¿Cuándo seré como Cristo?

“Dime con quién andas, y te diré quién eres.”

Nuestra meta es ser como Cristo y la mejor manera de ser como Él es pasar tiempo con Él. 

Por el momento, nuestra manera de pasar tiempo con Cristo es leer la Biblia, orar y meditar en las Escrituras. No podemos ver a Cristo físicamente y para muchos (y me incluyo) es un reto pasar tiempo con Cristo a diario para ser más como Él.

Pero 1 Juan 3:2 me dio una gloriosa esperanza.

“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.”

¡Qué privilegio! Le veremos tal como es. Ya no tendremos estos impedimentos de la carnalidad. Ya no tenemos las distracciones del mundo ni las tentaciones de Satanás. Ya no veremos a través de un espejo, oscuramente. Le veremos tal como Él es, en toda su gloria y hermosura. 

¡Qué gloria! Seremos semejantes a Él. Ya no tendremos que esperar, sino que se completará la obra de transformarnos. La buena obra comenzada en nosotros, será perfeccionada.

Hoy, luchamos para ver a Cristo y pasar tiempo con Él. Hoy, es una batalla esa transformación de carácter. Pero, ¡qué maravilla! Llegará el día cuando seremos semejantes a Él porque le veremos tal como Él es.

Una prueba

Yo no conocía

este dolor

y esta tortura

me es nueva.

Un peso en el pecho,

y el corazón

rodeado de presión,

nunca antes

lo había sentido.

Pero hoy sí.

Muy secos los ojos,

débil caigo

Ante este enemigo

sin respirar.

Totalmente sola,

agobiada

y golpe tras golpe,

cae sobre mí.

Mi cuerpo doblado,

–¡Ya no puedo!—

declaré mi verdad

mas sin saber

que era mentira.

Yo no conocía

este dolor.

Estoy descubriendo

(muchos saben),

con el sufrimiento,

se puede vivir.

montaña blanca

Hoy es un gusto compartirles un escrito poético no mío, sino de una amiga. ¡Espero lo disfruten como yo!

MONTAÑA BLANCA

Mira hacia arriba, mira la blanca montaña que acabas de conquistar.

Mira cuán pequeño eres.

Mira tus pies esforzándose por no caer. Le temes a la capa de hielo sobre el asfalto de una carretera estrecha y solitaria, temes resbalar porque aún te quedan por andar unos tres o cuatro kilómetros cuesta abajo, para llegar al pequeño pueblo donde te sentirás a salvo del gélido viento que ahora azota tu piel y quema tu rostro.

Mira a tu derecha, el Sol casi ha descendido por completo y pronto reemplazarán los tonos violetas al anaranjado y al rojizo que ahora inundan el horizonte.

La temperatura que continúa bajando con el Sol, tan escandalosa y estrepitosa, que lo puedes percibir hasta con el más pequeño de tus huesos.

Llegarás a tiempo, no deberás preocuparte por la helada noche, varios grados bajo cero.

Vivías en medio del verde, extendías la mano y encontrabas fácilmente una fruta jugosa y fresca que echarte a la boca. Los mangos maduraban y caían al suelo sin que nadie los recogiese, eran tantos que ya nadie quería comerlos.

La hora más agradable era justo la que antecedía al amanecer, cuando la noche alcanzaba su punto más fresco y tu piel se libraba por un poco del permanente calor.

No ha pasado tanto tiempo. Fue en una sola vida que el viaje te llevó hasta ese paraje nevado.

Te preguntas ¿Qué es la eternidad? ¿Qué es un tiempo sin principio ni final?

Ahora crees entenderlo, la eternidad no es una línea dibujada, carece de estado, carece de forma. Piensas que es parecido a la sensación tranquila que ahora recorre cada milímetro de tu ser, cada fibra de tu alma y cada rincón de tu espíritu.

Aún hay más que quiero mostrarte, aún hay paisajes que pueden estremecerte.

Mira, mírame a mí.

Mira el cuadro que yace frente a ti.

Lo sientes, sientes un suspiro abandonar tu cuerpo y un pensamiento nacer en tus ojos y terminar en algún lugar de tus entrañas.

Me escuchas, me escuchas en el viento que en tus oídos pareciera cantar a murmullos sin palabras.

Abandónate a mí y colmaré tus sentidos.

Abandónate a mí y aprenderás de los misterios.

Abandónate a mí y hallarás aún y lo que todavía no sabes que buscas.

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Helena Tornel

Mi primer gran sueño fue escribir, mientras que publicar es uno que va naciendo. Soy escritor aficionado y mi género es la ficción y poesía lírica.

Nací en México, crecí muy cerca de Guatemala y he pasado la vida viajando. Espero que mis palabras sirvan cual ventanas a quien desee volar a través de las letras.

el temor (casi) nunca es de Dios

Nunca tomes una decisión basada en el temor.

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De mwangi gatheca en Unsplash

No recuerdo en dónde leí esa frase pero muchísimas veces viene a mi mente cuando tengo que tomar una decisión.

Es que es tan fácil dejarnos regir por el temor.

En decisiones cotidianas, como cuando tememos que si somos vulnerables con nuestros hermanos en Cristo nos criticarán, entonces mejor no compartimos.

En decisiones insignificantes, como cuando tememos que si no tenemos una cuenta en Facebook vamos a perdernos la vida social que tienen nuestros amigos, entonces mejor abrimos la cuenta.

En decisiones importantes, como cuando tememos que si permitimos que el Señor elija nuestra pareja será alguien con quien no podremos ser felices, entonces tomamos esa decisión sin consultarlo.

Y muchas veces ni cuenta nos damos de que detrás de todas nuestras consideraciones, hay un temor que dirige todos nuestros pensamientos hacia una elección u otra.

Por eso es tan saludable preguntarnos, antes de tomar una decisión: ¿cuál es mi temor sobre esta decisión? Una respuesta sincera puede ser muy reveladora.

Pero, 2 Timoteo 1:7 nos dice:

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía [de temor], sino de poder, de amor y de dominio propio.”

Mientras que el temor puede ser algo que Dios usa (y además del instinto de proteger nuestra vida en situaciones de riesgo físico), en general pienso que el temor, más que nada, es una herramienta del diablo.

¿Cuántos folletos no hemos regalado por temor? ¿Cuántas meditaciones sobre Cristo no hemos compartido por temor? ¿Cuántas decisiones hemos pospuesto por temor?

¿Habrá algo que el Señor te está llamando a hacer y no has respondido por temor?

El temor es controlador, rige nuestras vidas con vara de hierro y dirige nuestras decisiones con punzadas de hielo. Y por eso digo que es mayormente herramienta del diablo.

Dios nos guía a tomar las decisiones correctas con paz. Dios nos impulsa a actuar por medio de Su paz. Dios no solo nos lleva a través de situaciones terribles, sino que en ellas nos da consuelo, con su paz.

Espero estos pensamientos te ayuden la próxima vez que sientas la mano fría del temor en tu corazón.

Dios nos guía con paz, y Su perfecto amor echa fuera el temor.

Podemos seguir adelante, tomar el siguiente paso, sin escuchar el clamor del miedo, porque Dios nos guiará en paz.

a veces Dios guía con fuego

Les guió de día con nube,

Y toda la noche con resplandor de fuego.

Salmo 78.14

Este salmo habla de las cosas maravillosas que hizo Dios por el pueblo de Israel, ¡y fueron muchas! Pero, me llamó la atención este versículo por el contraste entre las dos cosas que usó para guiarlos.

Dios guió a su pueblo. Jamás hubo duda.

Todos sabían que allí estaba Dios llevándolos por el camino correcto.

Y durante el día, les guiaba con algo bonito y tranquilo, algo protector. La nube representaba sombra y agua, dos cosas esenciales y consoladoras en el desierto.

Pero no siempre les guiaba con algo tan confortante.

Por las noches, era diferente. Por las noches, Dios los guiaba con algo indomable, algo que había que respetar, los guiaba con fuego.

Hoy también, podemos tener la absoluta seguridad de que Dios nos guía. Él está con cada creyente guiando su vida. Y a veces, esa guía es algo consolador, algo tranquilo. A veces nos guía con algo que sentimos que nos hacía falta.

Y a veces, nos guía con algo muy diferente.

Aún hoy, Dios a veces guía con fuego.

Nos guía usando cosas difíciles que no queremos enfrentar, nos guía con situaciones que no nos sentimos capaces de controlar, nos guía con tribulaciones aterradoras.

El fuego, en el desierto, tenía un propósito. Dios no eligió la nube y el fuego al azar. Así también con nosotros, Dios nos guía, influye en nuestras vidas con nubes y fuego, no de manera arbitraria, sino con un propósito divino.

Cuando Dios nos guía con una nube, quizás sea un alivio.

Pero podemos tener plena confianza que cuando Dios nos guía con fuego, es con un propósito y es para nuestro bien.