3 principios para la vida misionera

Tengo una lista de frases que expresan lecciones que he aprendido sobre la vida misionera. Quizás algún día les comparto más, pero hoy quiero compartirles las tres que más me han impactado últimamente. ¡Espero también te sirvan de inspiración! 

1. Sola, no puedo hacer nada. 

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15.5 

Como misionero, uno generalmente vive sin el sistema de apoyo moral que un creyente tiene en su asamblea local. Ser misionero es, por su naturaleza, la obra espiritual en el que hay más aislamiento, porque la obra se trata de salir a un lugar nuevo y empezar desde ceros: predicar el evangelio en un lugar nuevo, enseñar a los creyentes nuevos, bautizarlos y ayudarles a entender los principios de cómo formar una iglesia basada en las enseñanzas de los apóstoles. Es un trabajo solitario. 

Quizás por eso es muy fácil empezar a sentir que todo depende de uno. ¿Hay que limpiar el local en el se hacen las predicaciones? El misionero lo hace. ¿Hay que regalar folletos? El misionero los reparte. ¿Alguien necesita un consejo sobre una situación difícil? El misionero lo atiende. Llega un punto en el que el misionero no sólo siente que él hace todo, sino también que solamente él lo hace. Pero, a pesar de la falta de otros líderes en una obra, el misionero siempre, siempre, siempre debe recordar este principio: sólo no puede hacer nada. 

El misionero, quizás más que cualquier otro obrero, necesita aprender su dependencia del Señor, aprender que, sin el Señor, no puede hacer nada. 

vincent-chin-325799-unsplash.jpg
Imagen de Vincent Chin en Unsplash

2.  El cielo es el límite. 

…porque nada hay imposible para Dios. Lucas 1.37 

El misionero, trabajando en un lugar medio aislado, lejos de familiares y amigos, puede llegar a desanimarse, especialmente cuando parece que la obra no está progresando. Se le van las ganas de trabajar cuando la persona con quien había estudiado tanto en sesiones semanales, decide abandonar las cosas de Dios. Se decepciona cuando un joven que mostraba potencial en la asamblea, elige el mundo y el pecado. Se contagia de desánimo cuando toda una familia decide ya no reunirse porque les sucedió una tragedia que les desanimó. 

Pero, el misionero debe recordar que cuando se trata de la obra del Señor, no hay límites. Nada es imposible para Él. Entonces, cuando la obra parece estar estancada, cuando las reuniones son muy pequeñas, cuando todos parecen tener una excusa para no interesarse en la Palabra de Dios, continuar no es imposible.

Nada es imposible, porque con Dios, el cielo es el límite. 

3. No es mí obra.

…así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. I Corintios 3.7 

Francamente, el pensar que todo depende de ti y el sentirte un fracaso cuando alguien decide no ponerle prioridad o de plano abandonar las cosas de Dios, tienen su raíz en la mentalidad incorrecta: que la obra es de uno. Sobre todo, el misionero necesita recordar que la obra no es de él. 

De hecho, una obra es una carga demasiado pesada para un ser humano imperfecto, es imposible llevar con éxito una obra “propia.”

 La obra es del Señor. Y si un creyente ama el mundo y se va, la obra es de Dios. Y si hay un avivamiento y 20 almas se salvan en una noche, la obra es de Dios. Y si pasan años sin ver un solo fruto, la obra es de Dios.

El misionero es sólo un instrumento a través del cual Dios obra. La obra no es del misionero. 

Si yo hubiera iniciado mi vida como misionera a tiempo completo consciente de estos tres principios, me hubiera evitado algo de estrés, presión y desánimo. Pero, son lecciones que uno tiene que aprender vez tras vez porque rápidamente se olvidan.

¡Espero estos tres principios también te ayuden a ti en tu vida como misionero en donde estás! 

cuando te topas con un testigo

¡Hoy tengo un invitado! Hablar con un Testigo de Jehová es algo que para mí siempre ha sido muy intimidante y pensé que quizás algún lector también había sentido ese temor a conversar con ellos. Entonces, hoy le pedí a Ricky que nos ayudara con ese tema. ¡Espero te ayude y te inspire a seguir siendo misionero!

joshua-rawson-harris-435949.jpg
Imagen de Joshua Rawson-Harris en Unsplash

Todos hemos sentido aquel temor paralizante al encontrarnos con un testigo de Jehová. ¿Qué hago? ¿Qué digo? ¿Cómo hago para que se vaya o que no se entere que estoy en casa? Aquí hay algunas ideas que nos pueden ayudar en esas situaciones.

1.Tranquilízate

No hay necesidad de entrar en pánico. Pueden intimidarnos sus tácticas agresivas de conversación y su capacidad de citar partes desconocidas del Antiguo Testamento, pero no te pueden dañar. En el peor de los casos, pierdes un rato o no sabes contestarle algo, no es el fin del mundo.

2. Identifica tu objetivo

Necesitas saber cuál es tu propósito en esta conversación. ¿Les vas a contradecir y mostrar por qué están equivocados? ¿Les vas a compartir el evangelio? ¿Les vas a dar un avionazo? Tu necesitas estar en control de la conversación, así que debes saber hacia dónde la vas a guiar, por que si no, van a brincar de tema en tema sin concluir nada.

3. No discutas (2 Tim. 2:24)

Podrías ganar la batalla pero perder la guerra. A nadie le gusta ser expuesto públicamente como falso o mentiroso. No te cedas a la tentación de tener la razón. Una cosa es querer que sepan y vean la verdad, otra cosa es discutir nada más por comprobar que estás en lo correcto. Que yo sepa, la hostilidad nunca ha ganado un alma por Cristo.

Si has decidido entrar en debate con ellos y rehusan aceptar la razón o explicaciones bíblicas, termina la conversación en desacuerdo respetuoso.

4. Lo más importante

“La cosa más importante, es que lo más importante, sea lo más importante.” El evangelio es lo más importante. ¿A qué fin vamos a discutir si Cristo murió en una cruz o en un palo vertical solamente? La gran mayoría de los temas que presentan no tienen nada que ver con el evangelio. Ellos necesitan ser salvos, así que no hay que perder tiempo discutiendo sobre cosas que no son eternas. Cuéntales cómo el Señor te salvó. Pregunta les si son salvos ellos. Si es así, ¿de qué fueron salvos? Lo que el Señor puede usar para penetrar esa fachada de espiritualidad y conocimiento son preguntas que provocan la consideración seria y que nacen del amor genuino por sus almas. Sin Cristo, el hombre es, en realidad, vacío.

5. Aprende

El “hubiera” no existe. Sí, es frustrante cuando se te ocurre la respuesta perfecta después del hecho, pero como cualquier otra cosa en la vida, hablar a la gente de Cristo requiere de mucha practica. No tiene nada de malo decir “no sé” o “déjame averiguarlo.” Ve a casa y estúdialo. Para la siguiente vez, estarás más preparado.

Tu eres un embajador de Cristo, le representas aquí en el mundo. Por eso, sea el objetivo mostrarles la verdad, o compartir el evangelio, o simplemente evitar una conversación con ellos hoy, mostrémosles a Cristo.


TF-109

 

Ricky Sawatzky nació en Chihuahua, México, y creció en Manitoba, Canadá. Allí estudió carpintería un tiempo, pero el Señor lo llamó a dedicarse a tiempo completo a la obra misionera. Ahora, vive y trabaja en México, junto con su esposa.

 

 

el evangelio completo en tres versículos

Ya he publicado en otras ocasiones sobre los versículos que nos ayudan a presentar el evangelio, versículos que sería bueno memorizar. ¡Pero, no es necesario saberse mil versículos y cómo organizarlos en un sermón completo para compartir el evangelio!

raul-petri-203248
Imagen de Raul Petri en Unsplash

A final de cuentas el evangelio se trata de tres cosas:

  1. Un problema.
  2. Una solución.
  3. Una acción.

Así que, el evangelio completo se puede resumir con tres versículos.

Romanos 3: 23 nos dice cuál es el problema que tenemos.

“…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios…”

Juan 3:16 nos dice que Dios proveyó una solución.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Hechos 16:31 nos indica cuál es la acción que nos corresponde.

“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo…”

¡Así de sencillo!

Entonces, no te sientas intimidado cuando alguien te pregunta qué crees o qué predican en tu iglesia. ¡Sólo explícale tres puntos!

3 retos inesperados al evangelizar

tommy-lisbin-223879
Imagen de Tommy Lisbin en Unsplash

Cuando decides compartir el evangelio, sabes que no será lo más fácil. Pero, muchas veces los retos no son los que te esperabas. Sales decidido a no permitir que tal o cual problema te detenga ¡sólo para enfrentarte con un obstáculo totalmente inesperado!

Hoy te comparto 3 retos que me sorprendieron al compartir el evangelio.

1. La timidez. 

Para muchos es algo normal, pero yo no soy tímida. Aún así, de vez en cuando, al salir con el propósito de invitar a alguien a la del evangelio me siento tímida. Generalmente es algo repentino y no sé a qué se deba.

2. La conversación que divaga.

A pesar de que me es fácil conversar con desconocidos, nunca he aprendido a controlar una conversación. Así que cuando procuro hablar de las verdades de la Biblia y la persona decide irse por otro rumbo, no sé cómo dirigir la conversación para de nuevo hablar de lo que quiero compartir.

3. La oración constante.

Francamente, la oración es la parte más importante del evangelismo. Orar antes y después de compartir, añade mucho peso a la obra. La oración eficaz del justo puede mucho. Pero, tomar el tiempo para orar por las almas no salvas es más difícil de lo que uno cree. Es que es más sencillo seguir compartiendo, seguir haciendo, seguir buscando maneras de compartir el evangelio con más gente.

Estos tres retos me sorprendieron cuando empecé a compartir el evangelio. ¿Tú tienes retos similares? ¿O son totalmente distintos?

¿Que es lo que más te ha sorprendido al compartir el evangelio?

cuando nos parecemos demasiado a Jonás

alexandre-chambon-150690.jpg
Imagen de Alexandre Chambon en Unsplash

El otro día, estaba escuchando ministerio sobre el libro de Jonás y terminé preguntándome si los creyentes aveces no nos parecemos demasiado a Jonás.

¿A qué me refiero?

Jonás era un hombre de Dios.

Nadie lo puede negar, era un profeta que realmente quería hacer la voluntad de Dios y llevar su mensaje al Pueblo de Israel.

Jonás también buscaba la justicia.

Sabía que Dios es justo y no sólo procuraba  ser justo, sino esperaba que los demás también vivieran según la justicia.

Sin embargo, Jonás se apasionó tanto en su búsqueda de justicia, que llegó al punto de que los injustos ya no le importaban.

La justicia para Jonás ya lo era todo, ya no era simplemente una meta que todos debían tener. Había pasado de ser algo que él procuraba ayudar a otros a alcanzar, a una simple medida que él usaba para decidir si alguien era digno de su mensaje o no.

Al reconocer estas características en la vida de Jonás, tuve que hacerme unas preguntas.

¿Cómo trato yo a los injustos?

¿Mi conversación con ellos es un simple, “Serás destruido”?

O ¿les explico a los injustos cómo Dios en amor y misericordia busca rescatarlos de la destrucción?

¿Me parezco demasiado a Jonás?