Trabajar es honroso.

El llamado del Creador. 
La carga. 
La vocación. 

Se obsequia 
junto con la preparación. 

Se recibe, 
se acepta,
con convicción. 

Y se lleva a cabo,
a la mas alta capacidad.
Se hace. Se hace bien. 

Rebosa el corazón por
la oportunidad,
el privilegio,
la satisfacción. 

El oír,
responder,
y trabajar,
es un honor.

Reseña: La Puerta al final de la Decepción

La Puerta al final de la Decepción es una novela que te lleva a través del tiempo y el espacio para mostrar en una sola historia cómo la humanidad busca responder a las profundas preguntas filosóficas de la existencia y cómo se equivoca. O dicho de otra forma, cuenta las aventuras de Esteban Fuentes quien viaja por el tiempo con varios compañeros y encuentra una variedad de  tecnologías y visiones de la realidad. Es una historia que hace divertida la búsqueda de respuestas a preguntas solemnes.

Por un lado, no me encantan las alegorías. Por otro lado, esta alegoría esta muy bien hecha. Logró hacerme sentir curiosidad sobre lo que pasaría y nunca me aburrió ni el héroe, ni su viaje. Fue interesante ir conectando los sucesos y los puntos que el autor quería mostrar. Es una novela bien escrita. 

Si disfrutaste El Progreso del Peregrino, esta novela también la disfrutarás. Si te has preguntado sobre las filosofías de las varias culturas y épocas de la historia, te recomiendo esta novela. Si te han hecho sentir ignorante o tonto por ser cristiano, esta novela te dará una perspectiva diferente.

Reseña: La mujer emocionalmente sana

Reseña la mujer emocionalmente sana

Este libro será una sorpresa para quien lo lea. Las mujeres creyentes estamos acostumbradas a libros que nos indican que debemos mantener la calma, ser amorosas sin condición, sacrificarnos para ser mujeres conforme a la voluntad De Dios. Mientras esos principios no son incorrectos, escuchar solo un lado del asunto nos puede llevar a tener vidas Cristianas desequilibradas. Esta autora no sugiere que debemos ser egocéntricas, pero sí nos señala que para ser mujeres emocionalmente sanas, debemos poner límites en nuestra vida, y más, que es imprescindible ser emocionalmente sanas si vamos a ser espiritualmente sanas. De hecho, Geri Scazzero habla de ocho cosas que ella tuvo que dejar de hacer para llegar a ser emocionalmente sana. Incluye cosas como “Dejar de morir a las cosas incorrectas”, “Dejar de negar la ira, la tristeza y el temor” y “Dejar de echarle la culpa a los demás.” 

Quizás un peligro de este libro será que alguna mujer lo tome como excusa para no ser servicial, pero francamente, lo dudo. En primer lugar, es mucho más común entre mujeres Cristianas el sacrificarse demás, el ser pasivas y no enfrentar estos asuntos en su vida. En segundo lugar, lejos de quitarle la responsabilidad a la mujer cristiana, la autora reta a la lectora a tomar acción. Dejar estas ocho cosas implica mucho más trabajo, mucha más responsabilidad y dar cuentas ante el Señor por cómo cuida su propia alma.

La mujer emocionalmente sana es un libro imprescindible para cualquier mujer cristiana que se siente abrumada y agobiada por sus “deberes” cristianos. Es un libro que por una parte, da libertad a la lectora de dejar cosas no saludables, pero también deja clara la responsabilidad por las acciones que lleva a cabo o no.  Es fácil suponer que siempre debes estar lista para “servir”, este libro nos recuerda que estamos aquí para dar gloria a Dios y no podemos hacer eso si estamos esclavizadas a complacer a los que nos rodean.

Mi gran propósito

Mi gran propósito es ser como Cristo.
Y todo lo que Dios trae a mi vida—
las bendiciones y tribulaciones,
cada lucha, maravilla o triunfo—
son simples herramientas en sus manos, 
en manos del carpintero perfecto.
Y cortan, aplanan, lijan y pulen,
y al fin, mi alma, hermosa y útil,
reflejará en sus brillantes facetas
a Aquel que con tanto amor la labró.

Ser padres es un acto de fe.

Imagen de Nienke Burgers en Unsplash

Si hay algo que he aprendido en estos últimos 12 meses, es que ser padre es un acto de fe. Pocas cosas en mi vida han sido tan impredecibles como tener y criar a un hijo. 

Comenzando con el parto, que no tenía por qué ser complicado. Mi bebé y yo estábamos en perfecta salud. Pero, sí hubo complicaciones. Casi se muere el niño. A mí también me dejó secuelas el parto y perjudicó mi salud durante meses.

Mi hijo ya tiene un año y hemos comenzado a formar su carácter.

Procuramos enseñarle que la palabra “No” tiene consecuencias. Procuramos enseñarle que no siempre puede hacer lo que él quiere. Procuramos enseñarle que siempre, siempre, siempre le amamos.

Hacemos todo esto en fe. 

Hoy no podemos ver un carácter bien formado. No podemos saber si entendió el amor de Dios gracias a nuestro amor y lo aceptó. No hay forma de predecir cuál será el resultado de nuestra labor de crianza. Pero, tomamos cada paso en fe. 

Lo hacemos porque creemos la Palabra de Dios. 

No porque las Escrituras prometan que nuestro hijo será un adolescente bien portado. No porque Dios diga que será salvo. No porque tengamos la seguridad de que si somos buenos padres, él será buen hijo. No hay garantías. 

Las Escrituras sí nos mandan a formar su carácter. A enseñarle a obedecer. A instruirlo en sabiduría. A guiarlo por un camino adecuado para él. La Palabra de Dios nos manda y nosotros procuramos obedecer en fe.

Nuestra fe no está en los buenos resultados. Nuestra fe está en Dios. 

Antes del parto, pudimos confiar en Dios, no porque todo saldría bien, sino porque Él estaba en control y nos daría la fuerza que necesitábamos. Al formar el carácter de nuestro hijo, podemos confiar en Dios, no porque será una buena persona, sino porque Dios está en control y nos dará la gracia que necesitamos.

Ser padres es un acto de rendición de control. Es un acto de reconocimiento que Dios es soberano.

Ser padres es un acto de fe.