Soli Deo Gloria

Gálatas 6:14

1 Corintios 15:10

Juan 1:16

Lejos de mí gloriarme esté,

sino en la cruz de mi Señor.

Nada soy yo, nada he logrado.

Él todo lo hizo a mi favor.

No me glorío en mi salvación.

Es por Jesús que al cielo voy.

Tengo el perdón por el Calvario.

Por obra de Él, yo vivo hoy.

Ni obras que hago mi gloria son,

pues quien fervor me da es Él.

Gracia me da y sobre gracia.

Me hace Cristo fuerte y fiel.

No tomaré honor a mí.

En y por mí, será Jesús.

Soy lo que soy por gracia suya.

Y yo, si brillo, es de Él la luz.

lo que aprendemos de los enamorados

¿Alguna vez has estado enamorada?

O quizás tu amiga o algún primo… ¿cómo son los enamorados?

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Imagen de Kevin Lanceplaine en Unsplash

Para empezar, no dejan de hablar de su novio o novia. Sin importar el tema de conversación, todo se relaciona con la persona que aman. Siempre hay un comentario sobre lo que dijo, hizo o piensa la persona amada. ¡Les es imposible dejar de hablar de él o ella!

Los enamorados siempre están pensando en ver a la otra persona. Hacen planes. Piensan cómo van a recibirlo. Qué se van a poner. Qué detalle le van a comprar. Cuando viven lejos, hacen videollamadas. Cuentan los días y las horas hasta que se puedan ver.¡Siempre se quieren ver!

Algo impresionante acerca de los enamorados es que siempre quieren hacer lo que haría feliz a la otra persona. Los pequeños sacrificios no son nada porque quieren verle contento o contenta. Él le hace su platillo favorito. Ella se pone el perfume que le encanta. Él compra la camisa que ella prefiere. Ella le regala un libro del autor que él admira. ¡Buscan hacer lo que le agradaría!

Y quizás lo más característico de los enamorados: piensan. Siempre están perdidos, andan en las nubes, olvidan cosas básicas… ¿por qué? ¡Porque estaban pensando en esa persona especial! En su belleza, los ojos, su figura…o en su carácter, su amabilidad, su generosidad, su consideración hacia otros. En todos aquellos detalles que la hacen única: cómo cierra los ojos cuando ríe, o un hoyuelo que sólo se aparece cuando llora, o la forma en que se acomoda el cabello con los dedos… ¡Con razón todo se les pasa, están pensando siempre en su amado o amada!

Y eso es la adoración.

Pienso que quizás una de las razones por las que Dios nos dio esos sentimientos eufóricos del enamoramiento es para que entendiéramos lo que es la adoración.

El domingo en la mañana, cuando nos reunimos para adorar al Señor, simplemente se trata de hablar de Él. Hablar de lo que hace, lo que quiere, cómo es…

Al dirigirnos al Padre y hablar de su Hijo, estamos adorando.

Entre semana, en la vida diaria, le adoramos al prepararnos para verle y hacer cosas que sabemos que le agradarán.

Y como cualquier buen enamorado, siempre pasar tiempo pensando en Él, es adoración.

Pensar en cómo es Él, en su amor, su gracia, su justicia… todo es parte de nuestra adoración. Pensar en su belleza, su carácter y su actitud para con nosotros no sólo nos lleva a adorarlo sino es, en sí, adoración.

Así, que si llega un momento en el que quieres adorar pero no sabes cómo, recuerda a los enamorados.

Ellos son los expertos en la adoración.

el acento de Cristo

¿Haz alguna vez pensado que Cristo tenía un acento?

Esta idea surgió porque estábamos estudiando la negación de Pedro hace unas semanas en el estudio del miércoles. Lo que le dijeron a Pedro en Marcos 14:70 me impresionó.

Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos.

…porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos.

Cristo tenía un acento que lo identificaba como alguien de Galilea. Es lógico. Él creció en Nazareth, un pueblo de Galilea. Los que lo rodeaban hablaban de cierta manera y era lógico que Él adoptara la forma de hablar de ellos.

Quizás esta idea me impactó tanto porque me recuerda en especial de la humanidad de Cristo.

Cristo era Dios. Conocía lo que era vivir y mandar en la gloria del cielo. Conocía de manera íntima la presencia del Padre.

A la vez, Cristo como humano fue influenciado por la cultura que lo rodeaba. (Nunca para mal, obvio.) Asistió a bodas judías. Navegaba en barcos sobre el mar de Galilea. Y claro, adoptó los sonidos del hablar de los que lo rodeaban.

Y cuando llegó a Jerusalén, lo identificaron como un Hombre de Galilea.

¡Qué maravilla que el Creador se dignara de crecer en una provincia terrenal! ¡Qué maravilla que el Supremo se permitiera adoptar un acento local! ¡Qué maravilla que el Hijo de Dios se humillara al punto de tomar forma de un simple ser humano!