¿y si no?

Tenemos un Dios potente y bueno. 

Entonces, Dios nos protegerá, ¿verdad? Dios me librará del mal. Dios me cuidará. 

¿Y si no? 

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Imagen de Rowan Heuvel en Unsplash

¿Qué pasa cuando llega el mal y siento sus efectos? ¿Qué hago cuando mi vida se ve destrozada por la maldad de otros? ¿Cómo justifico a Dios en mi mente cuando me siento totalmente vulnerable al Enemigo y sus acechanzas? 

¿Y si Dios no me protege? 

“ …nuestro Dios, a quien rendimos culto, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, que sea de tu conocimiento, oh rey, que no hemos de rendir culto a tu dios ni tampoco hemos de dar homenaje a la estatua que has levantado.” Daniel 3:17,18

Ananías, Misael y Azarías tenían la respuesta. 

Le tenían confianza a Dios. Él los rescataría. 

¿Y si no? 

Aún así, le darían gloria y adoración sólo a Él. 

Aun así, morirían antes de cuestionar su bondad y su deidad. 

Aún así, se rehusarían a adorar otra cosa que no fuera Él. 

Job sufrió pérdidas y penas increíbles y él tuvo la misma actitud que estos tres hombres: 

“Entonces Job se levantó, rasgó su manto y se rapó la cabeza; se postró a tierra y adoró. El SEÑOR dio, y el SEÑOR quitó. ¡Sea bendito el nombre del SEÑOR!” Job 1:20, 21

En el caso de Ananías, Misael y Azarías, estaban bajo la amenaza de una muerte terrible si no adoraban a un dios falso. En el caso de Job, la tragedia ya había llegado a su vida, él había perdido todo. Y estos hombres ejemplares, no hicieron más que adorar a Dios. 

¡Qué ejemplo tan impactante!

Vivo confiada en Dios, oro a Él y creo que Él me protegerá, me cuidará.

¿Y si no?

Y si no, quiero seguir fiel honrando sólo a Dios. 

Y si no, que el Señor me ayude a adorarle.

Y si no, aunque él me mate, en Él esperaré. 

 

para vivir, es necesario morir

No hay vida productiva sin muerte. 

Quizás suene morboso, pero es una verdad que encontramos en la Palabra de Dios. 

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Imagen de Daniel Hansen en Unsplash

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.” Juan 12:24

Si no muero a mi mismo, mi vida será inútil para Dios. 

Es una verdad sencilla, pero muy, muy difícil. 

El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Juan 12:25

Conservar tu vida, no morir a ti, indica que amas más a tu vida que a Dios. Y es una pérdida total. 

Pero, odiarla, es decir, actuar como si no importara, te llevará a fruto eterno. 

Dios espera de nosotros que nos neguemos, que muramos, que ya no mandemos en nuestra vida.

Y no estamos hablando de vida física. 

Es la vida interior: las emociones, los deseos, los sueños, la identidad. 

Si realmente quiero dar fruto eterno, habrá un sacrificio.

El sacrificio de mí misma. 

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Lucas 9:23

Si quiero ser discípulo de Cristo, mis emociones ya no dictarán cómo reacciono. Mis deseos ya no serán relevantes en mis decisiones. Mis sueños ya no serán mis metas.

Mi identidad se perderá completamente en Cristo. 

Ahora, la pregunta es, ¿quiero vivir?

una meditación sobre andar en el desierto

¿Has pasado últimamente por un desierto? 

Un desierto emocional, en el que te sentías totalmente vacía, que ya no podías dar más, ni esforzarte más, ni querer más. 

Un desierto espiritual, en el que leías tu Biblia y no recibías nada, orabas y tu alma seguía sedienta. 

Quizás tu desierto fue otro. Uno que yo no conozco. 

Lo que sí te puedo asegurar es que Dios está en el desierto contigo. 

Oh Dios … tú saliste delante de tu pueblo, Cuando anduviste por el desierto, Selah… Salmo 68:7

Dios guió a su pueblo al desierto. Los guió a donde sentirían hambre y sed y calor y cansancio. Pero, allí en el desierto, el anduvo con ellos.

¡Dios estaba allí! 

Y por eso este versículo me ha dado consuelo. 

Sí, a veces me encuentro en un desierto. Pero, tengo la seguridad de que aún allí, Dios está conmigo. 

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Imagen de Parsing Eye en Unsplash

3 razones para cantar

No todos aman cantar. No a todos les gusta como cantan.

Pero, si no eres de los que cantan en la regadera, o al conducir en el tráfico, o al tender la cama, ¡te recomiendo que lo pruebes!

¿Por qué creo que es tan bueno cantar?

1. Es una manera de desahogarse.

Claro, podría sacar el estrés platicándole todo a algún amigo o llorando a solas en la recámara. Pero, el cantar hace lo mismo. Te ayuda a poner en palabras lo que sientes y, dependiendo de dónde estés, ¡te puede ayudar a sacarlo a todo volumen! El canto, como el llanto, es una liberación de las emociones negativas y positivas.

2. Refuerza la doctrina.

¡Depende de lo que cantes! Pero, me he dado cuenta de que cuando canto acerca de la salvación, o la fidelidad de Dios, o la oración, recuerdo la importancia que tienen en mi vida y las bendiciones que tengo gracias a todo ello. Tengo más presentes las cosas importantes de la vida porque he estado cantando sobre ellas.

3. Esto me lleva a glorificar a Dios.

Cuando recuerdo todo lo que ha hecho por mí en la cruz o cuando pienso en que pronto regresará el Señor, ¡mi corazón lo exalta! Además, los buenos cantos le dan gloria porque hablan sus verdades.

Así que, te dejo con estas tres razones esperando que pronto tus vecinos, o tu familia, o los que conducen a tu lado en el tráfico ¡te oigan cantar!

cuando no tienes ganas de orar

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Imagen de Olivia Snow en Unsplash

Cuando no tienes ganas de orar, lee.

Suena demasiado sencillo, ¿no?

Pero, todos pasamos por épocas en las que estamos tan desanimados, o tan tristes, o tan agotados que no tenemos ni la energía de orar.

Y es en esos tiempos que la lectura más nos puede ayudar.

Es que a través de la Palabra de Dios, lo podemos conocer. Al leer, veremos quién es Dios, aprendemos más de su carácter. Su Palabra lo revela.

Al conocer a Dios, es inevitable adorar. La lectura nos ayudará a recordar o a descubrir cosas nuevas de Su Persona y esto nos llevará a adorar. ¿Cómo no adorar a alguien tan maravilloso?

Y finalmente, al conocer a Dios, al adorar a Dios, comienzas de nuevo a confiar en Dios.

Digo “comienzas a confiar,” porque esa falta de ganas de hablar con Él involucra una falta de fe. Pero, habiendo conocido más del carácter de Dios, y habiéndole adorado por quién es, la confianza regresa de manera natural y una vez más podrás tener comunión con Él, hablar con Él, orar.

Cada creyente pasa por etapas de sequía. Todos hemos pasado por épocas en las que la oración – si es que se hace – no parece pasar del techo. Pero, te quiero animar, ¡sigue leyendo!

El Señor se revelará, te causará que adores y una vez más podrás hablar íntimamente con Dios.