¿demasiado joven para ser misionero?

Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. Jeremías 1:7

¿Te sientes muy chica para saber cómo compartir el evangelio? ¿Te crees demasiado joven para predicar? ¿No sabes por dónde empezar?

No eres el primero que se siente así.

El Señor le dijo a Jeremías que no se sintiera demasiado joven para transmitir el mensaje de Dios. Al trabajo lo había mandado Dios. Y las palabras se las había dado Dios.

Y contigo es lo mismo.

No digas: “Soy demasiado joven.”

El Señor te ha dado las Buenas Nuevas. El Señor te ha mandado a compartirlas.

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Imagen de Joshua Earle en Unsplash

 

 

la deuda que tenemos

“Hasta que todo el mundo ha escuchado el Evangelio, somos deudores.” – Steve Ballinger

Estas palabras me cayeron como un balde de agua fría.

¿Te das cuenta?

¡Somos deudores al mundo!

¿Cómo?

El hermano Steve Ballinger lo explicó de esta manera. Se un hermano me da $50 pesos para darte a ti, y yo te veo pero nunca te doy los $50, yo te los debo.

Tiene sentido, ¿no? Dios nos dio la salvación y quiere que hagamos correr la noticia.

Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. Marcos 16:15

Somos deudores.

Sí, a Dios.

Pero, también a los incrédulos.

Yo les debo el Evangelio.

¿Cómo atreverme a descuidar este deber?

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Imagen de Koushik Das en Unsplash

“ya no le hablo”

¿Te ha tocado que alguien te deje de hablar?

Es un comportamiento pasivo-agresivo que causa dolor indescriptible. Especialmente, si se trata de una persona en la que tenías confianza, como un buen amigo o una prima querida.

Cuando te dejan de hablar es un indicador de un problema. Puede ser cualquier tipo de problema causado por cualquier motivo, pero siempre es por un problema.

Y es una manera totalmente inútil de tratar el problema.

Dejarle de hablar a alguien no resuelve nada. La situación pasa de tener sentimientos heridos y enojo a más sentimientos heridos y más enojo.

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Imagen de Zach Guinta en Unsplash

Ahora, cuando yo estoy en una situación difícil, cuando me siento herida, cuando estoy enojada por lo que ha pasado, ¿trato a Dios de la misma manera?

¿Le dejo de hablar a Dios?

No me refiero a “dejarle de hablar” en el sentido adolescente de venganza aniñada que tanto se ve, aunque en ocasiones de eso se trata precisamente. Estoy hablando más de un descuido, o de una melancolía que impide la comunicación.

Cuando paso por tribulación, ya sea causada por circunstancias, por otras personas o por mis propias emociones, ¿le dejo de hablar a Dios? ¿Permito que el estrés de estar ocupada desvíe mi tiempo de oración? ¿Permito que mi tristeza por lo que he sufrido interfiera con mi comunicación con Dios? O, ¿será que mi coraje porque Dios no hizo lo que yo creía que haría, me tiene como esa chica de secundaria que “ya no le habla” a su mejor amiga porque tiene el deseo de infligir algún castigo?

¿Le dejo de hablar a Dios?

O en medio de mi tormenta, ¿me acerco a Él para pedirle que sea mi pronto auxilio?

la hermosura de ser maestra

Hace unos años, me contaron algo que casi me hizo llorar. Lo escribí en el momento y lo acabo de volver a encontrar.
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Imagen de Caleb Woods en Unsplash

Betito* tiene 5 años y es uno de mis alumnos más quietos.

Después de un año en mi clase bíblica, por fin comienza a responder a las preguntas. Las únicas participaciones que ha tenido hasta ahorita, son en decir su versículo de memoria. Betito es un niño pequeño, con pancita de bebé aún y ojos cafés grandes. Su cabello es castaño claro, tan claro que casi se ve rubio, y tan corto que a penas se le notan los rizos. Aunque, es muy educado, siempre parece estar distraído, esté en clase o platicando después.

Es uno de los alumnos que no sé si realmente están absorbiendo la información o no.

Sus padres han tenido problemas con su familia durante años porque es muy religiosa. Y desde que murió la bisabuela de Betito, todo se ha puesto peor. Hace unos días, estaban visitando a su abuela cuando ella le dijo que iban a orar por el alma de su bisabuela.

Él le contestó que no, que él y su mamá ya iban a salir.

Le contestó su abuela, “Bueno, vamos a rezar a la Virgen para que te proteja y te lleve con seguridad a donde vayas.”

“No necesito a la Virgen. El Señor Jesucristo murió por mis pecados.”

“¿Quién te dijo eso?”

“Mi maestra Erika.”

*Cambié el nombre por cuestiones de privacidad.

15 cosas que no quiero hacer antes de morir

El mundo está lleno de listas de qué hacer antes de morir.

“100 cosas que debes hacer antes de morir” o “25 cosas que quiero hacer antes de morir” o “Antes de morir, tienes que realizar estas 30 actividades.”

Unos quieren ver las 7 maravillas. Otros quieren lanzarse de un avión con paracaídas. ¡Todos quieren pasar tiempo con sus seres queridos!

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Imagen de Melissa en Unsplash

Pero, ¿qué tal una lista de lo que esperas nunca hacer antes de morir?

Hoy te comparto mi lista de 15 cosas que no quiero hacer antes de morir.

  1. ¡Fracturarme un hueso!
  2. Dejar la comunión de la asamblea local.
  3. Rechazar la voluntad específica de Dios.
  4. ¡Volver a probar tacos de sesos!
  5. Cortarme el cabello.
  6. Quedarme ciega.
  7. Pelearme con mi esposo.
  8. ¡Tener una alergia a alguna comida!
  9. Pasar un día sin orar.
  10. ¡Ser una anciana amargada!
  11. Permitir que mi pasaporte esté vencido.
  12. ¡Dejar de disfrutar la música navideña!
  13. Dejar de escribir.
  14. Tener un hijo no salvo.
  15. Disminuir la importancia de compartir el evangelio.

En la lista sí puse algunas cosas chistosas, pero pensar en la muerte no es lo más divertido. Su valor está en que añade una perspectiva diferente a las acciones y acciones que tomamos. Ya hablando en serio, hay ciertas prioridades en mi vida que deben cambiar, si voy a cumplir con esta lista.

¿Tienes tú una lista de cosas que no quieres hacer antes de morir? ¿Hay algo que necesitas modificar para vivir la vida que quieres presentar al Señor?