para el evangelista nervioso

Compartir el Evangelio no es fácil.

Seas tímido o extrovertido, hay algo acerca de compartir las Buenas Nuevas que intimida. Quizás sea la importancia del mensaje, pero probablemente es la posibilidad de rechazo. Los creyentes sabemos que el Evangelio generalmente no es algo que las personas quieren escuchar, es un mensaje que genera todo tipo de reacciones, desde silencios incómodos hasta burla pública.

Pero, por otro lado, tenemos el mandato del Señor de ir y predicar el Evangelio. ¡Realmente no tenemos otra opción más que compartirlo! Entonces, ¿cómo obtener el valor para tocar el tema con nuestros amigos, compañeros o conocidos? 

La respuesta está en 2 Timoteo 1:7.

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”

Antes de ser creyentes, sólo teníamos el espíritu humano. Pero ahora salvos, tenemos el Espíritu que Dios nos ha dado ¡y no es un espíritu de cobardía! Si permitimos que la cobardía tome control, estamos permitiendo que gane el espíritu humano, el viejo hombre.

Dios, en su gracia, nos ha dado todo lo que necesitamos para obedecer Su mandato de predicar el Evangelio.

¡Nos ha dado un Espíritu nuevo!

Y es un Espíritu de poder: nos dio la fortaleza moral para compartir el Evangelio y enfrentar cualquier tipo de reacción.

De amor: nos dio un amor como el suyo por el alma del incrédulo, un amor que no permite callar acerca del peligro del pecado y la posibilidad de salvación.

De dominio propio: nos dio el autocontrol para hablar de Cristo a pesar de los nervios y pensamientos que nos pudieran inmovilizar.

Así que, la próxima vez que tengas la oportunidad de compartir el Evangelio puedes hacerlo con toda seguridad, sabiendo de que tienes el Espíritu del nuevo hombre y con él,

todo lo que necesitas para cumplir el mandato de ser misionero.

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Imagen de Phil Coffman / CC-BY

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