Una prueba

Yo no conocía

este dolor

y esta tortura

me es nueva.

Un peso en el pecho,

y el corazón

rodeado de presión,

nunca antes

lo había sentido.

Pero hoy sí.

Muy secos los ojos,

débil caigo

Ante este enemigo

sin respirar.

Totalmente sola,

agobiada

y golpe tras golpe,

cae sobre mí.

Mi cuerpo doblado,

–¡Ya no puedo!—

declaré mi verdad

mas sin saber

que era mentira.

Yo no conocía

este dolor.

Estoy descubriendo

(muchos saben),

con el sufrimiento,

se puede vivir.

Reseña: Cómo ser una mujer de excelencia

51qP8s4XfDL._SX321_BO1,204,203,200_.jpgEl título simplemente te llama, ¿no?

Conseguí este libro de Cynthia Heald hace tiempo y esta semana por fin me senté a leerlo. Pero resulta, que no es un libro, tanto como una guía de estudio que puede ser de bastante ayuda para la mujer cristiana.

La edición que tengo yo fue publicada en 1986 por Navpress, pero encontré una versión en español publicada en 2010 por el Grupo Nelson.

El libro está dividido en cuatro secciones que hablan de diferentes aspectos de la excelencia: la meta, el precio, el premio y la alabanza (de la mujer excelente).

Básicamente guía a la lectora a estudiar y meditar sobre varios versículos de la Biblia, junto con citas relevantes y la autora también comparte algunas reflexiones propias.

En el segundo capítulo, que trata de llegar a ser como Cristo, la autora comparte:

“Dios desea tener comunión con nosotros…y es realista, entendiendo nuestra posición en relación a Él. En muchas ocasiones, nosotros somos los que nos imponemos altas expectativas mientras procuramos vivir la vida Cristian en nuestra propia fuerza.”

En el capítulo cuatro que trata sobre rendirse a Dios, cita a Bill Hull:

“Cuando Jesús habló de negarse a sí mismo, no hablaba de negarnos algún producto lujoso, ni negar la realidad del ser, ni negar las necesidades de uno. Más bien, se estaba enfocando sobre la importancia de renunciar nuestro lugar en el centro de nuestra vida y nuestras acciones.”

En el capítulo seis entra la disciplina y además de aclarar qué es (porque muchos tenemos un concepto equivocado de ella), hay un espacio para escribir nuestras metas en las diferentes áreas de nuestra vida que necesitan disciplina: la mente, la voluntad, las emociones, el cuerpo y el tiempo.

El capítulo sobre la pureza, el capítulo nueve, da una lista de preguntas, cada una basad en un versículo, que nos puede ayudar a discernir si algo realmente es puro para nosotros o no.

¿Es de ayuda (en lo físico, espiritual y mental)? I Cor. 6.12 ¿Me tiene bajo su control? 1 Cor. 6.12 ¿Daña a otros? 1 Cor. 8.13 ¿Glorifica a Dios? 1 Cor. 10.31 ¿Lo puedo llevar a cabo en Su nombre? Col. 3:17

Más de la mitad del libro consiste, no tanto en lecturas, sino en preguntas que hay que responder y versículos sobre los cuales meditar. Es un estudio que exige meditación y consideración, uno que requiere de tiempo para contestar con cuidado cada pregunta, no porque las preguntas son difíciles sino porque son personales y traen convicción al corazón.

Es un libro que toca puntos básicos de la vida cristiana y al iniciar el libro pensé que sería demasiado básico, cosas sencillas que ya sabía. Pero, no es así. El libro tocó mi corazón, me hizo preguntas que yo no quería responder, me hizo reconocer que hay una falta de esos principios en mi vida. ¿Cuáles principios?

Los capítulos cuatro al diez tratan de un principio distinto: la rendición, la obediencia, la disciplina, la discreción, el espíritu afable y apacible, la pureza y la sabiduría.

Son principios que la mujer cristiana necesita volver a estudiar.

5 of 5 thumbs up

cuando tienes que responder “no se”

Recuerdo que como adolescente leí un artículo que decía que si alguien te preguntaba algo sobre la Biblia y no sabías, se valía decir “No sé”. De hecho, era bueno, con tal de que después fueras a investigar la respuesta.

Me impactó, porque a veces creemos que los cristianos debemos tener todas las respuestas a todas las objeciones a nuestra fe.

Creemos que la Biblia sí tiene las respuestas a todas las dificultades de la vida. Pero, ¡eso no implica que nosotros vamos a saberlas todas!

Sí nos vamos a topar con preguntas que son difíciles. Sí vamos a enfrentarnos con objeciones y dificultades que no sabemos responder.

Y a veces, tendremos que responder “No sé”.

Se vale.

Pero, la Biblia sí indica que debemos tener respuestas cuando nos preguntan sobre nuestra fe.

y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; 1 Pedro 3:15

El Señor espera que estemos preparados para presentar defensa, es decir, hay que prepararnos. No nos sabremos todas las respuestas en cuanto el Señor nos salva. ¡No, tendremos que prepararnos!

Esto quiere decir que tendremos que estudiar la Biblia, buscar las respuestas en las profundidades de su verdad, pasar tiempo en oración pidiendo sabiduría al Señor, investigar sobre el idioma y la cultura original.

También quiere decir que tendremos que aprender de otros. Tendremos que preguntar a los que tienen más experiencia que nosotros. Tendremos que leer comentarios y escuchar mensajes de personas confiables. (Por eso me gusta este canal en YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCh5ynVlOrUUrNC5q4wbO6cg).

Y luego, podremos regresar con la persona y decirle que investigamos ¡y que encontramos una respuesta!

¿Por qué es importante tener la capacidad de decir “No sé”?

Las personas que nos preguntan sobre nuestra fe están a la defensiva, buscando cualquier indicio de hipocresía o de que nos sentimos mejores que ellos. Por eso es tan importante responder con mansedumbre y reverencia.

Debemos tomar esas preguntas en serio y debemos responder en humildad. Y eso conlleva ser sinceros acerca de lo que no sabemos.

Pero, no nos impide el regresar y decir, “¿Te acuerdas de la conversación que tuvimos sobre X o Y tema? Investigué un poco y encontré que…”

Así que, no nos de miedo decir “No sé”.

¡Y no nos detengamos de investigar y regresar con la respuesta!

Reseña: Por qué no fui rebelde

Why I didn´t rebel.jpg

Hay muchos libros sobre la crianza de los hijos escritos por padres y obviamente hay mucho que aprender de personas que formaron a sus familias de una manera que glorifica a Dios. ¡Pero, hace poco me topé con un libro sobre la crianza de los hijos escrito por una hija! Why I Didn´t Rebel: A Twenty-Two-Year-Old Explains Why She Stayed on the Straight and Narrow — and How Your Kid Can Too* (Por qué no fui rebelde: una chica de veintidós años explica por qué permaneció en el camino correcto y cómo tus hijos también lo pueden) de Rebecca Gregoire Lindenbach fue publicado por Nelson Books en 2017 y habla sobre lo que hicieron sus papás y los papás de sus amigos que tampoco fueron adolescentes rebeldes (también incluye información sobre lo que hicieron los papás de sus amigos que sí se rebelaron) para sacar conclusiones sobre lo que pueden hacer y evitar padres creyentes para criar hijos que no se rebelan. Y quizás la lección más impactante es que hay una diferencia entre criar hijos “buenos” y criar hijos no rebeldes. No puedo decir que estoy totalmente de acuerdo con sus conclusiones, pero tiene consejos excelentes respaldados no solo con experiencia personal, sino también con investigaciones independientes.

Como ya mencioné, la lección más grande que aprendí leyendo este libro es que la meta de los padres no debe ser criar hijos “buenos”, es decir, hijos que se portan bien, que no causan problemas, que nunca tienen conflictos con otros. La meta de los padres debe ser criar hijos que glorifican a Dios, esto sí resulta en hijos que en general son “buenos” pero los libra de las expectativas tan dañinas de la perfección. Como dice al inicio del libro:

“padres exitosos no son perfectos, son auténticos (sinceros) y esperan lo mismo de sus hijos.”

Parte de esta sinceridad, es ser abierto con los hijos, dice la autora. Incluso cuando los papás están pasando por momentos difíciles, aunque no es saludable ni necesario explicarles con lujo de detalle todo lo que pasa, sí es bueno aclarar de manera breve lo que está sucediendo para que no haya mal entendidos.

“Como mis papás me dijeron lo que les preocupaba, yo sabía lo que nos enfrentaba. Y sabía que mis papás se estaban encargando. Entonces, no sentía que me estaba ahogando en una falta de seguridad.”

Como todos buenos lineamientos para padres, enfatiza la necesidad de pasar tiempo con sus hijos. No en una actividad estructurada en la que el propósito es algo externo, sino simplemente para estar juntos.

“La forma de realmente llegar a conocer a alguien y que llegue a ser una parte natural de tu vida es no hacer nada juntos.”

¿Y qué tal el servir juntos a Dios? Es obvio que no todas las familias dedicadas a ministerios y la obra del Señor siguen en ese camino de grandes. ¿Qué sucede ahí? En una frase corta, la autora señala el meollo del asunto:

“… la cantidad de servicio no es tan importante como el motivo detrás del servicio”.

Un punto controversial que ella menciona es que la disciplina física no tiene bases en evidencia y la respuesta general del mundo cristiano es que no nos basamos en evidencia sino en la palabra de Dios. Pero, ella está lista para esa respuesta y  cita a un teólogo que señala que los versículos que se usan para promover la disciplina física (cita específicamente Proverbios 13:24) se interpreta fuera del contexto. No puedo decir que estoy de acuerdo con su conclusión, pero tiene un buen argumento que me llevará a investigar más.

En general, creo que la autora da consejos muy buenos. Y realmente, no importa mi opinión porque ella se asegura de dar consejos basados en evidencia científica e investigaciones independientes (la bibliografía es más larga de lo que uno esperaría de un libro así). Presenta evidencia e historias personales y a partir de allí, da consejos. Enfatiza vez tras vez que el punto no es tener una familia ideal, ni hijos que nunca cuestionan nada. La meta es tener relaciones sinceras en las que todos pueden ser quienes son y a la vez impulsarse a ser mejores. Esto requiere de tiempo juntos, de conversaciones largas, de años de establecer buenas vías de comunicación para que cuando lleguen los años de dificultad, ya haya una base firme en la relación. A final de cuentas, eso es lo que ella promueve. No es el mejor libro sobre el tema, pero sí es uno bastante bueno y con una perspectiva fresca.

5 of 5 thumbs up

son creyentes, no héroes

“Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo:
    Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas,
    Y cuyos pecados son cubiertos.”

Romanos 4:6,7

David no vivió en el día de la gracia. Pero él aquí habla de cuando Dios “atribuye justicia sin obras”.

David conocía, por experiencia, la gracia y la misericordia de Dios.

David lo había experimentado, aunque vivía en los tiempos de la ley. Dios estaba mostrando su gracia mucho antes de la época del Nuevo Testamento, mucho antes del día de la gracia.

Abraham. Noé. David.

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Imagen de Donald Teel en Unsplash

Estos hombres no eran mejores que los demás de su época. No eran mejores que yo. Nadie puede ser bueno o justo. Nadie. Simplemente hallaron gracia ante Dios. Dios simplemente decidió mostrarles gracia. Dios simplemente decidió trabajar en sus vidas y por eso tenemos sus historias.

¿Cuál es la diferencia entre Abraham y otro hombre de Ur? ¿Cuál es la diferencia entre Noé y sus consuegros? ¿Cuál es la diferencia entre David y el rey de los filisteos?

Cada uno respondió a la obra de Dios en su vida, creyó.

Es decir, estos hombres no son héroes. Son creyentes.

Claro, podemos decir que son nuestros héroes precisamente porque creyeron, pero es muy fácil pensar que ellos están en otro nivel espiritual que nosotros. Que eran hombres buenos o justos o menos malos que los que los rodeaban pero no lo eran.

Estos hombres (y muchos creyentes más) eran egoístas, mentirosos e idólatras.

Pero Dios les mostró gracia.

Dios les atribuyó justicia sin obras.

Tal como lo hace conmigo.

Tal como lo hace contigo.

El darme de cuenta de esto me animó. Todos estos “héroes de la fe” no tenían nada que yo no tengo.

Lo único que los detuvo de ser almas perdidas como los demás de su época, fue que cuando Dios les mostró gracia, le creyeron.

Y actuaron según ese creer.

Dios siempre ha mostrado gracia.

Y hoy también puedo hacer lo mismo que esos “héroes”.