¿desde dónde sigo a Cristo?

En Lucas 22:54-62 leemos la triste historia de Pedro cuando negó a Cristo. La última vez que leí este pasaje, lo que resaltó fue la última frase del versículo 54.

“Y Pedro le seguía de lejos.”

Creo que esta frase es la clave para el resto de la historia.

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Imagen de Jehyun Sung en Unsplash

Pedro le estaba siguiendo, pero a una distancia “razonable”. Había pasado su época de “fanático” (todos seguramente recuerdan el incidente con la espada). Ahora, seguiría a Cristo de una manera más moderada.

Quizás aquí podamos notar la tendencia de los seres humanos hacia los extremos. Pedro quería seguir a Cristo con mucha pasión, pero tenía poco entendimiento. Luego se distanció de Cristo, tanto que terminó totalmente separado de Él.

Pero, ese no es mi punto en esta entrada.

Mi punto es señalar el peligro de seguir a Cristo de lejos.

Lo mejor que podemos hacer en esta vida es permanecer cerca del Señor.

El que sigue a Cristo de lejos, no lo ve todos los días. No tiene conversaciones con Él a diario. No ve las huellas de Sus pisadas para seguirlas con precisión. No conoce su corazón.

Y, quizás, el cristiano que sigue a Cristo de lejos, también llegue a encontrarse en una situación como la de Pedro, a punto de negar que siquiera conoce a su Señor.

Entonces, te dejo con el reto, y es algo que yo también tengo que enfrentar.

¿Desde dónde sigo a Cristo?

¿Sigo a Cristo desde lejos?

¿O estoy con Él siempre? ¿Camino con Él? ¿Platicamos a diario? ¿Me muestra lo que hay en Su corazón? ¿Sé lo que es disfrutar de su presencia día con día?

¿Será que algún día podrán decir de mí: “Y Erika le seguía de cerca”?

Reseña: El ministerio de la oración intercesora

el ministerio de la oracion intercesora

Acabo de leer El ministerio de la oración intercesora* de Andrew Murray, la versión electrónica de Aneko Press.* Ya he compartido la biografía del autor, creo que es el segundo libro de él que leo. Y es un libro que me mostró la gran falta de oración en mi vida.

El tema del libro no es la oración en general, se enfoca específicamente sobre la oración intercesora. El autor nota que es demasiado fácil enfocarnos en peticiones para nosotros mismos, pero aún ese no es su punto principal. Escribió el libro para personas dedicadas a tiempo completo a la obra del Señor.

Escribió el libro para animarles y recordarles que si trabajan sin orar, es totalmente inútil porque están dependiendo totalmente de su carne. Es más, lo mejor que puede hacer el que quiere ayudar a otros es pedirle todo a Dios: su fuerza, su compasión, su gracia, su doctrina, etc.

“… la parte más grande y más bendita de mi trabajo es pedir y recibir de mi Padre lo que puedo llevar a otros.”

Otro punto que señaló el autor es que para que una vida de oración realmente sea eficaz necesita ir respaldad por una vida santa.  De hecho, lo primero que hay que hacer es confesar el pecado, antes de interceder. Y si no sabemos qué confesar, ¡podemos confesar aunque sea la falta de oración!

“Pueden existir otros pecados, pero lo seguro es que aquí hay uno que causa la pérdida…: no oramos como nos enseñan Cristo y la Escritura.”

Claro, la necesidad de la oración puede abrumarnos y el autor lo sabe. Él dice varias veces que la necesidad de todos los que nos rodean siempre será mucho más grande que nuestra capacidad de orar. Pero, nos anima a orar con fe.

“Mientras midamos nuestro poder de orar de manera correcta y con perseverancia por lo que sentimos o creemos que podemos hacer, sentiremos desánimo al oír cuanto debemos orar.”

“Pero si confiamos que, en medio de toda la debilidad de la que estamos conscientes, el Espíritu Santo, como Espíritu de súplica habita en nosotros, precisamente con el propósito de capacitarnos para orar de la manera y a la medida que Dios quiere que oremos, entonces nuestros corazones se llenarán de esperanza.”

Creo que la lección más preciosa para mí fue que el libro me hizo recordar que la obra depende de Dios.

“… mi primera obra, mi única fuerza es la intercesión, obtener el poder De Dios sobre las almas que se me han confiado…”

El ministerio de la oración intercesora me mostró lo poco que oro por otros, me hizo confesar esa falta de oración, me motivó a orar antes que trabajar.

En resumen: 5/55 of 5 thumbs up

lo que hizo el rey David

Hace mucho compartí esta entrada en el blog que tenía en inglés. Espero hoy también te inspire a vivir la vida del creyente misionero.


¿Alguna vez has leído Hechos 13:36?

Seguramente sí. Estoy que segura que yo también lo había leído muchas veces antes de leerlo el martes, pero nunca había notado lo que decía el versículo acerca del rey David.

Resulta que David tenía una misión especial, una misión que yo creo que Dios también te ha dado a ti.

Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres…

¿Ya viste? El rey David sirvió a su propia generación.

Yo leí el versículo justo después de pedirle a Dios sobre un proyecto específico que estaba meditando. Este versículo fue mi respuesta a la pregunta, “¿Qué debo hacer?”

Sirve a tu generación.

Los abuelos de mis amigos quizás no crean tener mucho que aprender de alguien tan joven, pero mis amigos sí me están observando. Quizás mis compañeros no quieran escuchar a mis papás compartir un versículo de la Biblia, pero me conocen a mí y conocen a mi testimonio.

Yo puedo compartir las verdades del evangelio con mis conocidos, de una manera que nadie más puede.

Y lo mismo aplica a ti.

Entonces, te animo a hacer lo que hizo David.

Sirve a tu generación.

la motivación: amor vs. culpa

Cuando sirves a Dios ¿cuál es tu motivo?

De estas frases, ¿cuáles son las que se parecen más a tu voz interior?

“Debería de llevarle un postre a la señora Magda, tengo como dos semanas sin verla va a pensar que a nadie del Centro Bíblico le importa si está bien o no.” Y “¡No puede ser! ¡Se me olvidó invitar a Lupita a la predicación otra vez! Qué creyente misionera ni qué nada… si dependiera de mí, ¡nadie escucharía el evangelio!”

“Pepe tiene como dos domingos sin ir a la clase bíblica…voy a hablarle a su mamá hoy para ver cómo están.” Y “Quisiera invitar a Alicia y Efrain a cenar, han pasado por unos tiempos difíciles últimamente y les haría bien salir a unos tacos y distraerse un rato.”

¿Ves la diferencia entre los ejemplos?

Las primeras dos frases están llenas de culpa. Y las otras frases están llenas de amor.

Me he dado cuenta que demasiadas veces mi servicio a Dios y a los hermanos tiene detrás la motivación de culpa.

Las expectativas que tengo de mí misma y que pienso que otros tienen de mí, me pesan.

Y termino haciendo las cosas porque es lo que hace una “buena” cristiana.

Quisiera cambiar eso en mi vida.

Quisiera que mi servicio fuera motivado por amor a Dios y a mis prójimos.

Quisiera recordar que yo sirvo al Señor porque Él primero me sirvió, que yo sirvo a otros porque ellos también son almas preciosas a quienes Cristo vino a servir.

Entonces, la próxima vez que pienso, “¡Tengo que terminar de limpiar la casa porque una buena esposa cristiana debe atender a su marido y tener limpia la casa!” Voy a cambiar esa voz interior. Voy a decirme algo así: “No, quiero terminar de limpiar la casa porque amo a mi esposo y quiero crear un ambiente de paz para él y eso glorificará a Dios.”

Quizás no cambien mucho mis acciones.

Igual voy a llevarle un pan a la señora enferma, igual voy a limpiar mi casa, igual voy a ver al alumno que ya no ha venido… pero, mi corazón estará más tranquilo porque estaré llevando a cabo estas responsabilidades con amor, no por la carga de culpa.

Y, cuando realmente se notará la diferencia es cuando los límites del tiempo me alcancen.

No siempre puedo terminar todo lo que quiero hacer. Soy ser humana, a final de cuentas, y no puedo suplir cada necesidad que veo. Pero, el amor de Dios y el amor para con Dios en mi corazón me ayudarán a ver que no necesito cargar con la culpa de no haberlo terminado todo.

Así se podrá decir de mi como se dijo de esa mujer motivada por amor en Marcos 14:8.

“… ha hecho lo que podía…”

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Imagen de Samuel Martins en Unsplash

cuando se burlan de ti

Aún cuando se burlan de mí, es para la gloria de Dios.

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Imagen de chuttersnap en Unsplash

Llegué a la universidad con la ilusión de que mi vida como buena alumna y compañera llevaría gloria a Dios porque me ganaría el respeto de mis profesores y de mis compañeros.

Algunos sí llegaron a respetarme a mí y a lo que yo creía.

Pero otros simplemente se burlaron.

Se burlaron de mis esfuerzos como estudiante. Se burlaron de mis características como persona. Pero más que nada, se burlaron de lo que creía y practicaba espiritualmente.

Y sé que no soy la única que ha sufrido esto, ni soy la que más he sufrido, ¡para nada!

Pero, si tú estás en una situación en la que se burlan de ti por ser creyente quiero darte unas palabras de ánimo.

Cuando se burlan de ti, glorifican a Dios.

¡Es cierto!

Seguro es sin querer, pero cuando se burlan de ti por lo que crees, es para la gloria de Dios.

Piénsalo así, si no fueras diferente, si no supieran que eres seguidora o seguidor de Cristo, no habría reacción alguna. Su reacción negativa a ti quiere decir que tu vida, que tú mismo, eres diferente.

¿Y por qué eres diferente?

¡Por Cristo!

Eres diferente, y atraes su burla, porque tú sigues a Cristo, porque tú crees la Biblia, porque tú procuras vivir según la Palabra de Dios.

Así que, ten ánimo.

Si te ganas su respeto a través de tu buen testimonio, ¡qué bueno! Vieron a Cristo en tu vida y es para la gloria de Dios. Pero, si te rechazan, si se burlan de ti y de lo que crees a pesar de tus esfuerzos de ser como Cristo, ¡qué bueno!

Vieron a Cristo en tu vida y es para la gloria de Dios.