el momento más sabio de Pedro

“¡Señor, sálvame!”

Cuando leemos este clamor de Pedro, muchas veces pensamos que es uno de sus momentos más débiles.

¡Con cuánta fe había saltado del barco para dirigirse al Señor! Y unos minutos después ¡se está hundiendo! Tan rápido quitó los ojos del Señor, tan fácilmente perdio la fe…

Pero, yo propongo que este momento fue uno de los momentos más sabios de Pedro.

Se estaba hundiendo. Estaba rodeado de olas abrumadoras. Las nubes de tormenta lo amenazaban desde el cielo.

Y ¿qué hizo?

“¡Señor, sálvame!”

Pedro acudió al Señor cuando perdió la fe.

¡Si sólo nosotros pudiéramos aprender esa lección!

Es que cuando nos hundimos en el estrés, cuando las circunstancias de la vida son abrumadoras, cuando el fracaso nos amenaza desde el futuro lo más fácil del mundo es huir.

Abandonar la realidad viendo Netflix.

Olvidarme del mundo perdiéndome en YouTube.

Darle la espalda al problema atascándome de papitas o postres.

Pero, podemos aprender esto de Pedro: ¡vayamos al Señor!

¡Él nos rescatará! (Mucho mejor que lo pueden hacer Netflix, YouTube o la comida!) El Señor espera ayudarnos. El Señor conoce nuestras debilidades y quiere que aprendamos a depender de Él.

Cuando perdemos la fe, cuando nos estamos ahogando, no hay nada que lo complace más que escuchar nuestra desesperada voz.

“¡Señor, sálvame!”

Y cuando clamamos, Él llegará allí al instante, nos tomará de la mano y nos mostrará lo absurdo que es el perder la fe en Él.

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Imagen de: Photosightfaces Leading the way via photopin (license)

¿cómo van los propósitos de año nuevo?

Estamos a medio año, ya en pleno verano. Y francamente, los propósitos de año nuevo ya están muy lejos de la consciencia. Entonces, ¿por qué estoy hablando de propósitos de año nuevo en julio?

Pues, el 2017 para mí ha sido un buen año en cuanto a propósitos. Sigo estableciendo los hábitos que me propuse tener. Sí he fallado, claro. A la vez, he podido regresar sin desánimo al estilo de vida que me propuse en enero.

Pero, ¿por qué?

¿Qué factores predicen si voy a fallar o cumplir con mis propósitos de año nuevo?

Creo que son tres cosas que hacen toda la diferencia.

1. Son pocos.

Al principio del año, claro, había muchos cambios que quería hacer pero elegí sólo los más importantes (entre 3 y 5). Decidí que no podría enfocarme en tantos cambios a la vez. Cambiar hábitos requiere de mucha energía y creo que es mejor repartirla entre pocos para que haya más energía por hábito y así incrementar la probabilidad del éxito en el cambio. Las demás metas, las dejé para unos meses después, o para el próximo año.

2. Tienen fecha límite.

También me puse una fecha límite. “Quiero bajar de peso” es un deseo. “Quiero bajar 10 kilos para el 31 de marzo” es un plan. Me puse una fecha y una cantidad para cada propósito y así tuve un plan con el que podía iniciar. No me garantiza lograrla, pero tener una meta definitiva sí incrementa la probabilidad. Una fecha límite me motiva más (porque es más presión) ¡y me da un momento definitivo de celebración cuando al fin lo logro!

3. Tengo un compañero.

No tengo quién me acompañe en todos los propósitos, pero sí en algunos. Y tener alguien que está haciendo lo mismo que tú ¡ayuda mucho! Entre ambos nos animamos y nos motivamos. Cuando uno no tiene ganas, el otro le recuerda que es importante. Cuando al otro se le olvida, uno se lo recuerda. ¡Es muy bueno tener a un hermano o una amiga como compañero de propósitos de año nuevo!

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Imagen de Eric Rothermel / CC-BY

Obviamente, Dios es el que ha puesto en mi vida la capacidad y la disciplina para hacer lo que sí he logrado. Y hay algunas metas que aún no he logrado aunque ya nos pasamos de su fecha límite, pero no me voy a desanimar por eso. Simplemente voy a ajustar la fecha y procurarlo de nuevo. Dios me ayudará.

Y hablando de Dios, ¡es bueno consultar con Él antes de elegir propósitos y poner metas al iniciar el año!

Orar te convence de la importancia de cumplir los propósitos que Dios ha puesto en tu corazón. Y te ayuda a eliminar los que no son muy importantes.

Además, te infunde más la carga de responsabilidad que te estás tomando al establecer estas metas. Al orar acerca de tus propósitos de año nuevo, te haces responsable ante Dios mismo por cómo administras tu tiempo y tus hábitos.

Las tres cosas que señalé anteriormente, son claves para cumplir con tus metas cada año. Pero, si no oras al establecerlas, no tendrán mucho valor aunque las cumplas.

Si Jehová no edificare la casa,

    En vano trabajan los que la edifican;

    Si Jehová no guardare la ciudad,

    En vano vela la guardia.  

Salmo 127:1

La gran responsabilidad ante Dios intimida. Es normal temer la pena de no cumplir con pocas metas. El temor de fallar si pongo una fecha límite con una cantidad o un número es real. Evitar la responsabilidad de cumplir una meta con alguien es común. Pero, es importante tomar en serio la responsabilidad de crecer y desarrollarte.

Y es difícil, sí. En el 2017, ya he fallado un montón de veces. Pero, sigo intentando lograr mis metas en tiempo.

No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Gálatas 6:9

cuando no puedo adorar

 Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Mateo 28:17

La reacción natural e inmediata de las persons que vieron a Cristo y todo lo que Él era fue adorar.

Hasta la fecha así es.

Cuando uno ve a la gloria de Cristo, Su poder, Su amor, Su gracia… la única reacción es adoración. Es natural y lógico.

Entonces, ¿qué pasa en mi vida cuando no me nace la adoración?

Cada creyente tiene momentos en los que cuesta adorar, en los que no es natural adorar. ¿Qué pasa allí?

Voy a sugerir que si no nos encontramos en la primera parte del versículo, nos encontramos en la última: “pero algunos dudaban.”

Si no adoro al verlo, es porque en el fondo de mi corazón dudo de algo de su persona. Y no me refiero a duda intelectual, porque un creyente sabe y cree que Cristo es Todopoderoso, es Amor, es Gracia, es abiduría etc. Nunca lo negaría, pero saberlo y creerlo en práctica son dos cosas diferentes.

Y suceden cosas en la vida que nos causan dudas.

A mi mejor amiga le da cáncer y dudo de la bondad de Dios.

Me falta para darle de comer a mis hijos y dudo de la sabiduría de Dios.

La guerra se lleva a mi hermano y dudo del poder de Dios.

Y me cuesta adorar. No me nace adorar. Ni deseo adorar.

¿Qué hacer, entonces, para volver a darle a Dios lo que se merece? ¿Cómo volver a adorar?
Ver a Cristo.

Ver a Cristo, tal como es.

En toda Su gloria. Y Su poder. Y Su amor.

Y al ver a Cristo, tal como es, al verlo verdaderamente, uno deja de dudar.

Y al ver a Cristo, tal como es, uno vuelve a adorar.

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Imagen de Frank McKenna/CC-BY

lo que nadie te puede hacer

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Romanos 8:35

Es interesante que el apóstol nos da una lista de cosas que nos pueden pasar, cosas que podemos vivir o sentir.

Pero, la pregunta que hace no es: “¿Qué nos separará del amor de Cristo?”

Es: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?”

Cuando consideramos este versículo es fácil enfocarnos en los que nos pasa. Circunstancias de tribulación, falta económica o peligro e inseguridad.

Pero, detrás de cada una de estas cosas existe una persona.

Es otro ser humano el que causa angustia. Es otro ser humano el que me persigue. Es otro ser humano el que trae la espada que amenaza mi vida.

Y a veces es la persona que menos esperaba, una persona en quien confiaba.

Pero, Romanos 8:35 asegura que nadie, ninguna persona, me puede separar del amor de Cristo.

No importa lo que me hagan, no me pueden separar del amor de Cristo.

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Imagen de Gaelle Marcel / CC-BY

 

la causa #1 de la falta de celo misionero entre los creyentes

Hay algo que apaga el celo misionero como ninguna otra cosa. Algo que, cuando sucede, disminuye el deseo de compartir el evangelio. Se puede decir que es la causa número uno de que los creyentes no seamos misioneros. 

¿Y qué es esta cosa con efectos tan terribles?

Es el dejar de pasar tiempo con el Señor a diario.

¿A poco es tan importante el tiempo devocional?

Sí. Los momentos que pasamos con el Señor nos inspiran y fomentan el deseo de compartir acerca de esta maravillosa Persona y todo lo que ha hecho. Leyendo Su Palabra aprendemos la importancia de predicar el evangelio y vemos ejemplos de cómo hacerlo. En oración, nos comunicamos con Él, nos desahogamos y dejamos nuestras preocupaciones en las manos del Padre. Y experimentamos Su amor de manera muy personal.

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Imagen de Ben White / CC-BY

Después de pasar tiempo en presencia de un Padre tan amoroso gracias a un Salvador tan fiel, ¿cómo no compartir el evangelio? Después de leer los mandatos a ir y predicar el evangelio para la salvación de almas, ¿cómo quedarnos callados? 

La falta  de tiempo devocional es una de las razones más comunes por las que los creyentes no somos misioneros.

Si queremos mantenernos firmes y fervientes en nuestra obra para el Señor, es imprescindible que pasemos tiempo con el Señor a diario.

Aunque falte tiempo.

Aunque tenga sueño.

A pesar de cualquier dificultad emocional o física que esté pasando.

Necesitas pasar tiempo con el Señor a diario si vas a ser un creyente misionero eficaz.