Buscando a Alá, Encontrando a Jesus: una reseña

Nabeel Qureshi, 1983 – 2017

El sábado pasado, 16 de septiembre, el estimado hermano en Cristo, Nabeel Qureshi, pasó a la presencia del Señor. Sólo tenía 34 años y yo acababa de terminar su fascinante libro, Buscando a Alá, Encontrando a Jesús. 

Nabeel nació en California a padres amorosos y devotos, en 1983. Junto con su hermana, fue criado según los principios de la fe musulmana de sus padres, quienes pertenecían a la prestigiosa familia Qureshi, que puede trazar en su historia una relación estrecha con el Profeta. Creció mayormente en los Estados Unidos, aunque por el trabajo de su papá vivieron varios años en Europa.

No fue hasta entrar a estudiar medicina en la universidad que Nabeel se topó con unos creyentes que pudieron hacerle preguntas sobre su fe que lo dejaron sin respuesta. A través de su investigación que duró unos años, Nabeel llegó a cambiar totalmente su perspectiva y recibió a Jesus como Salvador, rechazando su religión. El cambió quebrantó los corazones de sus padres, pero Nabeel siempre fue testigo fiel, amoroso y lleno de gracia al compartir la verdad. Él tenía una pasión por mostrar la verdad del Evangelio a otros, fueran musulmanes o no.

Y de esa pasión, el libro está repleto.

 

No sé mucho del Islam. Y este libro fue escrito exactamente para personas como yo. Nabeel no sólo empieza con una explicación de su trasfondo, sino también incluye explicaciones de otros expertos sobre el conflicto entre las culturas occidentales y orientales, sobre la cultura de los musulmanes estadounidenses y cómo lidian con ambos lados de quienes son. Esas explicaciones ayudan mucho, sin caer en monotonía ni sermoneo.

En los siguientes capítulos, Nabeel cuenta cómo era su entendimiento de su religión y de los cristianos. Y cómo sus enfrentamientos – primero con creyentes expertos en apología y luego con las investigaciones mismas – fueron transformando su entendimiento. El proceso es fascinante ¡y me fue difícil dejar el libro para dormir!

Finalmente, su encuentro con el Señor y las consecuencias de su conversión, dan una conclusión esperada pero triunfante al libro.

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Buscando a Alá, Encontrando a Jesús es excelente meramente como una biografía. Pero, además puede ayudarnos a los creyentes a entender mejor a nuestros semejantes que creen en Alá y su Profeta. No sólo es interesante, sino también revelador.

Si quieres leer una biografía interesante de un héroe cristiano, si quieres saber más sobre el Islam o si quieres saber cómo evangelizar con amor a algún conocido musulmán, este es el libro para ti.

Yo lo conseguí en amazon, pero lo he visto en varias otras páginas.

¡Espero puedas conseguirlo y leerlo!

lo que hay en el corazón

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Imagen de Alex Holyoake en Unsplash

En septiembre de 2013 pasamos un susto terrible cuando uno de nuestros alumnos de la clase bíblica terminó en el hospital.

Lalo había sufrido algún tipo de ataque cardíaco.

Gracias a Dios, salió bien. Resulta, que nació con un problema del corazón. Pero, no teníamos idea.

Esa semana, fue testigo de una pelea fuerte y el susto le causó una reacción en su corazón.

Ahora, está corriendo como si nada, igual de travieso que siempre. Pero nunca olvidaré el momento en el que su hermana me dijo por qué no podía venir a la clase ese día. ¡Casi me da un ataque a mí! Comencé a orar como nunca lo había hecho antes.

De repente, entendí lo que había en mi corazón.

Cuando la Muerte se acerca a uno de tus niños de esa manera, los ojos del alma se enfocan de inmediato. Ven con una inusual claridad y agudeza lo que realmente es importante.

En ese momento, me di cuenta que Lalo necesitaba el Evangelio.

Otra vez. Necesitaba saber de su pecado y la forma que Dios ofrecía de salvarlo.

¡No podíamos perder a Lalo!

Apenas estaba creciendo. Apenas estaba memorizando versículos de la Biblia. A penas estaba empezando a entender la disciplina y el amor. ¡Y aún no era salvo!

Y luego, pasó la crisis.

Después de unas semanas, pudo levantarse de nuevo. Luego, se le dio permiso de jugar de nuevo, con tal de que no corriera ni se emocionara (¡para cualquier niño de 8 años, una imposibilidad!). Pronto, la gente dejó de preguntar cómo estaba.

Podíamos ver que estaba bien.

Y ¿qué pasó en nuestros corazones?

¿Permanece en mí ese deseo intenso de que Lalo conozca el Evangelio? ¿Aún siento la urgencia de que él tiene que saber de la salvación? ¿Aún oro tantas veces al día por su alma?

No estoy diciendo que debemos permanecer en un estado de crisis emocional constante.

Pero, sí debemos constantemente actuar como si la salvación fuera algo urgente.

Por que lo es.

¿demasiado joven para ser misionero?

Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. Jeremías 1:7

¿Te sientes muy chica para saber cómo compartir el evangelio? ¿Te crees demasiado joven para predicar? ¿No sabes por dónde empezar?

No eres el primero que se siente así.

El Señor le dijo a Jeremías que no se sintiera demasiado joven para transmitir el mensaje de Dios. Al trabajo lo había mandado Dios. Y las palabras se las había dado Dios.

Y contigo es lo mismo.

No digas: “Soy demasiado joven.”

El Señor te ha dado las Buenas Nuevas. El Señor te ha mandado a compartirlas.

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Imagen de Joshua Earle en Unsplash

 

 

la deuda que tenemos

“Hasta que todo el mundo ha escuchado el Evangelio, somos deudores.” – Steve Ballinger

Estas palabras me cayeron como un balde de agua fría.

¿Te das cuenta?

¡Somos deudores al mundo!

¿Cómo?

El hermano Steve Ballinger lo explicó de esta manera. Se un hermano me da $50 pesos para darte a ti, y yo te veo pero nunca te doy los $50, yo te los debo.

Tiene sentido, ¿no? Dios nos dio la salvación y quiere que hagamos correr la noticia.

Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. Marcos 16:15

Somos deudores.

Sí, a Dios.

Pero, también a los incrédulos.

Yo les debo el Evangelio.

¿Cómo atreverme a descuidar este deber?

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Imagen de Koushik Das en Unsplash

la hermosura de ser maestra

Hace unos años, me contaron algo que casi me hizo llorar. Lo escribí en el momento y lo acabo de volver a encontrar.
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Imagen de Caleb Woods en Unsplash

Betito* tiene 5 años y es uno de mis alumnos más quietos.

Después de un año en mi clase bíblica, por fin comienza a responder a las preguntas. Las únicas participaciones que ha tenido hasta ahorita, son en decir su versículo de memoria. Betito es un niño pequeño, con pancita de bebé aún y ojos cafés grandes. Su cabello es castaño claro, tan claro que casi se ve rubio, y tan corto que a penas se le notan los rizos. Aunque, es muy educado, siempre parece estar distraído, esté en clase o platicando después.

Es uno de los alumnos que no sé si realmente están absorbiendo la información o no.

Sus padres han tenido problemas con su familia durante años porque es muy religiosa. Y desde que murió la bisabuela de Betito, todo se ha puesto peor. Hace unos días, estaban visitando a su abuela cuando ella le dijo que iban a orar por el alma de su bisabuela.

Él le contestó que no, que él y su mamá ya iban a salir.

Le contestó su abuela, “Bueno, vamos a rezar a la Virgen para que te proteja y te lleve con seguridad a donde vayas.”

“No necesito a la Virgen. El Señor Jesucristo murió por mis pecados.”

“¿Quién te dijo eso?”

“Mi maestra Erika.”

*Cambié el nombre por cuestiones de privacidad.