propósitos evangelísticos

Debería de haber compartido esta entrada ayer, pero ¡se me pasó!

Vamos casi a la mitad de febrero. Justo las fechas cuando muchos se están dando cuenta de que ya no se sienten motivados a cumplir sus propósitos de año nuevo. Pero hoy, les voy a compartir mis propósitos evangelísticos para este año. 

  1. Voy a regalar folletos en el mercado. Cada semana compro fruta y verdura en el mercado. ¿Por qué no llevarme dos folletos y regalarlos a los que me venden sus productos? Sería lo más sencillo del mundo.
  2. Todos los días voy a orar por la predicación del siguiente domingo. A veces no es posible asistir a la oración previa a la predicación. ¡Pero sí puedo orar por esa presentación del evangelio entre semana!
  3. Voy a publicar un versículo evangelístico en FB y mis otras redes sociales cada semana. ¡Hay que sembrar la semilla!
  4. Una vez al mes, voy a invitar a alguien a la predicación.

Esos son mis 4 propósitos evangelísticos para el 2017. ¿Cuáles son los tuyos?

3 razones por las que deberías organizar una repartición

¡Estamos de vacaciones!

Cuando yo era adolescente, para mí, estas fechas siempre eran las fechas de repartición. Cada año en las vacaciones navideñas, un grupo de creyentes se organiza con una iglesia local o con unos misioneros para ir y repartir varios miles de textos bíblicos.

Ahora, organizar una repartición para 50 o 100 personas puede ser muy complicado, pero no es necesario organizar una repartición gigantesca para que tenga efecto.

Si limitas el número, ¡tú puedes organizar una repartición en tu ciudad!

Es algo que mi hermano y yo hicimos con muchísimo apoyo de parte de mis papás y fue una excelente experiencia. ¡Me encantaría que tú también la tuvieras! 

De hecho, hoy voy a compartir 3 excelentes razones por las que debes organizar una repartición.

1. Es una oportunidad para invitar a otros a involucrarse en una obra de evangelismo.

Si tú tienes el deseo de repartir folletos o calendarios para que las personas tengan el mensaje del Evangelio por escrito en sus hogares, ¿por qué no invitar a otros? Quizás tu entusiasmo los contagie y se vayan inspirados a compartir el Evangelio en sus propios hogares o colonias. Muchos creyentes saben que el Evangelio es importante, pero no están seguros cómo compartir. Al invitarlos a repartir, les puedes mostrar por dónde empezar.

2. Es una oportunidad para disfrutar comunión con otros creyentes.

No hay nada como trabajar juntos para desarrollar relaciones más cercanas. Una repartición puede darnos la oportunidad de conocer mejor a otros creyentes, no sólo para disfrutar de su compañía sino también para compartir meditaciones sobre las escrituras. Tú aprenderás de ellos y ellos aprenderán de ti.

3. Es una experiencia inigualable.

Será mucho trabajo y te toparás con situaciones imprevistas pero ¡qué satisfacción! Al terminar la repartición tendrás la satisfacción de haber hecho un buen trabajo y de haber invitado a otros a hacer un buen trabajo, también. Es una de esas experiencias inusuales que te moldean a ser mejor persona a la vez que aprendes mucho.

Bueno, ahí están esas tres buenísimas razones para organizar una repartición.

Ahora, ¿cómo hacerlo?

¡Pues, ya escribí todos los pasos a seguir para que no se te olvide nada al organizar la repartición!

Si te interesa saber qué hay que considerar y cómo prepararte para la repartición, te puedo enviar el artículo.

¡Sólo necesitas suscribirte al blog!

Una vez suscrito, te lo enviaré completamente gratis.

¿Listo o lista para organizar una repartición de material evangelístico?

¡Espero lo pienses, lo planees y lo lleves a cabo! (¡Y no olvides decirme!)

porque todos tenemos un Patmos

Juan el apóstol, se encontró sólo en la isla de Patmos.

Patmos representaba mucho para él. Era el castigo que las autoridades le habían dado por predicar el evangelio. Era soledad y abandono. Era montañas rocosa y colinas secas.

sewvxey0f3w-aaron-lee.jpg
Imagen de Aaron Lee / CC-BY

Quizás con otros prisioneros políticos o religiosos, Juan se encontraba sobre una isla que nunca podría escapar. No sabemos si Juan buscó la compañía de otros allí o si prefería estar solo. Quizás no tenía más opción que estar solo. De hecho, sabemos muy poco de la vida de Juan sobre esa terrible isla porque él no nos habla de aquello.

En circunstancias difíciles, en tiempos de tribulación, en sufrimiento y persecución, Juan escribió el libro de Apocalipsis. No se rindió al llegar a la isla. No se deprimió al encontrarse sin apoyo emocional o espiritual. No cedió ante la mano de hierro del gobierno que lo estaba sofocando en esa isla.

Juan buscó la faz de Dios.

Pasó tiempo con el Señor, se metió de lleno en Su presencia. Habló con el Señor, escuchó al Señor, adoró al Señor. Y vio lo que Dios quería que él hiciera. Vio visiones y las escribió.

Escribió un libro de profecía profunda, un libro fascinante que muestra destellos y sombras del futuro.

Si Juan hubiera cedido a la decepción que de seguro le asediaba, si hubiera permitido que la tristeza lo envolviera, no hubiera podido hacer el trabajo que Dios le tenía. Seguramente triste, seguramente decepcionado, seguramente sintiéndose sólo, Juan se acercó a Dios.

Y fue cuando Dios le mostró la gran obra que tenía para él.

¿Cuál es tu Patmos?

¿Qué te hace sentir sola? ¿Qué has vivido que te decepcionó? ¿Qué te envuelve en tristeza? Tu Patmos quizás no sea una isla rocosa, pero quizás tienes un problema que te deja paralizado de temor o frustración. Yo también, tengo mi Patmos. Juan, en su Patmos, permitió que Dios obrara y el resultado fue un maravilloso libro inspirado.

¿Qué harás tú con tu Patmos?

¿quién soy yo?

Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. Jeremías 1:7

¿Alguna vez te has sentido muy joven?

¿Te has sentido demasiado pequeña? ¿Demasiado inexperto?

0ta9jhd8x_k-natalie-fox.jpg
Imagen de Natalie Fox / CC-BY

Dios tiende a llamar a  los que se sienten así.

“Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.” ~Gedeón

“¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?” ~Moisés

“¿Quién, pues, soy yo, para que le edifique casa…?” ~Salomón

En cada una de estas situaciones, Dios los había llamado a hacer un trabajo especial y ninguno estaba seguro de que lo podía hacer. Se sentían pequeños e inexpertos. 

Pero Dios ayudó a llevar a cabo esas obras especiales.

Tú también, creyente, eres llamado a ser misionero, ¡a compartir el Evangelio! De hecho, aquí está escrito en Marcos 16:15, “ Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” (Nótese que el Señor estaba hablando a todos sus seguidores, no sólo a los apóstoles.)

Y ¿sabes qué? Si no estás seguro por dónde empezar, si no sabes cómo seguir ese llamado, busca ayuda. Gedeón verificó la voluntad de Dios muchas veces antes de actuar según el llamado. Moisés pidió que Aarón, un hermano mayor, lo ayudara. Salomón construyó todo el templo, pero los planos y diseños ya los había hecho su papá.

Ninguno de estos inexpertos comenzó solo. 

Pero, todos comenzaron.

Obedecieron el llamado del Señor.

¿Tú qué harás?

¿qué tienes en tu mano?

¿Qué es eso que tienes en tu mano?

Dios le hizo esta pregunta a Moisés en Éxodo 4:2. Pero, esta pregunta no venía al azar. Moisés estaba protestando que aunque Dios lo estaba llamado a librar a Israel, los hebreos no le aceptarían como líder y que los egipcios no le pondrían atención. Y en medio de todas las razones por las que Moisés (en su propia opinión) no era el adecuado para ser libertador, Dios lo interrumpió con esta pregunta.

yedhhn5zp4o-kendall-lane.jpg
Imagen de Kendall Lane Photography / CC-BY

¿Qué es eso que tienes en tu mano?

Quizás, un poco confundido, Moisés le contestó que era una vara. Era una vara común y corriente como la de cualquier pastor. Nada especial. Una vara. Pero, Dios tornó esa vara en un instrumento poderoso para librar al pueblo de Israel.

Hoy, también hay almas que están esperando ser libradas del dominio de Satanás. Hay pueblo predestinado desde antes de la fundación del mundo que aún no ha visto la luz del evangelio de la gloria de Cristo.

Y Dios te llama a librarlos.

Dios te llama a compartirles el evangelio. ¿Estás protestando? ¿Tienes razones por las que tú no eres el adecuado? ¿Quieres informarle a Dios por qué tú no eres la indicada? Moisés también tenía bastante que decir. Pero Dios, con una pregunta le mostró que Él ya le había dado todo lo que necesitaba para librar al pueblo.

Tú también ya tienes lo que Dios puede usar para librar las almas perdidas.

Para unos, el instrumento es la historia de cómo superaron la depresión, para otros, la experiencia de perder su bebé. Quizás, el tuyo no sea tan dramático. Quizás sea esa imperfección física o espiritual que tanto te desanima. O, tu experiencia siendo la única persona creyente en tu familia. Pero, tú tienes ese instrumento.

Ahora, permite que Dios lo use en tu vida para Su gloria y para la salvación de almas.