lo que nadie te puede hacer

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Romanos 8:35

Es interesante que el apóstol nos da una lista de cosas que nos pueden pasar, cosas que podemos vivir o sentir.

Pero, la pregunta que hace no es: “¿Qué nos separará del amor de Cristo?”

Es: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?”

Cuando consideramos este versículo es fácil enfocarnos en los que nos pasa. Circunstancias de tribulación, falta económica o peligro e inseguridad.

Pero, detrás de cada una de estas cosas existe una persona.

Es otro ser humano el que causa angustia. Es otro ser humano el que me persigue. Es otro ser humano el que trae la espada que amenaza mi vida.

Y a veces es la persona que menos esperaba, una persona en quien confiaba.

Pero, Romanos 8:35 asegura que nadie, ninguna persona, me puede separar del amor de Cristo.

No importa lo que me hagan, no me pueden separar del amor de Cristo.

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Imagen de Gaelle Marcel / CC-BY

 

cuando sientes que no tienes por qué seguir adelante

Hay días que no te sientes muy bien.

Días en los que tus fallas se ven magnificados hasta sentir que ya no hay por qué seguir adelante.

Al diablo le encanta que pensemos así. Él fomenta la idea que “lo poquito que puedes ofrecer al Señor no tiene suficiente valor.” El Enemigo quiere convencerte de que no vale la pena echarle ganas al servicio del Señor y usa mil y un razones para hacerlo.

“No haces lo suficiente.”

“Eres sólo una persona.”

“¿Quién te crees?”

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Imagen de Cristian Newman / CC-BY

¿Pero, sabes qué? Cuando tengo días así, pienso en Isaías 53:11.

“Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho;”

Cristo está satisfecho con el fruto de la aflicción de su alma.

¡Contigo!

¡Tú eres el fruto de la aflicción de su alma!

Cristo te ve y está satisfecho. Él está obrando en tu corazón para formarte cada vez más a Su imagen. Él te impulsa a servir aún en lo pequeño. Él toca tu espíritu para que hagas lo correcto aunque sea difícil.

Y está satisfecho contigo.

Eso no nos da motivo para flojear en la vida cristiana. Al contrario, ¡es ánimo a seguir adelante! Así como los papás están encantados con los esfuerzos de su bebé al dar su primer paso tembloroso y lo felicitan por su progreso, Cristo aprecia tu esfuerzo.

La próxima vez que sientas que no tienes por qué seguir, recuerda la obra de Cristo. Él te compró con su vida.

Cristo te ve, el fruto de su aflicción, y está satisfecho.

una razón para seguir

¿Por qué seguir trabajando con niños en el evangelio?

¿Te has llegado a preguntar eso cuando te duele la cabeza el sábado por la noche? ¿O cuando ese niño nomás no deja de distraer a los demás? ¿O cuando la mamá te regaña por enésima vez convencida de que su hijo es un angelito que definitivamente merecía la paleta de buen comportamiento?

¿Por qué seguir?

Por que cuando los niños llegan a la clase bíblica, no conocen a Dios. No tienen idea de qué es el amor verdadero. No han visto el amor incondicional. No han experimentado el amor en disciplina. No saben la importancia de la obediencia. ¡Y están seguros de que no son pecadores!

Y tú, maestra o maestro, tienes el enorme privilegio de demostrar con tu actitud, tus palabras y tus hechos quién es Dios.

Viviendo ante ellos, tú demostrarás cómo es el amor incondicional que los ama a pesar de cómo se porten, pero un amor que requiere de obediencia y que permite disciplina. Tú les enseñarás que son pecadores y por qué es tan terrible.

Y algún día todas las verdades que han escuchado acerca de Dios a través de tantas clases repentinamente tendrán sentido, se armará el rompecabezas de todos los datos y conceptos que han aprendido.

Dirán, “¡Ah! Ya entendí. Dios es cómo mi maestra.”

Y todo habrá valido la pena.

el día después

Hoy es el día después del 25 de diciembre.

No se le conoce como el 26, sólo es para casi todos “el día después de…” Así es con todos los días grandes, ¿no? Los niños no piensan en el 7 de enero. Ése es el día después de los regalos. Las madres no piensan en el 11 de mayo. Ése es el día después de las atenciones. Los días después son los días en el que se va la emoción. Ya los regalos no son nuevos. Ya pasó la celebración. Ya llegó la realidad.

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Imagen de Allef Vinicius / CC-BY

Y es fácil sentirse decepcionado.

De hecho, sentirse así después de toda la emoción de las fiestas, es normal. Sólo no es bueno quedarse en ese estado emocional. Cierto, la celebración ya pasó. Las vacaciones se van, los regalos pierden su novedad.

Pero, la verdadera razón por la que celebramos ¡ahí sigue!

No quiero decir que debemos vivir siempre en un estado de emoción o celebración. Eso es imposible.

Lo que es posible es vivir contentos.

No bailando de felicidad a diario ni brincando de alegría. Pero, contentos. Podemos estar agradecidos y sentir satisfacción porque aunque la fiesta se acabó, la verdad no ha cambiado: vino el Salvador.

Aún “el día después de,” podemos estar contentos porque vino el Salvador.

el día de acción de gracias

Salmos 26:7 Para exclamar con voz de acción de gracias, Y para contar todas tus maravillas.

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Imagen de Chelsea Francis / CC-BY

Ayer fue el día de acción de gracias en Canadá.

Allá es un día para hacer una cena elegante y reunirse con familiares. Pero más que nada, es un día en el que se medita sobre todas las bendiciones que Dios ha dado. Aquí en Irapuato, mi esposo y yo no lo celebramos en grande. Sólo nos levantamos tarde y en la noche salimos a cenar en la plaza, ¡compartimos una deliciosa crepa de fresas con nutella y queso crema! Pero hay muchísimas cosas por las cuales agradecer a Dios, todo el año; y en este blog procuramos que cada martes sea un día de acción de gracias.

Entonces, te pido que me acompañes en este este día al darle gracias a Dios y compartir todas Sus maravillas.