No hice la voluntad de Dios. ¿Ahora qué?

Escribí este artículo para la página del centro evangélico en Zapopan y quise compartirlo aquí también.

Imagen de Dev Asangbam en Unsplash

Eres creyente pero, ¿has cometido un error terrible? ¿O hiciste algo en rebeldía a la voluntad de Dios? ¿O tomaste un camino incorrecto del que no sabes si puedes regresar?

Gomer tampoco obedeció la voluntad de Dios. 

En el libro de Oseas, leemos que ella pasó tiempo y noches con hombre tras hombre, en lugar de serle fiel a su esposo. Su situación pasó de mal a peor y cayó en manos de quien la vendía como esclava. ¿Y quién la compró, pagando un precio extraordinario? Su esposo. Su esposo la había buscado, la había encontrado y había pagado muchísimo para llevársela a casa y ponerla de nuevo en su su posición de honor como esposa, madre y ama de casa. 

Dios dijo que Gomer era como Israel, que vez tras vez le dio la espalda y el esposo como Dios que la buscó y sacrificó todo para mostrarle amor. 

Con esta historia Dios quería comprobar que Él nos alcanza donde estemos.  Si caímos en pecado, si anduvimos en rebeldía abierta, si nos hundimos en profundidades de mal a donde nunca pensábamos llegar, Dios aún nos alcanza. Y Dios aún nos muestra su amor. 

Dios puede alcanzarte donde estás. 

Ester es otra persona en la Biblia que estaba en donde no debía estar. 

Si Israel no hubiera pecado, no los hubieran llevado como esclavos a Babilonia. Si sus antepasados hubieran regresado a Jerusalén cuando el rey de Babilonia les dio permiso, ella no hubiera estado allí aún cuando el reino pasó al rey Medo-Persa que decidió reemplazar a la reina. Si ella no hubiera estado allí, no la hubieran obligado a ir al palacio de un rey pagano que la usaría de concubina. Pero todo eso sí había pasado y ahora ella se encontraba atrapada en un palacio, esperando su noche con el rey. Ya nunca podría tener una vida normal. 

A pesar de que ella solo estaba allí gracias a una serie de malas decisiones, se puso en manos de Dios, orando tres días. Y aunque parecía imposible que ella tuviera influencia alguna en la corte de un rey incrédulo y mujeriego, Dios la usó para evitar el genocidio. 

Ester empezó donde estaba y Dios la usó. Como Ester, nosotros a veces nos encontramos atrapados gracias a una combinación de malas decisiones propias y de otros. Pero como ella, podemos orar, podemos hacer lo correcto, podemos permitir que Dios obre a través de nosotros aún en esa situación. 

Dios puede usarte donde estás.

Moisés tuvo un mal comienzo. 

Aunque de niño lo habían rescatado de la muerte y había recibido la educación de un príncipe y líder, como adulto, lo primero que hizo fue matar a alguien. Luego, en lugar de tomar responsabilidad por lo que había hecho, huyó al desierto. Además de homicida, cobarde.

Ahí mismo en el desierto, Dios lo llamó. Moisés (después de ciertas objeciones) obedeció. Y a través de Moisés, Dios reveló su gloria como nunca antes se había visto en la tierra. Dios descendió en toda Su gloria al tabernáculo que Moisés construyó. De hecho, le mostró sus mismas espaldas a Moisés en el monte, porque Moisés no podría ver Su cara y vivir. ¿Y dónde pasó todo esto? En el desierto.

Era un hombre homicida y cobarde pero Dios lo llamó, quiso mostrarle Su gloria y también revelar Su gloria a otros a través de él.

¡Qué esperanza! A pesar de tener un pasado terrible, Dios llama. Quiere mostrar Su gloria no solamente a nosotros, sino también a través de nosotros a los que nos rodean. 

Dios puede revelar Su gloria donde estás.

Gomer. Ester. Moisés. Quizás tu situación se parezca éstas. Quizás has sido tan rebelde que no sabes cómo regresar. Quizás estás atrapado por malas decisiones (tuyas y de otros). Quizás has huido de la realidad de lo que has hecho. Satanás hará todo lo posible por ahogarte en la vergüenza de tu pasado, pero no es necesario que te hundas. 

Dios puede rescatar cualquier situación. Quiere tomar todo lo malo de tu pasado y encaminarlo a bien. 

“Hijitos míos…si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.“

1 Juan 2:1

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