cuando no tienes ganas de orar

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Imagen de Olivia Snow en Unsplash

Cuando no tienes ganas de orar, lee.

Suena demasiado sencillo, ¿no?

Pero, todos pasamos por épocas en las que estamos tan desanimados, o tan tristes, o tan agotados que no tenemos ni la energía de orar.

Y es en esos tiempos que la lectura más nos puede ayudar.

Es que a través de la Palabra de Dios, lo podemos conocer. Al leer, veremos quién es Dios, aprendemos más de su carácter. Su Palabra lo revela.

Al conocer a Dios, es inevitable adorar. La lectura nos ayudará a recordar o a descubrir cosas nuevas de Su Persona y esto nos llevará a adorar. ¿Cómo no adorar a alguien tan maravilloso?

Y finalmente, al conocer a Dios, al adorar a Dios, comienzas de nuevo a confiar en Dios.

Digo “comienzas a confiar,” porque esa falta de ganas de hablar con Él involucra una falta de fe. Pero, habiendo conocido más del carácter de Dios, y habiéndole adorado por quién es, la confianza regresa de manera natural y una vez más podrás tener comunión con Él, hablar con Él, orar.

Cada creyente pasa por etapas de sequía. Todos hemos pasado por épocas en las que la oración – si es que se hace – no parece pasar del techo. Pero, te quiero animar, ¡sigue leyendo!

El Señor se revelará, te causará que adores y una vez más podrás hablar íntimamente con Dios.

la receta para una vida cristiana

Debes empezar con un recipiente de salvación de acero inoxidable. Notarás que esta ya viene llena de vida eterna, es decir, ilimitada.

Luego, agrega 1 cucharada sopera de jarabe de gozo. Ésta se incorporará de inmediato pero al poco tiempo verás que se hunde y forma una bola en el fondo del recipiente. Esto es porque aún no has agregado el líquido claro que viene en una botellita negra, el vinagre de sufrimiento. Casi siempre, el jarabe de gozo y el vinagre de sufrimiento se venden juntos, ya que se necesita el sufrimiento para que se disuelva el jarabe y quede su dulce sabor completamente incorporada a la bebida. Siempre hay que agregar la misma cantidad de sufrimiento que de gozo (el vinagre hace que la dulzura del jarabe se intensifique un poco, entonces siempre tendrá un sabor un poco más fuerte el jarabe.)

Después, agrega dos cucharadas soperas de Señorío de Cristo. Procura que se la esencia más pura y fuerte que encuentres porque la intensidad del sabor depende mayormente de este ingrediente clave.

Para completar la bebida, agrega 1 cucharada sopera de amor en polvo. Hay que moverlo con una cuchuara porque es mucho más difícil que se incorpore. Pero, no recomiendo reemplazarlo (como algunos sugieren) con el amor líquido que se incorpora de inmediato, ya que la sustancia del amor en polvo tiene un sabor más sincero y es duradero, mientras que el sabor del amor líquido se evapora en poco tiempo y si se contamina con una gota del vinagre de sufrimiento, ni se diga…

Esta bebida te va a durar toda la vida, pero para que te sepa igual de fresco y rico cada mañana, hay que echarle unas gotitas de la Palabra de Dios, esto es al gusto. (Aunque por ahí comentan algunos abuelitos que entre más gotas, mejor el sabor.) Y como último toque esencial, hay que espolvorearlo con oración durante el día.

Esta receta te será de mucha utilidad, pero advierto que si buscas quitar un ingrediente o reemplazarlo con una imitación, te va a salir completamente amargo.

un plan de lectura y estudio para el año nuevo

¿Adivina qué?

¡Tengo la manera perfecta para iniciar tu plan de lectura bíblica en el siguiente año!

Este año, tuve estudios semanales con varias hermanas, ya fuera sobre algún tema específico o ciertos libros de la Biblia. Pero, mientras crecía su deseo de saber más, el tiempo que yo disponía para preparar estos estudios, disminuía. Y me di cuenta que los estudios bíblicos de las hermanas no podía depender de mí. ¡De hecho, era egoísta de mi parte pensar así!

Entonces, me puse a buscar la manera de enseñarles cómo sacarle provecho a su lectura diaria.

Creo que encontré algo que funcionará muy bien.

Y hoy, lo comparto con ustedes.

Todo se basa sobre el separador que compartí hace un tiempo ya. Y ese separador funciona bastante bien para alguien que ya tiene experiencia. Pero, para alguien que a penas comienza a leer la Biblia, es un poco abrumador. Entonces, diseñé, con la ayuda de Ricky, uno más sencillo.

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Este separador contiene sólo tres preguntas — las tres más básicas.

La primera pregunta es para ayudarnos a adorar. Siempre es importante encontrar algo en relación a Cristo, ya sea una figura o sombra, o, como suele ser en los Evangelios, alguna referencia directa a lo que Él es.

La segunda pregunta es para llevarnos algo práctico. Se trata de buscar quizás un mandamiento o un ejemplo — sea malo o bueno — para la vida práctica de ese día.

Finalmente, la tercera pregunta, es para cualquier otro detalle que haya llamado la atención. Puede ser una duda sobre el significado de una palabra o un versículo. Puede ser un momento clave en la historia o un versículo muy interesante. La respuesta a esta pregunta, es para cualquier otra cosa que hayamos notado al leer.

Ahora, mientras que para algunos, el separador es suficiente para organizarse y simplemente responden en su libreta o diario, me di cuenta que para otros, sería más fácil responder en una hoja creada específicamente para estas 3 preguntas. Entonces, diseñé una hoja de respuestas. La organicé en cuadros. Cada columna corresponde a una pregunta, y cada fila corresponde a un día.

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Ahora, siempre al iniciar un programa de lectura, uno falla y necesita un día para reponerse, ¡dejé el domingo libre! (Porque aparte, no cabían 7 días en la hoja.) Así que el domingo, puede ser un día para reponerse si hubo días entre semana sin leer, o puede ser para una lectura devocional diferente. Lo que sea.

Entonces, aquí te dejo dos imprimibles: un separador y una hoja para contestar las preguntas. ¡Espero te sirvan mucho en el año que viene!

Separador de 3 preguntas

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Semana de lectura personal

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aprendiendo de la adoración en el Apocalipsis

Hace poco, varias hermanas estábamos leyendo el libro de Apocalipsis. Una ventaja de leer todo el libro en pocos días es que, aunque no recuerdes cada detalle, terminas habiendo aprendido una o dos grandes lecciones que se te quedan.

Y en esta ocasión, noté una cosa, un gran tema a través de todo el libro de Apocalipsis.

La adoración.

Primero, prácticamente cada vez que los creyentes hablan, se están dirigiendo a Dios en adoración. Cuando me di cuenta de esto, pensé, “Después de la muerte, en la presencia de Dios parece que lo único que vamos a estar haciendo es adorar.”

Y eso me lleva al presente.

¡Hay que practicar!

Se dice que la vida es como un ensayo para la eternidad. Y en el Apocalipsis veo que debo ponerme a practicar la adoración.

Ahora, la adoración puede ser bastante difícil para alguien que a penas comienza. Pero, me di cuenta que en Apocalipsis, no sólo aprendo que los creyentes adorarán y que debemos ponernos a practicar, sino también aprendo cómo adorar.

El libro no sólo dice que adoraban. Nos dice qué decían.

Para el que está aprendiendo a adorar, estos pasajes en el Apocalipsis son una guía.

Veamos Apocalipsis 5: 9,12 “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;… El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.”

¡Eso fue lo que aprendí de la adoración en Apocalipsis!

¿Qué libro te ha enseñado a adorar? ¿Hay alguna otra lección que aprendiste en el Apocalipsis?

Cuéntame en los comentarios.

la carta de amor que me enseñó a adorar

Hace unos años, leí una carta de amor y noté algo interesante: el escritor casi no hablaba de él. No decía, “Eres mi todo, tu sonrisa me hace sentir mariposas y no puedo más que comparar a tus ojos al mar que vi cuando me fui de vacaciones.”

La carta no se enfocaba en el efecto de la amada sobre el escritor. Hablaba de ella solamente.

“Tus ojos son profundos como el mar.  ¡Son tan encantadores los rizos de tu cabello! Tus manos, tan listas para atender a cualquiera, fuertes pero suaves.”

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Imagen de Joanna Kosinska en Unsplash

Cuando noté que el escritor a penas hacía un par de referencias a sí mismo en la carta, me di cuenta que así es la adoración.

La adoración es como una carta de amor al Señor.

Y resulta que la adoración no se trata de mí. Cuando era adolescente, la mayoría de mi adoración consistía en dar gracias. ¡Claro que no es malo dar gracias! Pero, al darle gracias a Dios, yo me estaban enfocando mayormente en lo que Dios había hecho por mí. Fue al leer esa carta que aprendí que la adoración no tiene nada que ver conmigo. ¡El tema es Él!

Después de leer esa carta, comencé a cambiar mi forma de adorar.

En lugar de enfocarme en mí diciendo, “Gracias porque tu Hijo murió por mis pecados” comencé a adorar diciendo algo así: “Tu Hijo pudo tomar su vida otra vez después de haber muerto por el pecador. ¡Qué gran amor al poner su vida! ¡Qué gran poder al volverla a a tomar!”

Desde ese momento, mi forma de leer los Salmos también cambió totalmente.

Anteriormente, leía los salmos pensando, ¿por qué le dirías a Dios que Él es el más poderoso de todos los dioses, que sólo Él tiene el poder de la vida y la muerte, que Él es grande en misericordia? ¡Dios ya sabe eso!

Pero, al leer la carta, pensé, la amada sabe que tiene ojos verdes, que tiene el cabello rizado y que le gusta servir a los hermanos. De eso no se trata.

Se trata de que el escritor, ama cada aspecto de su ser y quiere tomar el tiempo de hablar de cada detalle que él ama de ella.

Y así es con Dios. Al adorarle, sí le estoy diciendo cosas que Él ya sabe. Él sabe que es el Creador Todopoderoso. Él sabe que Cristo es el único, santo Cordero de Dios. Él sabe que el humilde Jesús es el Hijo de Dios que resucitó en poder para dar Vida Eterna al pecador.

Pero, cuando nosotros adoramos, vamos a repasar cada detalle de nuestro Amado y enfocarnos totalmente en Él.

¡Y Él lo va a recibir con el deleite y el gusto de alguien que recibe una carta de amor!