Reseña: Cómo ser una mujer de excelencia

51qP8s4XfDL._SX321_BO1,204,203,200_.jpgEl título simplemente te llama, ¿no?

Conseguí este libro de Cynthia Heald hace tiempo y esta semana por fin me senté a leerlo. Pero resulta, que no es un libro, tanto como una guía de estudio que puede ser de bastante ayuda para la mujer cristiana.

La edición que tengo yo fue publicada en 1986 por Navpress, pero encontré una versión en español publicada en 2010 por el Grupo Nelson.

El libro está dividido en cuatro secciones que hablan de diferentes aspectos de la excelencia: la meta, el precio, el premio y la alabanza (de la mujer excelente).

Básicamente guía a la lectora a estudiar y meditar sobre varios versículos de la Biblia, junto con citas relevantes y la autora también comparte algunas reflexiones propias.

En el segundo capítulo, que trata de llegar a ser como Cristo, la autora comparte:

“Dios desea tener comunión con nosotros…y es realista, entendiendo nuestra posición en relación a Él. En muchas ocasiones, nosotros somos los que nos imponemos altas expectativas mientras procuramos vivir la vida Cristian en nuestra propia fuerza.”

En el capítulo cuatro que trata sobre rendirse a Dios, cita a Bill Hull:

“Cuando Jesús habló de negarse a sí mismo, no hablaba de negarnos algún producto lujoso, ni negar la realidad del ser, ni negar las necesidades de uno. Más bien, se estaba enfocando sobre la importancia de renunciar nuestro lugar en el centro de nuestra vida y nuestras acciones.”

En el capítulo seis entra la disciplina y además de aclarar qué es (porque muchos tenemos un concepto equivocado de ella), hay un espacio para escribir nuestras metas en las diferentes áreas de nuestra vida que necesitan disciplina: la mente, la voluntad, las emociones, el cuerpo y el tiempo.

El capítulo sobre la pureza, el capítulo nueve, da una lista de preguntas, cada una basad en un versículo, que nos puede ayudar a discernir si algo realmente es puro para nosotros o no.

¿Es de ayuda (en lo físico, espiritual y mental)? I Cor. 6.12 ¿Me tiene bajo su control? 1 Cor. 6.12 ¿Daña a otros? 1 Cor. 8.13 ¿Glorifica a Dios? 1 Cor. 10.31 ¿Lo puedo llevar a cabo en Su nombre? Col. 3:17

Más de la mitad del libro consiste, no tanto en lecturas, sino en preguntas que hay que responder y versículos sobre los cuales meditar. Es un estudio que exige meditación y consideración, uno que requiere de tiempo para contestar con cuidado cada pregunta, no porque las preguntas son difíciles sino porque son personales y traen convicción al corazón.

Es un libro que toca puntos básicos de la vida cristiana y al iniciar el libro pensé que sería demasiado básico, cosas sencillas que ya sabía. Pero, no es así. El libro tocó mi corazón, me hizo preguntas que yo no quería responder, me hizo reconocer que hay una falta de esos principios en mi vida. ¿Cuáles principios?

Los capítulos cuatro al diez tratan de un principio distinto: la rendición, la obediencia, la disciplina, la discreción, el espíritu afable y apacible, la pureza y la sabiduría.

Son principios que la mujer cristiana necesita volver a estudiar.

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Reseña: Por qué no fui rebelde

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Hay muchos libros sobre la crianza de los hijos escritos por padres y obviamente hay mucho que aprender de personas que formaron a sus familias de una manera que glorifica a Dios. ¡Pero, hace poco me topé con un libro sobre la crianza de los hijos escrito por una hija! Why I Didn´t Rebel: A Twenty-Two-Year-Old Explains Why She Stayed on the Straight and Narrow — and How Your Kid Can Too* (Por qué no fui rebelde: una chica de veintidós años explica por qué permaneció en el camino correcto y cómo tus hijos también lo pueden) de Rebecca Gregoire Lindenbach fue publicado por Nelson Books en 2017 y habla sobre lo que hicieron sus papás y los papás de sus amigos que tampoco fueron adolescentes rebeldes (también incluye información sobre lo que hicieron los papás de sus amigos que sí se rebelaron) para sacar conclusiones sobre lo que pueden hacer y evitar padres creyentes para criar hijos que no se rebelan. Y quizás la lección más impactante es que hay una diferencia entre criar hijos “buenos” y criar hijos no rebeldes. No puedo decir que estoy totalmente de acuerdo con sus conclusiones, pero tiene consejos excelentes respaldados no solo con experiencia personal, sino también con investigaciones independientes.

Como ya mencioné, la lección más grande que aprendí leyendo este libro es que la meta de los padres no debe ser criar hijos “buenos”, es decir, hijos que se portan bien, que no causan problemas, que nunca tienen conflictos con otros. La meta de los padres debe ser criar hijos que glorifican a Dios, esto sí resulta en hijos que en general son “buenos” pero los libra de las expectativas tan dañinas de la perfección. Como dice al inicio del libro:

“padres exitosos no son perfectos, son auténticos (sinceros) y esperan lo mismo de sus hijos.”

Parte de esta sinceridad, es ser abierto con los hijos, dice la autora. Incluso cuando los papás están pasando por momentos difíciles, aunque no es saludable ni necesario explicarles con lujo de detalle todo lo que pasa, sí es bueno aclarar de manera breve lo que está sucediendo para que no haya mal entendidos.

“Como mis papás me dijeron lo que les preocupaba, yo sabía lo que nos enfrentaba. Y sabía que mis papás se estaban encargando. Entonces, no sentía que me estaba ahogando en una falta de seguridad.”

Como todos buenos lineamientos para padres, enfatiza la necesidad de pasar tiempo con sus hijos. No en una actividad estructurada en la que el propósito es algo externo, sino simplemente para estar juntos.

“La forma de realmente llegar a conocer a alguien y que llegue a ser una parte natural de tu vida es no hacer nada juntos.”

¿Y qué tal el servir juntos a Dios? Es obvio que no todas las familias dedicadas a ministerios y la obra del Señor siguen en ese camino de grandes. ¿Qué sucede ahí? En una frase corta, la autora señala el meollo del asunto:

“… la cantidad de servicio no es tan importante como el motivo detrás del servicio”.

Un punto controversial que ella menciona es que la disciplina física no tiene bases en evidencia y la respuesta general del mundo cristiano es que no nos basamos en evidencia sino en la palabra de Dios. Pero, ella está lista para esa respuesta y  cita a un teólogo que señala que los versículos que se usan para promover la disciplina física (cita específicamente Proverbios 13:24) se interpreta fuera del contexto. No puedo decir que estoy de acuerdo con su conclusión, pero tiene un buen argumento que me llevará a investigar más.

En general, creo que la autora da consejos muy buenos. Y realmente, no importa mi opinión porque ella se asegura de dar consejos basados en evidencia científica e investigaciones independientes (la bibliografía es más larga de lo que uno esperaría de un libro así). Presenta evidencia e historias personales y a partir de allí, da consejos. Enfatiza vez tras vez que el punto no es tener una familia ideal, ni hijos que nunca cuestionan nada. La meta es tener relaciones sinceras en las que todos pueden ser quienes son y a la vez impulsarse a ser mejores. Esto requiere de tiempo juntos, de conversaciones largas, de años de establecer buenas vías de comunicación para que cuando lleguen los años de dificultad, ya haya una base firme en la relación. A final de cuentas, eso es lo que ella promueve. No es el mejor libro sobre el tema, pero sí es uno bastante bueno y con una perspectiva fresca.

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