mi héroe

¿Tienes un misionero favorito? 

Obviamente me refiero a los grandes héroes. Los que a través de la historia siguen llamando la atención. Los nombres del Salón de la Fama de la Fe como Pablo de Tarso, Gladys Aylward y Nate Saint. ¿Quién es tu héroe? Amy-Carmichael-from-wiki

La que más me inspira es Amy Carmichael.

Su biografía se ha publicado ya y no pienso agregar nada a esas obras excelentes. Pero, sí quiero compartir por qué es tan asombroso para mí su trabajo. 

Amy tenía compasión. 

Para ella, el rescatar miles de niñas no comenzó como un proyecto a completar. Simplemente, ayudó a los que pudo. Mostró la compasión de Dios a los indefensos. En donde podía, ayudaba y el resultado fue que miles de niñas fueron rescatadas de la muerte o la prostitución en los templos. Su corazón de compasión la impulsaba a ayudar. 

Amy era decisiva.

De hecho, su firmeza y determinación rompieron las impenetrables barreras de las castas en India. En su hogar, nadie era demasiado bueno para ningún trabajo y al asignar tareas, no se tomaban en cuenta las clases sociales. En la cultura de India, esto era inconcebible y otros misioneros le avisaban que ir en contra del sistema de castas tendría resultados desastrosos. Pero, ella estaba decidida y fue exitosa en mostrar a los que la rodeaban que todos eran iguales ante ella y ante Dios.

Estas dos características quizás parezcan contradictorias, pero en ellas consistían el carácter de Amy Carmichael. Su compasión por las niñas perdidas la llevo a determinar que las rescataría. Su determinación, cosa que algunos llamarían obstinación, fue guiada por compasión. Estas dos características definieron su vida y es por eso que la admiro tanto. 

Quiero ser compasiva y decisiva. 

Quiero ser com Amy. 

Y tú ¿como quién quieres ser? ¿Por qué admiras tanto a tu misionero favorito? ¿Qué me puedes contar de él o ella?

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3 razones para ser un misionero que pide perdón

Los creyentes no queremos dar mal testimonio. No queremos que la gente piense mal de nosotros porque quizás eso los lleve a pensar mal de Cristo y por eso, a veces es difícil reconocer cuando nos equivocamos. ¡Es que no queremos que la gente incrédula piense que los creyentes cometen errores o tienen fallas de carácter porque eso refleja mal a Cristo!

Pero, ese tipo de pensamiento nos puede llevar a esconder nuestros errores, a cubrir nuestras fallas, a permitir que otros piensen que somos mejores que ellos. (¡O al menos, permitirlos pensar que nosotros nos creemos mejores que ellos!) Este tipo de pensamiento es erróneo y peligroso. De hecho, hoy voy a presentar tres razones para ser un creyente, un misionero, que reconoce sus fallas y pide perdón. 

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Imagen de Jack Finnigan en Unsplash

1. Muestra mi consciencia de imperfección. 

No eres perfecto. Yo tampoco soy perfecta. Pero, cuando la persona incrédula ve evidencias de eso y sabe que yo no lo reconozco, sólo sentirá desprecio por mí y por mi Cristo. Es mucho más saludable para mi relación con esa persona y para mi testimonio reconocer frente a todos que no soy perfecta, que intento ser más como Cristo cada día, pero fallo. Cuando pido perdón por algo que hice mal, el incrédulo va a ver que estoy consciente de mis fallas, pero estoy intentando mejorar. Y eso será más impactante que una apariencia falsa de perfección. 

2. Muestra mi amor por esa alma. 

Cuando pido perdón, estoy indicando que la persona a la que ofendí o herí es importante, que lo que esa persona siente es importante. Es una muestra de amor, lo característico de los cristianos. Un testimonio marcado por amor y consideración, es mucho mejor que un testimonio marcado por una ilusión de perfección. 

3. Muestra que lo correcto me es más importante que mi orgullo. 

Pedir perdón es doloroso para el ego. Pero, si realmente quiero reconocer lo correcto, tengo que pedir perdón por hacer algo incorrecto. Y al pedir perdón, muestro que para el creyente hacer y reconocer lo correcto es más importante que cualquier otra cosa, más que su propio orgullo. El incrédulo quedará más impactado por la humildad de reconocer que cometí un error, que por la idea de que no me equivoco porque soy cristiano. 

Así que te dejo con estos pensamientos, esperando que no temas pedir perdón la siguiente vez que hagas algo incorrecto, aunque sea con un incrédulo. Gracias a eso, tendrás mejor testimonio ante el mundo. 

2 requisitos que deben cumplir los cantos de la escuela Bíblica

¡A los niños les encantan los coritos de la escuelita bíblica!

Es una de las mejores maneras de iniciar una clase porque se sientan, toda su energía se va para sus voces y terminan más tranquilos al momento de iniciar la clase.

Ah, y también porque los coritos son una manera increíble de plantar la semilla de la Palabra de Dios en sus memorias.

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Imagen de Robert Collins en Unsplash

De hecho, estoy completamente convencida de que si el corito no cuenta una historia Bíblica o no declara un principio Bíblico es una oportunidad perdida.

Hay coritos chistosos y hay coritos con mímicas. Hay coritos rápidos y hay coritos lentos. Pero, al contrario de lo que muchos piensan, el canto no se trata de que los niños se diviertan un rato.

El canto es una oportunidad para enfocar su atención, sí, de manera divertida, en la Palabra de Dios.

No estoy diciendo que es pecado cantar un corito sobre todos los animales que están en la creación de Dios. A la vez, ¿por qué no aprovechar el deseo de cantar, aprovechar la memoria que tienen para inculcar verdades bíblicas? ¿Por qué no mejor un canto sobre el pecado del ser humano? ¿Un canto que alista los diez mandamientos? ¿O un canto que relata cómo Cristo sanó al paralítico?

Estos quince minutos en la clase, no son quince minutos de tranquilizar a los niños.

Son quince minutos en los que los niños van a memorizar algo.

Algo que llevarán a casa.

Y ¿qué preferimos que estén cantando a oídos de sus padres inconversos?

“…nuestro padre Abraham tuvo muchos hijos…”

¿O esto?

“Yo pequé, pero Dios me ama y Cristo murió por mí…”

3 maneras en que la hospitalidad predica el evangelio

Antes de casarme no había pensado en la hospitalidad como predicación del evangelio, pero sí lo había visto en acción. Recibir a alguien en casa era un hábito para mis papás y para mis suegros y se convirtió en una prioridad para nosotros cuando Ricky y yo nos casamos.

Pero, yo muchas veces pensaba en recibir a los hermanos. El mandamiento de la hospitalidad es mayormente hacia los hermanos, ¿no?

“…compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.” Romanos 12:13

Pero, últimamente he aprendido que la hospitalidad también es una manera de predicar el evangelio.

1. Lo más obvio es la conversación.

Cuando invitas a alguien a tu casa, tienes la oportunidad para hablarle del evangelio. No siempre se da, ni es siempre necesario, pero en el momento adecuado, ¡la hospitalidad es la oportunidad perfecta!

2. También, observarán lo que hay en tu casa.

Cualquier visita leerá los versículos enmarcados en la pared, oirá la oración antes de comer, notará la ausencia de vicios. La casa del creyente es diferente y los que no conocen a Cristo lo observarán y quizás te darán una oportunidad de explicarles por qué.

3. La gente que hospedas te llega a conocer.

Cuando invitas a alguien a tu casa, no hay manera de esconder quién eres. La realidad del ambiente y el trato familiar, de los conflictos, de las consideraciones sale a relucir. ¡Y eso es bueno! Las personas que no creen en Cristo muchas veces tienen un concepto muy extraño de lo que es seguir a Cristo. Sólo permitiéndoles conocernos podrán ver la verdad. La verdad es que somos pecadores, que herimos a otros, que nos enojamos, que sólo somos salvos por la gracia de Dios. La verdad es que lamentamos nuestro pecado, que pedimos perdón, que perdonamos y que procuramos mostrar, en la siguiente ocasión, la gracia que Dios nos ha mostrado. ¡Al conocernos, verán nuestra sinceridad y la luz de la verdad del evangelio de la gloria de Cristo!

Las tres cosas son importantes al compartir el evangelio. Es importante que la gente lo oiga, pero también es importante que vean la evidencia de un cambio, de una vida diferente no sólo en la casa, sino en nuestras interacciones familiares también.

Con esto en mente, ¡espero seguir invitando más personas no creyentes a mi hogar para poder compartirles así el evangelio! ¿Y tú?

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Imagen de Herson Rodriguez en Unsplash

5 consejos de una maestra de primaria que ayudarán en la clase bíblica

Amanda Thiessen es una maestra, no sólo de la escuela bíblica, sino también en el ámbito secular. Le pedí que nos compartiera algunas cosas que aprendió como maestra, que nos podrían ayudar a nosotros como maestros de la escuela dominical.

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Imagen de Element5 Digital en Unsplash

Después de haber dado clases a niños de primaria, trabajado con niños por mucho tiempo y estudiar bastante sobre la docencia, hay varias cosas que me fueron de ayuda al dar clases en la escuela dominical.

1. Antes de poder aprender, los alumnos necesitan saber que están seguros y que son amados.

Este es un trabajo delicado hoy en día y los maestros debemos tener cuidado, pero antes de poder aprender necesitan sentirse cómodos en su ambiente y saber que la persona que les está enseñando tiene cuidado de sus almas.

2. Cada alumno aprende de manera diferente.

Cada niño que llega a la clase bíblica tiene un estilo diferente de aprender y esto hace más complicado el trabajo del maestro: el asegurarse de que cada niño sale de la clase habiendo aprendido la lección. Es importante que los maestros hayan alcanzado al alumno visual, auditivo, kinestésico y también los que aprenden por leer y escribir.

Aquí hay unas sugerencias sobre cómo tratar con cada estilo de aprendizaje en cada lección:

  • El alumno kinestésico aprende con las manos y lo ayudan las manualidades, el colorear, las ilustraciones que pueden tocar, etc.
  • El alumno auditivo es el que aprende mejor al escuchar y hay que asegurarnos de que estemos comunicándonos de manera clara.
  • El alumno visual es el que aprende viendo; las ilustraciones, las imágenes y claves visuales son importantes para él.
  • El alumno que aprende por leer y escribir, necesita hacer eso. Lo puedes ayudar pidiéndole que lea el pasaje de la Biblia y que escriba en el pizarrón, que tome notas de la clase o que haga un resumen de la historia.

3. Para concretar la lección en las mentes de los alumnos, necesitan practicar lo que han aprendido a través de las cuatro formas de comunicación.

En cada lección, cada niño debe:

Leer

Escribir

Escuchar y

Hablar

sobre lo que están aprendiendo.

4. Los niños deben estar involucrados en la lección.

Si buscas en línea, hay muchos recursos que te pueden ayudar a involucrar a los niños en una lección. Si el alumno no está participando, no está aprendiendo.

5. A los niños les encanta ser reconocidos.

Reconocerles es pedirle a varios que respondan preguntas, darles algún detalle por responder bien, un premio por su buen esfuerzo o trabajar junto a ti por un tiempo preestablecido. A veces, simplemente es decirle que reconoces su esfuerzo. Les encanta que uno reconozca lo que están procurando. Esto también ayudará a controlar el ambiente.

Agradezco a Amanda por tomar el tiempo de darnos estos consejos. Sé que me ayudarán a mí en la escuela bíblica. ¿Qué te parecieron sus ideas? ¿Hay algo más que tu crees sería bueno agregar?

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Amanda Thiessen tiene una pasión por la enseñanza y los niños. Es Licenciada en Docencia y está completando una maestría en Docencia de Lenguas. Vive en Nevada, Missouri y sigue activa en los ámbitos de la educación y la Escuela dominical.