Reseña: Sufrir nunca es en vano

Acabo de leer Sufrir nunca es en vano de Elisabeth Elliot publicado por B&H Español este año. Aunque la autora falleció en el 2015, varios años antes, grabó una serie de enseñanzas sobre el sufrimiento que la editora, Jennifer Lyell, convirtió en un libro. Cada capítulo habla de una perspectiva un poco diferente del sufrimiento, pero siempre basándose en la enseñanza del capítulo previo. Y creo que pocos se han ganado el derecho de hablar del sufrimiento como Elisabeth Elliot, mujer que después de esperar cinco años para casarse, perdió a su joven esposo antes de cumplir dos años de casados, vivió sola durante 16 años en la jungla, perdió a su segundo esposo a causa del cáncer y sufrió muchos momentos más que no conocemos.

Sufrir nunca es en vano se divide en seis capítulos, con un prólogo de otra hermana en Cristo que conoce el sufrimiento de manera íntima, Joni Eareckson Tada, y un prefacio de la editora en la que explica un poco sobre el trasfondo del libro y su experiencia con la autora. Cita algo que Elisabeth Elliot dijo que impactó su perspectiva sobre el sufrimiento. 

… nadie participa en el gozo de Dios sin antes probar las aflicciones de Su Hijo. … La cruz es la puerta al gozo.

El primer capítulo, encabezado “La terrible verdad”, nos confronta con horribles sufrimientos que personas viven en este mundo caído. Nos recuerda que no podemos cegarnos a su existencia. Nos da la definición más general, pero acertada, del sufrimiento. 

El sufrimiento es tener lo que no quieres o querer lo que no tienes.

También, nos explica un poco cómo ella ha podido enfrentar el sufrimiento y el dolor. 

…de las aguas más hondas y de los fuegos más violentos, han surgido las cosas más insondables que conozco sobre Dios.

La pregunta sigue en pie: ¿le presta Dios atención al sufrimiento? Si es así, ¿por qué no hace algo? Yo digo que Él sí hizo algo, Él está haciendo algo y Él hará algo. Solo mediante la cruz podemos abordar este tema.

“El mensaje” es el segundo capítulo y nos habla del propósito del sufrimiento. Todos suponemos que el sufrimiento debe tener algún propósito, es un instinto del ser humano.

Y la pregunta «por qué» supone que hay una razón, que hay una intención detrás de todo lo que puede parecer ser un sufrimiento sin sentido.

Nos recuerda que, como Job, podemos aprender de Dios mediante el sufrimiento cosas que jamás hubiéramos aprendido sin ese maestro tan cruel.

Dios responde al misterio de Job con el misterio de sí mismo. … Dios le está revelando a Job quién es Él.

Elisabeth Elliot cuenta algunos de sus sufrimientos y luego nos da la respuesta que Dios le dio. 

…lo que parecía una contradicción: Dios me ama; Dios deja que me pase algo horrible… Lo que parecía una contradicción en términos, tenía que dejarlo en las manos de Dios y decir: «Está bien, Señor».

El tercer capítulo es “Aceptación” y habla del primer paso que debemos tomar en el sufrimiento. 

…en este tema del sufrimiento, la aceptación es la clave para la paz.

Si vamos a amar al Señor y a otros, debemos aceptar que el sufrimiento será parte de nuestra vida, pero el que más sufrió por amor, fue Cristo.

El amor siempre está indisolublemente unido al sacrificio.

Es mi vida por la tuya. Y eso, señoras y señores, es el principio de la cruz.

No procura explicar el sufrimiento, es un misterio. Pero nos recuerda que nuestra fe se basa en misterios.

Creación, redención, encarnación, crucifixión, resurrección: todas estas grandes palabras clave de la fe cristiana constituyen misterios.

Y podemos vivir enfrentándonos a estos misterios porque conocemos al Dios soberano; Aquel de quien dependen estos misterios es bueno y lo creemos. 

Necesitamos dejar eso absolutamente en claro. La fe no es un sentimiento. La fe es un acto de obediencia voluntaria.

“Gratitud”, el cuarto capítulo, habla del segundo paso que debe tomar el cristiano que sufre. La autora nos comparte una lista que escribió sobre lidiar con el sufrimiento. Y esta lista tiene más peso cuando nos enteramos de que lo escribió el día que le detectaron cáncer a su segundo esposo.

Cómo lidiar con el sufrimiento de cualquier tipo. Número uno, escribí: «Reconócelo». Número dos, «Acéptalo». Número tres, «Ofrécelo a Dios como un sacrificio». Y número cuatro, «Ofrécete a ti mismo con él».

Nos asegura de que la gratitud no se trata de agradecer a Dios por lo malo que nos sucede, sino por la oportunidad de obedecerlo en medio del sufrimiento, por la oportunidad de ofrecerle nuestro sufrimiento como sacrificio.

Salmo 55:22a: «Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará». Para asombro y deleite míos, descubrí que la palabra carga en hebreo es la misma palabra que se utiliza para regalo.

…a través de eso mismo que está tan lejos de ser lo que yo habría escogido para mi vida, es que Dios quiere enseñarme Su camino de salvación.

El quinto capítulo, “Ofrenda”, nos recuerda que hay algo importantísimo que podemos hacer con nuestro sufrimiento: ofrendárselo a Dios.

…todo puede ser visto como un don, incluso mi viudez. … Era un don no solo para mí, sino también para la vida del mundo en un sentido misterioso que no necesitaba entender porque podía confiar en Él.

Ahora, ¿cuál es la intención de Dios cuando Él nos da algo a ti y a mí? Él está poniendo algo en mis manos con lo que puedo volverme a Él y ofrecérselo con acción de gracias.

Cita a Amy Carmichael quien también conoció el sufrimiento y añade su comentario.

«Si tu querido hogar más lleno está, Señor, y si para esto, mi casa en la tierra un poco más vacía quedara; qué hermoso galardón ese sería». Tú y yo no tenemos idea de lo que Dios tiene en mente cuando hacemos la ofrenda. Pero todo constituye un material potencial para el sacrificio.

En el último capítulo, nuestra “Transfiguración” es el resultado de la respuesta correcta al sufrimiento.

Si recibimos las cosas que Dios quiere darnos, si le agradecemos por ellas y si ofrendamos esas cosas a Dios, entonces esto es lo que sucederá: la transfiguración, el gran principio del intercambio, que es el principio central de la fe cristiana, la cruz. Sabemos que la cruz no nos exime del sufrimiento. De hecho, la cruz es un símbolo de sufrimiento; y Jesús mandó a tomar la cruz.

El problema del sufrimiento ha sido uno con el cual los humanos hemos luchado durante siglos. Elisabeth Elliot en este libro no propone filosofías que lo pudieran explicar. Solo comparte sus experiencias y lo que ha aprendido acerca de la naturaleza de Dios a través de ellas. Cada capítulo es, en mi opinión, un tesoro para el creyente que ha sufrido profundas pérdidas al igual que para el creyente que aún no las conoce. Como todos los libros de Elisabeth Elliot, Sufrir nunca es en vano es un libro de teología práctica. 

el legado de mis abuelos

A principios de diciembre, falleció mi abuela materna. 

Un mes y medio después, falleció mi abuelo materno. 

Gracias a Dios, pudimos estar en Canadá en ambas ocasiones y estar con la familia. Entre las lagrimas y las risas de los recuerdos, me impactó mucho el efecto que un simple mortal puede tener en este mundo. 

Mis abuelos nunca fueron famosos; no tuvieron grandes logros que dejarían indelebles sus nombres en la historia del mundo, ni dejaron atrás obras escritas como su legado personal. 

Pero, cada uno, dejó su huella única en el mundo.

Una huella que se sentirá años después de que sus nombres hayan sido olvidados. 

Sus cuatro hijas fueron formadas por la influencia de sus padres. Cada una tomó la crianza que sus papás le dieron y se fue en una dirección distinta. Y donde más se nota la influencia de mis abuelos es en reuniones familiares. Observé que una hija heredó de mi abuela, no sólo el amor por la música, sino la disciplina de practicarla. Otra heredó el sentido de humor de mi abuelo ¡y les causa mucha risa a sus hermanas! Todas siempre tienen sus casa en orden, tal como lo tenía su mamá. ¡Y las cuatro disfrutan salir a buscar ofertas como lo hacía mi abuelo!

Pero, mis abuelos dejaron muchas cosas de valor, no sólo a sus hijas sino también a los nietos: 

  • El amor por los idiomas. 
  • El deseo de profundizar en la Biblia. 
  • El amor por los buenos himnos. 
  • La importancia del testimonio personal. 
  • La gravedad del pecado. 
  • La prioridad de compartir el evangelio. 
  • Lo precioso que es una asamblea al Señor. 

Creo que hasta ahorita, nunca había apreciado todo lo que nos enseñaron mis abuelos a través de palabra y ejemplo.

Y sus vidas me inspiraron. 

Su influencia quedará en las vidas, no sólo de sus hijos y de sus nietos, no sólo entre los que los conocieron, sino también entre los que no. Hay personas en todo el mundo que recibieron bienes físicos y también el evangelio gracias a los esfuerzos de mis abuelos. Esas personas que nunca oyeron sus nombres y otras personas que ya jamás tendrán la oportunidad de conocerlos aún pueden sentir la influencia de sus vidas. Las siguientes generaciones que aún no han nacido podrán sentir la influencia de las verdades que vivían mis abuelos.

Yo también quisiera poder dejar un legado así cuando el Señor me lleve. 

Yo también quisiera que, aunque olviden mi nombre, mi influencia sea una influencia piadosa en las vidas de muchos más de los que jamás me conocieron. 

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Muriel & Jim Webb

Contemplar la cruz

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Imagen de Niels Weiss en Unsplash

En la luz de la mañana,

cuando las estrellas duermen,

alzo mis ojos al cielo

que quiero contemplar la cruz.

En la tarde me detengo

entre mis actividades,

busco estar solo un momento,

que quiero contemplar la cruz.

En la noche tan tranquila,

cuando cierro ya mis ojos,

llevo mi alma al Calvario,

que quiero contemplar la cruz.

una meditación sobre andar en el desierto

¿Has pasado últimamente por un desierto? 

Un desierto emocional, en el que te sentías totalmente vacía, que ya no podías dar más, ni esforzarte más, ni querer más. 

Un desierto espiritual, en el que leías tu Biblia y no recibías nada, orabas y tu alma seguía sedienta. 

Quizás tu desierto fue otro. Uno que yo no conozco. 

Lo que sí te puedo asegurar es que Dios está en el desierto contigo. 

Oh Dios … tú saliste delante de tu pueblo, Cuando anduviste por el desierto, Selah… Salmo 68:7

Dios guió a su pueblo al desierto. Los guió a donde sentirían hambre y sed y calor y cansancio. Pero, allí en el desierto, el anduvo con ellos.

¡Dios estaba allí! 

Y por eso este versículo me ha dado consuelo. 

Sí, a veces me encuentro en un desierto. Pero, tengo la seguridad de que aún allí, Dios está conmigo. 

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Imagen de Parsing Eye en Unsplash

la receta para una vida cristiana

Debes empezar con un recipiente de salvación de acero inoxidable. Notarás que esta ya viene llena de vida eterna, es decir, ilimitada.

Luego, agrega 1 cucharada sopera de jarabe de gozo. Ésta se incorporará de inmediato pero al poco tiempo verás que se hunde y forma una bola en el fondo del recipiente. Esto es porque aún no has agregado el líquido claro que viene en una botellita negra, el vinagre de sufrimiento. Casi siempre, el jarabe de gozo y el vinagre de sufrimiento se venden juntos, ya que se necesita el sufrimiento para que se disuelva el jarabe y quede su dulce sabor completamente incorporada a la bebida. Siempre hay que agregar la misma cantidad de sufrimiento que de gozo (el vinagre hace que la dulzura del jarabe se intensifique un poco, entonces siempre tendrá un sabor un poco más fuerte el jarabe.)

Después, agrega dos cucharadas soperas de Señorío de Cristo. Procura que se la esencia más pura y fuerte que encuentres porque la intensidad del sabor depende mayormente de este ingrediente clave.

Para completar la bebida, agrega 1 cucharada sopera de amor en polvo. Hay que moverlo con una cuchuara porque es mucho más difícil que se incorpore. Pero, no recomiendo reemplazarlo (como algunos sugieren) con el amor líquido que se incorpora de inmediato, ya que la sustancia del amor en polvo tiene un sabor más sincero y es duradero, mientras que el sabor del amor líquido se evapora en poco tiempo y si se contamina con una gota del vinagre de sufrimiento, ni se diga…

Esta bebida te va a durar toda la vida, pero para que te sepa igual de fresco y rico cada mañana, hay que echarle unas gotitas de la Palabra de Dios, esto es al gusto. (Aunque por ahí comentan algunos abuelitos que entre más gotas, mejor el sabor.) Y como último toque esencial, hay que espolvorearlo con oración durante el día.

Esta receta te será de mucha utilidad, pero advierto que si buscas quitar un ingrediente o reemplazarlo con una imitación, te va a salir completamente amargo.