¿qué enseñamos en la escuelita bíblica?

Ser maestro de la escuela dominical puede ser muy divertido.

Es una obra que requiere de mucha energía, ¡pero que vale la pena! También es la forma en que muchos comienzan a servir en la iglesia local. Y es excelente porque ¡no hay mucha presión cuando interactuamos con  niños!

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Imagen de Muhammad Hardiansyah en Unsplash

Pero, siempre es bueno reflexionar sobre lo que realmente estamos haciendo en la clase de escuela bíblica.

¿Estamos allí para entretener a los niños un rato? ¿Para enseñarles a amar y servir a Dios? ¿Para enseñarles el evangelio? Lo que hacemos en la clase tiene un propósito, estemos conscientes de ello o no. Todas las actividades, tienen una meta. ¿Cuál es?

Hay clases en donde el propósito es cuidar y entretener a los niños de manera sana.

Lo que se hace en estas clases más que nada es contarles historias de la Biblia con ilustraciones divertidas. ¡La Biblia está llena de aventuras, de personajes interesantes y de sucesos chistosos! Una clase así, hace que los niños estén bastante familiarizados con todas esas historias de la Biblia. Y se divierten mientras aprenden.

Otras clases tienen el claro propósito de enseñarles a los niños cómo debe vivir.

Sí, se usan historias de la Biblia, pero siempre tienen una moraleja. Las ilustraciones se usan con cuidado para enfatizar la lección, ya sea obedecer a los papás, amar a Dios o seguir las reglas. Los niños salen de este tipo de clase sabiendo qué es lo que deben hacer y qué, no. ¡Claro, no por eso no lo disfrutan! Un buen maestro sabe usar premios e ilustraciones como apoyo para que los niños aprendan bien esas lecciones de vida.

Finalmente, hay clases que tienen un propósito distinto.

Este propósito, fácilmente se confunde con el propósito del párrafo anterior. ¡De hecho, supongo que la mayoría de los maestros de la escuela bíblica piensan que éste es su propósito, también!

El propósito de este tipo de clase es enseñar el evangelio.

La maestra de esta clase va a usar ilustraciones, premios y juegos. Los niños sí se van a divertir, pero ese no es el propósito y los niños sí van a aprender lo que es bueno y lo que es malo, pero eso será un efecto secundario. El propósito es que oigan el evangelio. Se cuentan historias de la Biblia, se ríen de lo chistoso, disfrutan de las aventuras y aprenden algo importante. Pero, las moralejas en este tipo de clase no son “obedece a tus papás” ni “sirve a Dios”. Una maestra enfocada en el evangelio va a saber que los niños son totalmente incapaces de hacer esas cosas si no son transformados primero por Cristo. La clase centrada en el evangelio va a enfatizar que los alumnos son pecadores. (Y eso tomará varias clases, ¡porque ellos sinceramente piensan que no lo son!) Los niños en esta clase aprenden que Dios es santo y no tolera el pecado, que los pecadores no tienen la esperanza de limpiarse, pero que Dios quiso rescatarles ¡y mandó un Salvador a limpiarles de su pecado!

Y esa es la razón por la que existe la escuelita bíblica.

Ese debe ser el único propósito en la clase: que los niños entiendan el evangelio.

Creo que ya me delaté. Estoy totalmente convencida de que estos tipos de clase no tienen el mismo valor. Sólo hay un tipo de clase que vale la pena. Si queremos entretenerlos, para esto están la televisión y los libros. Si queremos que vivan una vida que agrada a Dios, les estaremos exigiendo algo imposible antes de ser salvos.

Los alumnos de la escuela bíblica necesitan el evangelio.

Claro, será necesario enseñarles ciertos principios con este fin, especialmente si son muy pequeños. Tienen que aprender que ellos son pecadores (por ejemplo, desobedecer o pegarle a tu hermano es pecado), que Dios lo ve todo (no pueden esconder su pecado de Dios), que Dios tiene un Hijo (y lo ama muchísimo, por eso fue tan increíble que lo sacrificara por los pecadores), etc. Pero, cada lección, cada ilustración, cada versículo a memorizar debe llevar a una sola meta: que los niños aprendan el evangelio.

Nota: Quisiera agregar que esto no sucede en una sola clase. Sé que hay maestros que procuran explicar el evangelio en la primera clase y que los alumnos sean salvos ese día. Pero, los niños, tal como los adultos, necesitan tiempo para procesar toda esta información y la mayoría no estará lista para recibir a Cristo como Salvador el primer día. Esto es algo tan importante que no se puede hacer bajo presión. El trabajo del maestro es enseñar el evangelio. El animar al niño a acudir a Cristo por su salvación es trabajo del Espíritu Santo.

Reseña: El ministerio de la oración intercesora

el ministerio de la oracion intercesora

Acabo de leer El ministerio de la oración intercesora* de Andrew Murray, la versión electrónica de Aneko Press.* Ya he compartido la biografía del autor, creo que es el segundo libro de él que leo. Y es un libro que me mostró la gran falta de oración en mi vida.

El tema del libro no es la oración en general, se enfoca específicamente sobre la oración intercesora. El autor nota que es demasiado fácil enfocarnos en peticiones para nosotros mismos, pero aún ese no es su punto principal. Escribió el libro para personas dedicadas a tiempo completo a la obra del Señor.

Escribió el libro para animarles y recordarles que si trabajan sin orar, es totalmente inútil porque están dependiendo totalmente de su carne. Es más, lo mejor que puede hacer el que quiere ayudar a otros es pedirle todo a Dios: su fuerza, su compasión, su gracia, su doctrina, etc.

“… la parte más grande y más bendita de mi trabajo es pedir y recibir de mi Padre lo que puedo llevar a otros.”

Otro punto que señaló el autor es que para que una vida de oración realmente sea eficaz necesita ir respaldad por una vida santa.  De hecho, lo primero que hay que hacer es confesar el pecado, antes de interceder. Y si no sabemos qué confesar, ¡podemos confesar aunque sea la falta de oración!

“Pueden existir otros pecados, pero lo seguro es que aquí hay uno que causa la pérdida…: no oramos como nos enseñan Cristo y la Escritura.”

Claro, la necesidad de la oración puede abrumarnos y el autor lo sabe. Él dice varias veces que la necesidad de todos los que nos rodean siempre será mucho más grande que nuestra capacidad de orar. Pero, nos anima a orar con fe.

“Mientras midamos nuestro poder de orar de manera correcta y con perseverancia por lo que sentimos o creemos que podemos hacer, sentiremos desánimo al oír cuanto debemos orar.”

“Pero si confiamos que, en medio de toda la debilidad de la que estamos conscientes, el Espíritu Santo, como Espíritu de súplica habita en nosotros, precisamente con el propósito de capacitarnos para orar de la manera y a la medida que Dios quiere que oremos, entonces nuestros corazones se llenarán de esperanza.”

Creo que la lección más preciosa para mí fue que el libro me hizo recordar que la obra depende de Dios.

“… mi primera obra, mi única fuerza es la intercesión, obtener el poder De Dios sobre las almas que se me han confiado…”

El ministerio de la oración intercesora me mostró lo poco que oro por otros, me hizo confesar esa falta de oración, me motivó a orar antes que trabajar.5 of 5 thumbs up

biografía de Andrew Murray

Andrew Murray fue un predicador y hoy muchos recomiendan sus libros como de los mejores que puede leer un creyente. Su perspectiva sobre la oración es única. Su libro El ministerio de la oración intercesora https://amzn.to/2VxtGpL (enlace afiliado) me ha hecho reconocer que no conozco el poder verdadero de la oración, pero el libro no me ha dejado desanimada, al contrario me da esperanza que sí tengo la posibilidad de conocerlo. ds_andrew_murray_elliott-versameling

Andrew Murray (1828 – 1917) nació en Graaf Reinet, Sudáfrica a padres misioneros de Escocia.  Parece que pasó una niñez feliz, en un hogar que enfatizaba tanto la vida espiritual como tiempos de diversión. Como joven, fue enviado a estudiar en Escocia, y luego continuó sus estudios en Holanda. Pero tan sólo terminó y regresó a Sudáfrica.

Siempre fue muy juguetón, cosa que sorprendía a muchos ya que desde joven fue muy respetado por su predicación y enseñanza. A los 28 años se casó con Emma Rutherford, con quien llegaría a tener una familia grande.

Quizás su formación espiritual fue más profunda por varias aflicciones físicas que tuvo. Además de perder la voz durante dos años, sufrió accidentes que le causaron lesiones permanentes. A pesar de que vivía con dolor, su espíritu gentil y humilde siempre impactaba a los que interactuaban con él.

Su preocupación más grande en relación a los que lo oían predicar, era llevarles más cerca de Cristo, que vivieran sus vidas en el poder de Cristo. Y de hecho, muchos de sus libros y devociones tratan específicamente sobre habitar con Cristo, conocerlo de cerca y pasar tiempo con él. En las iglesias que él pastoreaba, también las misiones eran siempre una prioridad y enviaron y apoyaron a muchos misioneros.

Antes de partir para estar con el Señor, Andrew Murray ¡escribió algunos 250 libros y tratados! Obviamente son muchísimos, pero dos que me llamaron la atención y que quisiera leer son:

Escuela de obediencia https://amzn.to/2I8XGFn (enlace afiliado)

Humildad: la belleza de la santidad https://amzn.to/2GcCLzb (enlace afiliado)

La vida de oración y santidad de este hombre me inspiraron, y aunque fue ser humano y tuvo errores, espero llegar a ser un creyente de oración como él.

lo que hizo el rey David

Hace mucho compartí esta entrada en el blog que tenía en inglés. Espero hoy también te inspire a vivir la vida del creyente misionero.


¿Alguna vez has leído Hechos 13:36?

Seguramente sí. Estoy que segura que yo también lo había leído muchas veces antes de leerlo el martes, pero nunca había notado lo que decía el versículo acerca del rey David.

Resulta que David tenía una misión especial, una misión que yo creo que Dios también te ha dado a ti.

Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres…

¿Ya viste? El rey David sirvió a su propia generación.

Yo leí el versículo justo después de pedirle a Dios sobre un proyecto específico que estaba meditando. Este versículo fue mi respuesta a la pregunta, “¿Qué debo hacer?”

Sirve a tu generación.

Los abuelos de mis amigos quizás no crean tener mucho que aprender de alguien tan joven, pero mis amigos sí me están observando. Quizás mis compañeros no quieran escuchar a mis papás compartir un versículo de la Biblia, pero me conocen a mí y conocen a mi testimonio.

Yo puedo compartir las verdades del evangelio con mis conocidos, de una manera que nadie más puede.

Y lo mismo aplica a ti.

Entonces, te animo a hacer lo que hizo David.

Sirve a tu generación.

3 cosas que la vida misionera no te da

Como ya sabrás, algo que me es muy importante es demostrar que los misioneros son cristianos comunes y corrientes. Sí, hacen sacrificios que otros quizás no hacen. Viajan más. Asisten a más reuniones. Toman más responsabilidad en la iglesia local. Pero, no hacen todo esto porque son supercristianos. Lo hacen porque eran creyentes normales y Dios les llamó a hacerlo. Y hoy voy a hablar de tres cosas más que sacrifican cuando aceptan el llamado de ser obreros para el Señor a tiempo completo.

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  1. Resultados o retorno de la inversión.

El trabajo del misionero se trata de sembrar. El misionero pasa años invirtiendo. El misionero esparce la semilla de la Palabra de Dios en donde pueda. Pero, ve muy poco fruto. Si fuera un negocio, la misión se iría a la quiebra sin jamás rendir ni un centavo. Porque los que el misionero ve ser salvos, los que el misionero ve crecer en su vida con el Señor y los que ve llegar a la madurez para enseñar a la siguiente generación son muy pocos en comparación con la cantidad de semilla que se plantó. En esta vida, el misionero se la pasa sembrando y regando. Ve un poco del crecimiento que da Dios. Y con eso tiene que conformarse.

Pero, ¿sabes qué? Esto es porque las cuentas no se hacen aquí. La cosecha espiritual no se puede obtener aquí en vida. Un día, en la presencia del Señor, el misionero verá todo el fruto de sus esfuerzos, se quedará atónito al ver todo lo que el Señor ha hecho con sus pobres labores y adorará cuando vea lo mucho que el Señor ha cosechado de esas siembras.

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2. Satisfacción al terminar tareas en tu trabajo.

Cuando uno inicia un proyecto con entusiasmo, es perseverante a través de los retos y termina habiendo hecho su mejor esfuerzo, ¡hay una satisfacción interna que se disfruta mucho! Y es una satisfacción que el misionero no conoce. La obra del misionero es con personas. Y las personas no son proyectos. El misionero predica el evangelio y alguien se salva, ¡y su trabajo a penas comienza! Entonces, el misionero empieza a invertir, enseñar, formar y, a veces, corregir a los nuevos creyentes. Ellos progresan, crecen, maduran, ¡pero nunca se puede decir, “Ya quedaron”! La obra del Señor en ellos no terminará hasta que lleguen a su presencia.

Pero, ¡el día que lleguen! Así como Cristo verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho, creo que dará la satisfacción también a sus siervos de tiempo completo. Ellos verán todo lo que se logró a través de su interminable trabajo en vida y, al fin, podrán sentir esa satisfacción de un trabajo bien hecho y adorarán al Señor con un nuevo aprecio por lo que hizo durante todo ese tiempo.

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Imagen de Joshua Rawson-Harris en Unsplash

3. Buen autoestima.

Dios creó al ser humano con la necesidad de un propósito o visión y la necesidad de ver un resultado de su trabajo o esfuerzo por esa visión lo que lleva a la satisfacción de haber terminado bien un proyecto o de haber cumplido un propósito. Todo esto es parte de tener buen autoestima. El misionero tiene una visión, un gran propósito por el cual trabaja. Pero, como ya notamos, no ve muchos resultados (en relación a su inversión), ni termina su trabajo nunca (al menos, antes de llegar al cielo). Esta falta naturalmente lo llevará a cuestionar el valor de su trabajo, su valor como misionero y su valor como creyente con frecuencia. Se preguntará si realmente está haciendo algo para el Señor.

Además, el misionero será malinterpretado y malentendido de parte de los que lo enviaron como misionero y de parte de la gente con la cual trabaja. Es una parte de su vida. Las personas que lo enviaron como misionero no conocen su actividad día a día y mucho de lo que hace o dice se puede malinterpretar ya que ellos lo ven desde otro contexto, personal y cultural, generalmente. Las personas entre las que trabaja pueden malentender todo desde sus intentos de comunicarse (si viene de una cultura bastante diferente o habla otro idioma), hasta cómo funciona su estilo de vida (la lejanía de sus familiares, las ofrendas que lo mantienen económicamente o sus hábitos cristianos cruzados con culturales). La vida misionera parece estar diseñada para aislar al misionero de lo que se necesita para tener buen autoestima: los resultados de su trabajo, la satisfacción al terminar un proyecto y la comprensión de sus conocidos.

Por otro lado, el Señor cuida de los suyos. Y mientras aquí puede ser difícil encontrar plenitud en una Persona intangible, Él siempre está para consolar. Y algún día, el misionero mirará a los ojos del buen Pastor, del misionero que se fue más lejos, del que llegó a un lugar totalmente ajeno para traer la salvación, y allí encontrará comprensión, encontrará todo lo que necesita para suplir sus necesidades emocionales.

La vida misionera es un reto totalmente diferente, pero quizás no más difícil que los retos de otros llamados. Un misionero rara la vez encontrará una de estas tres cosas en su servicio a tiempo completo y aunque el misionero nuevo esté consciente de que la vida misionera es una vida difícil, quizás no esté enterado de que también sacrificará estas tres cosas.

Pero, fiel es el que nos llamó. Él se encarga de suplir todo lo que nos falta.