Isaías 61: 1 y 3 en verso

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Días de luto, 
tras la angustia 
de noches frías de tribulación.
Cada sueño
hecho ceniza, tu devastación
concluida.
La vida repleta de aflicción.
Mas Dios ordena:
ya no cenizas de desolación 
sino gloria.
Ya no quebranto a lamentar 
sino gozo.
Ya no la angustia en su desnudez
sino un manto 
de alegría.

la luna

Levanto los ojos 
a esa perla luminosa 
que luce flotando 
sobre terciopelo negro.
Su halo diáfano, 
inspirando tranquilidad,
y paz, transmitiendo 
desde la lejana frialdad
hasta mi alma inquieta.

tus palabras

Las palabras son entes vivas. 
Nacen todas verdes y doradas, 
gloriosas.
Y al tocar oxígeno
estallan en llamas
para alumbrar al mundo, 
abriendo mentes, 
tocando corazones. 

Pero tú les robas la vida. 
Salen de tu boca vanas, secas
marchitas.
Y al tocar oxígeno,
se las lleva el viento,
piezas desmoronadas,
desaparecen,
muertas antes de nacer.

la tormenta que conozco

Imagen de Matt Hardy en Unsplash
Esta tormenta la conozco.
Los truenos, las olas, el viento cruel,
Entraron hasta mi alma 
con amenazas que me helaron. 
Y luego, desvaneció. 

La tormenta me dejó 
quebrantada, pero me dejó. 
A ella, esta tormenta
la ataca, la ahoga, la cansa…
y yo nada puedo hacer.
Esta tormenta la conozco. 

Esta tormenta, la vuelvo a ver.
Los truenos, las olas, el viento cruel,
Hoy entran hasta su alma, 
Con amenazas que la helan,
y se vuelven realidad.

Mas, sí puedo compartir:
“Esta tormenta la conozco,
sé que a tu alma trae terror.
Pero también, conozco a Alguien
que aún esta tormenta, 
los vientos y el mar le obedecen.” 

¡Aleluya!

Él es digno.
Toda gloria,
toda honra,
adoracón,
y bendición
demos a Él.

Solo Él es
soberano, 
bondadoso,
de eternidad
en majestad,
¡gloria a Él!