5 razones por las que necesitas congregarte

Se está poniendo muy de moda el no congregarse.

Supongo que muchos se sienten inconformes con algo acerca de su iglesia local. Otros saben que pueden escuchar la predicación en línea y es más fácil quedarse en casa. Algunos se sienten incómodos porque saben que tienen pecado en su vida y creen que serían hipócritas si llegaran así a la congregación. Y hay muchísimas razones más por las que hoy, más que nunca, los cristianos se quedan en casa en lugar de asistir a la predicación, a la oración o al estudio. Pero, yo no puedo responder a cada una.

Solo quiero notar cinco razones por las que es imprescindible que el creyente se congregue.

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Imagen de Igor Rodrigues en Unsplash

1. La razón más importante se encuentra en Mateo 18:20. La presencia de Dios se encuentra en un grupo congregado en al nombre de nuestro Señor Jesucristo de manera especial. El Señor está presente con nosotros en nuestro tiempo devocional personal y en nuestro andar diario, pero Él nos enseña que hay algo especial y diferente cuando hay dos o tres congregados en Su nombre. Si nos limitamos a su presencia en nuestra vida personal, nos estamos perdiendo de un aspecto esencial de nuestro Dios, y al no conocer ese aspecto, le robamos de la adoración que le podríamos dar, la adoración que Él merece por ser Quien es en su totalidad.

Las siguientes tres razones no tienen tanto que ver con Dios, sino con nosotros mismos.

2. Si no nos congregamos, limitamos (y podemos hasta desviar) nuestro aprendizaje de la Palabra. 2 Pedro 1:20 enseña que la Escritura no se puede interpretar por cada quien como quiera. El Espíritu Santo inspiró la Palabra de Dios y ayuda a interpretarla, pero es importante aprender de personas más sabias en las cosas del Señor para tener la seguridad de que no nos estemos desviando en nuestra interpretación personal o privada de las Escrituras. Esto no quiere decir que no podemos entender nada por nosotros mismos, de hecho, esta instrucción supone que habrá estudio personal. Sólo es una advertencia de que una persona a solas se puede desviar si no estudia en conjunto con otros que tienen experiencia dejándose guiar por el Espíritu Santo.

3. Esto nos lleva a un punto que no es muy popular. Necesitamos autoridad espiritual. Romanos 13:2 enseña claramente que Dios estableció el principio de la autoridad y Hebreos 13:17 nos dice que debemos sujetarnos a nuestras autoridades porque ellos cuidan y se preocupan por nuestras almas. Dios estableció la iglesia local y estableció las autoridades en la iglesia local y sabemos que Él sólo hace lo mejor por nosotros, entonces podemos lógicamente concluir que es bueno para nosotros estar congregados y bajo la guía de las autoridades espirituales de la iglesia local.

4. Otra cosa que necesitamos es la comunión con otros creyentes. Hechos 2:42 nos indica que los discípulos establecieron la costumbre de estar y perseverar, de hecho, en la comunión unos con otros. 1 Corintios 1:9 y 10 nos enseña que Dios nos llamó a la comunión con Cristo y a estar unidos con otros creyentes. Dios nos creó con la necesidad de pertenecer a una comunidad y creó la iglesia local para ser un lugar en el que podríamos reunirnos con personas de convicciones similares para disfrutar tiempo juntos, pero lo más importante, para honrarle a Él juntos. Juntos, los creyentes se dan apoyo. Juntos, los más experimentados enseñan a los nuevos. Juntos, todos somos más fuertes espiritualmente.

Finalmente, hay una razón más y esta no trata directamente con Dios como la primera y no se trata de uno mismo como las tres razones anteriores.

5. Debemos congregarnos porque la iglesia local es el lugar en donde podemos ejercer nuestros dones en servicio a Dios. Los dones espirituales que Dios da quizás puedan usarse en otras esferas, pero su propósito principal y su uso más sublime es en el contexto para el cual Dios los dio: la iglesia local. Romanos 12:4 y 5 indican cómo debe funcionar una iglesia local, como un cuerpo unido con un mismo propósito, que sufre cuando falta un miembro. Y los siguientes versículos inmediatamente comienzan a tratar sobre los dones, con una clara implicación de que allí se encuentra su uso principal. Además, no sólo indica que es la iglesia local es su contexto ideal, sino también implica que su uso ideal es para los demás, no para uno. Los versículos 7 y 8 indican cómo deben usarse los dones, no para el prestigio o la gloria de uno. Deben usarse para el servicio, la enseñanza, la exhortación de los demás creyentes y para la repartición liberal, el solícito presbítero, la alegre misericordia a los demás creyentes. El don fuera de la iglesia local pierde su razón de ser.

Así que, a pesar de lo fácil que es no ir a la iglesia local, a pesar de lo común que es, recordemos estas 5 razones tan importantes que la Palabra de Dios nos da para establecer esta convicción: congregarme es imprescindible para mi salud espiritual.

Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos… Hebreos 10:24, 25

cuando no entiendo la voluntad de Dios

Es que no entiendo cómo Dios me puede exigir algo tan inmenso.

Tengo amigos que me han dicho esas palabras, o si no, unas muy parecidas. Cuando la Biblia parece tener mandatos imposibles, cuando la Palabra de Dios parece ir en contra de nuestros instintos, cuando parece que Dios nos pide un sacrificio sin razón… ¿cómo debemos reaccionar?

No puede ser que Dios mande eso, Él no sería tan duro.

En el estudio hace unas semanas, los versículos 21 al 23 de Mateo 7, me cayeron como la respuesta a este dilema.

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

¿Quiénes son los que están fuera de la puerta?

¿Son los que abiertamente rechazaron a Cristo? No. 

¿Quiénes son a los que les responde que no los conoce? ¿A los que negaron la existencia de Dios? No.

Son los que no hicieron la voluntad de Dios.

(Obviamente, no sugiero que si un creyente no hace la voluntad de Dios pierde su salvación. Quiero aplicar este pasaje a nuestra vida como creyentes.)

Según el versículo 21, el que entra a su presencia es el que hace la voluntad de su Padre y según el versículo 27, ellos son los que conocen al Señor y el Señor les conoce a ellos.

La clave, creo, es que el hacer la voluntad del Padre viene antes de conocerlo.

¡Toda mi vida había oído esas palabras pero sin entenderlas! Y en pleno estudio, de repente, lo vi.

La obediencia, el hacer la voluntad del Padre, viene primero. Luego, conocer a Dios, viene como resultado.

En términos sencillos: La obediencia lleva al conocimiento.

Estas personas parecían hacer todo lo correcto, pero eso no importaba porque no estaban haciendo la voluntad de Dios y por eso no les conoció y ellos no le conocían a Él.

La obediencia viene primero. Luego, el conocimiento. Y el conocimiento no sólo de Dios, sino muchas veces del por qué de ese mandato.

Esto va totalmente en contra de nuestros instintos.

Antes de obedecer, queremos saber la razón detrás de Su voluntad, el por qué detrás del mandato.

Pero, Dios pide que confiemos en Él.

Dios pide que obedezcamos, y después Él se revelará y le conoceremos.

9 razones malas para ser un misionero

¡Ser misionero es maravilloso! ¡Qué increíble servir a Dios a tiempo completo! ¡Ellos son verdaderos héroes!

Lo que se dice acerca de la vida misionera muchas veces, además de incorrecto, nos hace a todos creer que lo mejor que podemos hacer con nuestra vida es ser misionero. Pero, en primer lugar, si el Señor no nos ha llamado a ser misioneros, ¡serlo es lo peor que podríamos hacer! Y en segundo lugar, antes de responder al llamado del Señor, hay que examinar nuestros motivos porque hay muchos que llenan nuestros corazones y sólo llevan a la decepción, la tragedia y el fracaso. Hay muchas razones para ser misionero pero la mayoría no son válidas. Hoy vamos a ver 9 razones malas para ser misionero.

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Imagen de Lonely Planet en Unsplash
  1. Porque me gusta conocer otras culturas. Algunas personas son buenísimas para aprender nuevos idiomas. A otros les encanta viajar. No por eso deben ser misioneros. Un talento natural no es un llamado a una esfera específica de servicio, aunque puede ser un indicador usado por Dios. Predicar el evangelio en una cultura totalmente ajena a la tuya es una de las cosas más difíciles de hacer. (De hecho, se han escrito libros sobre el tema.)
  2. Para ser un gran siervo. A veces puede parecer que los misioneros son las celebridades del mundo cristiano. Pero, la verdad es que los incrédulos entre los que trabajan no tienen por qué respetarlos ni por qué reconocer el sacrificio que han hecho para llevarles el evangelio. Después de salvas, algunas personas agradecen su esfuerzo, pero el misionero puede obrar durante años en un lugar en el que prefieren correrlo porque no quieren cambiar sus creencias religiosas. Un misionero rápido se da cuenta de que muy pocos lo consideran “un gran siervo”.
  3. Para ser mejor cristiano. El campo misionero te hará un mejor creyente, pero no será fácil. En la obra del Señor cada falla personal, cada falta de rasgo de carácter queda amplificado y se examina no sólo por los incrédulos que te rodean, sino también por los creyentes que te enviaron.
  4. Porque quiero más tiempo para estudiar la Biblia. Es difícil explicar cómo el servicio al Señor a tiempo completo disminuye tanto el tiempo de estudio, pero así es. El misionero es consejero, amigo, guía, anfitrión, conserje y proveedor de transporte, además de expositor del evangelio y enseñanzas bíblicas. Si se requiere de disciplina para estudiar la Biblia mientras uno tiene un trabajo “secular”, siendo misionero se requiere de poquita más.
  5. Porque perdí el trabajo. Hay gente que toma esta oportunidad para dedicarse a tiempo completo a predicar el evangelio, pero es un error. Las circunstancias no pueden ser nuestra única guía en la vida. Y si parece que ser misionero es una forma buena, o sencilla, o eficaz de ganarse el pan, simplemente con acercarnos a cualquier misionero que conozcamos para preguntarle sobre su estado financiero nos basta para un desengaño total e inmediato.
  6. Porque me gusta predicar. No es malo predicar. Pero un gusto por pararme ante un público y explicar la Palabra, no es un llamado. Ser misionero no se trata de predicar. La mayoría del trabajo de los misioneros se hace en tres lugares: al rededor de una mesa, de rodillas en un cuarto y detrás del volante en carretera.
  7. Para dejar atrás mis problemas interpersonales. Aquí hay un secreto que no lo debe ser: mis problemas interpersonales son mis problemas, aquí y en China. Si me voy de misionero sin resolver mis problemas con los hermanos de mi hogar, en el campo misionero surgirán los mismos con otros hermanos.
  8. Porque quiero ser como mi héroe. ¡Qué bueno es tener héroes! Pero, Dios sólo creó una Elisabeth Elliot y un David Livingstone. No necesita más. Dios quiere usarme a mí y formarme a Su imagen, no a la imagen de Guillermo Williams. Quizás Dios me llame a hacer algo similar a lo que hizo mi héroe. Pero, quizás no. Y una forma segura de fracasar en la obra misionera como en la vida es procurar ser alguien más.
  9. Para salvar almas. Este motivo es uno de los más comunes y más aceptados. ¿Qué tiene de malo salvar almas? Pues, me temo que la mayoría de los misioneros salen a la obra creyendo que esto es su trabajo principal. Pero, esa idea no sólo es incorrecta, ¡es anti bíblica! Y además, es un camino directo a la depresión. El misionero que predica para salvar almas se va a desanimar cuando la gente no acepta el mensaje, se va a enojar cuando el creyente nuevo decide abandonar el Camino de la vida cristiana y se va a enorgullecer cuando alguien no sólo acepta el evangelio sino crece en el Señor. Nada de eso glorifica a Dios.

Esto, ahora, nos lleva al verdadero y único motivo que debe regir nuestra decisión de salir al campo misionero y dedicarme a esa obra a tiempo completo: la gloria de Dios. De hecho, debe ser nuestro único motivo al desear la labor de pastor, al establecer una escuela cristiana o al buscar ser maestra de la escuela dominical. También, debe ser nuestra única razón de comenzar la carrera de medicina, tomar un diplomado en mecánica o dedicarnos de lleno al hogar.

¿Ves aquí un patrón de vida?

El propósito, sin importar qué hacemos es darle gloria a Dios.

Sí, podemos darle gloria a Dios como misioneros. Y podemos darle gloria a Dios en cualquier otra esfera de servicio a la que Él nos ha llamado.

Ése es y siempre tiene que ser nuestro motivo principal.

Dios me dijo “No.”

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Imagen de Priscilla Du Preez en Unsplash

Ricky y yo tenemos desde mayo orando para saber la voluntad de Dios sobre algo.

Y hace dos semanas Dios nos dijo “No.”

Fue interesante porque lo que queríamos hacer era bueno.

De hecho, estamos seguros de que es la voluntad de Dios que lo hagamos.

Pero, Dios nos dijo que no.

Me imagino que su respuesta en realidad es “Ahorita no.”

Lo único que me queda es recordar que Él tiene un plan para que salga mejor en el futuro. Quizás si lo hacíamos ahorita no le traería tanta gloria como si se hace dentro de unos años. Quizás no. Quizás estoy totalmente equivocada y nunca lo haremos.

Pero, sea cual sea su respuesta en el futuro, quiero que lo que se haga, sea para la gloria de Dios.

Y por eso, estoy conforme y contenta.

Volvemos a la oración más básica.

“Hágase tu voluntad para tu gloria.”

por qué es tan difícil perdonar

¿Por qué es tan difícil perdonar?

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Imagen de Hian Oliveira en Unsplash

 

En el estudio bíblico del miércoles pasado, Ricky dijo algo acerca de la misericordia que me hizo pensar en el perdón desde una perspectiva totalmente nueva para mí.

“La misericordia no es que ya no hay castigo. Dios mostró misericordia absorbiendo el castigo Él mismo. Por eso nos pudo perdonar.”

¡Por eso es tan difícil perdonar!

Porque cuando yo perdono a alguien quiere decir que yo absorbo el costo de su acción.

Por ejemplo, si alguien me hiere diciendo unas cosas feas acerca de mí, lo justo, lo lógico y lo natural es que yo le hiera también a esa persona con mis palabras. Pero, cuando yo decido perdonar, ya no le voy a cobrar lo que me hizo. Voy a absorber el costo de sus palabras.

Cuando perdono, “Me la vas a pagar” ya no aplica.

Porque cuando perdono, yo pago.

Y por eso es tan difícil perdonar. Porque no es justo. Porque sentimos que la persona debe pagar lo que hizo y tenemos razón. Pero, si vamos a ser como Dios, vamos a perdonar.

Y perdonar no quiere decir que nadie paga.

Perdonar quiere decir que yo pago.

Así como cuando Dios me perdonó en la cruz, no desaparecieron las consecuencias de mi pecado, Él las pagó.