,
Hoy entran hasta su alma, 
Con amenazas que la helan,
y se vuelven realidad.

Mas, sí puedo compartir:
“Esta tormenta la conozco,
sé que a tu alma trae terror.
Pero también, conozco a Alguien
que aún esta tormenta, 
los vientos y el mar le obedecen.” 

el contentamiento

Enséñame el contentamiento.
Cuando todo es abundante,
mis manos, llenas de bendiciones.
Tengo todo lo que necesito
también unos cuantos lujos,
además, Cristo, conmigo,
y rebosa mi corazón.
Enséñame el contentamiento.

Enséñame el contentamiento.
Cuando carezco de tanto…
y mis manos, esperando vacías, 
ni siquiera lo que necesito, 
mucho menos ciertos lujos.
Pero está Cristo conmigo.
y Él llena mi corazón. 
Enséñame el contentamiento.

Mi gran propósito

Mi gran propósito es ser como Cristo.
Y todo lo que Dios trae a mi vida—
las bendiciones y tribulaciones,
cada lucha, maravilla o triunfo—
son simples herramientas en sus manos, 
en manos del carpintero perfecto.
Y cortan, aplanan, lijan y pulen,
y al fin, mi alma, hermosa y útil,
reflejará en sus brillantes facetas
a Aquel que con tanto amor la labró.

días cotidianos

Hay más honra para Dios
En días cotidianos bien vividos
Que en actos “muy gloriosos”.
Se complace mucho más
En días cotidianos bien vividos.

Ser padres es un acto de fe.

Imagen de Nienke Burgers en Unsplash

Si hay algo que he aprendido en estos últimos 12 meses, es que ser padre es un acto de fe. Pocas cosas en mi vida han sido tan impredecibles como tener y criar a un hijo. 

Comenzando con el parto, que no tenía por qué ser complicado. Mi bebé y yo estábamos en perfecta salud. Pero, sí hubo complicaciones. Casi se muere el niño. A mí también me dejó secuelas el parto y perjudicó mi salud durante meses.

Mi hijo ya tiene un año y hemos comenzado a formar su carácter.

Procuramos enseñarle que la palabra “No” tiene consecuencias. Procuramos enseñarle que no siempre puede hacer lo que él quiere. Procuramos enseñarle que siempre, siempre, siempre le amamos.

Hacemos todo esto en fe. 

Hoy no podemos ver un carácter bien formado. No podemos saber si entendió el amor de Dios gracias a nuestro amor y lo aceptó. No hay forma de predecir cuál será el resultado de nuestra labor de crianza. Pero, tomamos cada paso en fe. 

Lo hacemos porque creemos la Palabra de Dios. 

No porque las Escrituras prometan que nuestro hijo será un adolescente bien portado. No porque Dios diga que será salvo. No porque tengamos la seguridad de que si somos buenos padres, él será buen hijo. No hay garantías. 

Las Escrituras sí nos mandan a formar su carácter. A enseñarle a obedecer. A instruirlo en sabiduría. A guiarlo por un camino adecuado para él. La Palabra de Dios nos manda y nosotros procuramos obedecer en fe.

Nuestra fe no está en los buenos resultados. Nuestra fe está en Dios. 

Antes del parto, pudimos confiar en Dios, no porque todo saldría bien, sino porque Él estaba en control y nos daría la fuerza que necesitábamos. Al formar el carácter de nuestro hijo, podemos confiar en Dios, no porque será una buena persona, sino porque Dios está en control y nos dará la gracia que necesitamos.

Ser padres es un acto de rendición de control. Es un acto de reconocimiento que Dios es soberano.

Ser padres es un acto de fe.