18 preguntas para personas de la Biblia

Si pudieras conocer a cualquier persona de la Biblia, ¿quién sería? 

Qué difícil decidir, ¿no? No sé cómo elegir sólo una persona, pero sí tengo una lista de preguntas para varias personas de la Biblia. Aquí están las preguntas que yo haría si pudiera conocerlos. 

  1. Rút: ¿Qué fue lo que te atrajo al Dios de Israel? ¿Cómo se ganó tu lealtad? 
  2. Pablo: ¿Cómo te sentiste cuando aprendiste que la causa a la cual habías dedicado tu vida era algo falso? 
  3. Juan: ¿Me puedes explicar cómo terminó tu relación con la iglesia que dirigía Diótrefes? 
  4. Ester: ¿Cómo eran tus amistades dentro del palacio? ¿Llegaron otras personas a creer en Dios? 
  5. Andrés: ¿Cuál es tu secreto? ¿Por qué siempre que leemos de ti estás trayendo a alguien al Señor? 
  6. Susana: ¿Cómo decidiste seguir y servir al Señor Jesús de tus bienes? 
  7. Sarai:  ¿Qué lección aprendiste después de tomar el plan de Dios en tus propias manos? 
  8. María: ¿Qué fue lo más impactante que aprendiste a los pies de Cristo? 
  9. Lidia: ¿Cómo manejabas tu tiempo para ser ama de casa y tener tu negocio a la vez? 
  10. Priscila: ¿Puedes decirme cómo estudiabas la Palabra con Aquila? 
  11. Eunice: ¿Qué consejo le puedes dar a una mujer que está casada con un incrédulo? 
  12. Isaac: ¿Qué sentiste cuando tu papá estaba a punto de sacrificarte? 
  13. Demas: ¿Qué pasó? ¿Por qué te fuiste? 
  14. Marcos: ¿Qué pasó? ¿Por qué regresaste? 
  15. Bernabé: ¿Cómo fue tu relación con Pablo después de irse cada quién por su lado? 
  16. Ana: ¿Cómo pudiste confiar tu hijo a Elí si él había fracasado en criar a sus propios hijos? 
  17. Betsabé: ¿Qué fue lo más importante que le enseñaste a tu hijo? 
  18. Santiago: ¿Qué te hizo cambiar de opinión sobre Cristo?

¿Alguna vez habías pensado tú en qué preguntas les harías a estas u otras personas de la Biblia? ¿Qué respuestas crees que nos darían?

3 razones para ser un misionero que pide perdón

Los creyentes no queremos dar mal testimonio. No queremos que la gente piense mal de nosotros porque quizás eso los lleve a pensar mal de Cristo y por eso, a veces es difícil reconocer cuando nos equivocamos. ¡Es que no queremos que la gente incrédula piense que los creyentes cometen errores o tienen fallas de carácter porque eso refleja mal a Cristo!

Pero, ese tipo de pensamiento nos puede llevar a esconder nuestros errores, a cubrir nuestras fallas, a permitir que otros piensen que somos mejores que ellos. (¡O al menos, permitirlos pensar que nosotros nos creemos mejores que ellos!) Este tipo de pensamiento es erróneo y peligroso. De hecho, hoy voy a presentar tres razones para ser un creyente, un misionero, que reconoce sus fallas y pide perdón. 

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Imagen de Jack Finnigan en Unsplash

1. Muestra mi consciencia de imperfección. 

No eres perfecto. Yo tampoco soy perfecta. Pero, cuando la persona incrédula ve evidencias de eso y sabe que yo no lo reconozco, sólo sentirá desprecio por mí y por mi Cristo. Es mucho más saludable para mi relación con esa persona y para mi testimonio reconocer frente a todos que no soy perfecta, que intento ser más como Cristo cada día, pero fallo. Cuando pido perdón por algo que hice mal, el incrédulo va a ver que estoy consciente de mis fallas, pero estoy intentando mejorar. Y eso será más impactante que una apariencia falsa de perfección. 

2. Muestra mi amor por esa alma. 

Cuando pido perdón, estoy indicando que la persona a la que ofendí o herí es importante, que lo que esa persona siente es importante. Es una muestra de amor, lo característico de los cristianos. Un testimonio marcado por amor y consideración, es mucho mejor que un testimonio marcado por una ilusión de perfección. 

3. Muestra que lo correcto me es más importante que mi orgullo. 

Pedir perdón es doloroso para el ego. Pero, si realmente quiero reconocer lo correcto, tengo que pedir perdón por hacer algo incorrecto. Y al pedir perdón, muestro que para el creyente hacer y reconocer lo correcto es más importante que cualquier otra cosa, más que su propio orgullo. El incrédulo quedará más impactado por la humildad de reconocer que cometí un error, que por la idea de que no me equivoco porque soy cristiano. 

Así que te dejo con estos pensamientos, esperando que no temas pedir perdón la siguiente vez que hagas algo incorrecto, aunque sea con un incrédulo. Gracias a eso, tendrás mejor testimonio ante el mundo. 

hacer lo imposible

 Él les dijo: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta multitud. Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta. Así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos.  Y tomando los cinco panes y los dos pescados, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de la gente. Lucas 9.13 al 16

“Dadles vosotros de comer.” 

Cristo pidió a sus discípulos que hicieran algo imposible. 

¡Darles de comer a más de 5000 personas! ¿Cómo podía Él pedirles algo tan difícil? Él sabía que ellos no tenían dinero. Él sabía que ellos tenían hambre al igual que la multitud. Él sabía que no había donde comprar tanto comida si encontraran los fondos para hacerlo.¿Cómo podía ser tan insensible a sus limitaciones? 

Los discípulos le contestaron que no podían.

Le dijeron que sólo tenían cinco panes y dos pescados. Que no tenían dinero para ir a comprar comida. 

Y Cristo les dio una instrucción.

“Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta.” 

Los discípulos aún no tenían respuesta. Aún no sabían cómo podrían darle de comer a tanta gente. Y ahora tenían que tomar una decisión. Podían seguir cuestionando a Cristo, insistir en que no había cómo alimentar a tantos, o podían obedecer la instrucción de hacerlos sentarse en grupos. 

Decidieron obedecer.

No sabían cómo podrían darles de comer. No sabían siquiera si realmente alimentarían a la gente. Pero, obedecieron: sentaron a toda la gente en grupos. 

El Señor dio gracias por los panes y pescados, los partió y luego, los dio a sus discípulos para que los sirvieran a la gente. 

¡Los discípulos alimentaron a la multitud! 

El Señor Jesucristo les había pedido que hicieran algo imposible. Luego, paso por paso, ¡les dio la manera de hacerlo! 

Y hoy, hace lo mismo con nosotros. 

Quizás parece que lo que el Señor nos pide es difícil, o aún imposible. Pero tenemos la seguridad de que si Él pide algo de nosotros, nos da la manera de obedecer.

¿Cómo vamos a encontrar la manera de obedecer que Él nos da?Obedeciendo los pasos más pequeños que Él nos manda a tomar, tal como los discípulos cuando sentaron a la gente.

Entonces, cuando Cristo te pide que hagas algo imposible, cuando me pide que haga algo imposible, lo único que necesitamos hacer es dar el siguiente paso pequeño de obediencia, porque Él hará que todo lo demás también sea posible. 

3 principios para la vida misionera

Tengo una lista de frases que expresan lecciones que he aprendido sobre la vida misionera. Quizás algún día les comparto más, pero hoy quiero compartirles las tres que más me han impactado últimamente. ¡Espero también te sirvan de inspiración! 

1. Sola, no puedo hacer nada. 

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15.5 

Como misionero, uno generalmente vive sin el sistema de apoyo moral que un creyente tiene en su asamblea local. Ser misionero es, por su naturaleza, la obra espiritual en el que hay más aislamiento, porque la obra se trata de salir a un lugar nuevo y empezar desde ceros: predicar el evangelio en un lugar nuevo, enseñar a los creyentes nuevos, bautizarlos y ayudarles a entender los principios de cómo formar una iglesia basada en las enseñanzas de los apóstoles. Es un trabajo solitario. 

Quizás por eso es muy fácil empezar a sentir que todo depende de uno. ¿Hay que limpiar el local en el se hacen las predicaciones? El misionero lo hace. ¿Hay que regalar folletos? El misionero los reparte. ¿Alguien necesita un consejo sobre una situación difícil? El misionero lo atiende. Llega un punto en el que el misionero no sólo siente que él hace todo, sino también que solamente él lo hace. Pero, a pesar de la falta de otros líderes en una obra, el misionero siempre, siempre, siempre debe recordar este principio: sólo no puede hacer nada. 

El misionero, quizás más que cualquier otro obrero, necesita aprender su dependencia del Señor, aprender que, sin el Señor, no puede hacer nada. 

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Imagen de Vincent Chin en Unsplash

2.  El cielo es el límite. 

…porque nada hay imposible para Dios. Lucas 1.37 

El misionero, trabajando en un lugar medio aislado, lejos de familiares y amigos, puede llegar a desanimarse, especialmente cuando parece que la obra no está progresando. Se le van las ganas de trabajar cuando la persona con quien había estudiado tanto en sesiones semanales, decide abandonar las cosas de Dios. Se decepciona cuando un joven que mostraba potencial en la asamblea, elige el mundo y el pecado. Se contagia de desánimo cuando toda una familia decide ya no reunirse porque les sucedió una tragedia que les desanimó. 

Pero, el misionero debe recordar que cuando se trata de la obra del Señor, no hay límites. Nada es imposible para Él. Entonces, cuando la obra parece estar estancada, cuando las reuniones son muy pequeñas, cuando todos parecen tener una excusa para no interesarse en la Palabra de Dios, continuar no es imposible.

Nada es imposible, porque con Dios, el cielo es el límite. 

3. No es mí obra.

…así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. I Corintios 3.7 

Francamente, el pensar que todo depende de ti y el sentirte un fracaso cuando alguien decide no ponerle prioridad o de plano abandonar las cosas de Dios, tienen su raíz en la mentalidad incorrecta: que la obra es de uno. Sobre todo, el misionero necesita recordar que la obra no es de él. 

De hecho, una obra es una carga demasiado pesada para un ser humano imperfecto, es imposible llevar con éxito una obra “propia.”

 La obra es del Señor. Y si un creyente ama el mundo y se va, la obra es de Dios. Y si hay un avivamiento y 20 almas se salvan en una noche, la obra es de Dios. Y si pasan años sin ver un solo fruto, la obra es de Dios.

El misionero es sólo un instrumento a través del cual Dios obra. La obra no es del misionero. 

Si yo hubiera iniciado mi vida como misionera a tiempo completo consciente de estos tres principios, me hubiera evitado algo de estrés, presión y desánimo. Pero, son lecciones que uno tiene que aprender vez tras vez porque rápidamente se olvidan.

¡Espero estos tres principios también te ayuden a ti en tu vida como misionero en donde estás! 

cómo estar lleno de gozo

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Imagen de ilya gorborukov en Unsplash

En la Biblia, el agua representa la Palabra de Dios.

En la Biblia, el vino representa el gozo.

 

Y si tomamos en cuenta estas figuras, podemos aprender algo increíble sobre la vida cristiana de la historia de Cristo en las bodas de Caná. Juan 2:7-10 dice esto:

“Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora.”

Los siervos obedecieron a Cristo. Llenaron las tinajas. Las llenaron hasta arriba. ¿Hubiera sido terrible si sólo las hubieran llenado? ¿O qué tal dejarlas a tres cuartos? ¿Hubiera sido tragedia?

Probablemente, no.

Pero, los siervos llenaron las tinajas hasta arriba.

Y luego, ¡Cristo hizo el milagro! Cristo convirtió el agua en vino.

Y las tinajas ahora estaban llenas de vino, hasta arriba.

Ahora, la Biblia está llena de versículos que nos muestran la importancia de tener la Palabra de Dios siempre en nosotros. Josué 1:8 es un buen ejemplo.

“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito…”

Él me manda a llenarme de Su Palabra.

Y no es sólo porque quiere que le obedezca por el simple hecho de obedecer. Es por que Él me quiere llenar de gozo. Hasta arriba. 

¿Qué tanto le voy a obedecer? ¿Llenaré la tinaja hasta la mitad? ¿O me voy a llenar hasta arriba de Su Palabra?

Cristo no se encargó de llenar las tinajas y también convertir el agua en vino. El trabajo de llenarlas les correspondía a los siervos. Cristo hizo la otra parte.

De igual manera, yo no puedo esperar que Cristo me llene de su Palabra. ¡Eso me corresponde a mí! ¡Mandó que yo lo hiciera!l Y Él hará lo demás.

Entre más obedezca, entre más me lleno de Su Palabra, más me podrá llenar Él de gozo.