cuando nos parecemos demasiado a Jonás

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Imagen de Alexandre Chambon en Unsplash

El otro día, estaba escuchando ministerio sobre el libro de Jonás y terminé preguntándome si los creyentes aveces no nos parecemos demasiado a Jonás.

¿A qué me refiero?

Jonás era un hombre de Dios.

Nadie lo puede negar, era un profeta que realmente quería hacer la voluntad de Dios y llevar su mensaje al Pueblo de Israel.

Jonás también buscaba la justicia.

Sabía que Dios es justo y no sólo procuraba  ser justo, sino esperaba que los demás también vivieran según la justicia.

Sin embargo, Jonás se apasionó tanto en su búsqueda de justicia, que llegó al punto de que los injustos ya no le importaban.

La justicia para Jonás ya lo era todo, ya no era simplemente una meta que todos debían tener. Había pasado de ser algo que él procuraba ayudar a otros a alcanzar, a una simple medida que él usaba para decidir si alguien era digno de su mensaje o no.

Al reconocer estas características en la vida de Jonás, tuve que hacerme unas preguntas.

¿Cómo trato yo a los injustos?

¿Mi conversación con ellos es un simple, “Serás destruido”?

O ¿les explico a los injustos cómo Dios en amor y misericordia busca rescatarlos de la destrucción?

¿Me parezco demasiado a Jonás?

la deuda que tenemos

“Hasta que todo el mundo ha escuchado el Evangelio, somos deudores.” – Steve Ballinger

Estas palabras me cayeron como un balde de agua fría.

¿Te das cuenta?

¡Somos deudores al mundo!

¿Cómo?

El hermano Steve Ballinger lo explicó de esta manera. Se un hermano me da $50 pesos para darte a ti, y yo te veo pero nunca te doy los $50, yo te los debo.

Tiene sentido, ¿no? Dios nos dio la salvación y quiere que hagamos correr la noticia.

Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. Marcos 16:15

Somos deudores.

Sí, a Dios.

Pero, también a los incrédulos.

Yo les debo el Evangelio.

¿Cómo atreverme a descuidar este deber?

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Imagen de Koushik Das en Unsplash

15 cosas que no quiero hacer antes de morir

El mundo está lleno de listas de qué hacer antes de morir.

“100 cosas que debes hacer antes de morir” o “25 cosas que quiero hacer antes de morir” o “Antes de morir, tienes que realizar estas 30 actividades.”

Unos quieren ver las 7 maravillas. Otros quieren lanzarse de un avión con paracaídas. ¡Todos quieren pasar tiempo con sus seres queridos!

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Imagen de Melissa en Unsplash

Pero, ¿qué tal una lista de lo que esperas nunca hacer antes de morir?

Hoy te comparto mi lista de 15 cosas que no quiero hacer antes de morir.

  1. ¡Fracturarme un hueso!
  2. Dejar la comunión de la asamblea local.
  3. Rechazar la voluntad específica de Dios.
  4. ¡Volver a probar tacos de sesos!
  5. Cortarme el cabello.
  6. Quedarme ciega.
  7. Pelearme con mi esposo.
  8. ¡Tener una alergia a alguna comida!
  9. Pasar un día sin orar.
  10. ¡Ser una anciana amargada!
  11. Permitir que mi pasaporte esté vencido.
  12. ¡Dejar de disfrutar la música navideña!
  13. Dejar de escribir.
  14. Tener un hijo no salvo.
  15. Disminuir la importancia de compartir el evangelio.

En la lista sí puse algunas cosas chistosas, pero pensar en la muerte no es lo más divertido. Su valor está en que añade una perspectiva diferente a las acciones y acciones que tomamos. Ya hablando en serio, hay ciertas prioridades en mi vida que deben cambiar, si voy a cumplir con esta lista.

¿Tienes tú una lista de cosas que no quieres hacer antes de morir? ¿Hay algo que necesitas modificar para vivir la vida que quieres presentar al Señor?

fuera de la zona de confort

El inscribirse a una escuela nueva.

El iniciar un matrimonio.

El cruzar un puente de madera vieja.

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Imagen de Dalton Touchberry / CC-BY

Estas son situaciones que nos incomodan. Claro, ¡son emocionantes! Pero, son situaciones en las que hay tantas cosas nuevas que a veces no sabemos qué hacer. En la otra escuela y en la vida soltera sabíamos qué hacer. ¡Nos era fácil caminar sobre tierra firme! Sabíamos cuál era nuestro lugar y qué actividades nos correspondían. En una situación nueva, hay que volver a aprender todo eso.

Y es intimidante.

Pero, cada vez estoy más convencida de que Dios hace eso a propósito.

Dios nos pone en situaciones incómodas, intimidantes y a veces abrumadoras con un plan.

Y Su propósito es que dependamos de Él.

En cada decisión que tomamos, quiere que le tomemos de la mano. Quiere que estemos totalmente rendidos a Su voluntad, quiere que reconozcamos nuestra incapacidad de hacer algo sin Él.

Somos muy malos para confesar nuestra debilidad.

Es por eso que Dios con frecuencia nos pone en situaciones nuevas, en circunstancias incómodas.

Por que cuando no sabemos qué hacer, lo buscamos. Cuando nos sentimos impotentes, corremos a Sus brazos. Sólo estamos dispuestos a reconocer nuestra incapacidad ante Él cuando no tenemos idea sobre cómo proceder.

¡Y nuestro Dios amoroso lo sabe!

Entonces, cuando me encuentro en una situación nueva, sintiéndome totalmente inadecuada e incapaz, es momento de darle gracias a Dios.

Y es momento de caer en Sus fuertes brazos y confesar que todo lo puedo sólo en Él.

“Buen siervo y ¿…?”

Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; Mateo 25:21

Todos esperamos escuchar esas palabras del Señor cuando lleguemos al cielo.

La meta es ser fiel al Señor y lo que Él nos manda a hacer.

Pero, es fácil olvidarnos de la meta y perder el enfoque. Podemos enfocarnos en cumplir con una cuota de folletos, en buscar la salvación de personas, en desarrollar algún talento, etc. No son cosas malas, pero todo eso no debe ser el propósito final. Debe ser el medio por el cual cumplo el propósito de serle fiel al Señor.

El Señor no nos va a decir, “Buen siervo y líder exitoso”. O “Buen siervo y predicador para la salvación de muchos.” O “Buen siervo y ayudador de los hermanos.”

Lo que el Señor espera es fidelidad personal.

El Señor espera que yo sea fiel a su voluntad para mí.