el Señor trajo un alma (y luego más)

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El otro domingo, me encontraba en la puerta del Centro Bíblico llamando a los niños por sus nombres porque Ricky y yo los íbamos a llevar a sus casas.

Gabi, una niñita de cabello ondulado, ojos grandes y una sonrisa chimuela, se me acercó. “Maeta, ¿va a haber case oto día?”

“¿Me preguntas si vamos a tener estudio entre semana? ¿Cómo el miércoles?”

Gabi asintió con la cabeza.

“Sí, el miércoles a las siete de la tarde hay un estudio.”

“¿Y puedo veni?”

¡No puedo expresar el gozo que sentí cuando oí esas palabras! ¡Una niña que quería venir con más frecuencia! ¡Un alma que oiría la Palabra de Dios más!

“Sí, si quieres podemos pasar por ti.”

Gabi ya tiene más de un mes viniendo los miércoles, cuando tenemos oración y estudio. Y en varias ocasiones también ha decidido quedarse a la predicación del evangelio el mismo domingo. Cuando se enteró su primo, él también quiso venir. Y así hemos llegado a tener entre 2 y 5 niños en las predicaciones últimamente. ¡Y qué gozo nos da verlos ahí!

¿Qué fue lo que hizo que Gabi hiciera esa pregunta?

¿Por qué se le ocurrió venir? Lo hizo unos domingos después de una predicación especial. ¡Quizás se esperaba otra comida!

La verdad, no tengo las respuestas.

Pero, estoy agradecida con Dios porque tocó su corazón de alguna manera. Quizás fue porque hay una maestra que le habla por su nombre cuando le da la bienvenida, quizás porque hay un maestro que la saluda de mano y le pregunta cómo está. Quizás porque los maestros de la clase procuran mostrarle el amor de Dios.

Quizás no tiene nada que ver con lo que los maestros hacen o no hacen. A final de cuentas fue el Señor el que la trajo a oír más de su Palabra.

las 5 personas que han impactado mi fe (parte 1)

¿Quiénes son las 5 personas que, sin conocerlas, más han impactado tu fe?

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Imagen de mauro mora en Unsplash

Leí esta pregunta hace unos días y me llamó la atención. ¡No estaba segura! Después de pensarlo, hice la siguiente lista.

Elisabeth Elliot.

Misionera. Esposa. Madre. Viuda. Misionera. ¡Qué mujer tan increíble! Y muy práctica. Sus libros y sus programas de radio no eran nada elaborados. Sólo decía la verdad de una forma muy franca y sencilla. Esta mujer ha formado mi punto de vista sobre la feminidad, la sujeción, la voluntad de Dios, la obediencia y la oración.

Rut, la moabita.

La primera vez que aprecié el libro de Rut fue en una serie de estudios bíblicos en Hermosillo. Desde entonces, en su historia veo a Cristo, me veo a mí, veo la misericordia y la gracia, veo la disponibilidad de mi Redentor y me lleva a adorar. ¡Qué bella historia la de Rut y la mía!

Amy Carmichael.

Amy es mi héroe. Rescató a muchísimas niñas de vidas horribles (o, en ocasiones, de muertes horribles). Les dio un hogar y amor a las niñas que la sociedad y las familias habían abandonado o vendido. Ella les dio el valor que Dios tiene para con cada ser humano. Además, escribió muchísimo. Poemas preciosos, cartas conmovedoras, libros enteros de pensamientos devocionales. ¿Cómo no querer ser como ella?

C. S. Lewis

Desde la primera vez que hice un reporte biográfico sobre él en la prepa, el Sr. Lewis me ha fascinado. Su testimonio es impactante y su legado al mundo cristiano es aún mayor. Sus libros – ya sea de fantasía o de apologética – son inigualables. Su explicación de las bases de la fe (en Mero Cristianismo), su imaginación sagrada y fantástica (en Las crónicas de Narnia) y su capacidad de enseñar mediante la ficción (en las Cartas del diablo a su sobrino) han cambiado cómo veo mi fe. Me han hecho una creyente más apasionada, más creativa y más consciente.

El apóstol Juan.

¿Se vale tener apóstoles preferidos? Quizás Juan me llama la atención por su cercanía al Señor. Quizás porque dicen que era más joven. Quizás porque fue el que cuidó a la madre de Jesús después de la crucifixión. Pero, su evangelio tan claro, tan blanco y negro, sólo me hace estimarlo más. Y sus epístolas, repletas de ese equilibrio imposible del amor y la verdad, son simplemente encantadoras. Admiro al apóstol Juan. Su aprecio del amor de Cristo, su cuidado por los creyentes que lo despreciaban y finalmente su actitud de adoración en el exilio me inspiran a ser mejor.

Esos son 5 personas que nunca he conocido que han impactado mi fe. ¿Y tú te has puesto a pensar en eso? ¿Quién te ha influenciado desde lejos, a través de la distancia o el tiempo?

cuando tienes padres in conversos

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Imagen de Kevin Delvecchio en Unsplash

Yo tuve el privilegio de nacer en un hogar donde gobernaba la Palabra de Dios, mis padres eran creyentes y su prioridad era que yo también escuchara y creyera el evangelio.

Pero, hay muchos que no han tenido esa bendición. Sé que no puede ser fácil ser creyente y llevar una vida cristiana con un testimonio claro cuando tus padres no son salvos. Por eso, me comuniqué con varios amigos y conocidos que tienen papás inconversos y les pregunté qué creen que es lo más importante para saber o recordar cuando estás en esa situación.

Aquí comparto sus respuestas.

“…considero que algo necesario para que el creyente pueda crecer y avanzar en medio de situaciones adversas (padres inconversos) es el respeto hacia lo que somos y hacemos.” – Marisolina

“Honrarles. Nosotros somos los creyentes y una manera de honrarles sujetándonos a ellos (siempre y cuando vaya de acuerdo a la voluntad de Dios lo que nos demanden), brindarles respeto, obedecerles.”  – Isabel

“Dios me ha dado padres inconversos…no pierdo la esperanza de que ellos algún día escuchen sobre la salvación y sean salvos.” – Martín

“En lo personal, ¡debo recordar que realmente pueden ser salvos! Porque a veces son demasiados problemas, a veces son demasiadas las ocasiones en que compartes el evangelio con ellos y sólo dicen: “Sí, tú sigue ahí y no te rindas.” …La situación se hace tan cotidiana que llega el punto en el que no te imaginas a toda tu familia siendo salva.”   – Fabiola

“El lugar más difícil para ser un buen creyente es en la casa. Entonces va a requerir maryor esfuerzo y oración para tener un buen testimonio.”  – Tiberio

“Seré muy sincera…lo primero que debes recordar es que tienes un nuevo Padre, uno eterno a quien encomiendas toda tu vida y alma y que ese Padre siempre estará interesado en tu vida, ¡que su mayor anhelo será salvar a tus padres terrenales!” – Brenda

una lección de 2 semanas de ejercicio 

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Imagen de Martine Jacobsen en Unsplash

No soy fan de hacer ejercicio.

Nunca lo he sido.

Pero, resulta que es necesario para ser saludable.

Por eso, hace poco comencé un nuevo régimen de actividad física. Y al pasar por las diferentes etapas de sufrimiento (porque vaya que he sufrido), empecé a notar similitudes con la vida espiritual. 

Por ejemplo, la primera semana que hice ejercicio, lo estaba haciendo yo sola. Salí todos los días, incrementé los latidos por minuto de mi corazón y hasta sudé un poco.

En contraste, la segunda semana ya no estaba sola. Empecé a trabajar con alguien que me exigía más. No estaba sudando un poco, ¡estaba terminando empapada! Salí sintiendo que no podría dar un paso más. Al terminar mi sesión, mi cuerpo entero temblaba del cansancio.

Y eso me hizo pensar en mi vida espiritual.

Como creyente sí quiero salud espiritual, sí quiero leer y orar y servir. Pero, tal como el ejercicio físico, sólo lo hago en la medida de lo posible.

Es decir, hasta el punto de inconveniencia.

En cambio, el Señor, más que sólo un compañero, ¡es como un entrenador! Cristo me llama a lugares fuera de mi zona de confort. Él me pone cargas que yo jamás pensaba poder levantar. Él me pide que sirva hasta sudar.

Y como buen Entrenador, Él lo hace por mi salud.

Mi amigo no me manda a hacer 40 minutos de cardio intenso porque le agrada verme exhausta. Lo hace porque sabe que es lo mejor para mi cuerpo.

Cristo no me llama a orar o servir en dificultad sin razón. Lo hace porque es bueno para mi vida espiritual.

El estrés sobre los músculos, ya sea por lo pesado de las mancuernas o la cantidad increíble de sentadillas, los hace crecer; de eso cobran más fuerza. Y la prueba en la vida espiritual, también me hace crecer. Del estrés espiritual, voy a cobrar fuerza.

Y el Entrenador lo sabe.

Entonces, por más que pueda estar sufriendo y sudando en este momento, puedo tener la confianza de que Él es bueno y actúa para mi bien.

echando a un lado mi orgullo para echar mi ansiedad sobre él

“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo;” 1 Pedro 5:6

“…echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. ” 1 Pedro 5:7

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Imagen de LifeLike Creations en Unsplash

Siempre he visto estos dos versículos como ideas distintas. Es común ver 1 Pedro 5:7 en un cuadro bonito o como fondo de pantalla artístico. Y 1 Pedro 5:6 se usa para amonestarnos a ser humildes.

Pero, cuando estudiamos el capítulo el miércoles pasado, por primera vez vi estos versículos como realmente van – juntos.

¡Son un sólo enunciado!

Y las dos ideas principales del enunciado son: “Humillaos bajo la poderosa mano de Dios… echando toda vuestra ansiedad sobre él…”

Al meditar en estas frases, aprendí una nueva lección.

El echar mi ansiedad sobre Dios es un acto de humildad.

La ansiedad, la preocupación es muestra de mi orgullo.

Porque si yo me preocupo por algo estoy afirmando que soy yo la responsable de eso, soy yo la encargada, yo, la que lo controla.

Pero, la verdad es que esa carga no es mía.

¡Qué orgullo el pensar que yo tengo que preocuparme por aquello! ¡Qué arrogancia de mi parte, suponer que tengo que solucionar la situación!

El encargado es Dios.

El soberano es Dios.

Espero de hoy en adelante tener la humildad de echar mis ansiedades sobre Él; mi Dios de mano poderosa, mi Padre que tanto cuidado tiene de mí.