una meditación sobre andar en el desierto

¿Has pasado últimamente por un desierto? 

Un desierto emocional, en el que te sentías totalmente vacía, que ya no podías dar más, ni esforzarte más, ni querer más. 

Un desierto espiritual, en el que leías tu Biblia y no recibías nada, orabas y tu alma seguía sedienta. 

Quizás tu desierto fue otro. Uno que yo no conozco. 

Lo que sí te puedo asegurar es que Dios está en el desierto contigo. 

Oh Dios … tú saliste delante de tu pueblo, Cuando anduviste por el desierto, Selah… Salmo 68:7

Dios guió a su pueblo al desierto. Los guió a donde sentirían hambre y sed y calor y cansancio. Pero, allí en el desierto, el anduvo con ellos.

¡Dios estaba allí! 

Y por eso este versículo me ha dado consuelo. 

Sí, a veces me encuentro en un desierto. Pero, tengo la seguridad de que aún allí, Dios está conmigo. 

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Imagen de Parsing Eye en Unsplash

3 principios para la vida misionera

Tengo una lista de frases que expresan lecciones que he aprendido sobre la vida misionera. Quizás algún día les comparto más, pero hoy quiero compartirles las tres que más me han impactado últimamente. ¡Espero también te sirvan de inspiración! 

1. Sola, no puedo hacer nada. 

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15.5 

Como misionero, uno generalmente vive sin el sistema de apoyo moral que un creyente tiene en su asamblea local. Ser misionero es, por su naturaleza, la obra espiritual en el que hay más aislamiento, porque la obra se trata de salir a un lugar nuevo y empezar desde ceros: predicar el evangelio en un lugar nuevo, enseñar a los creyentes nuevos, bautizarlos y ayudarles a entender los principios de cómo formar una iglesia basada en las enseñanzas de los apóstoles. Es un trabajo solitario. 

Quizás por eso es muy fácil empezar a sentir que todo depende de uno. ¿Hay que limpiar el local en el se hacen las predicaciones? El misionero lo hace. ¿Hay que regalar folletos? El misionero los reparte. ¿Alguien necesita un consejo sobre una situación difícil? El misionero lo atiende. Llega un punto en el que el misionero no sólo siente que él hace todo, sino también que solamente él lo hace. Pero, a pesar de la falta de otros líderes en una obra, el misionero siempre, siempre, siempre debe recordar este principio: sólo no puede hacer nada. 

El misionero, quizás más que cualquier otro obrero, necesita aprender su dependencia del Señor, aprender que, sin el Señor, no puede hacer nada. 

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Imagen de Vincent Chin en Unsplash

2.  El cielo es el límite. 

…porque nada hay imposible para Dios. Lucas 1.37 

El misionero, trabajando en un lugar medio aislado, lejos de familiares y amigos, puede llegar a desanimarse, especialmente cuando parece que la obra no está progresando. Se le van las ganas de trabajar cuando la persona con quien había estudiado tanto en sesiones semanales, decide abandonar las cosas de Dios. Se decepciona cuando un joven que mostraba potencial en la asamblea, elige el mundo y el pecado. Se contagia de desánimo cuando toda una familia decide ya no reunirse porque les sucedió una tragedia que les desanimó. 

Pero, el misionero debe recordar que cuando se trata de la obra del Señor, no hay límites. Nada es imposible para Él. Entonces, cuando la obra parece estar estancada, cuando las reuniones son muy pequeñas, cuando todos parecen tener una excusa para no interesarse en la Palabra de Dios, continuar no es imposible.

Nada es imposible, porque con Dios, el cielo es el límite. 

3. No es mí obra.

…así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. I Corintios 3.7 

Francamente, el pensar que todo depende de ti y el sentirte un fracaso cuando alguien decide no ponerle prioridad o de plano abandonar las cosas de Dios, tienen su raíz en la mentalidad incorrecta: que la obra es de uno. Sobre todo, el misionero necesita recordar que la obra no es de él. 

De hecho, una obra es una carga demasiado pesada para un ser humano imperfecto, es imposible llevar con éxito una obra “propia.”

 La obra es del Señor. Y si un creyente ama el mundo y se va, la obra es de Dios. Y si hay un avivamiento y 20 almas se salvan en una noche, la obra es de Dios. Y si pasan años sin ver un solo fruto, la obra es de Dios.

El misionero es sólo un instrumento a través del cual Dios obra. La obra no es del misionero. 

Si yo hubiera iniciado mi vida como misionera a tiempo completo consciente de estos tres principios, me hubiera evitado algo de estrés, presión y desánimo. Pero, son lecciones que uno tiene que aprender vez tras vez porque rápidamente se olvidan.

¡Espero estos tres principios también te ayuden a ti en tu vida como misionero en donde estás! 

cuando no tienes ganas de orar

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Imagen de Olivia Snow en Unsplash

Cuando no tienes ganas de orar, lee.

Suena demasiado sencillo, ¿no?

Pero, todos pasamos por épocas en las que estamos tan desanimados, o tan tristes, o tan agotados que no tenemos ni la energía de orar.

Y es en esos tiempos que la lectura más nos puede ayudar.

Es que a través de la Palabra de Dios, lo podemos conocer. Al leer, veremos quién es Dios, aprendemos más de su carácter. Su Palabra lo revela.

Al conocer a Dios, es inevitable adorar. La lectura nos ayudará a recordar o a descubrir cosas nuevas de Su Persona y esto nos llevará a adorar. ¿Cómo no adorar a alguien tan maravilloso?

Y finalmente, al conocer a Dios, al adorar a Dios, comienzas de nuevo a confiar en Dios.

Digo “comienzas a confiar,” porque esa falta de ganas de hablar con Él involucra una falta de fe. Pero, habiendo conocido más del carácter de Dios, y habiéndole adorado por quién es, la confianza regresa de manera natural y una vez más podrás tener comunión con Él, hablar con Él, orar.

Cada creyente pasa por etapas de sequía. Todos hemos pasado por épocas en las que la oración – si es que se hace – no parece pasar del techo. Pero, te quiero animar, ¡sigue leyendo!

El Señor se revelará, te causará que adores y una vez más podrás hablar íntimamente con Dios.

la comparación de glorias

Creo que todos recordamos el relato en la Biblia del templo de Salomón y su impresionante lujo y belleza. Simplemente, la cantidad de oro que se usó al decorarla es inconcebible.

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Imagen de Clem Onojeghuo en Unsplash

Entonces, no es sorpresa que después de la destrucción del templo, después de setenta años de cautiverio, después de finalmente obtener permiso de regresar a Jerusalén y reconstruir la ciudad con su templo, los ancianos del pueblo lloraron cuando vieron el templo que se estaba construyendo.

¡No se comparaba con el glorioso templo de Salomón que ellos recordaban!

De hecho, ¡era una nada! ¡Y nunca sería lo que una vez había sido!

“¿Por qué seguir?” Comenzaron a preguntarse. Los ancianos y los jóvenes se desanimaron en la obra al ver lo poquito que podían hacer.

¿No te sientes así, a veces?

¡Sabes que no puedes servir como tal o cual hermano! ¡Estas seguro de que tu esfuerzo en apoyar no vale mucho!

Pues, Hageo tiene un mensaje para ti y para mí, al igual que para esta gente que recordaba la gloria indescriptible del gran templo de Salomón y estaban desanimados con sus propios esfuerzos.

“¿Quién de los que han quedado entre ustedes vio este templo en su primera gloria? ¿Y cómo lo ven ahora? ¿No es este como nada delante de sus ojos? …llenaré este templo de gloria, ha dicho el SEÑOR de los Ejércitos.”

Dios mandó a Hageo a animar al pueblo de Israel. Era cierto. Este templo no era nada en comparación con el templo de Salomón.

Pero, Dios no los estaba llamando a construir el templo de Salomón.

Dios los estaba llamando a hacer lo que ellos podían.

Y Dios honraría su esfuerzo. Dios llenaría el templo de gloria, la gloria de Él.

Así también, nuestros esfuerzos y nuestro servicio. Si creemos que es poquito, si pensamos que no vale mucho, Dios nos anima a través del profeta Hageo.

Nos llama a hacer lo que podemos.

Y Él se encargará de la gloria, la gloria de Él.

10 citas sobre la oración de Oswald Chambers

Hace tiempo, conseguí un libro usado. Se llama La oración: Una ocupación santa. Es de Oswald Chambers y realmente no es un libro normal. Es, más bien, una colección de citas sobre la oración, cosas que él escribió en varios libros. Tristemente, no la encuentro en español en ningún lado.

En la introducción al libro, Oswald Chambers dice lo siguiente:

… muchos de nosotros preferimos pasar nuestro tiempo haciendo algo que tendrá resultados inmediatos. No queremos esperar a que Dios produzca los resultados en su tiempo perfecto, porque su tiempo perfecto casi nunca está sincronizado con nuestro tiempo.

Y por eso procuramos ayudar a Dios. Muchas veces hasta procuramos contestar nuestras propias oraciones.

¡Me impactó mucho ese pensamiento! Y teniendo en mente esa verdad, uno se abre más a aprender las verdades sobre la oración. Hoy, quiero compartirles las mejores citas (en mi opinión) de este libro en el orden en que aparecen en el libro.

  1. Pablo dice, “Orando siempre… por todos los santos y por mí.” ¿Recordamos que tenemos el mandato del Señor de orar por todos los que ministran en su nombre? Si el apóstol Pablo sinceramente pidió que se orara por él “…a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio,” seguramente debemos recordad que esta es la clave que el Señor pone en nuestras manos por toda la obra cristiana; no orar porque somos impotentes, sino orar porque Dios es Todopoderoso.”
  2. Ten cuidado que la actividad en proclamar la Verdad no sea una manera ingeniosa de evitar la concentración espiritual de intercesión.
  3. La flojera física descompone la devoción espiritual más rápido que cualquier otra cosa. Si el diablo no puede llegarnos por medio de la tentación a pecar, nos llegará por hacernos dormir espiritualmente. “No, es imposible que te levantes en la mañana a orar, estas trabajando duro todo el día y no puedes darte ese tiempo para orar. Dios no espera eso de ti.” Jesús dice que Dios sí lo espera de nosotros.
  4. Debemos orar con los ojos en Dios, no en las dificultades.
  5. Es un insulto inclinarse ante Dios y decir “Hágase tu voluntad” cuando no se ha hecho intercesión. Es una oración de incredulidad impertinente, conlleva la idea de que no tiene caso orar, Dios hace lo que Él quiere. La frase, “hágase tu voluntad” nace de la relación más íntima con Dios en la que hablo con Él librememente… La repetición en la oración de intercesión no es negociar, sino una insistencia gozosa en la oración.
  6. Jesús no dijo, “Id a la mies.” Dijo, “Rogad, pues al Señor de la mies, que envíe obreros.” …Hhay una cantidad innumerable de personas que han llegado a una crisis en sus vidas y ya están “blancos para la siega.” Los encontramos en todos lados, no sólo en otros países, sino también en las casas vecinas. La manera de discernir no es por intelecto, ni por sugerencias sino por la oración.”
  7. Dios espera que seamos intercesores no buscadores dogmáticos de fallas, sino intercesores vicarios hasta que las vidas de otros lleguen al mismo estándar.
  8. El significado de esperar en ambos, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento es “pararse debajo de,” es decir, activamente tolerar. No es detenerse con brazos cruzados sin hacer nada, tampoco es decir, “En el tiempo de Dios sucederá.” La mayoría de las veces eso significa que en mi tiempo perezoso permito que Dios obre. No, esperar quiere decir estar parado debajo de, en fuerza activa, tolerar hasta que llegue la respuesta.
  9. Podemos ahogar la Palabra de Dios con un bostezo. Podemos permitir obstáculos al tiempo que debemos pasar con Dios cuando recordamos que tenemos otras cosas que hacer. “No tengo tiempo.” ¡Claro que no tienes tiempo! ¡Tómalo! Ahoga algunas otras actividades y haz tiempo para reconocer que el centro de poder en tu vida es el Señor Jesucristo y Su Propiciación.

Entre las citas, este libro contiene algunas preguntas para meditación. Estas fueron las dos que más me impactaron.

  • ¿A quién estoy privando de la bendición de Dios por no orar por ellos?
  • Cuando oro “Hágase tu voluntad,” ¿lo hago simplemente porque es más fácil que descubrir cuál es la voluntad de Dios?

Y finalmente, mi cita preferida:

Tengamos cuidado de precipitarnos en el mismo deseo de hacer la voluntad de Dios. Corremos delante de Él en mil y un actividades y en consecuencia terminamos tan abrumados con personas y dificultades que no adoramos a Dios, no intercedemos.

Espero estas citas te sirvan a ti, como me sirvieron a mí, para tener una mejor vida de oración.