Paz del Señor

En cada tormenta,

en densas tinieblas,

con olas inmensas,

paz del Señor.

En persecuciones,

sufriendo crueldades,

y tribulaciones,

paz del Señor.

Si hambre padezco,

y me he enfermado,

la muerte acechando,

paz del Señor.

son creyentes, no héroes

“Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo:
    Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas,
    Y cuyos pecados son cubiertos.”

Romanos 4:6,7

David no vivió en el día de la gracia. Pero él aquí habla de cuando Dios “atribuye justicia sin obras”.

David conocía, por experiencia, la gracia y la misericordia de Dios.

David lo había experimentado, aunque vivía en los tiempos de la ley. Dios estaba mostrando su gracia mucho antes de la época del Nuevo Testamento, mucho antes del día de la gracia.

Abraham. Noé. David.

donald-teel-349294-unsplash
Imagen de Donald Teel en Unsplash

Estos hombres no eran mejores que los demás de su época. No eran mejores que yo. Nadie puede ser bueno o justo. Nadie. Simplemente hallaron gracia ante Dios. Dios simplemente decidió mostrarles gracia. Dios simplemente decidió trabajar en sus vidas y por eso tenemos sus historias.

¿Cuál es la diferencia entre Abraham y otro hombre de Ur? ¿Cuál es la diferencia entre Noé y sus consuegros? ¿Cuál es la diferencia entre David y el rey de los filisteos?

Cada uno respondió a la obra de Dios en su vida, creyó.

Es decir, estos hombres no son héroes. Son creyentes.

Claro, podemos decir que son nuestros héroes precisamente porque creyeron, pero es muy fácil pensar que ellos están en otro nivel espiritual que nosotros. Que eran hombres buenos o justos o menos malos que los que los rodeaban pero no lo eran.

Estos hombres (y muchos creyentes más) eran egoístas, mentirosos e idólatras.

Pero Dios les mostró gracia.

Dios les atribuyó justicia sin obras.

Tal como lo hace conmigo.

Tal como lo hace contigo.

El darme de cuenta de esto me animó. Todos estos “héroes de la fe” no tenían nada que yo no tengo.

Lo único que los detuvo de ser almas perdidas como los demás de su época, fue que cuando Dios les mostró gracia, le creyeron.

Y actuaron según ese creer.

Dios siempre ha mostrado gracia.

Y hoy también puedo hacer lo mismo que esos “héroes”.

Soli Deo Gloria

Gálatas 6:14

1 Corintios 15:10

Juan 1:16

Lejos de mí gloriarme esté,

sino en la cruz de mi Señor.

Nada soy yo, nada he logrado.

Él todo lo hizo a mi favor.

No me glorío en mi salvación.

Es por Jesús que al cielo voy.

Tengo el perdón por el Calvario.

Por obra de Él, yo vivo hoy.

Ni obras que hago mi gloria son,

pues quien fervor me da es Él.

Gracia me da y sobre gracia.

Me hace Cristo fuerte y fiel.

No tomaré honor a mí.

En y por mí, será Jesús.

Soy lo que soy por gracia suya.

Y yo, si brillo, es de Él la luz.

5 razones por las que necesitas congregarte

Se está poniendo muy de moda el no congregarse.

Supongo que muchos se sienten inconformes con algo acerca de su iglesia local. Otros saben que pueden escuchar la predicación en línea y es más fácil quedarse en casa. Algunos se sienten incómodos porque saben que tienen pecado en su vida y creen que serían hipócritas si llegaran así a la congregación. Y hay muchísimas razones más por las que hoy, más que nunca, los cristianos se quedan en casa en lugar de asistir a la predicación, a la oración o al estudio. Pero, yo no puedo responder a cada una.

Solo quiero notar cinco razones por las que es imprescindible que el creyente se congregue.

igor-rodrigues-1082469-unsplash.jpg
Imagen de Igor Rodrigues en Unsplash

1. La razón más importante se encuentra en Mateo 18:20. La presencia de Dios se encuentra en un grupo congregado en al nombre de nuestro Señor Jesucristo de manera especial. El Señor está presente con nosotros en nuestro tiempo devocional personal y en nuestro andar diario, pero Él nos enseña que hay algo especial y diferente cuando hay dos o tres congregados en Su nombre. Si nos limitamos a su presencia en nuestra vida personal, nos estamos perdiendo de un aspecto esencial de nuestro Dios, y al no conocer ese aspecto, le robamos de la adoración que le podríamos dar, la adoración que Él merece por ser Quien es en su totalidad.

Las siguientes tres razones no tienen tanto que ver con Dios, sino con nosotros mismos.

2. Si no nos congregamos, limitamos (y podemos hasta desviar) nuestro aprendizaje de la Palabra. 2 Pedro 1:20 enseña que la Escritura no se puede interpretar por cada quien como quiera. El Espíritu Santo inspiró la Palabra de Dios y ayuda a interpretarla, pero es importante aprender de personas más sabias en las cosas del Señor para tener la seguridad de que no nos estemos desviando en nuestra interpretación personal o privada de las Escrituras. Esto no quiere decir que no podemos entender nada por nosotros mismos, de hecho, esta instrucción supone que habrá estudio personal. Sólo es una advertencia de que una persona a solas se puede desviar si no estudia en conjunto con otros que tienen experiencia dejándose guiar por el Espíritu Santo.

3. Esto nos lleva a un punto que no es muy popular. Necesitamos autoridad espiritual. Romanos 13:2 enseña claramente que Dios estableció el principio de la autoridad y Hebreos 13:17 nos dice que debemos sujetarnos a nuestras autoridades porque ellos cuidan y se preocupan por nuestras almas. Dios estableció la iglesia local y estableció las autoridades en la iglesia local y sabemos que Él sólo hace lo mejor por nosotros, entonces podemos lógicamente concluir que es bueno para nosotros estar congregados y bajo la guía de las autoridades espirituales de la iglesia local.

4. Otra cosa que necesitamos es la comunión con otros creyentes. Hechos 2:42 nos indica que los discípulos establecieron la costumbre de estar y perseverar, de hecho, en la comunión unos con otros. 1 Corintios 1:9 y 10 nos enseña que Dios nos llamó a la comunión con Cristo y a estar unidos con otros creyentes. Dios nos creó con la necesidad de pertenecer a una comunidad y creó la iglesia local para ser un lugar en el que podríamos reunirnos con personas de convicciones similares para disfrutar tiempo juntos, pero lo más importante, para honrarle a Él juntos. Juntos, los creyentes se dan apoyo. Juntos, los más experimentados enseñan a los nuevos. Juntos, todos somos más fuertes espiritualmente.

Finalmente, hay una razón más y esta no trata directamente con Dios como la primera y no se trata de uno mismo como las tres razones anteriores.

5. Debemos congregarnos porque la iglesia local es el lugar en donde podemos ejercer nuestros dones en servicio a Dios. Los dones espirituales que Dios da quizás puedan usarse en otras esferas, pero su propósito principal y su uso más sublime es en el contexto para el cual Dios los dio: la iglesia local. Romanos 12:4 y 5 indican cómo debe funcionar una iglesia local, como un cuerpo unido con un mismo propósito, que sufre cuando falta un miembro. Y los siguientes versículos inmediatamente comienzan a tratar sobre los dones, con una clara implicación de que allí se encuentra su uso principal. Además, no sólo indica que es la iglesia local es su contexto ideal, sino también implica que su uso ideal es para los demás, no para uno. Los versículos 7 y 8 indican cómo deben usarse los dones, no para el prestigio o la gloria de uno. Deben usarse para el servicio, la enseñanza, la exhortación de los demás creyentes y para la repartición liberal, el solícito presbítero, la alegre misericordia a los demás creyentes. El don fuera de la iglesia local pierde su razón de ser.

Así que, a pesar de lo fácil que es no ir a la iglesia local, a pesar de lo común que es, recordemos estas 5 razones tan importantes que la Palabra de Dios nos da para establecer esta convicción: congregarme es imprescindible para mi salud espiritual.

Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos… Hebreos 10:24, 25

por qué es tan difícil perdonar

¿Por qué es tan difícil perdonar?

hian-oliveira-614747-unsplash.jpg
Imagen de Hian Oliveira en Unsplash

 

En el estudio bíblico del miércoles pasado, Ricky dijo algo acerca de la misericordia que me hizo pensar en el perdón desde una perspectiva totalmente nueva para mí.

“La misericordia no es que ya no hay castigo. Dios mostró misericordia absorbiendo el castigo Él mismo. Por eso nos pudo perdonar.”

¡Por eso es tan difícil perdonar!

Porque cuando yo perdono a alguien quiere decir que yo absorbo el costo de su acción.

Por ejemplo, si alguien me hiere diciendo unas cosas feas acerca de mí, lo justo, lo lógico y lo natural es que yo le hiera también a esa persona con mis palabras. Pero, cuando yo decido perdonar, ya no le voy a cobrar lo que me hizo. Voy a absorber el costo de sus palabras.

Cuando perdono, “Me la vas a pagar” ya no aplica.

Porque cuando perdono, yo pago.

Y por eso es tan difícil perdonar. Porque no es justo. Porque sentimos que la persona debe pagar lo que hizo y tenemos razón. Pero, si vamos a ser como Dios, vamos a perdonar.

Y perdonar no quiere decir que nadie paga.

Perdonar quiere decir que yo pago.

Así como cuando Dios me perdonó en la cruz, no desaparecieron las consecuencias de mi pecado, Él las pagó.