Trabajar es honroso.

El llamado del Creador. 
La carga. 
La vocación. 

Se obsequia 
junto con la preparación. 

Se recibe, 
se acepta,
con convicción. 

Y se lleva a cabo,
a la mas alta capacidad.
Se hace. Se hace bien. 

Rebosa el corazón por
la oportunidad,
el privilegio,
la satisfacción. 

El oír,
responder,
y trabajar,
es un honor.

Reseña: Lo que Dios dice sobre nuestros cuerpos

Lo que Dios dice sobre nuestros cuerpos es una teología del cuerpo escrito por Sam Allberry. Señala lo que aprendemos de la Biblia sobre nuestros cuerpos, su lugar en el mundo y en nuestra vida, pero aún más, su relación con lo espiritual. La primera sección habla de la creación el cuerpo y la encarnación de Cristo y lo nos enseñan estas dos magníficas verdades. La segunda sección habla del cuerpo quebrantado y cómo la entrada del pecado al mundo ha afectado al cuerpo de cada ser humano. Finalmente, la tercera sección habla del cuerpo redimido y la gloria que espera nuestro ser entero —incluso nuestro cuerpo— en la eternidad.

Para muchos, el tema del cuerpo es complicado porque trae sentimientos de decepción, inseguridad o vergüenza y este libro, tan lleno de sabiduría, da libertad y esperanza para estimar nuestro cuerpo por lo que es en el mundo físico y en el espiritual, también. Da una perspectiva eterna a un tema terrenal y físico pero que es una parte muy grande de nuestras vidas.

En mi opinión, sería difícil exagerar la importancia de este libro para para cada creyente en Cristo. Es urn libro nuevo, pero será un clásico de la literatura cristiana. Contiene verdades importantísimas y más relevantes que nunca.

El solitario

Hay soledad
en aislamiento. 
Silencio implacable.
Vacía reflexion.
Y vanas amistades
de la pantalla azul.

Hay soledad
en compañía.
Palabras y respuestas
con poca comprensión.
Suspiros de alivio
comunes al partir.

La soledad,
inevitable.
Mas Dios al solitario
le hace habitar
en una gran familia,
en plena comunión.
Imagen de Karen Sewell en Unsplash

Mi segunda patria

El 16 de septiembre significa mucho para el mexicano. Y para mí también, aunque no lo soy. Una amiga plasmó en blanco y negro mucho de lo que siento en estas fechas y quiero compartirlo hoy.

Imagen de Luis Vidal en Unsplash

Aunque nací en Honduras de padres canadienses, llegué a México a los 17 años y me cautivó. Como estudiante en este país, nací por segunda vez. Luego me cautivó un mexicano; nos casamos y criamos aquí a nuestros hijos. Me nacionalicé y ya podía votar en México. A fin de cuentas, la mayor parte de mi vida la he pasado en este país y sé más de su historia que la del país de mis padres. 

Todos los que vivimos en México estamos conscientes de los problemas que enfrentamos aquí, así que no voy a ahondar en ellos. Solo quisiera subrayar el hecho de que, a pesar de algunos aspectos negativos de la vida en el país, he escogido seguir aquí. Es mi hogar. 

Si me preguntan qué me gusta de México, puedo dar una lista de atractivos turísticos, de una gran variedad. Hay playas y selvas, ciudades coloniales, pirámides y museos, cascadas y cañones. 

La variedad de la comida y la frescura de los alimentos es envidiable. Cada región tiene sus especialidades. No entraré en detalles de los antojitos y platillos, porque si alguno de tus favoritos faltara, te quejarías conmigo. Pero estarías de acuerdo con la delicia de las tortillas hechas a mano, recién salidas del comal, con un poco de queso fresco, aguacate y una pizca de sal. ¡Sencillo manjar para un rey! También es fascinante visitar los mercados, con sus colores vivos y olores tentadores. 

Quizás los turistas valoren algunas bellezas más que los mismos mexicanos, en especial sus artesanías y sus intrincados textiles bordados o tejidos. Cada estado tiene sus especialidades, muchas de ellas inspiradas por los pueblos indígenas.

De los mismos viene una plétora de lenguas, de diferentes familias lingüísticas y gran complejidad. Me ha encantado trabajar un poco con estos idiomas, algunos de ellos con sonidos difíciles para los que solo saben español o inglés. Más hermosos aun son sus hablantes, con sus costumbres antiguas y su gran hospitalidad.

¿Qué más me gusta de mi país adoptivo? Sus bailes folclóricos son tan bellos y alegres, aunque nunca logré dominar alguno. Sus días festivos hacen que todo el mundo se vuelque en celebrarlos, y con gran orgullo festejan la Independencia con campanazos, gritos, trajes típicos y comida mexicana. 

Vivo en la ciudad de Puebla, de clima menos caluroso que muchas zonas de México. Y por supuesto, es bastante diferente al clima de Canadá, con sus largos meses de frío. También estoy enamorada de los volcanes que nos deleitan en la distancia, y que se han vuelto casi personajes de la región. “¿Ya viste los volcanes hoy?—nos preguntamos—“Anoche nevó ¡y se ven hermosos!”

Aunque cada vez más influyen los países “del norte”, me gusta el hecho de que en México no se exagera eso de lo “políticamente correcto”. En particular, nadie se queja si una escuela canta villancicos en Navidad, o si la ciudad coloca un nacimiento en la plaza central. La frase “Dios te bendiga” es común y no insulta a nadie.

Considero que la mayoría de ustedes coincidiría conmigo en que la mayor riqueza de México es su gente. Los habitantes de los países fríos suelen ser, de alguna manera, más fríos. El mexicano es más cálido, dado a besos, golpes en la espalda, abrazos fuertes. Las emociones están a flor de piel. Aunque no haya mucho dinero, ¡siempre es posible hacer una fiesta! Desde las marimbas hasta los mariachis, hay una variedad de música que alegra esas ocasiones. 

¡Gracias, México, por adoptarme!

Margie Hord de Méndez

Reseña: La alimentación intuitiva

La alimentación intuitiva propone un concepto revolucionario: podemos confiar en el instinto de nuestros cuerpos para alimentarnos adecuadamente. Presenta los diez principios básicos de la alimentación intuitiva y confronta muchas presuposiciones que tenemos sobre la comida y nuestros cuerpos. Quizás la primera objeción al escuchar sobre la alimentación intuitiva es: “Si me permito comer lo que quiero, me voy a atascar de alimentos no saludables”. El libro no solo explica por qué sería tan bueno que hiciéramos caso a lo que nos pide nuestro cuerpo, sino también cómo empezar esta relación de confianza después de años de miedo y restricción. Y enfatiza que la nutrición es importante, solo que nuestra perspectiva de la nutrición está equivocada.

Este libro puede cambiar no solo tu relación con la comida sino también tu relación con tu cuerpo. Pero, este proceso no es para quien medio le interesa el tema. Es un libro con mucha información y puede abrumar al lector que solo tiene un poco de curiosidad sobre el tema.

El libro me llegó justo en el momento cuando necesitaba esta información para estar más consciente de mi cuerpo. Me abrió los ojos a mis temores sobre la comida y el peso, también me recordó que Dios diseñó el cuerpo humano con mucha sabiduría y nos conviene trabajar en conjunto con el cuerpo, no en su contra. Si el peso ha sido un problema para ti, si las dietas no te han funcionado, este libro te dará libertad y, creo yo, sabiduría.