3 retos inesperados al evangelizar

tommy-lisbin-223879
Imagen de Tommy Lisbin en Unsplash

Cuando decides compartir el evangelio, sabes que no será lo más fácil. Pero, muchas veces los retos no son los que te esperabas. Sales decidido a no permitir que tal o cual problema te detenga ¡sólo para enfrentarte con un obstáculo totalmente inesperado!

Hoy te comparto 3 retos que me sorprendieron al compartir el evangelio.

1. La timidez. 

Para muchos es algo normal, pero yo no soy tímida. Aún así, de vez en cuando, al salir con el propósito de invitar a alguien a la del evangelio me siento tímida. Generalmente es algo repentino y no sé a qué se deba.

2. La conversación que divaga.

A pesar de que me es fácil conversar con desconocidos, nunca he aprendido a controlar una conversación. Así que cuando procuro hablar de las verdades de la Biblia y la persona decide irse por otro rumbo, no sé cómo dirigir la conversación para de nuevo hablar de lo que quiero compartir.

3. La oración constante.

Francamente, la oración es la parte más importante del evangelismo. Orar antes y después de compartir, añade mucho peso a la obra. La oración eficaz del justo puede mucho. Pero, tomar el tiempo para orar por las almas no salvas es más difícil de lo que uno cree. Es que es más sencillo seguir compartiendo, seguir haciendo, seguir buscando maneras de compartir el evangelio con más gente.

Estos tres retos me sorprendieron cuando empecé a compartir el evangelio. ¿Tú tienes retos similares? ¿O son totalmente distintos?

¿Que es lo que más te ha sorprendido al compartir el evangelio?

cuando nos parecemos demasiado a Jonás

alexandre-chambon-150690.jpg
Imagen de Alexandre Chambon en Unsplash

El otro día, estaba escuchando ministerio sobre el libro de Jonás y terminé preguntándome si los creyentes aveces no nos parecemos demasiado a Jonás.

¿A qué me refiero?

Jonás era un hombre de Dios.

Nadie lo puede negar, era un profeta que realmente quería hacer la voluntad de Dios y llevar su mensaje al Pueblo de Israel.

Jonás también buscaba la justicia.

Sabía que Dios es justo y no sólo procuraba  ser justo, sino esperaba que los demás también vivieran según la justicia.

Sin embargo, Jonás se apasionó tanto en su búsqueda de justicia, que llegó al punto de que los injustos ya no le importaban.

La justicia para Jonás ya lo era todo, ya no era simplemente una meta que todos debían tener. Había pasado de ser algo que él procuraba ayudar a otros a alcanzar, a una simple medida que él usaba para decidir si alguien era digno de su mensaje o no.

Al reconocer estas características en la vida de Jonás, tuve que hacerme unas preguntas.

¿Cómo trato yo a los injustos?

¿Mi conversación con ellos es un simple, “Serás destruido”?

O ¿les explico a los injustos cómo Dios en amor y misericordia busca rescatarlos de la destrucción?

¿Me parezco demasiado a Jonás?

la deuda que tenemos

“Hasta que todo el mundo ha escuchado el Evangelio, somos deudores.” – Steve Ballinger

Estas palabras me cayeron como un balde de agua fría.

¿Te das cuenta?

¡Somos deudores al mundo!

¿Cómo?

El hermano Steve Ballinger lo explicó de esta manera. Se un hermano me da $50 pesos para darte a ti, y yo te veo pero nunca te doy los $50, yo te los debo.

Tiene sentido, ¿no? Dios nos dio la salvación y quiere que hagamos correr la noticia.

Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. Marcos 16:15

Somos deudores.

Sí, a Dios.

Pero, también a los incrédulos.

Yo les debo el Evangelio.

¿Cómo atreverme a descuidar este deber?

koushik-das-312495
Imagen de Koushik Das en Unsplash

si eres cristiano, eres misionero (3/3)

Si eres cristiano, eres misionero.

Hay dos versículos que nos lo indican claramente.

Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 2 Corintios 5:20

Como cristianos, somos representantes de Cristo en la tierra. Cristo, el que predicó claramente: “Arrepentíos y creed en el evangelio.” El que tanto se preocupó por las almas perdidas, el que compartió la verdad con amor.

Cristo ya no está aquí en la tierra.

Nosotros sí. Y es nuestro deber representarlo bien.

Y si predicamos el evangelio, si mostramos Su amor, si compartimos la verdad, si somos buenos embajadores, habremos completado la obra tal como nos la pidió sin esfuerzo extra.

Es que es tan fácil creer que el regalar un folleto, el preparar un mensaje del evangelio, el compartir las Buenas Nuevas en conversación con un compañero son cosas extras. Creemos que sólo los cristianos super espirituales invitan a las personas a sus casas para hablar de la Biblia. Creemos que sólo los misioneros o los pastores pueden organizar una serie de clases para niños o una repartición de textos.

Pero si cada creyente lo hace, ¡no es más de lo que le pidió el Señor!

Es decir, el Señor nos nombra a todos y a cada uno como sus embajadores.

¡Tenemos que representar bien a Cristo! ¡Tenemos que vivir el evangelio, servir a los hermanos y buscar a los perdidos!

¿Y sabes qué?

No habremos hecho más de lo que debíamos.

Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos. Lucas 17:10

Esta es la tercera entrada de tres sobre el cristiano misionero.

una conversación con Daniel

Hace poco Daniel Martínez, un joven de México, visitó la obra en Irapuato y Ricky y yo tuvimos el privilegio de hospedarlo. Nos ayudó a prepararnos para la semana de clases para niños que tuvimos en la semana de pascua, además de acompañarnos en nuestras actividades diarias.

Después de una semana, le hice unas preguntas sobre lo que él había observado.

IMG_4125

1. ¿Quién eres, Daniel?

Soy un joven igual que cualquier otro con problemas, con sueños, con ilusiones pero en lo que soy diferente, creo yo, es en que sé qué es lo que quiero lograr con mi vida. Eso es: servir a Dios en cualquier cosa que haga y en cualquier lugar que esté. Tengo un propósito en mi vida. 

2. ¿Tienes ejemplos de cómo podrías servir a Dios?

Ser luz en donde quiera que estés es servir a Dios. 

3. ¿De dónde viene tu deseo de ayudar en la obra del Señor?

Primeramente, del ser agradecido y tratar de dar un poco de lo que Dios me ha dado. En segundo lugar, es que si tengo la capacidad de hacerlo, ¿por qué no hacerlo? Y la tercera, es la mejor forma de invertir mi tiempo libre. Por último, creo que hasta cierto punto tengo la pasión de hacerlo porque es algo que disfruto. 

4. ¿Este viaje, cómo ha afectado el deseo de servir a Dios? ¿De manera negativa o positiva?

Lo primero es ver que no soy raro por tener este deseo porque estoy conviviendo con dos personas que se pueden llamar locos que se dedican a esto. Lo segundo, es que no no por hacer algo extremadamente gigante o que todo mundo vea o que voy a ser reconocido por eso significa que estoy sirviendo. 

Además, mi tiempo aquí ha generado más pasión en mí por servir. 

5. Tú no eres misionero a tiempo completo. ¿Cómo puedes evangelizar?

Para mí la mejor forma de poder evangelizar es vivir conforme Dios me manda y ser diferente que la sociedad normal. No es necesario hablar de la Biblia o ser la persona que siempre habla de Dios en el camión, pero al ser diferente puedo expresar la luz de Dios en mi vida. 

6. ¿Ha cambiado tu respuesta sobre el evangelismo como resultado de tu viaje esta semana?

No, al contrario, creo que entre  todas nuestras platicas he visto que creo que voy por el camino correcto. De hecho, necesito hacer más. Tengo el reto de hacer más, pero no en forma diferente. 

7. ¿Has visto resultados de tu forma de evangelizar?

Sí, el resultado más grande es que las personas que me rodean se quitan el pensamiento de que el cristianismo es una religión de ancianos y de reglas. 

8. ¿Qué ha cambiado de tu perspectiva sobre el campo misionero en esta semana?

Los misioneros son personas comunes con necesidades que muchas veces vemos como… el super servidor o el que da todo por los demás… y en este viaje me di cuenta que tienen necesidades como cualquier otro. Comer, dormir, tener recreación, etc. Eso sobre todo… 

9. ¿Cuál es un versículo bíblico que te ha impactado en esta época?

Salmo 119:9 Porque no es difícil. Dios no me pide gran cosa. Sólo me pide guardar su palabra. 

¿Con qué limpiará el joven su camino?

Con guardar tu palabra.