la primera misionera del continente

La primera misionera que salió de las américas fue Ann Judson.

Era una chica inteligente y determinada que tenía el deseo de ayudar a otros. En parte, fue ese deseo que la llevó a ser maestra en varias escuelas. Cuando ella tenía 20 años, conoció a un joven llamado Adoniram Judson, al poco tiempo él le propuso matrimonio, pero con la advertencia de que pensaba ir a la India como misionero. La decisión fue difícil para ella porque quería que su llamado a ser misionera fuera independiente de su cariño por Adoniram. Por otro lado, si no se casaba con Adoniram quizás nunca
tendría la oportunidad de ser misionera.

ann-judson1.jpgNinguna mujer había salido de los E.E.U.U. como misionera y en ese tiempo se consideraba que cualquier dama no haría tal cosa por el peligro y la incomodidad a la que se expondría. Cuando Ann acudió a varias personas mayores y les pidió consejo, varios le dijeron que no aceptara la propuesta y otros le dijeron que no le podían aconsejar; muy pocos le animaron a ir y servir a Dios como esposo Adoniram. A final de cuentas, Ann decidió casarse con Adoniram y poco después de su boda, salieron hacia Calcuta, India.

Una vez en la India, el gobierno no les permitió quedarse ya que no querían misioneros allí, entonces después de un tiempo en Francia, llegaron a Myanmar (Birmania). Se cree que nunca se había predicado el evangelio en ese país y la gente les decía a Ann y a Adoniram, “Su religión es buena para ustedes, la nuestra es buena para nosotros.” Sus circunstancias en Myanmar eran deprimentes y la obra avanzó de manera muy lenta; pasaron seis años de arduo trabajo y de debilidad física, antes de que por fin fuera salva una persona. De hecho, después de nueve años, sólo 19 personas habían sido salvas. Adoniram-Judson

El clima de Myanmar era tal que Ann se debilitó mucho y tuvo que regresar a los E.E.U.U. para recuperarse. A pesar de que estaba allí para descansar, no malgastó su tiempo, sino que se dedicó a hacer saber la gran necesidad que había en Myanmar, especialmente de mujeres que pudieran ser buenos ejemplos. Fue en estos meses que preparó varios escritos para publicarlos y dar a conocer cuánto se necesitaban más misioneras. Después de más de seis meses de recuperación, Ann pudo regresar a Myanmar. Sería la última vez que vería su hogar.

Tristemente, un año después comenzó una guerra entre Gran Bretaña y Myanmar que duraría dos años. Como Ann y Adoniram eran de los E.E.U.U. muchos sospechaban que eran aliados de Gran Bretaña y los persiguieron. Fueron amenazados con la muerte en varias ocasiones y pronto los soldados detuvieron a Adoniram. Ann siempre estuvo cerca de la cárcel donde lo tenían. En la prisión, Adoniram se enfermó, pero logró sobrevivir hasta el final de la guerra cuando le dieron libertad. Durante esa guerra, ambos sufrieron de manera física y emocional. Por ejemplo, en una ocasión, los soldados querían cambiar a Adoniram de prisión secretamente, entonces lo obligaron a caminar descalzo toda una noche a pesar de que tenía fiebre. Ann se dio cuenta al siguiente día y, tomando a su bebé de tres meses, los siguió. Fueron situaciones como esta que dejaron completamente debilitada a Ann, quien murió unos meses después de que su esposo saliera de la cárcel.

Su gran ejemplo como mujer determinada a servir al Señor y a su esposo, a pesar de todo lo que le pudieran hacer y le hicieron, es una inspiración para nosotros hoy. No solamente por su servicio, sino también porque nos dejó el ejemplo de una persona que mantuvo su mirada en la eternidad.

En una carta que escribió a su hermano, Ann habló sobre esos dos años de tribulación:

“Lo que más me angustiaba era la terrible incertidumbre de nuestro futuro. Mi opinión era que mi esposo moriría de manera violenta y que yo llegaría a ser esclava… pero el consuelo de la religión en estas circunstancias tan difíciles ¡no fue ni pequeña, ni poca! Las circunstancias me enseñaron a mirar más allá de este mundo a ese descanso en donde Jesús reina y la opresión nunca entra.”

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