5 versículos para el misionero desanimado

¿Hay días que no te sientes motivado a servir más al Señor? ¿En los que te preguntas por qué seguir? ¿En los que quieres tirar la toalla del evangelismo?

Todos pasamos por momentos así. Quizás no tanto por cansancio, sino porque no vemos resultados de nuestro trabajo. Hoy, quiero compartir 5 versículos que te pueden animar a seguir compartiendo el evangelio, a seguir sembrando la Palabra y a seguir manteniendo firme tu testimonio.

Isaías 55:11 …así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Santiago 5:16 La oración eficaz del justo puede mucho.

Colosenses 3:23, 24 Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.

1 Corintios 15:58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

Galatas 6:9 No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

¡Espero estos versículos te animen a seguir siendo misionero!

5 actividades misioneras que puedes hacer dónde estás

Si lees con frecuencia mi blog, sabes que yo estoy convencida de que cada creyente debe ser un misionero. Pero, a veces, las personas que no se dedican a tiempo completo a ser misioneros no están seguros de donde empezar. (A veces, ¡aún los misioneros nuevos no saben por dónde empezar!)

Hoy te quiero compartir 5 actividades misioneros que puedes hacer en dónde estás.

1. Orar por un alma no salva.

El trabajo más grande del misionero es orar por las almas perdidas. Ora. Ora específicamente. Ora diariamente. Ora fervientemente.

2. Apoyar en las clases bíblicas.

¿Hay una obra con niños donde vives? Busca la manera de involucrarte. Si te gustan los niños, qué bueno. Si no, no te preocupes. Hay trabajos en los que puedes apoyar sin realmente entrar en contacto con los niños. Quizás comprar los premios, quizás limpiar el área antes o después de la clase… ¡los que lo organizan seguro te podrán decir qué necesitan!

3. Invitar a alguien a la predicación del evangelio.

No hay nada mejor para las almas inconversas que escuchar un claro mensaje del evangelio sin poder interrumpir. 🙂 Invita a algún compañero de clase o de trabajo, a algún vecino o a una prima. Quizás te digan que no, ¡pero quizás vayan!

4. Regalar un folleto cada vez que salgas.

¿Vas a la escuela? Llévate un folleto. ¿Vas a comprar tortillas? Llévate un folleto. ¿Vas al estudio bíblico? Con alguien te tienes que topar antes de llegar, ¡llévate un folleto!

Ser un misionero no requiere de un talento especial o de un don espiritual extraordinario.

Sólo necesitas actuar según tu deseo de que más personas sean salvas.

Eso es ser un misionero.

cómo regalar un folleto

¿Sabes regalar un folleto? Yo creía que sí sabía. Digo, no tiene nada de complicado el pasarle un papel a otra persona, ¿verdad?

Pero, mi esposo Ricky tiene otra filosofía. Él cree que hay ciertas cosas que uno puede hacer para no sólo repartir folletos, sino hacerlo de manera excelente.

Hoy lo invité a compartir sus secretos sobre cómo ¡ser un excelente repartidor de folletos!

Se empieza con una Sonrisa.

Todos juzgamos a los demás queramos o no. Formamos una opinión acerca de una persona por como se ve y como se porta dentro de los primeros segundos de haberlos visto. La sonrisa es el símbolo universal de amabilidad y genera confianza. Cuando te vean con una sonrisa por lo general concluyen que no les vas a hacer un mal. Ahora, Proverbios dice que el rostro es un reflejo del corazón así que es importante que seas sinceramente feliz. Si tienes una sonrisa en la cara pero se nota que te es una obligación, se ve la falsedad y te tendrán poca confianza.

Se evita la Sorpresa.

Por lo general, a la gente les gustan las sorpresas pero en cuanto a dar folletos la sorpresa no es buen buena. Es importante que le avises a la persona desde una distancia que tienes algo para el o ella. Si esperas hasta que están tan cerca para poder saludar de mano y rápido extiendes el folleto hacia su persona normalmente se espantan y algunos se ofenden. No  invadas su espacio personal.  A unos pasos puedes saludarle con un sencillo “Buenos días” o “Disculpe, señor” y ya que haya contacto visual, extiendes el folleto con una sonrisa.

Se le da Seguimiento.

Testimonio. La gente te va estar viendo. Al darle un folleto estas declarando públicamente que eres un Cristiano y le estás invitando a serlo también. Es importante que te portes como es digno del evangelio. Si estás haciendo relajo con tus amigos antes o después de darle un folleto es poco probable que te tomen en serio. No quiere decir que tengas que ir con todo y corbata o velo y serio como una monja, sino que te comportes en una manera respetable.

Si haces estas tres cosas, por lo general te van a recibir el folleto bien.

Recuerda, puede que alguien sea salvo por un solo folleto que tu le diste.TF-109

Ricky Sawatzky nació en Chihuahua, México, pero creció en Manitoba, Canadá. Allí estudió carpintería un tiempo, pero el Señor lo llamó a dedicarse a tiempo completo a la obra misionera. Ahora, vive y trabaja en México, junto con su esposa.

5 cosas que me inspiran a compartir el Evangelio

A veces inicias tu día con una pasión por salvar almas. Sales de tu recámara listo para predicarle el evangelio a la primera persona que ves. Tienes el gozo del Señor en tu corazón y brota por tus labios.

Y a veces no.

A veces necesitas renovar tu ánimo. A veces necesitas algo para motivarte.

Hoy te quiero contar de 5 cosas que me inspiran a compartir el Evangelio.

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Imagen de Andrew Neel / CC-BY

1. El Apocalipsis.

¿Has leído ese libro últimamente? Si no tiene otro efecto en tu vida, ¡seguramente te volverá evangelista! Los terrores y juicios que se derramarán sobre los incrédulos en la tierra en esos días me impulsan a compartir el evangelio por pura lástima a los pobres que no creen.

2. Un vistazo hacia atrás.

Cuando miro hacia el futuro, mi vida es un camino largo que parece alcanzar el horizonte. Pero, cuando miro hacia atrás veo cuán cortos han sido mis años y cuán poco he hecho para el Señor. Este año está pasando y ¿qué he hecho para Él? ¡Tengo que servir al Señor mientras aún tenga tiempo!

3. La predicación del evangelio.

Hay pocas cosas que encienden en mí un fuego evangelistic como una buena predicación del evangelio. Si no me toca asistir a una predicación ese día, puedo encontrar una grabación. El fervor del predicador y el poder del Mensaje pueden dar vida a la pasión evangelística que en mí está por desvanecerse.

4. Un buen himno.

A veces la música puede alcanzar un corazón frío cuando ninguna otra táctica funciona. La letra de este himno:

“¿Cómo puedes pensar que al infierno tú vas,

Sin estremecerte de horror,

Sin pedir a tu Dios mientras tengas lugar 

Que tenga de ti compasión?

El verano acabó, la cosecha pasó

Y tenemos que ir y la cuenta rendir

Delante del trono De Dios.”

o de éste:

“Una línea rebasa el que ignora al Señor,

Y el Espíritu uno llama más. 

Con el mundo tú corres veloz, sin temor:

Piensa bien, piensa bien, ¿qué harás?

“En su misericordia Dios quiere salvar,

Pero tiempo no siempre tendrás.

Hoy la puerta está abierta y puedes entrar:

Piensa bien, piensa bien, ¿qué harás?”

me recuerdan de la gravedad del peligro para las almas no salvas. El cantar himnos como estos reaviva mi celo por ganar almas y vuelve mi deseo de compartir el evangelio.

5. La adoración.

Quizás este sea un motivador algo desconocido, pero la verdad es que es el motivador más bíblico. La mejor motivación que podríamos tener es la adoración. ¿Cómo funciona? Cuando paso tiempo con el Señor, mi corazón rebosa amor y gratitud. Quiero darle toda la honra y gloria que Él se merece. Y lo que Él se merece son más adoradores. El reconocer todo lo que Dios se merece me motiva a buscar más personas y compartirles las maravillas de Dios para que ellos también se conviertan y adoren.

Espero estas 5 cosas que me motivan a mí, ¡también te ayuden!

de lo que me arrepiento

Todos tenemos algo en nuestro pasado que quisiéramos cambiar.

Hoy les voy a compartir algo que si pudiera regresar en el tiempo y cambiar mis acciones, lo haría.

 

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Imagen de David Cantelli / CC-BY

Hace unos meses estábamos en una oficina con una agente esperando a que la otra agente. Ella empezó a preguntarnos de dónde éramos, a qué nos dedicábamos, por qué habíamos llegado a Irapuato, etc. Después de explicarle que nos dedicábamos a predicar el evangelio y enseñar la Biblia, ella dijo que a final de cuentas todos creíamos lo mismo, la misma Biblia, el mismo Dios…

Y yo me quedé callada.

No sé si fue porque temía que no pudiéramos seguir trabajando con ella.

No sé si fue porque no quería caerle bien.

Pero, no corregí esa mentira. Y lo lamento.

Todo salió bien con los papeles ese día, nos despedimos de ella y nunca la he vuelto a ver. Pero, de vez en cuando pienso en ella y me pregunto qué hubiera pasado si le hubiera dicho la verdad. “La verdad no todos creemos lo mismo. La mayoría de las personas creen que haciendo cosas buenas pueden llegar al cielo pero la Biblia dice que no es por obras. La Biblia nos dice que es por gracia y fe en el obra del Señor Jesucristo en la cruz cuando derramó su sangre para borrar nuestros pecados.”

Pero esas palabras las encerré en mi ser y ella nunca las escuchó.

¡Qué triste! Dejé pasar la única oportunidad que tuve de hablar con ella acerca de las verdades más importantes que ella jamás oiría.

Pero aprendí mi lección. Y la siguiente vez que alguien me haga un comentario sobre lo que “todos creemos” ¡no se me vuelve a ir la oportunidad! 

Le compartiré el evangelio, cueste lo que cueste.