la carta de amor que me enseñó a adorar

Hace unos años, leí una carta de amor y noté algo interesante: el escritor casi no hablaba de él. No decía, “Eres mi todo, tu sonrisa me hace sentir mariposas y no puedo más que comparar a tus ojos al mar que vi cuando me fui de vacaciones.”

La carta no se enfocaba en el efecto de la amada sobre el escritor. Hablaba de ella solamente.

“Tus ojos son profundos como el mar.  ¡Son tan encantadores los rizos de tu cabello! Tus manos, tan listas para atender a cualquiera, fuertes pero suaves.”

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Imagen de Joanna Kosinska en Unsplash

Cuando noté que el escritor a penas hacía un par de referencias a sí mismo en la carta, me di cuenta que así es la adoración.

La adoración es como una carta de amor al Señor.

Y resulta que la adoración no se trata de mí. Cuando era adolescente, la mayoría de mi adoración consistía en dar gracias. ¡Claro que no es malo dar gracias! Pero, al darle gracias a Dios, yo me estaban enfocando mayormente en lo que Dios había hecho por mí. Fue al leer esa carta que aprendí que la adoración no tiene nada que ver conmigo. ¡El tema es Él!

Después de leer esa carta, comencé a cambiar mi forma de adorar.

En lugar de enfocarme en mí diciendo, “Gracias porque tu Hijo murió por mis pecados” comencé a adorar diciendo algo así: “Tu Hijo pudo tomar su vida otra vez después de haber muerto por el pecador. ¡Qué gran amor al poner su vida! ¡Qué gran poder al volverla a a tomar!”

Desde ese momento, mi forma de leer los Salmos también cambió totalmente.

Anteriormente, leía los salmos pensando, ¿por qué le dirías a Dios que Él es el más poderoso de todos los dioses, que sólo Él tiene el poder de la vida y la muerte, que Él es grande en misericordia? ¡Dios ya sabe eso!

Pero, al leer la carta, pensé, la amada sabe que tiene ojos verdes, que tiene el cabello rizado y que le gusta servir a los hermanos. De eso no se trata.

Se trata de que el escritor, ama cada aspecto de su ser y quiere tomar el tiempo de hablar de cada detalle que él ama de ella.

Y así es con Dios. Al adorarle, sí le estoy diciendo cosas que Él ya sabe. Él sabe que es el Creador Todopoderoso. Él sabe que Cristo es el único, santo Cordero de Dios. Él sabe que el humilde Jesús es el Hijo de Dios que resucitó en poder para dar Vida Eterna al pecador.

Pero, cuando nosotros adoramos, vamos a repasar cada detalle de nuestro Amado y enfocarnos totalmente en Él.

¡Y Él lo va a recibir con el deleite y el gusto de alguien que recibe una carta de amor!

háblame al oído

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Imagen de Ben White en Unsplash

“Mira, ven, ¡te lo tengo que decir al oído!”

Esas palabras son emocionantes. Los niños escuchan esas palabras y brillan sus ojos en anticipación, se tapan la boca con los deditos para no dejar escapar el secreto que se les va a confiar. Los adultos, no reaccionamos de una manera tan abierta, pero aún así, nos emociona la idea de que se nos confíe algo que no todos pueden saber.

Cuando alguien te susurra algo al oído, ¡es emocionante!

Y eso fue lo que me resaltó cuando leí 2 Timoteo 3:16.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios…”

Me han explicado que “inspirada” literalmente quiere decir “soplada.” Dios sopló su Palabra al oído de los escritores.

Entonces, cuando leo la Biblia, es como si Dios mismo me estuviera soplando al oído.

Dios me está diciendo lo que quiere que yo sepa, susurrándomelo al oído.

La lectura diaria de la Biblia no es simplemente un deber.

Es una conversación íntima con mi Creador, en la que yo abro mi corazón, y Él me habla al oído.

Estos pensamientos han cambiado totalmente mi forma de ver mi lectura diaria y quería compartirlo contigo, esperando que a ti también te ayude a apreciar más la lectura diaria de la Biblia.

un David en un mundo de Micales

David, en su celebración del regreso del arca, se rindió totalmente a la adoración.

Olvidó su posición de rey. Se olvidó de los miles que lo observaban y se olvidó del prestigio  de la familia de su esposa.

David, adorando, bailó.

En nuestro día, la adoración no siempre se asocia con el movimiento físico. Y está bien.

Sin embargo, la adoración es un rendimiento total de control al Señor, al Dios de los cielos.

Al adorar, uno reconoce total sumisión a tan grande y glorioso Ser.

Eso era lo que David estaba haciendo ese día.

Mientras tanto, Mical, no pudo dejar a un lado su dignidad humana, su prestigio real, ni su pragmatismo moderno.

Mical me hace pensar en mi generación.

El mundo está lleno de Micales. Personas que mientras reconocen la existencia de Dios, ¡tampoco se van a rendir fanáticamente a Su voluntad! Que contentos de poseer una Biblia, no se imaginan lo que sería dedicar su tiempo libre a la presencia de Dios. Que mientras aman a Dios, tampoco sacrificarían su dignidad por servirle.

Pero, yo quiero ser como David.

Quiero poseer la Biblia y llenar mi corazón, mente y boca de ella. Quiero celebrar una vida repleta de la presencia del Dios vivo. Quiero rendir mi voluntad completamente a la autoridad del Dios Todopoderoso.

¿Y tú? ¿Te atreves a ser un David en un mundo de Micales?

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Imagen de Dương Trần Quốc / CC-BY

cuando no puedo adorar

 Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Mateo 28:17

La reacción natural e inmediata de las persons que vieron a Cristo y todo lo que Él era fue adorar.

Hasta la fecha así es.

Cuando uno ve a la gloria de Cristo, Su poder, Su amor, Su gracia… la única reacción es adoración. Es natural y lógico.

Entonces, ¿qué pasa en mi vida cuando no me nace la adoración?

Cada creyente tiene momentos en los que cuesta adorar, en los que no es natural adorar. ¿Qué pasa allí?

Voy a sugerir que si no nos encontramos en la primera parte del versículo, nos encontramos en la última: “pero algunos dudaban.”

Si no adoro al verlo, es porque en el fondo de mi corazón dudo de algo de su persona. Y no me refiero a duda intelectual, porque un creyente sabe y cree que Cristo es Todopoderoso, es Amor, es Gracia, es abiduría etc. Nunca lo negaría, pero saberlo y creerlo en práctica son dos cosas diferentes.

Y suceden cosas en la vida que nos causan dudas.

A mi mejor amiga le da cáncer y dudo de la bondad de Dios.

Me falta para darle de comer a mis hijos y dudo de la sabiduría de Dios.

La guerra se lleva a mi hermano y dudo del poder de Dios.

Y me cuesta adorar. No me nace adorar. Ni deseo adorar.

¿Qué hacer, entonces, para volver a darle a Dios lo que se merece? ¿Cómo volver a adorar?
Ver a Cristo.

Ver a Cristo, tal como es.

En toda Su gloria. Y Su poder. Y Su amor.

Y al ver a Cristo, tal como es, al verlo verdaderamente, uno deja de dudar.

Y al ver a Cristo, tal como es, uno vuelve a adorar.

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Imagen de Frank McKenna/CC-BY

10 cosas que cuando suceden, me encanta

La vida está llena de pequeñas maravillas. ¡De eso se trata cada entrada los martes en este blog! Hoy les comparto una lista de 10 cosas que me encanta cuando suceden.

1. Cuando encuentro una libreta bonita.

2. Cuando internet es rapidísimo.

3. Cuando llueve toda la tarde.

4. Cuando veo un elefante, ¡en arte o en vida real!

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Imagen de Alexandre Chambon / CC-BY

5. Cuando hay una luna grande y anaranjada en el cielo oscuro.

6. Cuando me sirven agua de horchata hecha en casa.

7. Cuando llega la temporada de mandarinas.

8. Cuando una amiga de toda la vida me abraza.

9. Cuando encuentro un versículo que me recuerda algo sobre el carácter de Dios.

10. ¡Cuando alguno de ustedes me manda un mensaje para decirme que algo que escribí les ayudó o les animó! Me encanta, gracias.