3 razones por las que es bueno que el creyente escuche el evangelio

Hace unas semanas Ricky y yo estuvimos asistiendo a una serie de predicaciones del evangelio. Un hermano comentó que era muy bueno que los creyentes estuviéramos allí escuchando el evangelio.

¿Por qué dijo eso?

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Imagen de Rod Long en Unsplash

¿Por qué es tan bueno asistir a la predicación del evangelio cuando ya so soy salva?

1. El Evangelio me lleva a adorar.

Escuchar el evangelio, me recuerda la grandeza del Señor, Su inmensa misericordia para conmigo, la gracia que me mostró. Me llena de agradecimiento y comienzo a adorar a Aquel que ofrece tan gran salvación.

2. El Evangelio me anima a vivir la vida cristiana bien.

Oír noche tras noche lo que Cristo hizo por mí me motiva también a hacer algo por Él. El mensaje me hace sentir de nuevo el gran amor del Señor y vuelve el fervor por obedecerle, por vivir como a Él le agrada.

3. El Evangelio me impulsa a compartirlo.

Llena de adoración a Dios y motivada a servirle, ¿cómo no compartir las Buenas Nuevas? ¿Cómo no invitar a otros a conocer a este Salvador misericordioso? ¿Cómo no contarles del misericordioso Señor que tanto les ama?

No es sólo para los inconversos, el evangelio.

También es de suma importancia en nuestra vida cristiana: nos acerca al Señor en adoración, en servicio y, claro, nos lleva a compartirlo con otros. Al terminar la semana especial de predicaciones diarias, Ricky y yo salimos animados, ¡con más ganas que nunca!

¿Tú te has dado cuenta de esto? ¿Cómo te afecta a ti escuchar el evangelio? ¿En qué área de tu vida te anima más?

cuando te topas con un testigo

¡Hoy tengo un invitado! Hablar con un Testigo de Jehová es algo que para mí siempre ha sido muy intimidante y pensé que quizás algún lector también había sentido ese temor a conversar con ellos. Entonces, hoy le pedí a Ricky que nos ayudara con ese tema. ¡Espero te ayude y te inspire a seguir siendo misionero!

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Imagen de Joshua Rawson-Harris en Unsplash

Todos hemos sentido aquel temor paralizante al encontrarnos con un testigo de Jehová. ¿Qué hago? ¿Qué digo? ¿Cómo hago para que se vaya o que no se entere que estoy en casa? Aquí hay algunas ideas que nos pueden ayudar en esas situaciones.

1.Tranquilízate

No hay necesidad de entrar en pánico. Pueden intimidarnos sus tácticas agresivas de conversación y su capacidad de citar partes desconocidas del Antiguo Testamento, pero no te pueden dañar. En el peor de los casos, pierdes un rato o no sabes contestarle algo, no es el fin del mundo.

2. Identifica tu objetivo

Necesitas saber cuál es tu propósito en esta conversación. ¿Les vas a contradecir y mostrar por qué están equivocados? ¿Les vas a compartir el evangelio? ¿Les vas a dar un avionazo? Tu necesitas estar en control de la conversación, así que debes saber hacia dónde la vas a guiar, por que si no, van a brincar de tema en tema sin concluir nada.

3. No discutas (2 Tim. 2:24)

Podrías ganar la batalla pero perder la guerra. A nadie le gusta ser expuesto públicamente como falso o mentiroso. No te cedas a la tentación de tener la razón. Una cosa es querer que sepan y vean la verdad, otra cosa es discutir nada más por comprobar que estás en lo correcto. Que yo sepa, la hostilidad nunca ha ganado un alma por Cristo.

Si has decidido entrar en debate con ellos y rehusan aceptar la razón o explicaciones bíblicas, termina la conversación en desacuerdo respetuoso.

4. Lo más importante

“La cosa más importante, es que lo más importante, sea lo más importante.” El evangelio es lo más importante. ¿A qué fin vamos a discutir si Cristo murió en una cruz o en un palo vertical solamente? La gran mayoría de los temas que presentan no tienen nada que ver con el evangelio. Ellos necesitan ser salvos, así que no hay que perder tiempo discutiendo sobre cosas que no son eternas. Cuéntales cómo el Señor te salvó. Pregunta les si son salvos ellos. Si es así, ¿de qué fueron salvos? Lo que el Señor puede usar para penetrar esa fachada de espiritualidad y conocimiento son preguntas que provocan la consideración seria y que nacen del amor genuino por sus almas. Sin Cristo, el hombre es, en realidad, vacío.

5. Aprende

El “hubiera” no existe. Sí, es frustrante cuando se te ocurre la respuesta perfecta después del hecho, pero como cualquier otra cosa en la vida, hablar a la gente de Cristo requiere de mucha practica. No tiene nada de malo decir “no sé” o “déjame averiguarlo.” Ve a casa y estúdialo. Para la siguiente vez, estarás más preparado.

Tu eres un embajador de Cristo, le representas aquí en el mundo. Por eso, sea el objetivo mostrarles la verdad, o compartir el evangelio, o simplemente evitar una conversación con ellos hoy, mostrémosles a Cristo.


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Ricky Sawatzky nació en Chihuahua, México, y creció en Manitoba, Canadá. Allí estudió carpintería un tiempo, pero el Señor lo llamó a dedicarse a tiempo completo a la obra misionera. Ahora, vive y trabaja en México, junto con su esposa.

 

 

el evangelio completo en tres versículos

Ya he publicado en otras ocasiones sobre los versículos que nos ayudan a presentar el evangelio, versículos que sería bueno memorizar. ¡Pero, no es necesario saberse mil versículos y cómo organizarlos en un sermón completo para compartir el evangelio!

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Imagen de Raul Petri en Unsplash

A final de cuentas el evangelio se trata de tres cosas:

  1. Un problema.
  2. Una solución.
  3. Una acción.

Así que, el evangelio completo se puede resumir con tres versículos.

Romanos 3: 23 nos dice cuál es el problema que tenemos.

“…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios…”

Juan 3:16 nos dice que Dios proveyó una solución.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Hechos 16:31 nos indica cuál es la acción que nos corresponde.

“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo…”

¡Así de sencillo!

Entonces, no te sientas intimidado cuando alguien te pregunta qué crees o qué predican en tu iglesia. ¡Sólo explícale tres puntos!

el Señor trajo un alma (y luego más)

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Imagen de hiva sharifi en Unsplash

El otro domingo, me encontraba en la puerta del Centro Bíblico llamando a los niños por sus nombres porque Ricky y yo los íbamos a llevar a sus casas.

Gabi, una niñita de cabello ondulado, ojos grandes y una sonrisa chimuela, se me acercó. “Maeta, ¿va a haber case oto día?”

“¿Me preguntas si vamos a tener estudio entre semana? ¿Cómo el miércoles?”

Gabi asintió con la cabeza.

“Sí, el miércoles a las siete de la tarde hay un estudio.”

“¿Y puedo veni?”

¡No puedo expresar el gozo que sentí cuando oí esas palabras! ¡Una niña que quería venir con más frecuencia! ¡Un alma que oiría la Palabra de Dios más!

“Sí, si quieres podemos pasar por ti.”

Gabi ya tiene más de un mes viniendo los miércoles, cuando tenemos oración y estudio. Y en varias ocasiones también ha decidido quedarse a la predicación del evangelio el mismo domingo. Cuando se enteró su primo, él también quiso venir. Y así hemos llegado a tener entre 2 y 5 niños en las predicaciones últimamente. ¡Y qué gozo nos da verlos ahí!

¿Qué fue lo que hizo que Gabi hiciera esa pregunta?

¿Por qué se le ocurrió venir? Lo hizo unos domingos después de una predicación especial. ¡Quizás se esperaba otra comida!

La verdad, no tengo las respuestas.

Pero, estoy agradecida con Dios porque tocó su corazón de alguna manera. Quizás fue porque hay una maestra que le habla por su nombre cuando le da la bienvenida, quizás porque hay un maestro que la saluda de mano y le pregunta cómo está. Quizás porque los maestros de la clase procuran mostrarle el amor de Dios.

Quizás no tiene nada que ver con lo que los maestros hacen o no hacen. A final de cuentas fue el Señor el que la trajo a oír más de su Palabra.

3 retos inesperados al evangelizar

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Imagen de Tommy Lisbin en Unsplash

Cuando decides compartir el evangelio, sabes que no será lo más fácil. Pero, muchas veces los retos no son los que te esperabas. Sales decidido a no permitir que tal o cual problema te detenga ¡sólo para enfrentarte con un obstáculo totalmente inesperado!

Hoy te comparto 3 retos que me sorprendieron al compartir el evangelio.

1. La timidez. 

Para muchos es algo normal, pero yo no soy tímida. Aún así, de vez en cuando, al salir con el propósito de invitar a alguien a la del evangelio me siento tímida. Generalmente es algo repentino y no sé a qué se deba.

2. La conversación que divaga.

A pesar de que me es fácil conversar con desconocidos, nunca he aprendido a controlar una conversación. Así que cuando procuro hablar de las verdades de la Biblia y la persona decide irse por otro rumbo, no sé cómo dirigir la conversación para de nuevo hablar de lo que quiero compartir.

3. La oración constante.

Francamente, la oración es la parte más importante del evangelismo. Orar antes y después de compartir, añade mucho peso a la obra. La oración eficaz del justo puede mucho. Pero, tomar el tiempo para orar por las almas no salvas es más difícil de lo que uno cree. Es que es más sencillo seguir compartiendo, seguir haciendo, seguir buscando maneras de compartir el evangelio con más gente.

Estos tres retos me sorprendieron cuando empecé a compartir el evangelio. ¿Tú tienes retos similares? ¿O son totalmente distintos?

¿Que es lo que más te ha sorprendido al compartir el evangelio?