ignoro la obra de Dios

alexandr-bormotin-607750-unsplash.jpg
Imagen de Alexandr Bormotin en Unsplash

Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas. Eclesiastés 11:5

Cada uno de nosotros puede ser usado por Dios para cumplir Sus propósitos.

Él nos llama a obras y servicios específicos y si obedecemos, podemos servirle y tener el privilegio de ser parte de Su obra.

Pero, nunca debemos caer en el error de creer que sabemos lo que Dios está haciendo. 

Para mí, es fácil creer que yo sé el siguiente paso de la obra. Puedo analizar cómo creo que progresará después de una serie de predicaciones, o suponer que después de cierta enseñanza se podrá establecer una asamblea. 

La verdad es que realmente yo no sé. 

Mientras yo me enfoco en la cantidad de niños que vienen a las clases bíblicas o en un espíritu de servicio que veo en algún hermano, el Señor está obrando invisiblemente en corazones que yo ni tomo en cuenta. 

Leer este versículo fue un muy buen recordatorio para mí. 

Yo soy sierva en la obra de Dios. Pero eso no quiere decir que yo sé o entiendo lo que Dios está haciendo. Mi propósito es obedecerle. Y sí, me corresponde enseñar y plantar semillas de verdad en los corazones de los que me rodean, pero también debo abrirme a cualquier posibilidad que Dios pone delante de mí. 

Él es el Señor de la mies. 

Él sabe lo que hace. 

Yo no sé. Ni es necesario que yo sepa.

Sólo me corresponde hacer lo que Él me pida. 

¿y si no?

Tenemos un Dios potente y bueno. 

Entonces, Dios nos protegerá, ¿verdad? Dios me librará del mal. Dios me cuidará. 

¿Y si no? 

rowan-heuvel-27893-unsplash.jpg
Imagen de Rowan Heuvel en Unsplash

¿Qué pasa cuando llega el mal y siento sus efectos? ¿Qué hago cuando mi vida se ve destrozada por la maldad de otros? ¿Cómo justifico a Dios en mi mente cuando me siento totalmente vulnerable al Enemigo y sus acechanzas? 

¿Y si Dios no me protege? 

“ …nuestro Dios, a quien rendimos culto, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, que sea de tu conocimiento, oh rey, que no hemos de rendir culto a tu dios ni tampoco hemos de dar homenaje a la estatua que has levantado.” Daniel 3:17,18

Ananías, Misael y Azarías tenían la respuesta. 

Le tenían confianza a Dios. Él los rescataría. 

¿Y si no? 

Aún así, le darían gloria y adoración sólo a Él. 

Aun así, morirían antes de cuestionar su bondad y su deidad. 

Aún así, se rehusarían a adorar otra cosa que no fuera Él. 

Job sufrió pérdidas y penas increíbles y él tuvo la misma actitud que estos tres hombres: 

“Entonces Job se levantó, rasgó su manto y se rapó la cabeza; se postró a tierra y adoró. El SEÑOR dio, y el SEÑOR quitó. ¡Sea bendito el nombre del SEÑOR!” Job 1:20, 21

En el caso de Ananías, Misael y Azarías, estaban bajo la amenaza de una muerte terrible si no adoraban a un dios falso. En el caso de Job, la tragedia ya había llegado a su vida, él había perdido todo. Y estos hombres ejemplares, no hicieron más que adorar a Dios. 

¡Qué ejemplo tan impactante!

Vivo confiada en Dios, oro a Él y creo que Él me protegerá, me cuidará.

¿Y si no?

Y si no, quiero seguir fiel honrando sólo a Dios. 

Y si no, que el Señor me ayude a adorarle.

Y si no, aunque él me mate, en Él esperaré. 

 

las emociones vs. la voluntad

¿Alguna vez te has sentido como hipócrita? 

Esto puede suceder cuando vives de una manera que no sientes que es sincera. Cuando actúas según lo que sabes que es correcto, pero no corresponde a lo que sientes. 

Cuando tus convicciones dictan una cosa, pero tus emociones te llevan por otro lado. 

Quizás puedas sentir que no estás siguiendo tu corazón si hay un joven que te gusta, pero sabes que no es la voluntad de Dios porque él no es salvo. O quizás no te sientas sincera porque estas tratando con amabilidad a una hermana en Cristo, cuando realmente te sientes enojada y ofendida por algo que te dijo. Nuestras emociones dicen una cosa, pero nuestra consciencia o la voluntad de Dios dice otra. 

Cada creyente ha sentido esto en algún momento. 

jean-pierre-brungs-36491-unsplash.jpg
Imagen de Jean-Pierre Brungs en Unsplash

Pero, estas palabras de Hannah Whitehall Smith tratan con el conflicto de una manera sencilla y profunda. 

“No te preocupes. Sólo son tus emociones y no vale la pena preocuparte por ellos ni por un minuto. Sólo asegúrate de que tu voluntad esté en las manos de Dios, que tu persona interior se ha dejado completamente a Él, que tu elección, tu decisión esté de acuerdo con Él y así que se quede. Tus emociones, como un pequeño barco anclado lanzado de un lado para otro por las olas que poco a poco cede al tiro constante del cable, al encontrarse atados al inmenso poder de Dios mediante la elección de tu voluntad, inevitablemente serán tomados cautivos y cederán su lealtad a Él. Y tarde que temprano reconocerás la verdad de decir que “el que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios…”

Tuve que leer esta cita varias veces para entenderlo por completo. 

El punto es: si mis emociones me llevan en una dirección y la voluntad de Dios me lleva en otra dirección, mi único deber es obedecer. Dios se encargará de lo que siento. 

Es decir, no me corresponde ni preocuparme por, ni obedecer mis emociones. Lo que siento, mientras es real, es irrelevante. Me corresponde obedecer solamente, y tarde que temprano, mis emociones también obedecerán mi voluntad, la cual he cedido a la voluntad de Dios. 

Francamente, he experimentado esta verdad varias veces en mi vida, en mi trabajo y en mi matrimonio. Y estoy segura qeu seguiré aprendiendo la misma lección en el futuro. 

Espero que esta cita, tan repleto de verdad, de ayude a tomar decisiones en el futuro, también. 

hacer lo imposible

 Él les dijo: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta multitud. Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta. Así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos.  Y tomando los cinco panes y los dos pescados, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de la gente. Lucas 9.13 al 16

“Dadles vosotros de comer.” 

Cristo pidió a sus discípulos que hicieran algo imposible. 

¡Darles de comer a más de 5000 personas! ¿Cómo podía Él pedirles algo tan difícil? Él sabía que ellos no tenían dinero. Él sabía que ellos tenían hambre al igual que la multitud. Él sabía que no había donde comprar tanto comida si encontraran los fondos para hacerlo.¿Cómo podía ser tan insensible a sus limitaciones? 

Los discípulos le contestaron que no podían.

Le dijeron que sólo tenían cinco panes y dos pescados. Que no tenían dinero para ir a comprar comida. 

Y Cristo les dio una instrucción.

“Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta.” 

Los discípulos aún no tenían respuesta. Aún no sabían cómo podrían darle de comer a tanta gente. Y ahora tenían que tomar una decisión. Podían seguir cuestionando a Cristo, insistir en que no había cómo alimentar a tantos, o podían obedecer la instrucción de hacerlos sentarse en grupos. 

Decidieron obedecer.

No sabían cómo podrían darles de comer. No sabían siquiera si realmente alimentarían a la gente. Pero, obedecieron: sentaron a toda la gente en grupos. 

El Señor dio gracias por los panes y pescados, los partió y luego, los dio a sus discípulos para que los sirvieran a la gente. 

¡Los discípulos alimentaron a la multitud! 

El Señor Jesucristo les había pedido que hicieran algo imposible. Luego, paso por paso, ¡les dio la manera de hacerlo! 

Y hoy, hace lo mismo con nosotros. 

Quizás parece que lo que el Señor nos pide es difícil, o aún imposible. Pero tenemos la seguridad de que si Él pide algo de nosotros, nos da la manera de obedecer.

¿Cómo vamos a encontrar la manera de obedecer que Él nos da?Obedeciendo los pasos más pequeños que Él nos manda a tomar, tal como los discípulos cuando sentaron a la gente.

Entonces, cuando Cristo te pide que hagas algo imposible, cuando me pide que haga algo imposible, lo único que necesitamos hacer es dar el siguiente paso pequeño de obediencia, porque Él hará que todo lo demás también sea posible. 

2 formas de glorificar a Dios

El apóstol Pablo dijo algo impactante en Gálatas 1:24.

“Y glorificaban a Dios en mí.”

Él estaba contando cómo los creyentes se sorprendieron cuando él se convirtió y cambió de manera radical. ¡Pasó de perseguir cruelmente a los cristianos a predicar el evangelio con fervor! Los cristianos vieron su vida y glorificaban a Dios.

La última vez que leí este versículo, me pregunté, ¿mi vida causa que otros glorifiquen a Dios?

jeremy-yap-499150-unsplash.jpg
Imagen de Jeremy Yap en Unsplash

En Juan 15:8, se mencionan dos cosas que en mí pueden glorificar a Dios.

“En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.”

1. Llevar fruto.

Así como sabemos que un árbol es un limón cuando da limones, los demás sabrán que soy creyente si mi vida lo muestra con cosas visibles. Una vida diferente, una vida que agrada a Dios es una vida con fruto. Y si doy fruto, comprobando que soy creyente, Dios será glorificado.

2. Ser así sus discípulos.

Cristo mismo dio fruto, vivió una vida diferente, vivió de una manera que agradaría a Su Padre. Y al dar fruto, al llevar una vida como la de Cristo, soy su discípulo. Estoy siguiendo sus pasos. Y así como Su vida glorificó al Padre, mi vida también lo hará.

Entonces, en Gálatas 1:24 tenemos un ejemplo, una inspiración a vivir de manera que cuando nos vean, glorifiquen a Dios. Y en Juan 15:8 tenemos dos pasos prácticos para saber cómo vivir para glorificar a Dios.

Habiendo aprendido eso, queda la pregunta para cada uno de nosotros.

¿Mi vida causa que otros glorifiquen a Dios?