un reflejo de lo divino

El ser humano se hizo a semejanza de Dios. Somos un pobre reflejo de lo divino.

Y el matrimonio, una institución creada para representar la unión de Cristo y la iglesia, es otro reflejo de algo celestial.

Pero, ¿qué tal si no somos los únicos? No es lógico pensar que toda la creación se diseñó específicamente para reflejar, aunque sea de manera limitada, algún aspecto del Creador?

¡No cabe duda!

Ezequiel 1 habla de unas criaturas celestiales. “Y el aspecto de sus caras era cara de hombre, y cara de león al lado derecho de los cuatro, y cara de buey a la izquierda en los cuatro; asimismo había en los cuatro cara de águila.”

Digo, es un capítulo que no me atrevo a explicar, pero da la idea de que hay seres del cielo que tienen más de una característica de algo terrenal. Un águila, por más majestuoso y feroz que sea, es sólo una faceta de este ser. La fuerza y constancia de un buey era sólo una parte de este ser. El león veloz y fuerte sólo representa un lado de este ser. Y el hombre con su intelecto sin rival y su capacidad espiritual es sólo un aspecto de este ser. ¡Es un ser incomprensible para nosotros!

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Imagen de Kea Mowat en Unsplash

Entonces, en el reino animal, quizás se pueda suponer que cada uno representa, de una manera pobre, pequeña, plana, algo divino. ¿La gracia del movimiento del antílope y el caballo, puede indicarnos un poquito de la elegancia de los movimientos en el cielo? ¿Qué nos enseña la increíble suavidad de una alpaca?¿Los colores brillantes del loro? ¿La rapidez impresionante del avestruz? ¿Qué aprendemos del Creador tomando en cuenta esas características?

Obviamente, no podemos entender realmente a Dios ni al cielo, pero me encanta pensar que Él nos ha dejado pistas, nos ha permitido vistazos de la magnificencia de Su ser a través de la creación. ¿No es maravilloso pensarlo? ¿Lo has pensado tú alguna vez? ¡Me encantaría saber si tú también has observado un toque divino en algo terrenal!

Reseña: Mujeres fuertes y los hombres que las aman

Mujeres fuertes y los hombres que las aman: Cómo construir la felicidad en el matrimonio cuando los opuestos se atraen fue escrito por Tom y Jane Lane y publicado en inglés en el 2015 y en español en el 2016 por la editorial Casa Creación. Es un libro de no ficción en el que los autores comparten su historia y algunos consejos para matrimonios que creen en el patrón bíblico, pero sienten que sus personalidades entran en conflicto con sus convicciones. Se dirige a parejas en las que la esposa tiene una personalidad más fuerte y el esposo es más pasivo, pero también tiene consejos que pudieran ayudar en cualquier matrimonio y, en general, es un libro que yo recomendaría.Portada Mujeres fuertes y los hombres que las aman

El libro tiene varios temas, entre los cuales resaltaron:

– los trasfondos familiares y cómo afectan las distintas personalidades

– las características que Dios ejemplifica y requiere de nosotros

– las diferencias de cada personalidad al enfrentarse con una crisis o un desacuerdo

Además, toma en cuenta el efecto que ha tenido el feminismo sobre el patrón bíblico del matrimonio ¡y hay todo un capítulo dedicado al tema controversial de la sumisión!

Como una mujer de personalidad fuerte, en cuanto leí el título el libro sabía que lo quería leer. Tristemente, el libro tuvo la gran desventaja de que ¡la leí justo entre dos libros de Elisabeth Elliot! Aún así, puedo decir que es un libro útil.

Quizás era de esperarse que el capítulo más controversial es el capítulo sobre la sumisión. Tuvo bastantes frases importantes que subrayé, sin embargo, sí hubo algunas cosas que los autores dijeron que me dejaron con dudas. Por ejemplo, su explicación de la sumisión me pareció excelente.

“El corazón de la sumisión realmente es confiar en Dios, que Él está en control, que Él nos conoce, que Él sabe qué es lo mejor para nosotros, y que Él cuidará de nosotros. Cuando entendemos la sumisión a los caminos de Dios, que Él nos ama y quiere lo mejor para nosotros, la sumisión llega a ser algo cómodo y satisfactorio. A final de cuentas, necesitamos saber que la sumisión no se trata de cambiar nuestras personalidades. Se trata, más bien, de una postura que tenemos en la relación hacia la otra persona.”

Por otro lado, habló del liderazgo como un don no tan íntimamente relacionado con la autoridad como se ve tradicionalmente.

“Si la mujer tiene don para manejar las finanzas, que ella se encargue. Si ella es mejor líder, que ella guíe.”

No sé si puedo estar de acuerdo con eso. Jane nunca aclaró si se refería a liderazgo en ciertas áreas de la vida, (quizás áreas en las que la esposa tiene más habilidad) o si era liderazgo de la familia. Y eso fue lo que me dejó un poco incómoda, especialmente al recomendar el libro.

Pero, quizás la cita que mejor resume el capítulo sobre la sumisión, la que más me ayudó y con la que estoy totalmente de acuerdo es la siguiente:

“La verdadera sumisión es comunicar con honestidad lo que sentimos y deseamos a nuestro esposo y luego ceder nuestro derecho de que las cosas se hagan a nuestra manera.”

El otro tema que más resaltó del libro, para mí, fue el tema de pedir perdón. Para tener una relación saludable, es importante pedir perdón cuando uno comete errores y Tom mencionó 3 formas de pedir perdón que realmente no cuentan.

  1.  “`Si he hecho algo que te ofendió, lo siento.´ Es pedir disculpas sin realmente pedir disculpas. […] Es procurar cubrir tu error sin reparar el daño.
  2. “La excusa del motivo impide el pedir perdón porque la persona afirma que la ofensa no fue intencional.”
  3. “Otra excusa es la de `lo que él hizo es peor de lo que yo hice.´ Indica que nos interesa más el problema que la relación.”

Nunca las había clasificado como tal, aunque tenía una idea general de estas distintas filosofías de disculpas. Creo que sería útil para cada pareja tomar en cuenta este análisis y reconocer cuando no están pidiendo perdón con sinceridad. Se podrían resolver bastantes problemas…

En conclusión, el libro me pareció bastante útil para una pareja cristiana que quiere obedecer las Escrituras pero sienten un conflicto entre sus personalidades y sus ideas de lo que son el liderazgo y la sumisión. Por otro lado, no creo que valga la pena para una pareja en la que él es más fuerte y ella más pasiva, aunque tiene algunos buenos consejos generales. Realmente se dirige a un público muy específico. Cuando terminé el libro, tenía más información sobre la dinámica de personalidades opuestas, una mente más instruida sobre la dinámica de personalidades distintas y cómo las afectan sus crianzas y con algunas preguntas importantes sobre la naturaleza de la sumisión. Me pareció un libro fácil de leer, con vocabulario sencillo y letra grande. Lo terminé rápido. Yo diría que cumplió su propósito en el sentido de que me hizo reexaminar mis convicciones sobre la sumisión y me hizo sentirme más cómoda con mi personalidad fuerte. Si eres parte de ese grupo de parejas en las que la mujer es más fuerte y el hombre más pasivo y sientes un conflicto con los conceptos de liderazgo y sumisión, este libro te podría ayudar.

En resumen: 4/5

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¿en qué me ocupo?

Estamos estudiando el libro de Romanos los miércoles y el día que estudiamos el capítulo ocho, el versículo seis me llamó la atención.

Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

No es un versículo que requiere de mucha explicación. Pero, sí es una verdad directa y difícil.

Pensé en mi carne, en mis deseos.

¿Cuánto tiempo, durante un día, paso pensando en algo del Espíritu?

Mientras lavo trastes o manejo a la escuela, ¿qué porcentaje de mis pensamientos se tratan del Espíritu? ¿Y qué porcentaje se trata de la carne?

Y no sólo pensando… ¿Qué tal hablando? ¿Leyendo? ¿Escribiendo? ¿Escuchando?

De las 24 horas del día, se supone que duermo siete u ocho, pero me quedan 16 horas más. Supongamos que el trabajo o la escuela me quita entre seis y ocho horas de concentración o de espacio mental.

¡Me quedan horas para ocuparme de lo que yo quiera! ¡Horas!

¿Y en qué las ocupo? Cuando escucho estaciones de radio o podcasts, cuando veo programas o videos en YouTube, cuando escucho música, leo artículos y libros, cuando envío mensajes de texto… ¿Estoy alimentando la carne? ¿O estoy nutriendo mi vida espiritual?

Ese día tuve que reconocer que muchas de las cosas que elijo, no son para mi bien espiritual. ¡Claro, no estoy escuchando, viendo o leyendo basura! Pero, quizás allí está el peligro. Ocuparme en cosas que mientras no son malas, tampoco me hacen bien.

Los placeres más inocentes son fáciles de permitir en mi vida… y luego es fácil perderme en ellos y jamás dedicar tiempo al Espíritu.

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Imagen de Toa Heftiba en Unsplash

Un video chistoso en YouTube ¡no tiene nada de malo! Pero, ¿cómo compararlo con escuchar la grabación de una predicación del evangelio?

Una conversación por Messenger sobre la maravilla que es el brownie con un poco de chile güajillo, está bien. Pero, ¿es más el provecho que cuando compartimos un versículo de la Biblia?

La última canción de Tori Kelly puede ser relativamente inocente. Pero, ¿qué tal la profundidad la letra de “O profundo amor de Cristo”?

¡No quiero dar a entender que todo esto es malo, horrible y hay que sacarlo de nuestra vida! Claro que se pueden disfrutar videos de YouTube, canciones pop y conversar sobre superficialidades. Pero, este versículo me recuerda que debo checar mis tiempos. Debo estar consciente de la cantidad de tiempo que estoy ocupando en cosas de poco provecho. Porque aunque sí se disfruten aquí, los placeres de la carne desvanecerán en el cielo, mientras que las cosas sustanciales, las de provecho espiritual, se convertirán en tesoros.

No se trata de abandonar todo lo que disfruto. Sólo se trata de inversión.

A final de cuentas, todo lo que yo hago aquí en vida es una inversión.

Y Romanos 8:6 me recuerda cuales inversiones valdrán la pena en la eternidad.

cuando Dios te da una obra imposible

Antes, cuando me enfrentaba con algo imposible, con una tarea el cual era completamente incapaz de completar, me aterraba. 

¿Por qué me encargarían algo tan difícil?

¿Qué no tenía Dios a alguien más preparado apara algo así? 

Las preguntas y el temor me sofocaban. 

Y oraba.

“Señor, tendrás que hacer esto a través de mí, porque ¡yo no puedo!”

La primera vez que de mis labios salieron esas palabras, jamás me imaginé que las repetiría, vez tras vez. Pero, vez tras vez, el Señor me ha llevado a situaciones totalmente fuera de mi capacidad. 

Y vuelvo a orar. 

“Señor, hazlo tú, porque ¡yo no puedo!”

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Imagen de Ian Espinosa en Unsplash

Hoy, me vuelvo a enfrentar con un problema tan profundo que me estoy ahogando. Estoy tan perdida que ni sabría hacia dónde dirigirme si pudiera nadar en esta situación. 

Y me hundo. 

Me entero de más aspectos del conflicto y me hundo. Medito más en el problema y me hundo. 

Pero hoy, ya sé cómo se va a solucionar. Me he sentido así en otras ocasiones. 

Y la oración que me ha rescatado vuelve. 

“Señor, hazlo tú porque ¡yo no puedo!”

Esta vez, ya no con una voz temblando, ya no aterrada. Esta vez, con la tranquila confianza de fe probada y comprobada. 

Tengo paz. 

Tengo paz en medio de esta tormenta, tengo paz aunque estoy tragando agua, tengo paz entre las olas porque esta es la oración que mi Padre ha contestado con claridad y seguridad tantas veces en el pasado. 

No lo puedo explicar más que decir que tal como cuando Dios te salva y tú realmente no haces más que descansar en Sus manos, así también en su servicio, Él te pone en situaciones en las que la única manera de seguir adelante es descansar en Sus manos. 

Él hace lo demás. 

Obviamente, tengo que dar el siguiente paso. Pero, no se trata de seguir adelante como yo pueda. Ese siguiente paso se da confiando que Dios dirigirá mis pasos, mis manos y mis palabras porque yo ya no estoy en control. 

Y eso es lo que me toca hoy. 

“Señor, hazlo tú a través de mí, porque ¡yo no puedo!”

18 preguntas para personas de la Biblia

Si pudieras conocer a cualquier persona de la Biblia, ¿quién sería? 

Qué difícil decidir, ¿no? No sé cómo elegir sólo una persona, pero sí tengo una lista de preguntas para varias personas de la Biblia. Aquí están las preguntas que yo haría si pudiera conocerlos. 

  1. Rút: ¿Qué fue lo que te atrajo al Dios de Israel? ¿Cómo se ganó tu lealtad? 
  2. Pablo: ¿Cómo te sentiste cuando aprendiste que la causa a la cual habías dedicado tu vida era algo falso? 
  3. Juan: ¿Me puedes explicar cómo terminó tu relación con la iglesia que dirigía Diótrefes? 
  4. Ester: ¿Cómo eran tus amistades dentro del palacio? ¿Llegaron otras personas a creer en Dios? 
  5. Andrés: ¿Cuál es tu secreto? ¿Por qué siempre que leemos de ti estás trayendo a alguien al Señor? 
  6. Susana: ¿Cómo decidiste seguir y servir al Señor Jesús de tus bienes? 
  7. Sarai:  ¿Qué lección aprendiste después de tomar el plan de Dios en tus propias manos? 
  8. María: ¿Qué fue lo más impactante que aprendiste a los pies de Cristo? 
  9. Lidia: ¿Cómo manejabas tu tiempo para ser ama de casa y tener tu negocio a la vez? 
  10. Priscila: ¿Puedes decirme cómo estudiabas la Palabra con Aquila? 
  11. Eunice: ¿Qué consejo le puedes dar a una mujer que está casada con un incrédulo? 
  12. Isaac: ¿Qué sentiste cuando tu papá estaba a punto de sacrificarte? 
  13. Demas: ¿Qué pasó? ¿Por qué te fuiste? 
  14. Marcos: ¿Qué pasó? ¿Por qué regresaste? 
  15. Bernabé: ¿Cómo fue tu relación con Pablo después de irse cada quién por su lado? 
  16. Ana: ¿Cómo pudiste confiar tu hijo a Elí si él había fracasado en criar a sus propios hijos? 
  17. Betsabé: ¿Qué fue lo más importante que le enseñaste a tu hijo? 
  18. Santiago: ¿Qué te hizo cambiar de opinión sobre Cristo?

¿Alguna vez habías pensado tú en qué preguntas les harías a estas u otras personas de la Biblia? ¿Qué respuestas crees que nos darían?