la receta para una vida cristiana

Debes empezar con un recipiente de salvación de acero inoxidable. Notarás que esta ya viene llena de vida eterna, es decir, ilimitada.

Luego, agrega 1 cucharada sopera de jarabe de gozo. Ésta se incorporará de inmediato pero al poco tiempo verás que se hunde y forma una bola en el fondo del recipiente. Esto es porque aún no has agregado el líquido claro que viene en una botellita negra, el vinagre de sufrimiento. Casi siempre, el jarabe de gozo y el vinagre de sufrimiento se venden juntos, ya que se necesita el sufrimiento para que se disuelva el jarabe y quede su dulce sabor completamente incorporada a la bebida. Siempre hay que agregar la misma cantidad de sufrimiento que de gozo (el vinagre hace que la dulzura del jarabe se intensifique un poco, entonces siempre tendrá un sabor un poco más fuerte el jarabe.)

Después, agrega dos cucharadas soperas de Señorío de Cristo. Procura que se la esencia más pura y fuerte que encuentres porque la intensidad del sabor depende mayormente de este ingrediente clave.

Para completar la bebida, agrega 1 cucharada sopera de amor en polvo. Hay que moverlo con una cuchuara porque es mucho más difícil que se incorpore. Pero, no recomiendo reemplazarlo (como algunos sugieren) con el amor líquido que se incorpora de inmediato, ya que la sustancia del amor en polvo tiene un sabor más sincero y es duradero, mientras que el sabor del amor líquido se evapora en poco tiempo y si se contamina con una gota del vinagre de sufrimiento, ni se diga…

Esta bebida te va a durar toda la vida, pero para que te sepa igual de fresco y rico cada mañana, hay que echarle unas gotitas de la Palabra de Dios, esto es al gusto. (Aunque por ahí comentan algunos abuelitos que entre más gotas, mejor el sabor.) Y como último toque esencial, hay que espolvorearlo con oración durante el día.

Esta receta te será de mucha utilidad, pero advierto que si buscas quitar un ingrediente o reemplazarlo con una imitación, te va a salir completamente amargo.

un plan de lectura y estudio para el año nuevo

¿Adivina qué?

¡Tengo la manera perfecta para iniciar tu plan de lectura bíblica en el siguiente año!

Este año, tuve estudios semanales con varias hermanas, ya fuera sobre algún tema específico o ciertos libros de la Biblia. Pero, mientras crecía su deseo de saber más, el tiempo que yo disponía para preparar estos estudios, disminuía. Y me di cuenta que los estudios bíblicos de las hermanas no podía depender de mí. ¡De hecho, era egoísta de mi parte pensar así!

Entonces, me puse a buscar la manera de enseñarles cómo sacarle provecho a su lectura diaria.

Creo que encontré algo que funcionará muy bien.

Y hoy, lo comparto con ustedes.

Todo se basa sobre el separador que compartí hace un tiempo ya. Y ese separador funciona bastante bien para alguien que ya tiene experiencia. Pero, para alguien que a penas comienza a leer la Biblia, es un poco abrumador. Entonces, diseñé, con la ayuda de Ricky, uno más sencillo.

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Este separador contiene sólo tres preguntas — las tres más básicas.

La primera pregunta es para ayudarnos a adorar. Siempre es importante encontrar algo en relación a Cristo, ya sea una figura o sombra, o, como suele ser en los Evangelios, alguna referencia directa a lo que Él es.

La segunda pregunta es para llevarnos algo práctico. Se trata de buscar quizás un mandamiento o un ejemplo — sea malo o bueno — para la vida práctica de ese día.

Finalmente, la tercera pregunta, es para cualquier otro detalle que haya llamado la atención. Puede ser una duda sobre el significado de una palabra o un versículo. Puede ser un momento clave en la historia o un versículo muy interesante. La respuesta a esta pregunta, es para cualquier otra cosa que hayamos notado al leer.

Ahora, mientras que para algunos, el separador es suficiente para organizarse y simplemente responden en su libreta o diario, me di cuenta que para otros, sería más fácil responder en una hoja creada específicamente para estas 3 preguntas. Entonces, diseñé una hoja de respuestas. La organicé en cuadros. Cada columna corresponde a una pregunta, y cada fila corresponde a un día.

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Ahora, siempre al iniciar un programa de lectura, uno falla y necesita un día para reponerse, ¡dejé el domingo libre! (Porque aparte, no cabían 7 días en la hoja.) Así que el domingo, puede ser un día para reponerse si hubo días entre semana sin leer, o puede ser para una lectura devocional diferente. Lo que sea.

Entonces, aquí te dejo dos imprimibles: un separador y una hoja para contestar las preguntas. ¡Espero te sirvan mucho en el año que viene!

Separador de 3 preguntas

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Semana de lectura personal

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10 citas sobre la oración de Oswald Chambers

Hace tiempo, conseguí un libro usado. Se llama La oración: Una ocupación santa. Es de Oswald Chambers y realmente no es un libro normal. Es, más bien, una colección de citas sobre la oración, cosas que él escribió en varios libros. Tristemente, no la encuentro en español en ningún lado.

En la introducción al libro, Oswald Chambers dice lo siguiente:

… muchos de nosotros preferimos pasar nuestro tiempo haciendo algo que tendrá resultados inmediatos. No queremos esperar a que Dios produzca los resultados en su tiempo perfecto, porque su tiempo perfecto casi nunca está sincronizado con nuestro tiempo.

Y por eso procuramos ayudar a Dios. Muchas veces hasta procuramos contestar nuestras propias oraciones.

¡Me impactó mucho ese pensamiento! Y teniendo en mente esa verdad, uno se abre más a aprender las verdades sobre la oración. Hoy, quiero compartirles las mejores citas (en mi opinión) de este libro en el orden en que aparecen en el libro.

  1. Pablo dice, “Orando siempre… por todos los santos y por mí.” ¿Recordamos que tenemos el mandato del Señor de orar por todos los que ministran en su nombre? Si el apóstol Pablo sinceramente pidió que se orara por él “…a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio,” seguramente debemos recordad que esta es la clave que el Señor pone en nuestras manos por toda la obra cristiana; no orar porque somos impotentes, sino orar porque Dios es Todopoderoso.”
  2. Ten cuidado que la actividad en proclamar la Verdad no sea una manera ingeniosa de evitar la concentración espiritual de intercesión.
  3. La flojera física descompone la devoción espiritual más rápido que cualquier otra cosa. Si el diablo no puede llegarnos por medio de la tentación a pecar, nos llegará por hacernos dormir espiritualmente. “No, es imposible que te levantes en la mañana a orar, estas trabajando duro todo el día y no puedes darte ese tiempo para orar. Dios no espera eso de ti.” Jesús dice que Dios sí lo espera de nosotros.
  4. Debemos orar con los ojos en Dios, no en las dificultades.
  5. Es un insulto inclinarse ante Dios y decir “Hágase tu voluntad” cuando no se ha hecho intercesión. Es una oración de incredulidad impertinente, conlleva la idea de que no tiene caso orar, Dios hace lo que Él quiere. La frase, “hágase tu voluntad” nace de la relación más íntima con Dios en la que hablo con Él librememente… La repetición en la oración de intercesión no es negociar, sino una insistencia gozosa en la oración.
  6. Jesús no dijo, “Id a la mies.” Dijo, “Rogad, pues al Señor de la mies, que envíe obreros.” …Hhay una cantidad innumerable de personas que han llegado a una crisis en sus vidas y ya están “blancos para la siega.” Los encontramos en todos lados, no sólo en otros países, sino también en las casas vecinas. La manera de discernir no es por intelecto, ni por sugerencias sino por la oración.”
  7. Dios espera que seamos intercesores no buscadores dogmáticos de fallas, sino intercesores vicarios hasta que las vidas de otros lleguen al mismo estándar.
  8. El significado de esperar en ambos, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento es “pararse debajo de,” es decir, activamente tolerar. No es detenerse con brazos cruzados sin hacer nada, tampoco es decir, “En el tiempo de Dios sucederá.” La mayoría de las veces eso significa que en mi tiempo perezoso permito que Dios obre. No, esperar quiere decir estar parado debajo de, en fuerza activa, tolerar hasta que llegue la respuesta.
  9. Podemos ahogar la Palabra de Dios con un bostezo. Podemos permitir obstáculos al tiempo que debemos pasar con Dios cuando recordamos que tenemos otras cosas que hacer. “No tengo tiempo.” ¡Claro que no tienes tiempo! ¡Tómalo! Ahoga algunas otras actividades y haz tiempo para reconocer que el centro de poder en tu vida es el Señor Jesucristo y Su Propiciación.

Entre las citas, este libro contiene algunas preguntas para meditación. Estas fueron las dos que más me impactaron.

  • ¿A quién estoy privando de la bendición de Dios por no orar por ellos?
  • Cuando oro “Hágase tu voluntad,” ¿lo hago simplemente porque es más fácil que descubrir cuál es la voluntad de Dios?

Y finalmente, mi cita preferida:

Tengamos cuidado de precipitarnos en el mismo deseo de hacer la voluntad de Dios. Corremos delante de Él en mil y un actividades y en consecuencia terminamos tan abrumados con personas y dificultades que no adoramos a Dios, no intercedemos.

Espero estas citas te sirvan a ti, como me sirvieron a mí, para tener una mejor vida de oración.

una reseña de Cómo orar de R. A. Torrey

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Uno de los libros que leí este año que más me impactó fue Cómo orar de R. A. Torrey.

Es un libro muy corto con doce capítulos breves que enseñan lo básico de la oración. Digo lo básico, pero realmente, son enseñanzas que todos necesitamos repasar vez tras vez.

Sólo un aspecto del libro me dejó con preocupación. En el último capítulo, el autor hace referencia a ocasiones dramáticas cuando en los reavivamientos espirituales de ciertos lugares, se hacía un alboroto, la gente se desmayaba y los oyentes lloraban en alta voz… aunque no quiero disminuir el efecto que la oración sincera pueda tener sobre las almas perdidas, no quisiera que buscáramos una respuesta emocional en lugar de una espiritual a nuestras oraciones.

El autor usa vocabulario sencillo y franco para enfatizar la importancia de la oración en la vida cristiana. Al final de cada capítulo, me vi obligada a poner a un lado el libro durante un par de días para meditar sobre lo que acababa de leer. De los varios libros que leí en este año sobre la oración, este fue el que me dejó con más convicción de la necesidad de orar, de verdaderamente orar: a diario, con profundidad, sinceramente y con fervor.

Aquí les dejo algunas de mis citas favoritas del libro.

En relación a la importancia de tener fe al orar:

“¿Cómo llega la verdadera fe? Romanos 10:17 responde a la pregunta. ´Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.´ Si vamos a tener verdadera fe, debemos estudiar la Palabra de Dios y descubrir lo que se promete, después simplemente creer las promesas de Dios.”

Sobre la importancia de meditar:

“El Espíritu Santo obra Sus oraciones en nosotros a través de la Palabra y el abandonar la Palabra hace imposible la oración en el Espíritu Santo. Si alimentáramos el fuego de nuestras oraciones con la leña de la Palabra de Dios, nuestras dificultades en la oración, desaparecerían.”

En relación al agradecimiento:

“Los grandes hombres de oración en la Biblia y a través de la historia de la iglesia han sido hombres que tenían el hábito de agradecimiento y adoración.”

¡Te recomiendo este corto libro si buscas algo que te motive a orar más! Yo lo encontré aquí.

“ya no le hablo”

¿Te ha tocado que alguien te deje de hablar?

Es un comportamiento pasivo-agresivo que causa dolor indescriptible. Especialmente, si se trata de una persona en la que tenías confianza, como un buen amigo o una prima querida.

Cuando te dejan de hablar es un indicador de un problema. Puede ser cualquier tipo de problema causado por cualquier motivo, pero siempre es por un problema.

Y es una manera totalmente inútil de tratar el problema.

Dejarle de hablar a alguien no resuelve nada. La situación pasa de tener sentimientos heridos y enojo a más sentimientos heridos y más enojo.

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Imagen de Zach Guinta en Unsplash

Ahora, cuando yo estoy en una situación difícil, cuando me siento herida, cuando estoy enojada por lo que ha pasado, ¿trato a Dios de la misma manera?

¿Le dejo de hablar a Dios?

No me refiero a “dejarle de hablar” en el sentido adolescente de venganza aniñada que tanto se ve, aunque en ocasiones de eso se trata precisamente. Estoy hablando más de un descuido, o de una melancolía que impide la comunicación.

Cuando paso por tribulación, ya sea causada por circunstancias, por otras personas o por mis propias emociones, ¿le dejo de hablar a Dios? ¿Permito que el estrés de estar ocupada desvíe mi tiempo de oración? ¿Permito que mi tristeza por lo que he sufrido interfiera con mi comunicación con Dios? O, ¿será que mi coraje porque Dios no hizo lo que yo creía que haría, me tiene como esa chica de secundaria que “ya no le habla” a su mejor amiga porque tiene el deseo de infligir algún castigo?

¿Le dejo de hablar a Dios?

O en medio de mi tormenta, ¿me acerco a Él para pedirle que sea mi pronto auxilio?