Reseña: Peregrina, Una historia en Real del Monte

Peregrina: una historia en Real del Monte  fue publicada por Milamex en 2014. La novela histórica fue escrita por Keila Ochoa Harris, una héroe de mi niñez a quien tuve el privilegio de conocer en junio. El libro, aunque corto, abarca toda la historia de Liza, una chica inglesa que trabaja en las minas y que ama la historia de la Peregrina, escrita por John Bunyan, pero que pronto se halla en Real del Monte, un pueblo totalmente desconocido en un país de América: México. Sencilla al principio, la historia va cobrando más vida y tomando más complejidad al pasar los años. ¡Disfruté muchísimo leer esta novela!

Durante todo el libro, Liza y sus compañeras se identifican con Peregrina (recomiendo el libro que cuenta la historia de la esposa de Cristiano). 

“—El intérprete le enseñó a Cristiana y a Misericordia que algunas aves cantan bonito, pero comen arañas. Así pasa con muchos de sus compatriotas. Hablan De Dios, pero no lo siguen. Y lo mismo pasa en mi antigua religión. Pero yo no me echo para atrás. Voy camino al cielo, les guste o no. 

Liza sonrió. Tenía frente a ella a una verdadera peregrina.”

Liza y su familia pasan por el Collado de la dificultad y se estancan en la Tierra encantada, pero a través de profundas tragedias ella aprende a confiar en Dios, aunque no entienda sus propósitos. 

“—¿Sabes, Liza? Vivimos en un mundo de dolor, un mundo oscuro. La pregunta no es si sufriremos, sino cuándo. Y una vez que la tragedia toca la puerta, lo único seguro es sostenernos en Dios.”

Como para muchos en los años prerrevolucionarios, la muerte asedia a la protagonista y pierde a muchos de sus seres queridos. La vida de esa época era muy difícil y esta novela nos lo representa: peligros en el mar al cruzar, inseguridad en carretera, inestabilidad política, falta de atención médica moderna y claro, las minas, siempre peligrosas, siempre asesinas. Pero la novela no solo representa esos aspectos de la vida. También vemos diferencias culturales en la mezcla de los ingleses, mexicanos, españoles y franceses. Se mencionan platillos, idiomas y religiones que tuvieron que buscar la manera de incorporarse en un solo pueblo. Para mí, fue una manera encantadora de aprender más sobre esta parte tan interesante de la historia mexicana. 

En conclusión, la novela me cautivó. Liza es una protagonista humana, con fallas y fuertes, de su época, sin mucho conocimiento bíblico ni científico, pero una que al final del libro termina siendo como una amiga. Los personajes de la novela y su interacción con la historia de este país me encantaron. 

5 of 5 thumbs up

el pequeño violinista

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Imagen de nael f en Unsplash

—¡No me sale!

Si hubieras estado allí esperando un tren esa tarde fría y húmeda, hubieras visto a un niño en shorts que permitían ver sus rodillas mugrosas y un sombrerito que cubría su cabello despeinado. Sus ojos cafés tenían chispas doradas que, en ese momento, ardían de coraje y desesperación. Por un momento parecía que lanzaría el violín al piso de concreto, pero su hermana tocó su su brazo.

—Tranquilo. Descansa. Luego intentamos el ejercicio otra vez— la suave voz de la adolescente fue interrumpida por una tos fuerte. —Sí te sale—.

Se parecían en los ojos. Tenían la misma forma, pero ya no había fuego en los ojos de la jovencita y el saludable tono moreno de su piel se había vuelto amarillento. Ella había podido tocar el violín con suficiente habilidad para agradar a los que pasaban. Las monedas que caían en el estuche del violín eran suficientes para comprar comida para ella y su hermanito cada día, a penas. Pero, ya no se sentía tan bien y no aguantaba los vientos crueles que corrían por la estación. Sólo podía estar allí unas cuantas horas al día. Y ahora le tocaba a su hermanito.

El niño suspiró y observó a su hermana quien había cerrado los ojos. Él sabía lo importante que era aprender a tocar el violín bien, hacer los ejercicios y buscar cada vez más claridad y control. Pero, él estaba cansado. Aunque ya estaría tomando la responsabilidad de alimentar a su pequeña familia, aún era un niño. Y quería jugar un ratito.

Levantó el violín de nuevo, ahora sin la firme expresión de dedicación en sus labios. No, esta vez, esos delgados labios con su tono azulado casi sonreían.

Sus manos volaron sobre las cuerdas. Su cuerpo completo comenzó a bailar. Y el violín empezó a cantar.

Cantaba acerca de días soleados y campos verdes. Cantaba de noches entre familia con caldo de res suficiente para todos. Cantaba de esos días que el niño ya no recordaba, pero su corazón sí.

Y sobre la pálida cara de su hermanita, se empezó a ver esperanza. Esperanza en su hermanito, porque cuando su hermanito tomaba el violín se oía algo especial. Ella tenía suficiente habilidad para saber que ella no pasaría jamás de una joven tocando en una estación de tren para ganarse unas monedas. Pero también para reconocer que a su hermanito algún día le llamarían un genio musical.

Cuando sus manos dejaron de bailar sobre las cuerdas, cuando había terminado de cantar acerca de esos campos verdes con abundancia de comida, la hermana mayor tosió de nuevo y abrió los ojos.

—¡Qué bonito tocaste! Ahora, vamos a empezar de nuevo con ese ejercicio, sé que esta vez sí te sale perfectamente.

Y el niño volvió a comenzar. Él practicaba sin reconocer lo que su hermana sabía.

En sus manos había magia.