bañar la mente

Todos debemos leer la Biblia todos los días.

Nada nuevo, ¿verdad? ¡Ya lo sabías!

Pero, ¿por qué?

¿Por qué es tan importante tomar aunque sea cinco minutos (en días cuando vamos muy tarde) para leer unos versículos? ¿Por qué no mejor apartar una tarde por semana para leer y estudiar, profundizando realmente en la Palabra de Dios?

Claro, que eso es muy bueno, pero los creyentes necesitamos leer todos los días porque la Biblia funciona como un baño para la mente.

¡Nos limpia mientras la leemos!

…Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra… Efesios 5:25,26

Es que al vivir en este mundo, estudiar la carrera, leer las noticias, ver videos y trabajar en ambientes no cristianos, nos contaminamos. El mundo está lleno de la influencia del pecado, así como las calles están llenas de polvo.

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Imagen de Luis Tosta en Unsplash

Y así como nos bañamos para mantenernos en buena salud, leemos la Biblia para mantenernos en buena salud espiritual.

Es así de sencillo. 

Sí, es bueno tener un tiempo diario para leer y meditar en la Palabra de Dios.

Pero en algún día de tiempo limitado, ¡no lo abandones sólo porque no tendrás tiempo de detenerte y estudiar o meditar sobre los versículos!

¡Lee aunque sea un poco de la Biblia!

Aunque no sea el día de mayor aprendizaje, ¡al menos sí tendrás una mente limpia y fresca!

Cristo mostró el fruto del Espíritu

Ultimamente, Ricky y yo hemos estado hablando de la importancia de ser como Cristo. Uno de los grandes propósitos de Dios es que seamos como Cristo. (Algunos versículos que confirman esto son: 1 Juan 2:6, 1 Corintios 11:1, 1 Pedro 2:21, Juan 13: 13 al 17, Efesios 4:22 al 24, Filipenses 2:5 y los dos que para mí, más sobresalen, Romanos 8:29 y Gálatas 2:20.) 

El punto es: Dios quiere que seamos como Cristo. 

Estas meditaciones me hicieron ver el fruto del Espíritu de una manera. Sí, debo mostrar el fruto del Espíritu, pero es porque al hacer eso estoy siendo más como Cristo. ¡Me puedo inspirar en los ejemplos de Cristo cuando Él lo mostró! Entonces, comencé a buscarlos y aquí te dejo la lista esperando que te sirva también de inspiración.

El amor en Marcos 10.21

“Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.” 

Es interesante que el amor de Cristo no se relaciona mucho con los sentimientos. Cristo aquí amó a alguien que no sólo estaba equivocado sobre cómo obtener la vida eterna, sino que tampoco estaba dispuesto a obedecer para agradar a Dios. Cristo sabía que este joven rico realmente no tenía interés en agradar a Dios, o que al menos tenía más interés en sus riquezas que en Dios. Pero aún así, Cristo trató con él y le habló para su bien. Hacer algo para el bien de otro; eso es el verdadero amor. 

El gozo en Hebreos 12:2.

“… puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”

No encontré un versículo que hablara de Cristo mostrando gozo. Quizás el gozo de Cristo era algo prometido, algo que vendría después. La Biblia habla de gran gozo en el cielo cuando un pecador se arrepiente, Isaías menciona que Cristo verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho. Los salmos mencionan la plenitud de gozo en la presencia de Dios. Mucha gente dice que Dios quiere que seamos felices, pero según la vida de Cristo esto es totalmente incorrecto. Cristo sufrió la cruz para poder obtener gozo. El gozo es una promesa, el gozo es venidero y quizás la seguridad de esa promesa de Dios me da gozo en medio del sufrimiento presente. 

La paz en Juan 14:27.

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” 

Es interesante ver que la paz de Cristo lo llevó a vivir tal como Él nos dice que podemos vivir con su paz en este versículo. No se turbó su corazón ni tuvo miedo. Cuando los fariseos y saduceos quisieron tenderle trampas doctrinales, cuando quisieron apedrearle, cuando lo detuvieron los soldados religiosos, cuando lo torturaron los soldados romanos, cuando el gobernador mismo lo estaba interrogando… Cristo no se turbó. Él tuvo paz que su Padre estaba en control, ¡y esa es la paz que Él nos deja a nosotros ahora! 

La paciencia en Mateo 26:48 al 50.

“Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle. Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. 

Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron.” 

La cantidad de oportunidades que Cristo le dio a Judas para arrepentirse son increíbles. Cristo fue paciente. Él trató a Judas como un amigo hasta el último momento, dándole la oportunidad de realmente serlo. Él nunca dejó de esperar que Judas cambiara. Y esta paciencia no es sólo paciencia de esperar. No, es paciencia de esperar mientras se sufre el rechazo. La paciencia de Cristo no es simplemente no enojarse porque el camión viene tarde. Es seguir esperando a que el pecador que tanto se ha burlado, que tanto ha maldecido, que tanto ha herido, regrese arrepentido a pedir perdón y aún querer una buena relación con él.

La benignidad en Lucas 22:50 y 51.

“Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Basta ya; dejad. Y tocando su oreja, le sanó.”

La manera más sencilla de explicar la benignidad es con la palabra “amabilidad.” Justo después de ser traicionado, en medio de unos soldados armados, rodeado de discípulos aterrados, Cristo fue amable con un siervo. Le sanó la oreja. Es fácil ser amable en los momentos más tranquilos de la vida. Pero, ¿qué tal en los momentos como este? ¿Los momentos en los que el alarma no sonó, se quemó el desayuno, está lloviendo y el camión se descompuso? Cristo fue constantemente amable, las circunstancias eran irrelevantes.

La bondad en Hechos 10:38.

“…cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”

Cristo fue bueno. Hizo el bien. Dijo el bien. Pensó el bien. Su bondad afectaba todo lo que hacía y a todos los que lo rodeaban. 

La fe en Juan 11:42.

“Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.”

Cristo estaba totalmente convencido de que el Padre lo oía. Tuvo fe en Él. Sabía que estaba en control, que su voluntad era sólo lo mejor. Y por lo tanto, las acciones de Cristo reflejaron esta fe. Aún cuando nadie a su al rededor creía que el Padre lo oía, Él tuvo fe. En este momento, Él estaba rodeado por gente que ni creía que Él era Hijo de Dios, mucho menos que Dios le pondría atención. Pero Él siguió teniendo fe en su Padre. 

La mansedumbre en Mateo 27:13 al 15.

“Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.”

Quizás lo que más sorprendió a Pilato fue la falta de defensa que presentó Cristo. Respondió a algunas preguntas, pero rehusó defenderse. Lo estaban maltratando físicamente. Le estaban acusando de cuestiones políticas a las que nunca se había metido. ¡Lo estaban juzgando de blasfemo por decir que era el Hijo de Dios cuando realmente lo era! Pero, este Hombre inocente no se defendió. En una situación que combinaba lo peor que el ser humano puede sufrir, Él mostró mansedumbre.

La templanza en Mateo 26:53 y 54.

“¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?”

La templanza es el control de uno mismo. La templanza no permite que nada, ni las emociones, ni alguna sustancia, ni los deseos… nada en absoluto gobierne o controle a la persona. Cristo no permitió que su conocimiento del futuro sufrimiento de la cruz, ni sus deseos de ser reconocido por quien era, ni su cariño por su mamá y sus discípulos controlara sus acciones. Él fácilmente hubiera podido defenderse de todo lo que le pasó. Pero, lo que gobernó sus acciones fue la voluntad del Padre. Las Escrituras se tenían que cumplir. 

Cristo es nuestro ejemplo perfecto.

Con la ayuda del Espíritu Santo podremos mostrar cada vez más estas diferentes características del fruto del Espíritu. No es algo que podamos lograr jamás nosotros mismo. Si cedemos a Él, el poder del Espíritu Santo en nosotros nos dará la fuerza para derrotar la carne y todo lo que quiere. 

Entonces, podremos mostrar el fruto del Espíritu y así ser más como Cristo. 

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” Gálatas 5:22, 23

ignoro la obra de Dios

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Imagen de Alexandr Bormotin en Unsplash

Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas. Eclesiastés 11:5

Cada uno de nosotros puede ser usado por Dios para cumplir Sus propósitos.

Él nos llama a obras y servicios específicos y si obedecemos, podemos servirle y tener el privilegio de ser parte de Su obra.

Pero, nunca debemos caer en el error de creer que sabemos lo que Dios está haciendo. 

Para mí, es fácil creer que yo sé el siguiente paso de la obra. Puedo analizar cómo creo que progresará después de una serie de predicaciones, o suponer que después de cierta enseñanza se podrá establecer una asamblea. 

La verdad es que realmente yo no sé. 

Mientras yo me enfoco en la cantidad de niños que vienen a las clases bíblicas o en un espíritu de servicio que veo en algún hermano, el Señor está obrando invisiblemente en corazones que yo ni tomo en cuenta. 

Leer este versículo fue un muy buen recordatorio para mí. 

Yo soy sierva en la obra de Dios. Pero eso no quiere decir que yo sé o entiendo lo que Dios está haciendo. Mi propósito es obedecerle. Y sí, me corresponde enseñar y plantar semillas de verdad en los corazones de los que me rodean, pero también debo abrirme a cualquier posibilidad que Dios pone delante de mí. 

Él es el Señor de la mies. 

Él sabe lo que hace. 

Yo no sé. Ni es necesario que yo sepa.

Sólo me corresponde hacer lo que Él me pida. 

cómo llegué a ser misionera a tiempo completo

Una vez me pidieron que compartiera a un grupo de mujeres jóvenes cómo me había llamado Dios a servirle. 

¡No sabía qué decir! 

Cierto, Dios usó algunos versículos para convencerme que debía pasar más tiempo en el trabajo del Señor que en el trabajo de la oficina. Cierto, Dios me mostró que era su voluntad que me casara con un misionero. 

¡Pero, todo eso aún no había pasado! Faltaban unos dos años para que eso sucediera. ¡Yo aún no era misionera! Sólo ayudaba en mi asamblea.

¿Por qué me estaban pidiendo que compartiera sobre cómo Dios me había llamado a servirle? 

Medité en el tema durante meses. Y finalmente me di cuenta de lo que había pasado en mi vida.

¡Ya sabía lo que iba a decir! 

“Haz lo que tienes en frente.” 

¡Eso era todo! 

En mi asamblea, se necesitaban sacudir las sillas. Entonces, las sacudí. Se tenían que limpiar las ventanas del local, las limpié. Faltaban maestras. Entonces, comencé a enseñar. Hacía falta quién fuera por los niños en una camioneta. Entonces, comencé a ir por ellos. Faltaba alguien que pasara por los niños entre semana porque querían venir a los estudios. ¡Pues, también lo hice! 

No hice todo lo que se necesitaba hacer en la asamblea. Pero, cuando había algo que yo sí podía hacer, lo hacía.Requería de tiempo, de compromiso y de amor. Y no siempre hice lo que debía hacer. A veces lo hacía con mala actitud. Pero, sabía que en el fondo de mi corazón, quería estar allí sirviendo aunque no fuera en circunstancias ideales.

Y cuando me di cuenta, comencé a tener más oportunidades para servir.

Y me empezó a hacer falta el tiempo. Y pensé en cambiar de trabajo para tener más tiempo para servir en la asamblea. 

Unos años después, tuve la oportunidad de dejar el trabajo secular, para ser misionera. 

No soy misionera porque soy una creyente extraordinaria.

¡Para nada!

No soy misionera hoy porque pasaba horas estudiando la Palabra, ni porque Dios me dio dones increíbles. 

Soy misionera, porque cuando no sabía cómo servir, hice lo que tenía en frente. 

Pasé años en servicio general, antes de que Dios me indicara cuál era su llamado específico. Fueron años de sacudir, pintar, escribir, manejar, limpiar mocos y dar abrazos. Dios no me llamó a servirle en cosas específicas cuando yo estaba sentada en una oficina esperando su llamado. Dios me dio un llamado específico mientras le servía. (Es un principio que se ve en 1 Reyes 19.19-21, también.)

De hecho, mi servicio a Él fue la manera en que me llamó.

Porque me fue dando oportunidades de servicio y al aceptarlas, Dios me fue llevando una por una hasta llegar a un servicio o llamado específico.

Entonces, si no sabes cómo servir, si no sabes cuál es tu llamado de Dios, este debe ser tu primer paso:

haz lo que tienes en frente. 

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Imagen de Caroline Attwood en Unsplash

Luego, haz el siguiente trabajo que Dios te pone. 

Sirve en la siguiente oportunidad. 

Y así, Dios te irá guiando hacia tu llamado. 

¿qué significa ser cristiano

“Soy cristiano.” 

Esas palabras siempre traen una reacción. A veces positiva, a veces negativa. Y generalmente, cuando es negativa uno piensa que es porque no saben lo que realmente es ser cristiano. 

Pero, eso nos lleva a la pregunta, ¿qué es ser cristiano? 

Cuando digo que soy cristiano, ¿qué significa? 

¿Qué implica en mi visión del mundo, en mis acciones diarias, en mis prácticas espirituales? 

Quizás me ayude saber de dónde viene la palabra “cristiano.”

Según un diccionario etimológico, “la palabra cristiano (perteneciente de Cristo) viene del sufijo -ano (pertenencia) sobre el nombre “Cristo”, el cual viene del griego Christos = “Ungido”.

Así que, entiendo que ser cristiano indica que no soy mío, sino de Cristo.

Él es el dueño de mi vida. 

Me imagino que eso ya lo sabías. Nada de esto es nuevo para ti.

Pero, las consecuencias de vivir como si Cristo fuera dueño de mi vida son enormes. 

Quiere decir que mis deseos desde el momento que llego a ser cristiano son irrelevantes. Claro, en ocasiones Dios los usará para guiarme en su voluntad. Pero, a veces no. Y mis decisiones nunca se basarán sólo en mis deseos.

Quiere decir que la opinión de otros sobre mí y sobre mis acciones, tampoco importan. Sólo importa lo que piensan de Cristo, gracias a mis acciones. Es decir, mis acciones ya no influyen sobre mi reputación, sino sobre la reputación de Cristo. 

Quiere decir que aunque mi autoestima no sufrirá porque sé que soy una Hija, amada, escogida y atesorada por Dios, sólo viviré para complacer al Señor, no para hacerme sentir bien a mí misma. 

Ser cristiano quiere decir que en mi vida, ya no mando yo. 

Quiere decir que el lema de mi vida es,

“Señor, ¿qué quieres que yo haga?” 

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Imagen de Eutah Mizushima en Unsplash