cómo estar lleno de gozo

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En la Biblia, el agua representa la Palabra de Dios.

En la Biblia, el vino representa el gozo.

 

Y si tomamos en cuenta estas figuras, podemos aprender algo increíble sobre la vida cristiana de la historia de Cristo en las bodas de Caná. Juan 2:7-10 dice esto:

“Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora.”

Los siervos obedecieron a Cristo. Llenaron las tinajas. Las llenaron hasta arriba. ¿Hubiera sido terrible si sólo las hubieran llenado? ¿O qué tal dejarlas a tres cuartos? ¿Hubiera sido tragedia?

Probablemente, no.

Pero, los siervos llenaron las tinajas hasta arriba.

Y luego, ¡Cristo hizo el milagro! Cristo convirtió el agua en vino.

Y las tinajas ahora estaban llenas de vino, hasta arriba.

Ahora, la Biblia está llena de versículos que nos muestran la importancia de tener la Palabra de Dios siempre en nosotros. Josué 1:8 es un buen ejemplo.

“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito…”

Él me manda a llenarme de Su Palabra.

Y no es sólo porque quiere que le obedezca por el simple hecho de obedecer. Es por que Él me quiere llenar de gozo. Hasta arriba. 

¿Qué tanto le voy a obedecer? ¿Llenaré la tinaja hasta la mitad? ¿O me voy a llenar hasta arriba de Su Palabra?

Cristo no se encargó de llenar las tinajas y también convertir el agua en vino. El trabajo de llenarlas les correspondía a los siervos. Cristo hizo la otra parte.

De igual manera, yo no puedo esperar que Cristo me llene de su Palabra. ¡Eso me corresponde a mí! ¡Mandó que yo lo hiciera!l Y Él hará lo demás.

Entre más obedezca, entre más me lleno de Su Palabra, más me podrá llenar Él de gozo.

la receta para una vida cristiana

Debes empezar con un recipiente de salvación de acero inoxidable. Notarás que esta ya viene llena de vida eterna, es decir, ilimitada.

Luego, agrega 1 cucharada sopera de jarabe de gozo. Ésta se incorporará de inmediato pero al poco tiempo verás que se hunde y forma una bola en el fondo del recipiente. Esto es porque aún no has agregado el líquido claro que viene en una botellita negra, el vinagre de sufrimiento. Casi siempre, el jarabe de gozo y el vinagre de sufrimiento se venden juntos, ya que se necesita el sufrimiento para que se disuelva el jarabe y quede su dulce sabor completamente incorporada a la bebida. Siempre hay que agregar la misma cantidad de sufrimiento que de gozo (el vinagre hace que la dulzura del jarabe se intensifique un poco, entonces siempre tendrá un sabor un poco más fuerte el jarabe.)

Después, agrega dos cucharadas soperas de Señorío de Cristo. Procura que se la esencia más pura y fuerte que encuentres porque la intensidad del sabor depende mayormente de este ingrediente clave.

Para completar la bebida, agrega 1 cucharada sopera de amor en polvo. Hay que moverlo con una cuchuara porque es mucho más difícil que se incorpore. Pero, no recomiendo reemplazarlo (como algunos sugieren) con el amor líquido que se incorpora de inmediato, ya que la sustancia del amor en polvo tiene un sabor más sincero y es duradero, mientras que el sabor del amor líquido se evapora en poco tiempo y si se contamina con una gota del vinagre de sufrimiento, ni se diga…

Esta bebida te va a durar toda la vida, pero para que te sepa igual de fresco y rico cada mañana, hay que echarle unas gotitas de la Palabra de Dios, esto es al gusto. (Aunque por ahí comentan algunos abuelitos que entre más gotas, mejor el sabor.) Y como último toque esencial, hay que espolvorearlo con oración durante el día.

Esta receta te será de mucha utilidad, pero advierto que si buscas quitar un ingrediente o reemplazarlo con una imitación, te va a salir completamente amargo.

el Señor trajo un alma (y luego más)

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Imagen de hiva sharifi en Unsplash

El otro domingo, me encontraba en la puerta del Centro Bíblico llamando a los niños por sus nombres porque Ricky y yo los íbamos a llevar a sus casas.

Gabi, una niñita de cabello ondulado, ojos grandes y una sonrisa chimuela, se me acercó. “Maeta, ¿va a haber case oto día?”

“¿Me preguntas si vamos a tener estudio entre semana? ¿Cómo el miércoles?”

Gabi asintió con la cabeza.

“Sí, el miércoles a las siete de la tarde hay un estudio.”

“¿Y puedo veni?”

¡No puedo expresar el gozo que sentí cuando oí esas palabras! ¡Una niña que quería venir con más frecuencia! ¡Un alma que oiría la Palabra de Dios más!

“Sí, si quieres podemos pasar por ti.”

Gabi ya tiene más de un mes viniendo los miércoles, cuando tenemos oración y estudio. Y en varias ocasiones también ha decidido quedarse a la predicación del evangelio el mismo domingo. Cuando se enteró su primo, él también quiso venir. Y así hemos llegado a tener entre 2 y 5 niños en las predicaciones últimamente. ¡Y qué gozo nos da verlos ahí!

¿Qué fue lo que hizo que Gabi hiciera esa pregunta?

¿Por qué se le ocurrió venir? Lo hizo unos domingos después de una predicación especial. ¡Quizás se esperaba otra comida!

La verdad, no tengo las respuestas.

Pero, estoy agradecida con Dios porque tocó su corazón de alguna manera. Quizás fue porque hay una maestra que le habla por su nombre cuando le da la bienvenida, quizás porque hay un maestro que la saluda de mano y le pregunta cómo está. Quizás porque los maestros de la clase procuran mostrarle el amor de Dios.

Quizás no tiene nada que ver con lo que los maestros hacen o no hacen. A final de cuentas fue el Señor el que la trajo a oír más de su Palabra.

el sufrimiento y la gloria

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Imagen de Michael Barth en Unsplash

No hay gloria sin sufrimiento.

Y el sufrimiento siempre lleva a la gloria.

Aprendí esto en un estudio sobre 1 Pedro hace un par de semanas.

“…el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.” 1 Pedro 1:10, 11

En la vida de Cristo, primero vino el sufrimiento y después, las glorias.

Y en mi vida también, primero tiene que venir el sufrimiento y después, las glorias.

Dios quiere ver gloria en mi vida.

Me quiere limpiar. Quiere mostrar a todo mundo que en mí puede crear la fe pura y permanente.

Pero antes de esa gloria, tiene que venir el sufrimiento.

“…para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo…” 1 Pedro 1:7

El fuego limpia, deja sólo pureza.

Me anima saber esto.

He pasado por días de fuego. Y pasaré por más.

Tú también.

Pero, el sufrimiento no será en vano.

El resultado en nosotros será fe pura, gloria brillante.

la hermosura de ser maestra

Hace unos años, me contaron algo que casi me hizo llorar. Lo escribí en el momento y lo acabo de volver a encontrar.
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Betito* tiene 5 años y es uno de mis alumnos más quietos.

Después de un año en mi clase bíblica, por fin comienza a responder a las preguntas. Las únicas participaciones que ha tenido hasta ahorita, son en decir su versículo de memoria. Betito es un niño pequeño, con pancita de bebé aún y ojos cafés grandes. Su cabello es castaño claro, tan claro que casi se ve rubio, y tan corto que a penas se le notan los rizos. Aunque, es muy educado, siempre parece estar distraído, esté en clase o platicando después.

Es uno de los alumnos que no sé si realmente están absorbiendo la información o no.

Sus padres han tenido problemas con su familia durante años porque es muy religiosa. Y desde que murió la bisabuela de Betito, todo se ha puesto peor. Hace unos días, estaban visitando a su abuela cuando ella le dijo que iban a orar por el alma de su bisabuela.

Él le contestó que no, que él y su mamá ya iban a salir.

Le contestó su abuela, “Bueno, vamos a rezar a la Virgen para que te proteja y te lleve con seguridad a donde vayas.”

“No necesito a la Virgen. El Señor Jesucristo murió por mis pecados.”

“¿Quién te dijo eso?”

“Mi maestra Erika.”

*Cambié el nombre por cuestiones de privacidad.