¡No es justo! (Cuando Dios no contesta mi oración como yo quería)

En la revista Esencia, publicaron un artículo mío sobre la oración.

Son pocos los que no conocen la historia de las plagas de Egipto que Dios usó para sacar a los Israelitas de su esclavitud. Pero si Dios hubiera hecho las cosas según quería Moisés, esa historia no existiría.  [Leer más…]

Días así

 Hay días así. 
 ¿Qué se puede hacer? 
 
 No suena el alarma,
 ni hay agua caliente.
 No prenden las luces,
 se fue la corriente.

 Se amarga el café,
 me duele la espalda.
 Se quema el pan, 
 se mancha mi falda. 
 
 No encuentro mi Biblia,
 ¿por dónde empezar? 
 Ni tiempo me da
 si quiera de orar. 
 
 Hay días así. 
 ¿Qué se puede hacer? 
 
 ¡Al menos aún vivo!
 Me tomo un segundo, 
 doy gracias por eso. 
 Respiro profundo.

 ¿Y las bendiciones?
 Me pongo a contar.
 Muy pronto el gozo
 empieza a brotar.
 
 Solo un día malo,
 un día nada más,
 podré superarlo,
 Dios me hace capaz. 
 
 Hay días así. 
 Esto puedo saber:
 
 Dios sigue en control
 y en este día
 sus misericordias
 dará todavía.
 

Las manos

Imagen de Jeremy Yap en Unsplash
Manos abiertas,
Dios las llena.
Manos cerradas,
Dios no obliga.
Manos abiertas 
todo reciben,
todo entregan.
Rebosando,
bendiciones 
dan a otros.
Luego ofrendan
sufrimientos
al Señor.
Manos abiertas
Dios las llena.
Manos abiertas
¡viven todo!
Manos cerradas
Dios no obliga, 
nada reciben.
No sacrifican,
ni comparten,
nada sufren.
Miserables,
nada tienen,
nada dan.
Manos cerradas 
Dios no obliga. 
Manos cerradas
nada viven.
Manos abiertas,
Dios las llena.
Manos cerradas,
Dios no obliga.

Reseña: Faltas cortas para mentes largas

Faldas cortas para mentes largas de Diana Giraldo fue publicado por la Editorial Letra Minúscula en noviembre del 2020. Conseguí la versión electrónica y lo leí en un par de días. Los cuentos cortos de esta autora resultaron adictivos, están bien escritos y te cautivan desde el inicio de cada uno. 

Siento un conflicto acerca de este libro. La autora nos dio unos cuentos extremadamente bien escritos. Me llevaron a la vida y situación de cada personaje. Me llenaron de lo que sentía cada una: ira, resignación, orgullo… y de ahí mi conflicto, porque pocas veces sentí esperanza. Dicho eso, en estos cuentos veo reflejada a mi amiga, a su tía, a una prima… La autora logró plasmar la vida como es, especialmente para la mujer en latinoamerica, y lo hizo muy bien.

Los cuentos están organizados en categorías dependiendo del tema: Resignadas, Sueños, Maternidad, Liberación, Hombres, Propósito y Complejidades. La colección de citas, refranes, preguntas y poemas al inicio de cada categoría delata que estos cuentos no se tratan de entretenimiento, sino que fueron escritos para hacernos reflexionar.

Entre los cuentos sobre mujeres resignadas, hay uno sobre varias mujeres que quedaron embarazadas, engañadas por un hombre ya casado:

“La madre del niño se llenó de valor y caminó como pudo, por las calles de la vida tomada de la mano de su bendición. Así lo hizo. Por pura dignidad.”

En la categoría de Sueños, encontré el inicio de la historia que más disfruté. La historia de una mujer que pasa la vergüenza de que su sobrino eligió una chica no digna de él. 

“Preciso, mi sobrino se casó con una doña nadie, una muchacha joven pero sin apellido, sin familia, sin belleza, sin riqueza… y yo me voy a encargar de arreglar a la esposa para presentarla ante la sociedad. Qué estrés, arreglar a alguien que no tiene arreglo para que quede aceptable.”

La historia termina en la categoría de Liberación con el punto de vista de la nueva esposa, en un cuento llamado “La fea”.

“Y fue el tiempo, el que le permitió ver en el espejo su belleza, los logros alcanzados, las cualidades que la hacían única e irrepetible… descubrió… su fuerza.”

El libro termina con una carta a la lectora. Las lecciones sobre cobrar fuerza, salir adelante, esperar un mejor futuro, etc. que la autora desea que aprendamos se encuentran allí, de manera muy clara. Sin embargo, muchas personas no leen los prólogos ni las introducciones y me temo que tampoco leerán esta carta de la autora al final del libro; es por eso que me hubiera gustado ver más esperanza en los mismos cuentos.

Este estilo de obra es precisamente el que disfruto más: descripciones de la vida cotidiana que te llevan a experimentar lo que vive el protagonista. Y el talento de la autora es evidente en la forma en que me hizo sentir lo que experimentó cada protagonista. Quizás no encontré mucha esperanza en los cuentos porque muchas mujeres así viven su vida… sin esperanza. Pero, en mi opinión, un libro cristiano precisamente de eso se trata: de señalar la esperanza que tenemos en Cristo, sin importar las circunstancias. Es es la única, gran falla que tiene esta colección de cuentos tan bien escritos.

El sufrimiento: la puerta al gozo

“Cualquier cosa, si se entrega a Dios, puede ser tu puerta al gozo.” —Elisabeth Elliot

Imagen de Denny Müller en Unsplash

Como esta autora es una de mis héroes, esta frase me es muy conocida, pero últimamente ha sido un tema recurrente. Algo similar surgió en una conversación con mi esposo anoche. Y hace poco leí en un libro devocional, “Aunque no tenga el privilegio de ser crucificado, de ser martirizado de manera literal para Dios, sí tengo el privilegio de ofrecerle lo que sea que Él me ha dado.” 

Esta verdad le da un propósito especial a cada cosa que llega a la vida. 

Si pasas años soltera, deseando un marido, esa soledad puede ser una ofrenda a Dios. Si Dios te llama a ir lejos de tu familia, puedes recibir las dificultades del choque de culturas como algo para ofrecerle en ofrenda. Si vives con una enfermedad crónica, puedes poner tu sufrimiento físico sobre el altar de tu vida como ofrenda a Dios.

Puedo dar todo lo que llega a mi vida en ofrenda a Dios. 

Puedo llevar ante Dios en oración lo que estoy sufriendo, no solo para desahogarme, sino también para dejarlo a sus pies en sacrificio. Para aceptar que Él permitió que esto entrara en mi vida. Para reconocer que si lo dejo en Sus manos, lo usará para bien. 

Cristo fue nuestro máximo ejemplo de esto, obviamente, porque por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz. Su sufrimiento fue su puerta al gozo. 

Nuestro sufrimiento tampoco es en vano. Nuestro sufrimiento también puede ser nuestra puerta al gozo. Depende de lo que hagamos con él. 

Podemos tolerar el sufrimiento, esperando a que pase, preguntándonos por qué nos sucedió. O podemos entregar nuestro sufrimiento a Dios, en oración ponerlo en sus manos, para que Él lo use según Su sabiduría. Una es la puerta a la amargura. La otra, la puerta al gozo.