3 cosas que necesitas para compartir el evangelio

Para compartir el evangelio necesitas 3 cosas y son las siguientes.

1. El deseo.

Es inusual que el creyente no tenga el deseo de compartir el evangelio. Puede ser por diferentes motivos, pero el deseo allí está. Quizás un creyente tenga el deseo porque ama a la persona y no quiere que vaya al infierno. Otro quizás porque sabe que es mandato de Dios y debe obedecer. Si no tienes el deseo de compartir el evangelio, pídelo al Señor porque Él quiere ayudarte a hacer su voluntad, pero si sigues este blog ¡es probable que el deseo no es lo que te hace falta!

2. Un conocimiento básico del evangelio.

Si eres salvo, ¡ya lo tienes! Has oído y aceptado las verdades básicas:

  1. Soy un pecador y eso me separa de Dios.
  2. Dios me ama y no quiere esa separación. Por eso, se sacrificó a sí mismo en la cruz para quitar ese pecado con lo único que puede limpiarme: sangre inocente.
  3. Es mi responsabilidad recibir ese perdón que me ofrece de manera personal.

3. Alguien con quién compartir.

Esto puede ser lo más difícil para alguien que a penas comienza. Pero, no tanto porque no hay con quien compartir, sino porque ¡el compartir puede dar un poco de temor! Pero, si ya tienes a alguien en mente, piensa en la motivación que hay detrás de tu deseo y verás que es más grande esa razón que tu temor. Y si no sabes con quién compartir, de nuevo, ora. El Señor te ha dado una combinación especial de talento, personalidad y circunstancias que te hacen la persona ideal para compartir el evangelio con los que Dios ha puesto en tu vida.

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Imagen de Trung Thanh en Unsplash

Espero que esta entrada no sólo te haya ayudado, sino también que te haya inspirado a salir y compartir el evangelio, porque esas tres cosas que se necesitan para compartir el evangelio, ¡ya las tienes!

cuando se burlan de ti

Aún cuando se burlan de mí, es para la gloria de Dios.

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Imagen de chuttersnap en Unsplash

Llegué a la universidad con la ilusión de que mi vida como buena alumna y compañera llevaría gloria a Dios porque me ganaría el respeto de mis profesores y de mis compañeros.

Algunos sí llegaron a respetarme a mí y a lo que yo creía.

Pero otros simplemente se burlaron.

Se burlaron de mis esfuerzos como estudiante. Se burlaron de mis características como persona. Pero más que nada, se burlaron de lo que creía y practicaba espiritualmente.

Y sé que no soy la única que ha sufrido esto, ni soy la que más he sufrido, ¡para nada!

Pero, si tú estás en una situación en la que se burlan de ti por ser creyente quiero darte unas palabras de ánimo.

Cuando se burlan de ti, glorifican a Dios.

¡Es cierto!

Seguro es sin querer, pero cuando se burlan de ti por lo que crees, es para la gloria de Dios.

Piénsalo así, si no fueras diferente, si no supieran que eres seguidora o seguidor de Cristo, no habría reacción alguna. Su reacción negativa a ti quiere decir que tu vida, que tú mismo, eres diferente.

¿Y por qué eres diferente?

¡Por Cristo!

Eres diferente, y atraes su burla, porque tú sigues a Cristo, porque tú crees la Biblia, porque tú procuras vivir según la Palabra de Dios.

Así que, ten ánimo.

Si te ganas su respeto a través de tu buen testimonio, ¡qué bueno! Vieron a Cristo en tu vida y es para la gloria de Dios. Pero, si te rechazan, si se burlan de ti y de lo que crees a pesar de tus esfuerzos de ser como Cristo, ¡qué bueno!

Vieron a Cristo en tu vida y es para la gloria de Dios.

3 preguntas que debes hacer antes de compartir el evangelio

Hay ocasiones cuando compartido el evangelio pero he visto que el mensaje parece no afectar a la persona. Ahora sé que si me hubiera tomado el tiempo de hacerme unas preguntas, me hubiera ayudado a compartir el mensaje de una manera que quizás hubiera tenido mayor efecto en los oyentes. Entonces, hoy te comparto estas tres preguntas esperando que el considerarlos antes de compartir el evangelio con alguien te ayuden a no cometer los mismos errores que yo.

1. ¿Qué tipo de relación tengo con esta persona?

Cuando se va a tratar un asunto tan importante y tan personal como la salvación, es excelente tener una relación como base de esa conversación.

Por ejemplo, si tu tía te pregunta: “¿Cuántos pedazos de pastel te comiste?” Quizá te molestes, pero si te lo pregunta tu nutrióloga es diferente. ¿Por qué? Porque tú ya tienes una relación con la nutrióloga en la que ella te ayuda a tomar mejores decisiones en relación a lo que comes. Ella tiene el derecho de preguntarte eso, porque tú se lo diste.

Antes de hablar de las verdades difíciles del evangelio, pregúntate qué tipo de relación tienes con esta persona y si te ha dado el derecho de hablar de cosas personales. ¿Te ha confiado asuntos personales? ¿Te ha pedido consejos? O ¿sólo se saludan en la calle porque son vecinos?

Una relación de mucha confianza, te permite explicarle de manera más extendida y profunda cómo el evangelio impactaría su vida, mientras que una relación más superficial, quizás sólo te permita comentarle lo básico del evangelio y dejarle un folleto.

No es necesario detenerte si no te ha confiado sus secretos más íntimos, pero la relación que tienen debe afectar la manera en que compartes el evangelio.

2. ¿Por qué le quiero compartir el evangelio?

A veces estamos tan enfocados en que debemos de evangelizar que no nos detenemos para preguntarnos cuál es nuestro motivo. ¡Y resulta que el motivo es igual de importante para Dios que la acción!

¿Por qué se me ocurrió con mi compañera de clases sobre la importancia de ser salva después de su cirugía? ¿Por qué pienso invitar a la vecina que me robó unas macetas a la predicación del evangelio? ¿Por qué le quiero regalar un folleto a ese chico que se parece a Noah Centineo?

Quizás mis motivos sean sinceramente la gloria de Dios.

O quizás tenga otras ideas que influyen en mis hechos.

Es bueno hacer lo bueno. Pero, es bueno hacerlo después de haber examinado mis motivos ante el Señor.

¿ Cuál es su trasfondo religioso y familiar?

El trasfondo de una persona la ha moldeado en gran parte. No es el único factor, pero algo importante a considerar antes de compartir el evangelio es su percepción de ciertos conceptos.

Si una persona fue criada con la idea de que es más importante ser amable que decir la verdad, ¿cómo le vas a presentar la verdad de su pecado? En el caso de alguien que creció en una religión muy estricta, en donde el transgredir las reglas implicaba el abandono total de los seres queridos, es necesario comunicarle el amor incondicional de Dios. Al compartir el evangelio con uno que siempre ha creído en Dios y nunca ha hecho nada al respecto, ¿qué vas a decir para mostrarle la urgencia del evangelio?

¿O qué tal situaciones más delicadas?

Si el papá de alguien lo abandonó cuando tenía seis años, es bueno considerar la mejor manera de hablar de Dios como Padre. O si la religión de alguien le enseñó la reencarnación como verdad, ¿cómo vas a presentar el tema del juicio después de la muerte? Si la persona no cree en Dios pero cree en las energías, ¿qué le vas a decir sobre el mundo espiritual y la batalla por su alma?

El evangelio no cambia, pero sí se puede presentar de una forma apropiada dependiendo del oyente.

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Imagen de Korney Violin en Unsplash

Estas tres preguntas no son razones para no compartir el evangelio, ¡para nada! Sólo son cuestiones a considerar antes de compartir el evangelio con alguien.

Así podremos compartir el evangelio de una manera más amorosa, mas eficaz y más considerada.

la capacitación del creyente misionero (parte 4 de 4)

Un misionero necesita capacitación.

En un mundo ideal, el misionero comenzaría la obra ya con capacitación. Pero, eso no siempre sucede. Además, hay buenas razones para continuar la capacitación después de estar en el campo misionero.

Pero, no sólo se trata de misioneros a tiempo completo. ¿Qué tal el creyente “normal”?

El creyente que vive en su lugar de origen pero quiere compartir el evangelio ¡también necesita capacitación!

Esta entrada es la última de cuatro en las que voy a hablar de la capacitación y la preparación que cada creyente misionero puede tener y por qué es importante, seas misionero a tiempo completo o no. (Parte 1, Parte 2, Parte 3)

¿Se puede evangelizar sin tanta preparación?

¿Se puede compartir el evangelio sin capacitarte en las artes, o sin saber mucho de la biología, o sin pulir tu talento para hacer malabares?

¡Claro que sí!

Estas cuatro entradas no están para hacer sentir mal al que no ha tenido la oportunidad de capacitarse, ni para hacer menos al que comparte el evangelio antes de terminar sus estudios. (Al contrario, ¡entre más pronto empiezas a ser misionero, mejor!)

Pero, lo que intento mostrar es que la capacitación es algo que nos puede ayudar a hacer mejor nuestra obra misionera.

Voy a poner el ejemplo de la adoración. ¿Se puede adorar sin saber mucho de Cristo? ¡Claro que sí! Pero, cuando alguien que conoce al Señor de manera profunda e íntima comienza a adorar, ¡su aprecio es muchísimo más profundo!

Así también, cuando tenemos conocimiento acerca del mundo que creó Dios y de las personas por las que murió Cristo, apreciaremos el evangelio de manera más profunda.

Y podremos exponer y defenderla con más certidumbre, precisión y amor.

Además, tenemos como ejemplo el apóstol Pablo que siempre procuró conocer a su público antes de predicar el evangelio. Usó de su conocimiento cultural para relacionar el evangelio con lo que ellos conocían y así hacerla más accesible.

Ése es el propósito de la capacitación y preparación.

Por eso, el creyente debe aprovechar a lo máximo cada oportunidad de aprendizaje. Cada creyente es llamado a compartir el evangelio y todo ese conocimiento y experiencia serán útiles al cumplir ese llamado.

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Imagen de rawpixel en Unsplash

Mi manera preferida de evangelizar

Le pregunté a una amiga que fue misionera durante muchos años cuál es su manera preferida de compartir el evangelio. ¡Les comparto su respuesta, esperando les inspire!

Mi manera preferida de compartir el Evangelio es en conversación cuando visito a las personas. Como enfermera misionera en Zambia, muchas veces se me daba la responsabilidad de explicarles a los pacientes su diagnóstico médico. A veces eran noticias que deprimían a los pacientes y quería darles un poco de esperanza a la vez, entonces hablaba del Cielo y del Hijo de Dios que nos amó y se dio a si mismo por nosotros en la cruz del Calvario. Muchas veces, el paciente estaba a penas procesando las noticias del diagnóstico y el Evangelio no penetraba, pero en otras ocasiones los pacientes se aferraban de esta esperanza eterna que tenemos en Cristo Jesús.

También me encanta regalar literatura cristiana en las frecuentes ocasiones que tenemos en la vida para detenernos unos momentos, en gasolineras, en restaurantes o caminando en el parque. Disfruto las historias que oigo de los muchos que han acudido al Salvador simplemente por leer un folleto o una revista VÍA.

Otra de las maneras preferidas de compartir el evangelio es a través de la enseñanza de los niños en la Escuela dominical. He llegado a tener sesiones espontáneas de clases bíblicas en Zambia cualquier día de la semana y en cinco minutos ya tenía un grupo grande. Escuchaban de manera atenta mientras se leía y se explicaba la Palabra de Dios. Sabemos que leer la Palabra de Dios NUNCA es malgastar tiempo. Una simple historia de la Biblia puede ayudar a que el Evangelio quede claro en la mente de un niño y salvar almas por la eternidad. Aún aquí en Canadá, me encanta enseñar a los niños, sabiendo que cada uno de ellos tiene un alma que salvar.

Últimamente, he sentido convicción acerca de testificar a mis amigos y vecinos quienes posiblemente me darían las gracias por compartir las noticias de vida eterna que se ofrece a todos. He oído varios testimonios últimamente de gente que dijo, “¿Cómo es posible que un cristiano se quede con estas buenas noticias de vida eterna?” Son las mejores noticias del mundo y son para todos. Quizás no muchos las quieran oír, pero uno nunca sabe cuando alguien podría quedar encantado de oír este mensaje de esperanza y acudir al Salvador. ¿Cómo responderé al Señor en el día venidero cuando me pregunte, “¿Por qué no les hablaste de Mí a los que te rodeaban?

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Tanis Walker fue adoptada a la familia de Dios a la edad de 7 años, fue enfermera misionera en Zambia durante veintidós años y es madre adoptiva de dos niñas hermosas. Ahora, se congrega en el local 5th Avenue en Portage la Prairie, Canadá y disfruta su nuevo trabajo como enfermera particular. Su versículo favorito es el Salmo 18:30 y su palabra favorita es “imaginar.”