el sufrimiento y la gloria

michael-barth-220720.jpg
Imagen de Michael Barth en Unsplash

No hay gloria sin sufrimiento.

Y el sufrimiento siempre lleva a la gloria.

Aprendí esto en un estudio sobre 1 Pedro hace un par de semanas.

“…el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.” 1 Pedro 1:10, 11

En la vida de Cristo, primero vino el sufrimiento y después, las glorias.

Y en mi vida también, primero tiene que venir el sufrimiento y después, las glorias.

Dios quiere ver gloria en mi vida.

Me quiere limpiar. Quiere mostrar a todo mundo que en mí puede crear la fe pura y permanente.

Pero antes de esa gloria, tiene que venir el sufrimiento.

“…para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo…” 1 Pedro 1:7

El fuego limpia, deja sólo pureza.

Me anima saber esto.

He pasado por días de fuego. Y pasaré por más.

Tú también.

Pero, el sufrimiento no será en vano.

El resultado en nosotros será fe pura, gloria brillante.

Buscando a Alá, Encontrando a Jesus: una reseña

Nabeel Qureshi, 1983 – 2017

El sábado pasado, 16 de septiembre, el estimado hermano en Cristo, Nabeel Qureshi, pasó a la presencia del Señor. Sólo tenía 34 años y yo acababa de terminar su fascinante libro, Buscando a Alá, Encontrando a Jesús. 

Nabeel nació en California a padres amorosos y devotos, en 1983. Junto con su hermana, fue criado según los principios de la fe musulmana de sus padres, quienes pertenecían a la prestigiosa familia Qureshi, que puede trazar en su historia una relación estrecha con el Profeta. Creció mayormente en los Estados Unidos, aunque por el trabajo de su papá vivieron varios años en Europa.

No fue hasta entrar a estudiar medicina en la universidad que Nabeel se topó con unos creyentes que pudieron hacerle preguntas sobre su fe que lo dejaron sin respuesta. A través de su investigación que duró unos años, Nabeel llegó a cambiar totalmente su perspectiva y recibió a Jesus como Salvador, rechazando su religión. El cambió quebrantó los corazones de sus padres, pero Nabeel siempre fue testigo fiel, amoroso y lleno de gracia al compartir la verdad. Él tenía una pasión por mostrar la verdad del Evangelio a otros, fueran musulmanes o no.

Y de esa pasión, el libro está repleto.

 

No sé mucho del Islam. Y este libro fue escrito exactamente para personas como yo. Nabeel no sólo empieza con una explicación de su trasfondo, sino también incluye explicaciones de otros expertos sobre el conflicto entre las culturas occidentales y orientales, sobre la cultura de los musulmanes estadounidenses y cómo lidian con ambos lados de quienes son. Esas explicaciones ayudan mucho, sin caer en monotonía ni sermoneo.

En los siguientes capítulos, Nabeel cuenta cómo era su entendimiento de su religión y de los cristianos. Y cómo sus enfrentamientos – primero con creyentes expertos en apología y luego con las investigaciones mismas – fueron transformando su entendimiento. El proceso es fascinante ¡y me fue difícil dejar el libro para dormir!

Finalmente, su encuentro con el Señor y las consecuencias de su conversión, dan una conclusión esperada pero triunfante al libro.

null.jpg_10006.1446838449

Buscando a Alá, Encontrando a Jesús es excelente meramente como una biografía. Pero, además puede ayudarnos a los creyentes a entender mejor a nuestros semejantes que creen en Alá y su Profeta. No sólo es interesante, sino también revelador.

Si quieres leer una biografía interesante de un héroe cristiano, si quieres saber más sobre el Islam o si quieres saber cómo evangelizar con amor a algún conocido musulmán, este es el libro para ti.

Yo lo conseguí en amazon, pero lo he visto en varias otras páginas.

¡Espero puedas conseguirlo y leerlo!

Cuando superarlo no es posible (hay que perdonar)

ian-espinosa-223462.jpg
Imagen de Ian Espinosa en Unsplash

En el 2013, viajé a los Estados Unidos. Allí escuché un mensaje que mi llevó a escribir algo que hoy quiero compartir.

Se requieren de dos para reconciliarse, pero sólo uno para perdonar.

En la asamblea que visité, el que ministró predicó sobre el perdón. Se notaba que el mensaje venía del corazón y por lo tanto también tocó el mío.

Habló de cómo el perdón va en contra del orgullo y cómo él había batallado con la amargura y el odio cuando algunos le habían hecho mal.

Pero, yo conozco a ese hermano desde hace años, de hecho toda la vida.

Es uno de los hombres que más muestra gracia y gentileza.

¿Él había odiado a alguien? ¿Él había sentido amargura?

No pude más que preguntarme, ¿cuánto más había pecado yo al no perdonar a alguien?

Porque yo no soy de los que más muestran gracia y gentileza.

El mensaje me convenció de mí pecado.

A mí me han herido. A mi familia los han herido.

He intentado olvidarlo. He seguido adelante.

¿Es suficiente?

El mensaje de ese miércoles me convenció que no.

No es suficiente simplemente dejar de pensar en ello. No es suficiente sólo seguir adelante.

Hay que enfrentar lo que hizo la persona.

Y hay que perdonar.

Es seguir el mandato de Dios.

Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Efesios 4:32

“Buen siervo y ¿…?”

Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; Mateo 25:21

Todos esperamos escuchar esas palabras del Señor cuando lleguemos al cielo.

La meta es ser fiel al Señor y lo que Él nos manda a hacer.

Pero, es fácil olvidarnos de la meta y perder el enfoque. Podemos enfocarnos en cumplir con una cuota de folletos, en buscar la salvación de personas, en desarrollar algún talento, etc. No son cosas malas, pero todo eso no debe ser el propósito final. Debe ser el medio por el cual cumplo el propósito de serle fiel al Señor.

El Señor no nos va a decir, “Buen siervo y líder exitoso”. O “Buen siervo y predicador para la salvación de muchos.” O “Buen siervo y ayudador de los hermanos.”

Lo que el Señor espera es fidelidad personal.

El Señor espera que yo sea fiel a su voluntad para mí.

si eres cristiano, eres misionero (3/3)

Si eres cristiano, eres misionero.

Hay dos versículos que nos lo indican claramente.

Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 2 Corintios 5:20

Como cristianos, somos representantes de Cristo en la tierra. Cristo, el que predicó claramente: “Arrepentíos y creed en el evangelio.” El que tanto se preocupó por las almas perdidas, el que compartió la verdad con amor.

Cristo ya no está aquí en la tierra.

Nosotros sí. Y es nuestro deber representarlo bien.

Y si predicamos el evangelio, si mostramos Su amor, si compartimos la verdad, si somos buenos embajadores, habremos completado la obra tal como nos la pidió sin esfuerzo extra.

Es que es tan fácil creer que el regalar un folleto, el preparar un mensaje del evangelio, el compartir las Buenas Nuevas en conversación con un compañero son cosas extras. Creemos que sólo los cristianos super espirituales invitan a las personas a sus casas para hablar de la Biblia. Creemos que sólo los misioneros o los pastores pueden organizar una serie de clases para niños o una repartición de textos.

Pero si cada creyente lo hace, ¡no es más de lo que le pidió el Señor!

Es decir, el Señor nos nombra a todos y a cada uno como sus embajadores.

¡Tenemos que representar bien a Cristo! ¡Tenemos que vivir el evangelio, servir a los hermanos y buscar a los perdidos!

¿Y sabes qué?

No habremos hecho más de lo que debíamos.

Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos. Lucas 17:10

Esta es la tercera entrada de tres sobre el cristiano misionero.