recordar esto lo cambia todo

¿A veces se te olvida el poder De Dios?

A mí, sí.

Sé que Él creó todo, que venció la muerte, que da vida en abundancia… Pero, cuando caigo derrotada bajo las presiones de la vida, cuando me enfrento con un diagnóstico negativo, cuando me veo totalmente cercada de una enredadera de problemas, lo último que se me ocurre es que Dios es poderoso.

Pienso en mi impotencia, en mi debilidad, en lo imposible de mi situación.

Pero no pienso en que el Dios que yo adoro es soberano.

Y veo a unas mujeres en Mateo 28 que tenían el mismo problema.

Su Mesías había muerto. Sólo les quedaba llorarle. Las ilusiones de un reino nuevo habían sido destrozadas. La realidad de un Cristo que les brindaba amor y respeto había acabado. El hombre que era su mundo, su esperanza había muerto.

El ángel en la tumba les dijo —Yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. —Pero no se detuvo allí, sino que, con una invitación, trajo a su memoria la gran verdad que habían olvidado—.

Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.

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Imagen de Bruno van der Kraan de Unsplash

¡Él es el Señor!

El Señor que manda, que tiene todo bajo su control.

El Señor sobre la muerte.

El Señor sobre el mundo.

¡El Señor suyo!

Y recordar que Jesús es el Señor, lo cambió todo para ellas.

Y recordar que Jesús es el Señor, lo cambia todo para mí.

Soli Deo Gloria

Gálatas 6:14

1 Corintios 15:10

Juan 1:16

Lejos de mí gloriarme esté,

sino en la cruz de mi Señor.

Nada soy yo, nada he logrado.

Él todo lo hizo a mi favor.

No me glorío en mi salvación.

Es por Jesús que al cielo voy.

Tengo el perdón por el Calvario.

Por obra de Él, yo vivo hoy.

Ni obras que hago mi gloria son,

pues quien fervor me da es Él.

Gracia me da y sobre gracia.

Me hace Cristo fuerte y fiel.

No tomaré honor a mí.

En y por mí, será Jesús.

Soy lo que soy por gracia suya.

Y yo, si brillo, es de Él la luz.

¿desde dónde sigo a Cristo?

En Lucas 22:54-62 leemos la triste historia de Pedro cuando negó a Cristo. La última vez que leí este pasaje, lo que resaltó fue la última frase del versículo 54.

“Y Pedro le seguía de lejos.”

Creo que esta frase es la clave para el resto de la historia.

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Imagen de Jehyun Sung en Unsplash

Pedro le estaba siguiendo, pero a una distancia “razonable”. Había pasado su época de “fanático” (todos seguramente recuerdan el incidente con la espada). Ahora, seguiría a Cristo de una manera más moderada.

Quizás aquí podamos notar la tendencia de los seres humanos hacia los extremos. Pedro quería seguir a Cristo con mucha pasión, pero tenía poco entendimiento. Luego se distanció de Cristo, tanto que terminó totalmente separado de Él.

Pero, ese no es mi punto en esta entrada.

Mi punto es señalar el peligro de seguir a Cristo de lejos.

Lo mejor que podemos hacer en esta vida es permanecer cerca del Señor.

El que sigue a Cristo de lejos, no lo ve todos los días. No tiene conversaciones con Él a diario. No ve las huellas de Sus pisadas para seguirlas con precisión. No conoce su corazón.

Y, quizás, el cristiano que sigue a Cristo de lejos, también llegue a encontrarse en una situación como la de Pedro, a punto de negar que siquiera conoce a su Señor.

Entonces, te dejo con el reto, y es algo que yo también tengo que enfrentar.

¿Desde dónde sigo a Cristo?

¿Sigo a Cristo desde lejos?

¿O estoy con Él siempre? ¿Camino con Él? ¿Platicamos a diario? ¿Me muestra lo que hay en Su corazón? ¿Sé lo que es disfrutar de su presencia día con día?

¿Será que algún día podrán decir de mí: “Y Erika le seguía de cerca”?

Contemplar la cruz

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Imagen de Niels Weiss en Unsplash

En la luz de la mañana,

cuando las estrellas duermen,

alzo mis ojos al cielo

que quiero contemplar la cruz.

En la tarde me detengo

entre mis actividades,

busco estar solo un momento,

que quiero contemplar la cruz.

En la noche tan tranquila,

cuando cierro ya mis ojos,

llevo mi alma al Calvario,

que quiero contemplar la cruz.

lo que aprendemos de los enamorados

¿Alguna vez has estado enamorada?

O quizás tu amiga o algún primo… ¿cómo son los enamorados?

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Imagen de Kevin Lanceplaine en Unsplash

Para empezar, no dejan de hablar de su novio o novia. Sin importar el tema de conversación, todo se relaciona con la persona que aman. Siempre hay un comentario sobre lo que dijo, hizo o piensa la persona amada. ¡Les es imposible dejar de hablar de él o ella!

Los enamorados siempre están pensando en ver a la otra persona. Hacen planes. Piensan cómo van a recibirlo. Qué se van a poner. Qué detalle le van a comprar. Cuando viven lejos, hacen videollamadas. Cuentan los días y las horas hasta que se puedan ver.¡Siempre se quieren ver!

Algo impresionante acerca de los enamorados es que siempre quieren hacer lo que haría feliz a la otra persona. Los pequeños sacrificios no son nada porque quieren verle contento o contenta. Él le hace su platillo favorito. Ella se pone el perfume que le encanta. Él compra la camisa que ella prefiere. Ella le regala un libro del autor que él admira. ¡Buscan hacer lo que le agradaría!

Y quizás lo más característico de los enamorados: piensan. Siempre están perdidos, andan en las nubes, olvidan cosas básicas… ¿por qué? ¡Porque estaban pensando en esa persona especial! En su belleza, los ojos, su figura…o en su carácter, su amabilidad, su generosidad, su consideración hacia otros. En todos aquellos detalles que la hacen única: cómo cierra los ojos cuando ríe, o un hoyuelo que sólo se aparece cuando llora, o la forma en que se acomoda el cabello con los dedos… ¡Con razón todo se les pasa, están pensando siempre en su amado o amada!

Y eso es la adoración.

Pienso que quizás una de las razones por las que Dios nos dio esos sentimientos eufóricos del enamoramiento es para que entendiéramos lo que es la adoración.

El domingo en la mañana, cuando nos reunimos para adorar al Señor, simplemente se trata de hablar de Él. Hablar de lo que hace, lo que quiere, cómo es…

Al dirigirnos al Padre y hablar de su Hijo, estamos adorando.

Entre semana, en la vida diaria, le adoramos al prepararnos para verle y hacer cosas que sabemos que le agradarán.

Y como cualquier buen enamorado, siempre pasar tiempo pensando en Él, es adoración.

Pensar en cómo es Él, en su amor, su gracia, su justicia… todo es parte de nuestra adoración. Pensar en su belleza, su carácter y su actitud para con nosotros no sólo nos lleva a adorarlo sino es, en sí, adoración.

Así, que si llega un momento en el que quieres adorar pero no sabes cómo, recuerda a los enamorados.

Ellos son los expertos en la adoración.