llevados al desierto

 Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Oseas 2:14

 

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Imagen de Agustin Lautaro en Unsplash

Generalmente, no pensamos en el desierto como un lugar a donde llevarías a un ser querido. En el desierto hay peligros, hay soledad y hay incomodidad, por decirlo de manera sutil.

¿Por qué prometió Dios atraer a Su amado pueblo para luego llevarlo al desierto?

Allí, Dios hablaría su corazón.

¿Por qué no hablarle en la ciudad? ¿Por qué no hablarle en su hogar? ¿Por qué no hablarle en donde no había peligro de morirse de hambre?

Quizás porque no Lo escucharía.

En la ciudad, rodeados de los quehaceres mundanos, no habría tiempo para escuchar a Jehová. En el hogar, a gusto entre familiares, no habría razón para buscar a Jehová. En donde hay comida, no habría necesidad de depender de Jehová.

Y Él quiere que aprendamos a escucharlo, a buscarlo, a depender de Él.

No porque Él necesite la satisfacción de nuestro reconocimiento, sino porque Él sabe que nuestras vidas serían mucho más plenas y abundantes si lo escucháramos, si lo buscáramos, si dependiéramos de Él.

Entonces, Dios nos llama fuera, al desierto, a solas y sí, al sufrimiento, para hablarnos al corazón.

Y después de un tiempo en el cruel desierto, podremos decir con Rut:

“…me has consolado… has hablado al corazón de tu sierva…”

¿por qué eres significante?

¿Por qué tienes valor?

¿Por qué eres importante? ¿Qué te da significado?

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Imagen de Ehimetalor Unuabona en Unsplash

Algunos, si no estamos ayudando a alguien, nos sentimos insignificantes. Otros sólo nos sentimos importantes cuando nadie está enojado con nosotros. Y otros más sólo sentimos que tenemos valor si nos vemos guapos.

Hay mil cosas que nos hacen sentir valiosos. Pero, todo puede cambiar.

Mi apariencia puede cambiar con un accidente repentino. Es imposible que todos siempre estén contentos conmigo. Mi capacidad de ayudar a alguien disminuye si tiene un proyecto del que no sé nada. Todas las cosas que me hacen sentir valiosa pueden cambiar.

Entonces, ¿qué es lo que realmente me da valor?

Cristo me ama.

¡Si sólo pudiera recordar esto!

Mi valor no se basa en cuánto ayudo a los hermanos en la conferencia. Ni en la cantidad de folletos que regalé la semana pasada. Ni tampoco en el número de seguidores que tengo en Instagram.

Soy valiosa porque Cristo me ama.

Soy significante porque soy significante para Cristo.

Y si ese es el fundamento de mi valor ¿puede cambiar?

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?… Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 8:35, 36

Nada me puede separar del amor de Cristo.

Y eso me da una seguridad tremenda.

lo que nadie te puede hacer

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Romanos 8:35

Es interesante que el apóstol nos da una lista de cosas que nos pueden pasar, cosas que podemos vivir o sentir.

Pero, la pregunta que hace no es: “¿Qué nos separará del amor de Cristo?”

Es: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?”

Cuando consideramos este versículo es fácil enfocarnos en los que nos pasa. Circunstancias de tribulación, falta económica o peligro e inseguridad.

Pero, detrás de cada una de estas cosas existe una persona.

Es otro ser humano el que causa angustia. Es otro ser humano el que me persigue. Es otro ser humano el que trae la espada que amenaza mi vida.

Y a veces es la persona que menos esperaba, una persona en quien confiaba.

Pero, Romanos 8:35 asegura que nadie, ninguna persona, me puede separar del amor de Cristo.

No importa lo que me hagan, no me pueden separar del amor de Cristo.

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Imagen de Gaelle Marcel / CC-BY

 

el día después

Hoy es el día después del 25 de diciembre.

No se le conoce como el 26, sólo es para casi todos “el día después de…” Así es con todos los días grandes, ¿no? Los niños no piensan en el 7 de enero. Ése es el día después de los regalos. Las madres no piensan en el 11 de mayo. Ése es el día después de las atenciones. Los días después son los días en el que se va la emoción. Ya los regalos no son nuevos. Ya pasó la celebración. Ya llegó la realidad.

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Imagen de Allef Vinicius / CC-BY

Y es fácil sentirse decepcionado.

De hecho, sentirse así después de toda la emoción de las fiestas, es normal. Sólo no es bueno quedarse en ese estado emocional. Cierto, la celebración ya pasó. Las vacaciones se van, los regalos pierden su novedad.

Pero, la verdadera razón por la que celebramos ¡ahí sigue!

No quiero decir que debemos vivir siempre en un estado de emoción o celebración. Eso es imposible.

Lo que es posible es vivir contentos.

No bailando de felicidad a diario ni brincando de alegría. Pero, contentos. Podemos estar agradecidos y sentir satisfacción porque aunque la fiesta se acabó, la verdad no ha cambiado: vino el Salvador.

Aún “el día después de,” podemos estar contentos porque vino el Salvador.

un resumen de la semana + una descarga gratuita

Lo destacado de la semana:

Obvio, el cambio de casa. Estoy emocionada y estoy estresada. Emocionada, porque creo que Dios nos guió a esta casa y estoy ansiosa por usarla para Su obra. Estrenada porque siento que no voy a tener tiempo de empacar todo y llevarlo para la otra casa antes de la fecha límite.

La lección de la semana:

La fe en Dios y su provisión. Cuando me avisaron que tendríamos que salirnos de esta casita que ha sido nuestro hogar desde que nos casamos, estaba menos triste de lo esperado. Pero, por otro lado, sí me puse nerviosa. ¿Qué tal si la única casa que encontrábamos no tenía cuarto para visitas? ¿Qué tal si no tenía lugar para plantas? ¿Qué tal si…? Pero, como siempre Dios nos guió a un lugar adecuado para servirle. Dios a vuelto a comprobar que Él sabe exactamente lo que necesitamos y nos lo da.

El versículo de la semana:

No me tomé el tiempo para diseñar un versículo. ¡Les comparto uno que encontré en línea!

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