cómo orar las Escrituras

Todos los días oramos.

Al menos, queremos orar todos los días. Queremos orar por nuestras familias, por nuestros amigos, por los hermanos de la asamblea… ¡todos necesitamos a Dios tanto!

Y queremos apoyar en la oración.

Pero, no sé si a ti te ha pasado lo que a mí: orar lo mismo para la misma persona puede llegar a ser monótono.

Si todos los días, o tres veces a la semana, o cada lunes oras por la salvación de cierta persona, llega un momento en el que te das cuenta de que estás usando las mismas palabras vez tras vez y te preguntas si Dios se aburre tanto con tus oraciones como tú.

¡Y esto no quiere decir que te cansaste de orar!

Al contrario, quieres seguir haciéndolo pero sabes que estás diciendo lo mismo cada vez y hasta llega a parecer vana repetición.

¿Cómo resolver esto?

El año pasado me compartieron una forma de orar que ha cambiado cómo hago petición por mis conocidos.

¡Es simplemente orar la Escritura!

O sea, usar las palabras de la misma Biblia para estructurar mi intercesión. Esto cambia mi oración todos los días porque me estoy basando en un versículo o un grupo de versículos diferente cada vez que oro.

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Imagen de Amy Velazquez en Unsplash

¿Cómo se hace?

Pues, primero elige un versículo o un pasaje. Y luego, parafraseas el versículo como petición para la persona por la que estás orando.

Por ejemplo, supongamos que vas a orar el Salmo 21 por los miembros de tu familia. El versículo 1 dice así:

El rey se alegra en tu poder, oh Jehová; 

Y en tu salvación, ¡cómo se goza!

Entonces, orarías algo así:

“Te pido que mi mamá se pueda alegrar en tu poder, oh Dios. Que se goce en tu salvación hoy.”

O digamos que estás orando por por un amigo inconverso y estás leyendo Romanos. El capítulo 6 y versículo 1 dice:

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 

Este versículo es realmente para creyentes, pero puedes adaptarlo para tu oración de ese día. Quizás sería algo así:

“Padre, te pido que salves a mi compañero, que sea convencido de su pecado y que no persevere más en él, sino que tu gracia abunde hasta entrar a su vida.”

Cuando oro las Escrituras, me doy cuenta que mi espíritu al orar cambia. Oro con más seguridad porque sé que lo que estoy pidiendo es la voluntad de Dios. Ayuda a que mi mente esté más saturada de la Palabra de Dios e influya no sólo sobre mis deseos para con los demás en ese momento, sino también sobre mis deseos para mí en el resto del día.

Aprender cómo orar las Escrituras ha cambiado mi vida de oración.

¿Por qué no lo intentas tú?

2 requisitos que deben cumplir los cantos de la escuela Bíblica

¡A los niños les encantan los coritos de la escuelita bíblica!

Es una de las mejores maneras de iniciar una clase porque se sientan, toda su energía se va para sus voces y terminan más tranquilos al momento de iniciar la clase.

Ah, y también porque los coritos son una manera increíble de plantar la semilla de la Palabra de Dios en sus memorias.

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Imagen de Robert Collins en Unsplash

De hecho, estoy completamente convencida de que si el corito no cuenta una historia Bíblica o no declara un principio Bíblico es una oportunidad perdida.

Hay coritos chistosos y hay coritos con mímicas. Hay coritos rápidos y hay coritos lentos. Pero, al contrario de lo que muchos piensan, el canto no se trata de que los niños se diviertan un rato.

El canto es una oportunidad para enfocar su atención, sí, de manera divertida, en la Palabra de Dios.

No estoy diciendo que es pecado cantar un corito sobre todos los animales que están en la creación de Dios. A la vez, ¿por qué no aprovechar el deseo de cantar, aprovechar la memoria que tienen para inculcar verdades bíblicas? ¿Por qué no mejor un canto sobre el pecado del ser humano? ¿Un canto que alista los diez mandamientos? ¿O un canto que relata cómo Cristo sanó al paralítico?

Estos quince minutos en la clase, no son quince minutos de tranquilizar a los niños.

Son quince minutos en los que los niños van a memorizar algo.

Algo que llevarán a casa.

Y ¿qué preferimos que estén cantando a oídos de sus padres inconversos?

“…nuestro padre Abraham tuvo muchos hijos…”

¿O esto?

“Yo pequé, pero Dios me ama y Cristo murió por mí…”

3 maneras en que la hospitalidad predica el evangelio

Antes de casarme no había pensado en la hospitalidad como predicación del evangelio, pero sí lo había visto en acción. Recibir a alguien en casa era un hábito para mis papás y para mis suegros y se convirtió en una prioridad para nosotros cuando Ricky y yo nos casamos.

Pero, yo muchas veces pensaba en recibir a los hermanos. El mandamiento de la hospitalidad es mayormente hacia los hermanos, ¿no?

“…compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.” Romanos 12:13

Pero, últimamente he aprendido que la hospitalidad también es una manera de predicar el evangelio.

1. Lo más obvio es la conversación.

Cuando invitas a alguien a tu casa, tienes la oportunidad para hablarle del evangelio. No siempre se da, ni es siempre necesario, pero en el momento adecuado, ¡la hospitalidad es la oportunidad perfecta!

2. También, observarán lo que hay en tu casa.

Cualquier visita leerá los versículos enmarcados en la pared, oirá la oración antes de comer, notará la ausencia de vicios. La casa del creyente es diferente y los que no conocen a Cristo lo observarán y quizás te darán una oportunidad de explicarles por qué.

3. La gente que hospedas te llega a conocer.

Cuando invitas a alguien a tu casa, no hay manera de esconder quién eres. La realidad del ambiente y el trato familiar, de los conflictos, de las consideraciones sale a relucir. ¡Y eso es bueno! Las personas que no creen en Cristo muchas veces tienen un concepto muy extraño de lo que es seguir a Cristo. Sólo permitiéndoles conocernos podrán ver la verdad. La verdad es que somos pecadores, que herimos a otros, que nos enojamos, que sólo somos salvos por la gracia de Dios. La verdad es que lamentamos nuestro pecado, que pedimos perdón, que perdonamos y que procuramos mostrar, en la siguiente ocasión, la gracia que Dios nos ha mostrado. ¡Al conocernos, verán nuestra sinceridad y la luz de la verdad del evangelio de la gloria de Cristo!

Las tres cosas son importantes al compartir el evangelio. Es importante que la gente lo oiga, pero también es importante que vean la evidencia de un cambio, de una vida diferente no sólo en la casa, sino en nuestras interacciones familiares también.

Con esto en mente, ¡espero seguir invitando más personas no creyentes a mi hogar para poder compartirles así el evangelio! ¿Y tú?

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Imagen de Herson Rodriguez en Unsplash

la vanidad vs. el cuidado del templo

¡Nunca me había imaginado que pudiera ser tan controversial el hacer ejercicio!

Pero, resulta que así como hay muchos apasionados por hacer ejercicio, hay otros que realmente creen que hacerlo es malgastar el tiempo y peor, satisfacer la vanidad.

Y así como en muchas otras cuestiones, la Biblia nos lleva, no a un extremo ni al otro, sino a una vida de equilibrio.

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Imagen de Justyn Warner en Unsplash

Primero, según la Biblia, no es malo querer ser saludables.

El apóstol Juan escribió a Gayo deseándole buena salud en 3 Juan 1:2. Además, en 1 Timoteo 5:23 el apóstol Pablo aconsejó a Timoteo sobre cómo cuidar su salud.

Estamos aquí para darle gloria a Dios y Dios nos dio un cuerpo para movernos en este mundo para Su gloria.

Si no cuidamos el cuerpo – se le puede llamar una herramienta – que Él nos dio, estamos permitiendo que se dañe una manera de glorificar, y más específicamente de servir, a Dios. Según 1 Corintios 4:12, es nuestra responsabilidad administrar bien las herramientas y los recursos que Dios nos ha dado y nuestro cuerpo es uno de ellos.

Así que, cuidar nuestra salud no sólo es aceptable, sino nos permite glorificar y servir a Dios mejor con las herramientas que Él nos ha dado.

En segundo lugar, la Biblia nos enseña moderación.

Mientras que es importante cuidar de nuestra salud, no es lo más importante. Es imposible tratar el tema del ejercicio sin citar hacer referencia a 1 Timoteo 4:8: “… el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha…” Mientras el versículo no nos dice que no es provechoso, tampoco es lo mas provechoso del mundo.

Hay otras cosas más importantes, para ser más precisos: la piedad.

El mundo de la salud y el ejercicio (así como el mundo del trabajo, el mundo de Facebook o el mundo del activismo) exige cada vez más tiempo.

El creyente que desea glorificar a Dios va a poner un límite sobre su tiempo de ejercicio para que no se vuelva su vida, porque a final de cuentas, lo importante es glorificar a Dios.

Y esto nos lleva al punto final y quizás más importante: la motivación.

¿Por qué voy a procurar mantenerme saludable?

¿Por qué no voy a permitir que el ejercicio llegue a ser lo más importante en mi vida?

Para la gloria de Dios.

La Biblia muy claramente nos dice en 1 Corintios 10:31, “…hacedlo todo para la gloria de Dios.” Es fácil hacer algo que creemos que es bueno, sin detenernos a preguntar por qué lo estamos haciendo, pero la motivación es muy importante para Dios.

Entonces, no hagamos ejercicio para vernos mejor o para impresionar a otros. Hagamos ejercicio para mantenernos saludables, para administrar bien estos cuerpos con los que podremos agradar a Dios.

Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 1 Corintios 6:20

3 razones para cantar

No todos aman cantar. No a todos les gusta como cantan.

Pero, si no eres de los que cantan en la regadera, o al conducir en el tráfico, o al tender la cama, ¡te recomiendo que lo pruebes!

¿Por qué creo que es tan bueno cantar?

1. Es una manera de desahogarse.

Claro, podría sacar el estrés platicándole todo a algún amigo o llorando a solas en la recámara. Pero, el cantar hace lo mismo. Te ayuda a poner en palabras lo que sientes y, dependiendo de dónde estés, ¡te puede ayudar a sacarlo a todo volumen! El canto, como el llanto, es una liberación de las emociones negativas y positivas.

2. Refuerza la doctrina.

¡Depende de lo que cantes! Pero, me he dado cuenta de que cuando canto acerca de la salvación, o la fidelidad de Dios, o la oración, recuerdo la importancia que tienen en mi vida y las bendiciones que tengo gracias a todo ello. Tengo más presentes las cosas importantes de la vida porque he estado cantando sobre ellas.

3. Esto me lleva a glorificar a Dios.

Cuando recuerdo todo lo que ha hecho por mí en la cruz o cuando pienso en que pronto regresará el Señor, ¡mi corazón lo exalta! Además, los buenos cantos le dan gloria porque hablan sus verdades.

Así que, te dejo con estas tres razones esperando que pronto tus vecinos, o tu familia, o los que conducen a tu lado en el tráfico ¡te oigan cantar!