“Buen siervo y ¿…?”

Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; Mateo 25:21

Todos esperamos escuchar esas palabras del Señor cuando lleguemos al cielo.

La meta es ser fiel al Señor y lo que Él nos manda a hacer.

Pero, es fácil olvidarnos de la meta y perder el enfoque. Podemos enfocarnos en cumplir con una cuota de folletos, en buscar la salvación de personas, en desarrollar algún talento, etc. No son cosas malas, pero todo eso no debe ser el propósito final. Debe ser el medio por el cual cumplo el propósito de serle fiel al Señor.

El Señor no nos va a decir, “Buen siervo y líder exitoso”. O “Buen siervo y predicador para la salvación de muchos.” O “Buen siervo y ayudador de los hermanos.”

Lo que el Señor espera es fidelidad personal.

El Señor espera que yo sea fiel a su voluntad para mí.

si eres cristiano, eres misionero (1/3)

Si eres cristiano, eres misionero.

Antes de que me creas, te tengo que dar la definición de un misionero.

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Es apenas en el tercer significado que se menciona el salir a otro lugar. Entonces, a pesar de la idea que tenemos sobre un “misionero,” realmente no se limita solamente al que se muda a otro país para predicar el evangelio.

Un misionero es aquel que predica el Evangelio.

Hay tres razones que yo veo en los principios de la Palabra de Dios por las que estoy totalmente convencida de que cada cristiano debe actuar como misionero.

1. El mandato a predicar.

Mateo 28:19 y 20 y Marcos 16:15 no sólo son mandatos a los discípulos en ese momento. Todos los creyentes de todos los tiempos los deben tomar para sí ¡y lo han hecho! Vemos ejemplo tras ejemplo de creyentes que compartieron el evangelio donde estaban, así obedeciendo el mandato y trayendo gloria a Dios. Algunos se dedicaban a predicar a tiempo completo, como por ejemplo el apóstol Pedro. Otros, se dedicaban a otra cosa, pero siempre compartían el evangelio cuando se les presentaba la oportunidad, como Priscila y Aquila. Otros, como el apóstol Pablo, ¡llegaron a hacer ambas cosas! Cristo es el Señor y nos manda a compartir el evangelio. Obedecer es nuestro deber.

2. La preocupación por otros.

Además de la obediencia, la consideración y el cuidado por otros también nos motivan a compartir el evangelio. El evangelio es la única manera en que el pecador puede saber sobre su destino eterno. ¿Cómo no compartirlo? Por más que nos desagrade alguien, ¡no podemos desear que vaya al infierno! ¡¿Cuánto más nos deben preocupar las personas que realmente amamos?! La preocupación por las almas que nos rodean nos va a impulsar a compartir el evangelio.

3. La expresión inevitable de la adoración.

He dejado para el final la razón que, al menos para mí, es la más importante. La adoración de Dios nos va a llevar a compartir el evangelio. Ya no compartiendo por obediencia, ni por preocupación por los demás, sino por amor a mi Salvador y Señor. Cuando veo a Cristo resucitado en gloria, cuando estoy en presencia de Padre con toda Su majestad, cuando me toca el corazón el Espíritu Santo adoro a Dios ¡y no puedo más que compartir las maravillas del Evangelio que brotan de mis labios!

Entonces, ahi tienes tres cosas que te convierten a ti, creyente, en un misionero.

Esta es la primera entrada de tres sobre el cristiano misionero.

un David en un mundo de Micales

David, en su celebración del regreso del arca, se rindió totalmente a la adoración.

Olvidó su posición de rey. Se olvidó de los miles que lo observaban y se olvidó del prestigio  de la familia de su esposa.

David, adorando, bailó.

En nuestro día, la adoración no siempre se asocia con el movimiento físico. Y está bien.

Sin embargo, la adoración es un rendimiento total de control al Señor, al Dios de los cielos.

Al adorar, uno reconoce total sumisión a tan grande y glorioso Ser.

Eso era lo que David estaba haciendo ese día.

Mientras tanto, Mical, no pudo dejar a un lado su dignidad humana, su prestigio real, ni su pragmatismo moderno.

Mical me hace pensar en mi generación.

El mundo está lleno de Micales. Personas que mientras reconocen la existencia de Dios, ¡tampoco se van a rendir fanáticamente a Su voluntad! Que contentos de poseer una Biblia, no se imaginan lo que sería dedicar su tiempo libre a la presencia de Dios. Que mientras aman a Dios, tampoco sacrificarían su dignidad por servirle.

Pero, yo quiero ser como David.

Quiero poseer la Biblia y llenar mi corazón, mente y boca de ella. Quiero celebrar una vida repleta de la presencia del Dios vivo. Quiero rendir mi voluntad completamente a la autoridad del Dios Todopoderoso.

¿Y tú? ¿Te atreves a ser un David en un mundo de Micales?

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Imagen de Dương Trần Quốc / CC-BY

cuando no puedo adorar

 Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Mateo 28:17

La reacción natural e inmediata de las persons que vieron a Cristo y todo lo que Él era fue adorar.

Hasta la fecha así es.

Cuando uno ve a la gloria de Cristo, Su poder, Su amor, Su gracia… la única reacción es adoración. Es natural y lógico.

Entonces, ¿qué pasa en mi vida cuando no me nace la adoración?

Cada creyente tiene momentos en los que cuesta adorar, en los que no es natural adorar. ¿Qué pasa allí?

Voy a sugerir que si no nos encontramos en la primera parte del versículo, nos encontramos en la última: “pero algunos dudaban.”

Si no adoro al verlo, es porque en el fondo de mi corazón dudo de algo de su persona. Y no me refiero a duda intelectual, porque un creyente sabe y cree que Cristo es Todopoderoso, es Amor, es Gracia, es abiduría etc. Nunca lo negaría, pero saberlo y creerlo en práctica son dos cosas diferentes.

Y suceden cosas en la vida que nos causan dudas.

A mi mejor amiga le da cáncer y dudo de la bondad de Dios.

Me falta para darle de comer a mis hijos y dudo de la sabiduría de Dios.

La guerra se lleva a mi hermano y dudo del poder de Dios.

Y me cuesta adorar. No me nace adorar. Ni deseo adorar.

¿Qué hacer, entonces, para volver a darle a Dios lo que se merece? ¿Cómo volver a adorar?
Ver a Cristo.

Ver a Cristo, tal como es.

En toda Su gloria. Y Su poder. Y Su amor.

Y al ver a Cristo, tal como es, al verlo verdaderamente, uno deja de dudar.

Y al ver a Cristo, tal como es, uno vuelve a adorar.

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Imagen de Frank McKenna/CC-BY

la tierra que dio fruto

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En el estudio bíblico hace unas semanas, vimos en Marcos 4 la parábola de las diferentes tierras y cómo sólo una dio fruto. Normalmente, lo vemos como el corazón de la persona que sí se arrepiente de su pecado y cree en el Señor Jesucristo para su salvación. Pero, la parábola no termina allí.

Marcos 4:8 dice, “ Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.”

A final de cuentas, sí se registra la cantidad de fruto que dio la tierra. Es importante que demos fruto. Pero, noté que no se calcula la cosecha en cantidades sino en porcentajes. ¿Porcentajes de qué? Obviamente, de lo que se invirtió.

Entonces, en base a lo que se invirtió, alguna tierra dio 30% de ganancia, otra 90% y otra 100% de ganancia.

Dios no busca de mí, cierta cantidad de cosecha o de fruto.

Pero sí busca fruto.

Él ha invertido en mí y busca un porcentaje de regreso.

¿Cuánto ha invertido Dios en mí? ¿Y en ti?
¿Qué tipo porcentaje de Su inversión sería justo que yo le diera? ¿Cuánta ganancia le voy a dar?

Y la otra pregunta es ¿qué tipo de fruto quiere?

La respuesta la encontramos en Juan 4:23

Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.

Entonces, el reto para el día de hoy es darle a Dios el 100% de Su inversión en mí ¡de pura adoración!