la motivación: amor vs. culpa

Cuando sirves a Dios ¿cuál es tu motivo?

De estas frases, ¿cuáles son las que se parecen más a tu voz interior?

“Debería de llevarle un postre a la señora Magda, tengo como dos semanas sin verla va a pensar que a nadie del Centro Bíblico le importa si está bien o no.” Y “¡No puede ser! ¡Se me olvidó invitar a Lupita a la predicación otra vez! Qué creyente misionera ni qué nada… si dependiera de mí, ¡nadie escucharía el evangelio!”

“Pepe tiene como dos domingos sin ir a la clase bíblica…voy a hablarle a su mamá hoy para ver cómo están.” Y “Quisiera invitar a Alicia y Efrain a cenar, han pasado por unos tiempos difíciles últimamente y les haría bien salir a unos tacos y distraerse un rato.”

¿Ves la diferencia entre los ejemplos?

Las primeras dos frases están llenas de culpa. Y las otras frases están llenas de amor.

Me he dado cuenta que demasiadas veces mi servicio a Dios y a los hermanos tiene detrás la motivación de culpa.

Las expectativas que tengo de mí misma y que pienso que otros tienen de mí, me pesan.

Y termino haciendo las cosas porque es lo que hace una “buena” cristiana.

Quisiera cambiar eso en mi vida.

Quisiera que mi servicio fuera motivado por amor a Dios y a mis prójimos.

Quisiera recordar que yo sirvo al Señor porque Él primero me sirvió, que yo sirvo a otros porque ellos también son almas preciosas a quienes Cristo vino a servir.

Entonces, la próxima vez que pienso, “¡Tengo que terminar de limpiar la casa porque una buena esposa cristiana debe atender a su marido y tener limpia la casa!” Voy a cambiar esa voz interior. Voy a decirme algo así: “No, quiero terminar de limpiar la casa porque amo a mi esposo y quiero crear un ambiente de paz para él y eso glorificará a Dios.”

Quizás no cambien mucho mis acciones.

Igual voy a llevarle un pan a la señora enferma, igual voy a limpiar mi casa, igual voy a ver al alumno que ya no ha venido… pero, mi corazón estará más tranquilo porque estaré llevando a cabo estas responsabilidades con amor, no por la carga de culpa.

Y, cuando realmente se notará la diferencia es cuando los límites del tiempo me alcancen.

No siempre puedo terminar todo lo que quiero hacer. Soy ser humana, a final de cuentas, y no puedo suplir cada necesidad que veo. Pero, el amor de Dios y el amor para con Dios en mi corazón me ayudarán a ver que no necesito cargar con la culpa de no haberlo terminado todo.

Así se podrá decir de mi como se dijo de esa mujer motivada por amor en Marcos 14:8.

“… ha hecho lo que podía…”

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Imagen de Samuel Martins en Unsplash

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