señalaron mi pecado

—¿Por qué no?

La compañera que expresó esa pregunta sólo dijo lo que todos estaban pensando. Yo les había dicho que en la celebración de nuestra graduación, no quería que hubiera bebidas alcohólicas. Y como ya habíamos tocado el tema, me preguntaron también por qué yo no tomaba.

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Imagen de Muhammad Rizwan en Unsplash

—Porque cuando tomas es fácil emborracharte. Y cuando sucede eso, quedas bajo el control del alcohol en tu cuerpo y la Biblia dice que nada debe controlarme más que el Espíritu Santo. Como cristiana, quiero obedecer eso y no permitir que nada me controle, ni el alcohol, ni las drogas, ni la comida, ni la ansiedad…

Pero no me dejó terminar.

—¿La ansiedad? ¿O sea, que cuando te estresas por los exámenes y las tareas y eso…?

Mi compañera sonrió. Me había atrapado. Me estaba acusando de precisamente lo que yo acababa de condenar.

—Sí, es cierto. Cuando yo me estreso es pecado, porque en ese momento me está controlando la ansiedad, no el Espíritu Santo.

No hubo más respuesta que el silencio. Creo que mis compañeros no se habían esperado esa confesión tan franca. Pero no podía mentir.

Cuando me controla la ansiedad, es pecado.

Cuando me controla el deseo de comer, es pecado.

Cuando me controla cualquier cosa que no sea el Espíritu Santo, es pecado.

Pero, Dios es bueno. No sólo es fiel y justo para perdonar mi pecado cuando lo confieso, sino usa mis debilidades para Su gloria, para mostrar Su poder.

No se sirvió alcohol en nuestra graduación, pero es obvio que sucedió algo más importante.

Aprendí que un poco de humildad en cuanto a mi vida cristiana, puede tener más impacto sobre mi testimonio ante el mundo que toda una vida aparentemente perfecta.

Claro, esto no quiere decir que debemos seguir pecando para poder tener un testimonio “relevante.” ¡Para nada! Romanos 6 nos habla claramente de los problemas que trae esa mentalidad.

Pero, no tengo por qué aparentar ser mejor persona de lo que soy: Cristo rescató a una pecadora. Esa pecadora sigue pecando, pero con la ayuda del Señor, tendrá cada vez más fuerza para resistir la tentación. Y se vale que todos observen esta lenta transformación. De hecho, es bueno que la observen.

Porque Cristo no vino a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

Y si los pecadores ven que yo soy pecadora, que la diferencia en mí es que yo respondí al llamado de Cristo, ellos sabrán que Cristo también les llama a ellos y espera que ellos también respondan.

12 cosas que aprendí en mi 3er año como misionera a tiempo completo

En agosto cumplí tres años como misionera a tiempo completo oficialmente. Los otros dos años,  compartí 12 cosas que había aprendido en los 12 meses previos y fueron de las entradas más populares así que, este año, ¡lo repito! Espero lo que aprendí sea para tu provecho e inspiración.

La obra no depende de mí. Quizás esta ha sido la lección más importante este año. Cuando Ricky se enfermó y tuvimos que estar fuera de Irapuato dos meses, los hermanos siguieron adelante. El Señor continuó obrando en la colonia del Centro Bíblico. Las personas aún pudieron escuchar el evangelio. Cuando estoy aquí, sí, puedo y debo ayudar. Pero, Él hace la obra en los corazones, esté yo o no.

La importancia de cuidar mi hogar. Cuando tomo tiempo extra para dedicarme a limpiar, a hacer algo especial de comer o simplemente a pasar tiempo con Ricky, él lo aprecia mil veces más de lo que yo esperaba. Empiezo a entender por qué dicen que las esposas tenemos muchísimo poder y potencial. Podemos ser la energía que anima a nuestros esposos a ser todo lo que el Señor espera, o podemos ser el peso que no los deja avanzar ni emocionalmente, mucho menos espiritualmente.

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Imagen de James Balensiefen en Unsplash

Tener la aplicación EveryDollar en el celular funciona muy bien para administrar las finanzas. ¡Mi vida ha sido mucho más fácil desde que empecé a usarla!

Si estás buscando la voluntad de Dios y no sabes si tienes paz, no la tienes.

¡Me encanta hablar de libros y creo que necesito un club de lectura! De ahí, mi nuevo blog.

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Imagen de Annie Spratt en Unsplash

La importancia de trabajar en comunión con hermanos de otros lugares. Tuvimos la oportunidad de visitar, entre otros lugares, a los hermanos en Iguala, Guerrero. ¡Nos fue de mucho ánimo ver cómo están creciendo y contarles cómo van las cosas en Irapuato, también! El Señor nos creó para tener comunión y descuidarla nos perjudica emocional y espiritualmente.

A coser. ¡Me hice una falda! Digo, está muy, muy fea, pero, ya empecé. ¡Y seguiré hasta poder hacerme algo que sí me pueda poner en público!

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Imagen de Volha Flaxeco en Unsplash

Aunque la rutina no es regla, sí es saludable. Al regresar a casa, disfruté mucho regresar a una rutina diaria. No se puede seguir de manera rígida porque la vida siempre manda cosas inesperadas, pero realmente sí necesito una rutina para avanzar en mi trabajo ¡y más que nada por salud mental!

La impresión que se lleva alguien consiste en un 55% de tu vestimenta, en un 38% de tu lenguaje corporal y sólo en un 7% de tu mensaje (lo que dices.) ¡Resulta que la manera en que me visto es importante! Y más porque mi trabajo es llevar el mensaje más importante del mundo: el evangelio.

¡Me encanta poner una mesa elegante! Realmente, yo no sabía que me gustaba tanto pero una amiga me informó que ella sabía que me gustaba lo elegante pero que yo lo estaba dejando a un lado. Lo intenté un par de veces, ¡y ella tenía toda la razón! Unos detalles bonitos en la mesa me hacen feliz.

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Imagen de Katrien Sterckx en Unsplash

  Es horrible ver a un ser querido, que normalmente es muy fuerte, acostado en cama sin poder moverse.

  Es maravilloso poder depender de los hermanos en Cristo cuando tú no puedes con la carga. Si algo aprendí a través de la enfermedad de Ricky es el amor del pueblo del Señor. Nos rodearon, nos abrazaron y nos cuidaron cuando me sentía abrumada, débil y temerosa. Estoy muy agradecida por mis hermanos en Cristo.

la capacitación del creyente misionero (parte 4 de 4)

Un misionero necesita capacitación.

En un mundo ideal, el misionero comenzaría la obra ya con capacitación. Pero, eso no siempre sucede. Además, hay buenas razones para continuar la capacitación después de estar en el campo misionero.

Pero, no sólo se trata de misioneros a tiempo completo. ¿Qué tal el creyente “normal”?

El creyente que vive en su lugar de origen pero quiere compartir el evangelio ¡también necesita capacitación!

Esta entrada es la última de cuatro en las que voy a hablar de la capacitación y la preparación que cada creyente misionero puede tener y por qué es importante, seas misionero a tiempo completo o no. (Parte 1, Parte 2, Parte 3)

¿Se puede evangelizar sin tanta preparación?

¿Se puede compartir el evangelio sin capacitarte en las artes, o sin saber mucho de la biología, o sin pulir tu talento para hacer malabares?

¡Claro que sí!

Estas cuatro entradas no están para hacer sentir mal al que no ha tenido la oportunidad de capacitarse, ni para hacer menos al que comparte el evangelio antes de terminar sus estudios. (Al contrario, ¡entre más pronto empiezas a ser misionero, mejor!)

Pero, lo que intento mostrar es que la capacitación es algo que nos puede ayudar a hacer mejor nuestra obra misionera.

Voy a poner el ejemplo de la adoración. ¿Se puede adorar sin saber mucho de Cristo? ¡Claro que sí! Pero, cuando alguien que conoce al Señor de manera profunda e íntima comienza a adorar, ¡su aprecio es muchísimo más profundo!

Así también, cuando tenemos conocimiento acerca del mundo que creó Dios y de las personas por las que murió Cristo, apreciaremos el evangelio de manera más profunda.

Y podremos exponer y defenderla con más certidumbre, precisión y amor.

Además, tenemos como ejemplo el apóstol Pablo que siempre procuró conocer a su público antes de predicar el evangelio. Usó de su conocimiento cultural para relacionar el evangelio con lo que ellos conocían y así hacerla más accesible.

Ése es el propósito de la capacitación y preparación.

Por eso, el creyente debe aprovechar a lo máximo cada oportunidad de aprendizaje. Cada creyente es llamado a compartir el evangelio y todo ese conocimiento y experiencia serán útiles al cumplir ese llamado.

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Imagen de rawpixel en Unsplash

la capacitación del creyente misionero (parte 3 de 4)

Un misionero necesita capacitación.

En un mundo ideal, el misionero comenzaría la obra ya con capacitación. Pero, eso no siempre sucede. Además, hay buenas razones para continuar la capacitación después de estar en el campo misionero.

Pero, no sólo se trata de misioneros a tiempo completo. ¿Qué tal el creyente “normal”?

El creyente que vive en su lugar de origen pero quiere compartir el evangelio ¡también necesita capacitación!

Esta entrada es la tercera de cuatro en las que toco el tema de la capacitación y la preparación que cada creyente misionero puede tener y por qué es importante, seas misionero a tiempo completo o no. (Puedes leer las otras partes aquí: parte 1, parte 2, parte 4.)

Ya establecimos que es importante que un creyente misionero se capacite antes de dedicarse a ello a tiempo completo y, una vez en el campo misionero, de manera continua y también por qué es tan importante. Ahora, ¿cómo capacitarse?

Obviamente, hay muchas maneras de hacerlo.

Lo más recomendable es consultar con los ancianos o pastores sobre cómo comenzar.

Pero, aquí comparto algunas ideas que podrían ser de ayuda.

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Imagen de Hazel Abagao en Unsplash

Lo primero y lo básico es completar estudios académicos formales hasta donde se pueda.

No todos podrán estudiar una carrera, pero terminar la preparatoria es un buen comienzo. Si existe la posibilidad de estudiar una carrera, ¡qué mejor! Dios no nos exige lo que no podemos hacer, pero sí nos exige lo mejor que podemos hacer. ¿Por qué menciono los estudios formales? Al terminar la prepa y estudiar una carrera, se abrirán puertas. Puertas para el trabajo, puertas para conocer a más personas y puertas de conocimiento, obviamente. Todas estas cosas se pueden usar para evangelizar de una manera más eficaz.

Después de terminar la educación académica formal, hay ventajas en seguir estudiando. El creyente misionero puede continuar aprendiendo. (Y como ya vimos en la parte 2, ¡debe continuar aprendiendo!) Una variedad de cursos nos abrirán el panorama de aplicaciones para el evangelio. ¿Cuáles son las opciones para capacitación después de terminar la carrera?

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Imagen de The Climate Reality Project en Unsplash

Primero, muchas ciudades tienen centros de cultura en donde se pueden tomar clases de muchas cosas diferentes y generalmente con un costo accesible. Además, hay universidades o preparatorias en las que podemos preguntar por cursos de verano. Muchas veces ofrecen cursos cortos ya sea en el verano, por las tardes o los fines de semana para permitir que asista alguien que también trabaja. Un curso así puede ser una buena oportunidad para desarrollar un talento que después se pueda usar para compartir el evangelio.

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Imagen de J. Kelly Brito en Unsplash

No sólo existen las oportunidades en casas de cultura o en escuelas, ¡sino también hay miles de oportunidades en línea! La ventaja de esto es la flexibilidad de tiempos y de lugar. No es necesario salir a una escuela y muchas veces tampoco es necesario apegarse a un horario. Si tenemos la posibilidad económica, hay muchas universidades que dan cursos en línea. Obviamente es importante tener un lugar con wifi confiable ¡para que no se desconecte a media clase o mientras procuras entregar la tarea! Pero, las universidades en línea no son la única opción.

Los cursos ofrecidos por ciertos “gurus” o “expertos” blogueros, pueden ser buenos pero no siempre son confiables. Otra opción son los sitios de educación que también ofrecen cursos de buen nivel académico que tocan temas específicos. Los siguientes tres sitios son confiables y tienen algunos cursos gratuitos y otros pagados.

Dos páginas completamente gratuitas son las siguientes:

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Imagen de rawpixel en Unsplash

Ahora, por el lado de obtener experiencia y poner en práctica lo que se ha aprendido, podemos buscar oportunidades para trabajar como parte del voluntariado en alguna organización sin fines de lucro. Como creyentes, nuestra primera meta hacia el mundo es compartir el evangelio, pero otro deber que tenemos es ayudar. La experiencia de apoyar en algún albergue, una clínica o una escuela nos ayudará a pulir no sólo nuestras habilidades sino también nuestro carácter cristiano.

Todo eso fue en relación a la capacitación académica. Ahora, hablemos de capacitación bíblica.

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Imagen de Hannah Busing en Unsplash

Para aprender de la Biblia, no hay nada como los estudios bíblicos consecutivos, pasaje por pasaje, semana por semana en la asamblea. Es, por excelencia, la manera de aprender de la Biblia. Obviamente, para sacarle provecho a estos estudios, hay que leer el pasaje varias veces, tomar notas y hacer preguntas.

Pero, ¡tampoco olvidemos los recursos en internet! Claro, hay que tener mucho cuidado, no todos los que enseñan en internet son confiables y abunda la falsa doctrina, pero sí hay recursos que pueden ser de mucha ayuda. Aquí comparto algunas páginas con buen contenido:

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Imagen de Cristian Newman en Unsplash

A parte de los estudios en la congregación, podemos buscar apoyo con hermanos con más experiencia, como nos instruye la Palabra de Dios. Los hermanos con más experiencia nos podrán recomendar ciertos temas o pasajes para estudiar de manera personal. Además, nos podrán recomendar material para aprender más sobre la Biblia. Podemos pedir recomendaciones de libros, audios y cursos en línea sobre temas bíblicos. Quizás lo más ideal sería pedirles que nos vean cada semana o cada quince días para estudiar la Biblia juntos. ¡Los hermanos espirituales son un recurso desaprovechado en muchas asambleas! Según la Biblia, ellos son los designados para enseñarnos, para capacitarnos a los que queremos capacitarnos. Así que, ¡aprovechemos su conocimiento!

Ahi dejo, entonces, algunas ideas sobre cómo nos podemos capacitar más y mejor para pulir nuestros talentos, desarrollar nuestros dones ¡y así usar todo lo que nos ha dado el Señor para compartir Su evangelio!

la capacitación del creyente misionero (parte 2 de 4)

Un misionero necesita capacitación.

En un mundo ideal, el misionero comenzaría la obra ya con capacitación. Pero, eso no siempre sucede. Además, hay buenas razones para continuar la capacitación después de estar en el campo misionero.

Pero, no sólo se trata de misioneros a tiempo completo. ¿Qué tal el creyente “normal”? ¡El creyente que vive en su lugar de origen pero quiere compartir el evangelio también necesita capacitación!

Esta entrada es la segunda de cuatro en las que voy a hablar de la capacitación y la preparación que cada creyente misionero puede tener y por qué es importante, independientemente si es misionero a tiempo completo o no. (Puedes leer las otras partes aquí: parte 1, parte 3, parte 4.)

¿Se puede decir que un misionero llega al punto en donde termina su capacitación?

¡Claro que no!

Un creyente misionero nunca termina porque la vida cambia y por lo tanto su forma de evangelizar también debe cambiar.

Se encontrará en situaciones imprevistas. Si es el único “espiritual” que alguien conoce, quizás repentinamente lo inviten a dar una clase en un albergue para niños o predicar en un velorio. En esas situaciones, no cualquier mensaje del evangelio es apropiado. La capacitación ayudará a elegir una forma apta de compartir el evangelio ante esos públicos tan diferentes. No sólo hay situaciones imprevistas, también hay cambios de cultura.

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Imagen de Lonely Planet en Unsplash

No importa si el misionero se va al siguiente estado o si se va a la China, se enfrentará con cambios culturales.

Lo religioso en un lugar es pagano en otro. Lo que es tema aceptable en la predicación en un lugar puede ser ofensivo en otra región. Un creyente misionero debe tomar en cuenta que cada lugar requiere de nueva capacitación, aunque sea breve, porque hay culturas diferentes que hay que enfrentar de diferente manera con el evangelio.

Finalmente, no sólo hay cambios culturales, sino entre más años pasan, más cambios habrá en el mundo en general.

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Imagen de Marten Bjork en Unsplash

Es importante continuar capacitándose para poder responder a los cambios.

Un creyente misionero puede prepararse para predicar el evangelio de Juan 3, ¿pero qué tal si alguien le pregunta por qué está mal casarse con alguien del mismo sexo? Un creyente misionero debe poder responder a esa pregunta con el evangelio, no sólo con un “Es que Dios dice que es pecado.” Una creyente misionera puede haberse preparado para dar una clase sobre Rut, pero ¿qué pasa si una alumna adolescente le pregunta si Dios la odia porque se droga? Estas preguntas quizás no se hubieran hecho hace 50 años, pero hoy sí.

Así que la capacitación continua ayuda a enfrentarse con situaciones imprevistas, con las diferencias de culturas regionales y también con los cambios en el mundo en general.

¿Pero por qué es tan importante tener todo eso en cuenta?

…se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.”

¿Recuerdas la parábola de los cuatro tipos de tierras que recibieron semilla? La tierra buena dio fruto, pero aún así no fue cien por ciento exitoso.

“…parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.”

Yo no sé tú, pero yo quiero ser un creyente misionero que da fruto al cien por ciento. No quiero que el Señor reciba de mí el 60% o el 30%. Claro, no soy tierra con espinos, ni dura, ni con piedras… soy salva.

Pero ¿cuánto fruto recibirá el Señor de mí?

Si me capacito para pulir mis talentos y desarrollar mis dones, si busco incrementar mi sabiduría, tendré más capacidad para rendir al Señor el 100%. ¡Y cuánto quisiera escuchar esas palabras en el cielo que se encuentran al final de la parábola en Mateo 25.

“Buen siervo y fiel.”

Dios ha dado a cada creyente una potencial y nos da una enseñanza clara en estas dos parábolas y en 1 Corintios 2:4.

Él espera que seamos fieles en cumplir el 100% de nuestra potencial.

Pero, hacerlo requiere de esfuerzo, requiere de capacitación continua para estar preparados para cualquier situación, para enfrentar diferencias culturales y adaptarnos a los cambios que llegan con el paso del tiempo.