el acento de Cristo

¿Haz alguna vez pensado que Cristo tenía un acento?

Esta idea surgió porque estábamos estudiando la negación de Pedro hace unas semanas en el estudio del miércoles. Lo que le dijeron a Pedro en Marcos 14:70 me impresionó.

Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos.

…porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos.

Cristo tenía un acento que lo identificaba como alguien de Galilea. Es lógico. Él creció en Nazareth, un pueblo de Galilea. Los que lo rodeaban hablaban de cierta manera y era lógico que Él adoptara la forma de hablar de ellos.

Quizás esta idea me impactó tanto porque me recuerda en especial de la humanidad de Cristo.

Cristo era Dios. Conocía lo que era vivir y mandar en la gloria del cielo. Conocía de manera íntima la presencia del Padre.

A la vez, Cristo como humano fue influenciado por la cultura que lo rodeaba. (Nunca para mal, obvio.) Asistió a bodas judías. Navegaba en barcos sobre el mar de Galilea. Y claro, adoptó los sonidos del hablar de los que lo rodeaban.

Y cuando llegó a Jerusalén, lo identificaron como un Hombre de Galilea.

¡Qué maravilla que el Creador se dignara de crecer en una provincia terrenal! ¡Qué maravilla que el Supremo se permitiera adoptar un acento local! ¡Qué maravilla que el Hijo de Dios se humillara al punto de tomar forma de un simple ser humano!

aprendiendo de la adoración en el Apocalipsis

Hace poco, varias hermanas estábamos leyendo el libro de Apocalipsis. Una ventaja de leer todo el libro en pocos días es que, aunque no recuerdes cada detalle, terminas habiendo aprendido una o dos grandes lecciones que se te quedan.

Y en esta ocasión, noté una cosa, un gran tema a través de todo el libro de Apocalipsis.

La adoración.

Primero, prácticamente cada vez que los creyentes hablan, se están dirigiendo a Dios en adoración. Cuando me di cuenta de esto, pensé, “Después de la muerte, en la presencia de Dios parece que lo único que vamos a estar haciendo es adorar.”

Y eso me lleva al presente.

¡Hay que practicar!

Se dice que la vida es como un ensayo para la eternidad. Y en el Apocalipsis veo que debo ponerme a practicar la adoración.

Ahora, la adoración puede ser bastante difícil para alguien que a penas comienza. Pero, me di cuenta que en Apocalipsis, no sólo aprendo que los creyentes adorarán y que debemos ponernos a practicar, sino también aprendo cómo adorar.

El libro no sólo dice que adoraban. Nos dice qué decían.

Para el que está aprendiendo a adorar, estos pasajes en el Apocalipsis son una guía.

Veamos Apocalipsis 5: 9,12 “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;… El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.”

¡Eso fue lo que aprendí de la adoración en Apocalipsis!

¿Qué libro te ha enseñado a adorar? ¿Hay alguna otra lección que aprendiste en el Apocalipsis?

Cuéntame en los comentarios.

la carta de amor que me enseñó a adorar

Hace unos años, leí una carta de amor y noté algo interesante: el escritor casi no hablaba de él. No decía, “Eres mi todo, tu sonrisa me hace sentir mariposas y no puedo más que comparar a tus ojos al mar que vi cuando me fui de vacaciones.”

La carta no se enfocaba en el efecto de la amada sobre el escritor. Hablaba de ella solamente.

“Tus ojos son profundos como el mar.  ¡Son tan encantadores los rizos de tu cabello! Tus manos, tan listas para atender a cualquiera, fuertes pero suaves.”

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Imagen de Joanna Kosinska en Unsplash

Cuando noté que el escritor a penas hacía un par de referencias a sí mismo en la carta, me di cuenta que así es la adoración.

La adoración es como una carta de amor al Señor.

Y resulta que la adoración no se trata de mí. Cuando era adolescente, la mayoría de mi adoración consistía en dar gracias. ¡Claro que no es malo dar gracias! Pero, al darle gracias a Dios, yo me estaban enfocando mayormente en lo que Dios había hecho por mí. Fue al leer esa carta que aprendí que la adoración no tiene nada que ver conmigo. ¡El tema es Él!

Después de leer esa carta, comencé a cambiar mi forma de adorar.

En lugar de enfocarme en mí diciendo, “Gracias porque tu Hijo murió por mis pecados” comencé a adorar diciendo algo así: “Tu Hijo pudo tomar su vida otra vez después de haber muerto por el pecador. ¡Qué gran amor al poner su vida! ¡Qué gran poder al volverla a a tomar!”

Desde ese momento, mi forma de leer los Salmos también cambió totalmente.

Anteriormente, leía los salmos pensando, ¿por qué le dirías a Dios que Él es el más poderoso de todos los dioses, que sólo Él tiene el poder de la vida y la muerte, que Él es grande en misericordia? ¡Dios ya sabe eso!

Pero, al leer la carta, pensé, la amada sabe que tiene ojos verdes, que tiene el cabello rizado y que le gusta servir a los hermanos. De eso no se trata.

Se trata de que el escritor, ama cada aspecto de su ser y quiere tomar el tiempo de hablar de cada detalle que él ama de ella.

Y así es con Dios. Al adorarle, sí le estoy diciendo cosas que Él ya sabe. Él sabe que es el Creador Todopoderoso. Él sabe que Cristo es el único, santo Cordero de Dios. Él sabe que el humilde Jesús es el Hijo de Dios que resucitó en poder para dar Vida Eterna al pecador.

Pero, cuando nosotros adoramos, vamos a repasar cada detalle de nuestro Amado y enfocarnos totalmente en Él.

¡Y Él lo va a recibir con el deleite y el gusto de alguien que recibe una carta de amor!

háblame al oído

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Imagen de Ben White en Unsplash

“Mira, ven, ¡te lo tengo que decir al oído!”

Esas palabras son emocionantes. Los niños escuchan esas palabras y brillan sus ojos en anticipación, se tapan la boca con los deditos para no dejar escapar el secreto que se les va a confiar. Los adultos, no reaccionamos de una manera tan abierta, pero aún así, nos emociona la idea de que se nos confíe algo que no todos pueden saber.

Cuando alguien te susurra algo al oído, ¡es emocionante!

Y eso fue lo que me resaltó cuando leí 2 Timoteo 3:16.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios…”

Me han explicado que “inspirada” literalmente quiere decir “soplada.” Dios sopló su Palabra al oído de los escritores.

Entonces, cuando leo la Biblia, es como si Dios mismo me estuviera soplando al oído.

Dios me está diciendo lo que quiere que yo sepa, susurrándomelo al oído.

La lectura diaria de la Biblia no es simplemente un deber.

Es una conversación íntima con mi Creador, en la que yo abro mi corazón, y Él me habla al oído.

Estos pensamientos han cambiado totalmente mi forma de ver mi lectura diaria y quería compartirlo contigo, esperando que a ti también te ayude a apreciar más la lectura diaria de la Biblia.

un David en un mundo de Micales

David, en su celebración del regreso del arca, se rindió totalmente a la adoración.

Olvidó su posición de rey. Se olvidó de los miles que lo observaban y se olvidó del prestigio  de la familia de su esposa.

David, adorando, bailó.

En nuestro día, la adoración no siempre se asocia con el movimiento físico. Y está bien.

Sin embargo, la adoración es un rendimiento total de control al Señor, al Dios de los cielos.

Al adorar, uno reconoce total sumisión a tan grande y glorioso Ser.

Eso era lo que David estaba haciendo ese día.

Mientras tanto, Mical, no pudo dejar a un lado su dignidad humana, su prestigio real, ni su pragmatismo moderno.

Mical me hace pensar en mi generación.

El mundo está lleno de Micales. Personas que mientras reconocen la existencia de Dios, ¡tampoco se van a rendir fanáticamente a Su voluntad! Que contentos de poseer una Biblia, no se imaginan lo que sería dedicar su tiempo libre a la presencia de Dios. Que mientras aman a Dios, tampoco sacrificarían su dignidad por servirle.

Pero, yo quiero ser como David.

Quiero poseer la Biblia y llenar mi corazón, mente y boca de ella. Quiero celebrar una vida repleta de la presencia del Dios vivo. Quiero rendir mi voluntad completamente a la autoridad del Dios Todopoderoso.

¿Y tú? ¿Te atreves a ser un David en un mundo de Micales?

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Imagen de Dương Trần Quốc / CC-BY