el Señor trajo un alma (y luego más)

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Imagen de hiva sharifi en Unsplash

El otro domingo, me encontraba en la puerta del Centro Bíblico llamando a los niños por sus nombres porque Ricky y yo los íbamos a llevar a sus casas.

Gabi, una niñita de cabello ondulado, ojos grandes y una sonrisa chimuela, se me acercó. “Maeta, ¿va a haber case oto día?”

“¿Me preguntas si vamos a tener estudio entre semana? ¿Cómo el miércoles?”

Gabi asintió con la cabeza.

“Sí, el miércoles a las siete de la tarde hay un estudio.”

“¿Y puedo veni?”

¡No puedo expresar el gozo que sentí cuando oí esas palabras! ¡Una niña que quería venir con más frecuencia! ¡Un alma que oiría la Palabra de Dios más!

“Sí, si quieres podemos pasar por ti.”

Gabi ya tiene más de un mes viniendo los miércoles, cuando tenemos oración y estudio. Y en varias ocasiones también ha decidido quedarse a la predicación del evangelio el mismo domingo. Cuando se enteró su primo, él también quiso venir. Y así hemos llegado a tener entre 2 y 5 niños en las predicaciones últimamente. ¡Y qué gozo nos da verlos ahí!

¿Qué fue lo que hizo que Gabi hiciera esa pregunta?

¿Por qué se le ocurrió venir? Lo hizo unos domingos después de una predicación especial. ¡Quizás se esperaba otra comida!

La verdad, no tengo las respuestas.

Pero, estoy agradecida con Dios porque tocó su corazón de alguna manera. Quizás fue porque hay una maestra que le habla por su nombre cuando le da la bienvenida, quizás porque hay un maestro que la saluda de mano y le pregunta cómo está. Quizás porque los maestros de la clase procuran mostrarle el amor de Dios.

Quizás no tiene nada que ver con lo que los maestros hacen o no hacen. A final de cuentas fue el Señor el que la trajo a oír más de su Palabra.

el sufrimiento y la gloria

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Imagen de Michael Barth en Unsplash

No hay gloria sin sufrimiento.

Y el sufrimiento siempre lleva a la gloria.

Aprendí esto en un estudio sobre 1 Pedro hace un par de semanas.

“…el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.” 1 Pedro 1:10, 11

En la vida de Cristo, primero vino el sufrimiento y después, las glorias.

Y en mi vida también, primero tiene que venir el sufrimiento y después, las glorias.

Dios quiere ver gloria en mi vida.

Me quiere limpiar. Quiere mostrar a todo mundo que en mí puede crear la fe pura y permanente.

Pero antes de esa gloria, tiene que venir el sufrimiento.

“…para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo…” 1 Pedro 1:7

El fuego limpia, deja sólo pureza.

Me anima saber esto.

He pasado por días de fuego. Y pasaré por más.

Tú también.

Pero, el sufrimiento no será en vano.

El resultado en nosotros será fe pura, gloria brillante.

la hermosura de ser maestra

Hace unos años, me contaron algo que casi me hizo llorar. Lo escribí en el momento y lo acabo de volver a encontrar.
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Imagen de Caleb Woods en Unsplash

Betito* tiene 5 años y es uno de mis alumnos más quietos.

Después de un año en mi clase bíblica, por fin comienza a responder a las preguntas. Las únicas participaciones que ha tenido hasta ahorita, son en decir su versículo de memoria. Betito es un niño pequeño, con pancita de bebé aún y ojos cafés grandes. Su cabello es castaño claro, tan claro que casi se ve rubio, y tan corto que a penas se le notan los rizos. Aunque, es muy educado, siempre parece estar distraído, esté en clase o platicando después.

Es uno de los alumnos que no sé si realmente están absorbiendo la información o no.

Sus padres han tenido problemas con su familia durante años porque es muy religiosa. Y desde que murió la bisabuela de Betito, todo se ha puesto peor. Hace unos días, estaban visitando a su abuela cuando ella le dijo que iban a orar por el alma de su bisabuela.

Él le contestó que no, que él y su mamá ya iban a salir.

Le contestó su abuela, “Bueno, vamos a rezar a la Virgen para que te proteja y te lleve con seguridad a donde vayas.”

“No necesito a la Virgen. El Señor Jesucristo murió por mis pecados.”

“¿Quién te dijo eso?”

“Mi maestra Erika.”

*Cambié el nombre por cuestiones de privacidad.

¿por qué eres significante?

¿Por qué tienes valor?

¿Por qué eres importante? ¿Qué te da significado?

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Imagen de Ehimetalor Unuabona en Unsplash

Algunos, si no estamos ayudando a alguien, nos sentimos insignificantes. Otros sólo nos sentimos importantes cuando nadie está enojado con nosotros. Y otros más sólo sentimos que tenemos valor si nos vemos guapos.

Hay mil cosas que nos hacen sentir valiosos. Pero, todo puede cambiar.

Mi apariencia puede cambiar con un accidente repentino. Es imposible que todos siempre estén contentos conmigo. Mi capacidad de ayudar a alguien disminuye si tiene un proyecto del que no sé nada. Todas las cosas que me hacen sentir valiosa pueden cambiar.

Entonces, ¿qué es lo que realmente me da valor?

Cristo me ama.

¡Si sólo pudiera recordar esto!

Mi valor no se basa en cuánto ayudo a los hermanos en la conferencia. Ni en la cantidad de folletos que regalé la semana pasada. Ni tampoco en el número de seguidores que tengo en Instagram.

Soy valiosa porque Cristo me ama.

Soy significante porque soy significante para Cristo.

Y si ese es el fundamento de mi valor ¿puede cambiar?

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?… Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 8:35, 36

Nada me puede separar del amor de Cristo.

Y eso me da una seguridad tremenda.

lo que nadie te puede hacer

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Romanos 8:35

Es interesante que el apóstol nos da una lista de cosas que nos pueden pasar, cosas que podemos vivir o sentir.

Pero, la pregunta que hace no es: “¿Qué nos separará del amor de Cristo?”

Es: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?”

Cuando consideramos este versículo es fácil enfocarnos en los que nos pasa. Circunstancias de tribulación, falta económica o peligro e inseguridad.

Pero, detrás de cada una de estas cosas existe una persona.

Es otro ser humano el que causa angustia. Es otro ser humano el que me persigue. Es otro ser humano el que trae la espada que amenaza mi vida.

Y a veces es la persona que menos esperaba, una persona en quien confiaba.

Pero, Romanos 8:35 asegura que nadie, ninguna persona, me puede separar del amor de Cristo.

No importa lo que me hagan, no me pueden separar del amor de Cristo.

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Imagen de Gaelle Marcel / CC-BY