el valor de lo que hago

Las obras buenas del ser humano no valen nada. Son trapos de inmundicia. No valen ante Dios.

Estas frases son comunes en una predicación del evangelio.

Y es correcto.

Lo que hace una persona que no cree en Cristo, está sin Cristo y por lo tanto, Dios no lo puede aceptar.

Pero, ahora, como creyente, es fácil olvidar que lo mismo aplica.

Si lo que hice sin Cristo, antes de ser salvo, no valía nada ante Dios, ¿por qué creo que lo que hago después de la salvación sin Cristo vale algo?

Es decir, si yo presento alguna alabanza a Dios, sin depender de Cristo, no tiene valor. Si sirvo a algún hermano sin depender de Cristo, no tiene valor. Si procuro compartir el evangelio sin depender de Cristo, no tiene valor.

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Es muy fácil creer que soy capaz, especialmente si es algo que he hecho muchas veces, pero cada servicio debe hacerme depender más del Señor.

De hecho, el Señor mismo lo dejó claro en Juan 15:5, “Separados de mí, nada podéis hacer.”

Mi adoración, mi servicio, mi evangelización, cuando no los hago en Cristo, son madera, heno y hojarasca.

Que el Señor nos ayude, sí a adorar, a servir y a evangelizar, pero a hacerlo en Cristo.

la causa #1 de la falta de celo misionero entre los creyentes

Hay algo que apaga el celo misionero como ninguna otra cosa. Algo que, cuando sucede, disminuye el deseo de compartir el evangelio. Se puede decir que es la causa número uno de que los creyentes no seamos misioneros. 

¿Y qué es esta cosa con efectos tan terribles?

Es el dejar de pasar tiempo con el Señor a diario.

¿A poco es tan importante el tiempo devocional?

Sí. Los momentos que pasamos con el Señor nos inspiran y fomentan el deseo de compartir acerca de esta maravillosa Persona y todo lo que ha hecho. Leyendo Su Palabra aprendemos la importancia de predicar el evangelio y vemos ejemplos de cómo hacerlo. En oración, nos comunicamos con Él, nos desahogamos y dejamos nuestras preocupaciones en las manos del Padre. Y experimentamos Su amor de manera muy personal.

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Imagen de Ben White / CC-BY

Después de pasar tiempo en presencia de un Padre tan amoroso gracias a un Salvador tan fiel, ¿cómo no compartir el evangelio? Después de leer los mandatos a ir y predicar el evangelio para la salvación de almas, ¿cómo quedarnos callados? 

La falta  de tiempo devocional es una de las razones más comunes por las que los creyentes no somos misioneros.

Si queremos mantenernos firmes y fervientes en nuestra obra para el Señor, es imprescindible que pasemos tiempo con el Señor a diario.

Aunque falte tiempo.

Aunque tenga sueño.

A pesar de cualquier dificultad emocional o física que esté pasando.

Necesitas pasar tiempo con el Señor a diario si vas a ser un creyente misionero eficaz.

lo que Satanás más quiere que dejes de hacer

El diablo es mucho más poderoso que uno.

Él tiene mucha más experiencia, es fuerte, es espíritu y conoce la Biblia muy bien.

¿Cómo crees que puedes ganarle a Él?

Un ser humano como tú y yo, tan frágil que una gripa nos tira a la cama, tan débiles que una ligera tentación de enojo nos hace pecar con palabras en contra de nuestros hermanos. Somos tan pequeños. ¿Qué podemos hacer nosotros en contra del ángel más poderoso que Dios creo?

Reconocer nuestra debilidad es la clave.

Porque cuando uno reconoce su falta de toda capacidad y fuerza, uno se dirige a Dios. Y como niño pequeño se vuelve totalmente dependiente.

El diablo nos ataca con tentaciones en nuestra vida personal, crítica de otras personas, desánimo por dentro, división por fuera. Su único anhelo es la destrucción de la obra del Señor. Su deseo es destruir todo lo que el Señor ha hecho en nosotros.

Y nuestra mejor forma de defendernos es ir a Dios en oración.

La oración nos pone en presencia del Señor. Nos ayuda a reconocer la realidad de la inmensa fuerza de Su brazo salvador. Nos da ánimo para salir y proclamar la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. Y la oración nos sana y nos da paz cuando regresamos heridos de la batalla espiritual.

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Imagen de Alejandro Alvarez / CC-BY

Amigo lector, ¡ora!

¡Ora por tu vida espiritual! ¡Ora, que del Señor depende todo lo que eres! Ora, porque Dios obrará más entre más se lo pidas. Ora por la salvación de almas. Ora por sabiduría. Ora por victoria.

Tú sólo no puedes vencer al diablo. Satanás nos puede derrotar con su meñique. Pero, ¡El Señor está con nosotros! ¿Quién contra nosotros?

¡Ora! Quédate cerca del Señor. Deténte en su presencia. Escóndete detrás de Él. 

¡Ora! Ora que Él levante sus millares en contra del Enemigo. Ora que Él envíe sus huestes a la batalla. Ora que Él te infunda de valor.

¡Ora! Porque Satanás temblará.

3 planes de lectura ¡gratis!

¡Mañana termina el año!

Entre las celebraciones y los sentimientos de culpa por no cumplir ese propósito de 2016 que habíamos hecho y el agradecimiento por lo que sí logramos, con la ayuda de Dios, siempre llega el pensamiento sobre la lectura de la Biblia (al menos, a mí.)

Casi siempre inicio un nuevo plan de lectura en enero ¡porque me encanta comenzar de nuevo! Y generalmente también porque ya estoy algo atrasada con el plan de lectura que llevo en diciembre. Entonces, como siempre, me puse a buscar planes de lectura y encontré tres que se me hicieron muy interesantes. Aún no decido cuál voy a usar yo, pero te quiero compartir estos tres planes de lectura para que tú también puedas aprovecharlos.

¡Espero te sean de ayuda!

3 planes de lectura de la Biblia

30 días con el Señor 

121 personas de la Biblia 

Orden cronológico 

porque todos tenemos un Patmos

Juan el apóstol, se encontró sólo en la isla de Patmos.

Patmos representaba mucho para él. Era el castigo que las autoridades le habían dado por predicar el evangelio. Era soledad y abandono. Era montañas rocosa y colinas secas.

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Imagen de Aaron Lee / CC-BY

Quizás con otros prisioneros políticos o religiosos, Juan se encontraba sobre una isla que nunca podría escapar. No sabemos si Juan buscó la compañía de otros allí o si prefería estar solo. Quizás no tenía más opción que estar solo. De hecho, sabemos muy poco de la vida de Juan sobre esa terrible isla porque él no nos habla de aquello.

En circunstancias difíciles, en tiempos de tribulación, en sufrimiento y persecución, Juan escribió el libro de Apocalipsis. No se rindió al llegar a la isla. No se deprimió al encontrarse sin apoyo emocional o espiritual. No cedió ante la mano de hierro del gobierno que lo estaba sofocando en esa isla.

Juan buscó la faz de Dios.

Pasó tiempo con el Señor, se metió de lleno en Su presencia. Habló con el Señor, escuchó al Señor, adoró al Señor. Y vio lo que Dios quería que él hiciera. Vio visiones y las escribió.

Escribió un libro de profecía profunda, un libro fascinante que muestra destellos y sombras del futuro.

Si Juan hubiera cedido a la decepción que de seguro le asediaba, si hubiera permitido que la tristeza lo envolviera, no hubiera podido hacer el trabajo que Dios le tenía. Seguramente triste, seguramente decepcionado, seguramente sintiéndose sólo, Juan se acercó a Dios.

Y fue cuando Dios le mostró la gran obra que tenía para él.

¿Cuál es tu Patmos?

¿Qué te hace sentir sola? ¿Qué has vivido que te decepcionó? ¿Qué te envuelve en tristeza? Tu Patmos quizás no sea una isla rocosa, pero quizás tienes un problema que te deja paralizado de temor o frustración. Yo también, tengo mi Patmos. Juan, en su Patmos, permitió que Dios obrara y el resultado fue un maravilloso libro inspirado.

¿Qué harás tú con tu Patmos?