la boda de mis tíos

El piso del hotel tiene alfombra verde pino y como estoy cansada, me siento. Acomodo la canasta blanca llena de flores a mi lado. La señorita con tacones rojos y vestido plateado me ve y luego voltea con las dos que llevan vestidos verdes de gala igualitos. Parece que me va a decir algo pero se distrae cuando se oye música al otro lado de esas puertas grandes. Cierra los ojos un momento, luego sale corriendo hacia la banqueta, pero no sé porqué. No hay nadie.

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Imagen de Wedding Photography en Unsplash

Cuando regresa, sus chinos están todos despeinados. Como los míos. Toda la mañana estuve sentada en una silla grande junto a mi tía y las gemelas de verde en un lugar lleno de mujeres con uñas largas. Me hicieron chinos y luego se me despeinaron y me los volvieron a hacer. Eso pasó como tres veces. Me había cansado de estar sentada pero me dieron dulces y un peluche y estuve sentada otro rato más. Luego metieron mi cabeza debajo de una máquina que me echaba aire y  estuve ahí mucho tiempo y cuando por fin salimos de ese lugar, me dijeron que no moviera la cabeza para que no se me despeinaran los chinos. A lo mejor esta señorita movió la cabeza demasiado afuera de la puerta.

Empieza a hablar en voz baja con las gemelas verdes, pero parece que está enojada.  Las acomoda frente a las puertas. Suspira profundo y luego me mira.

—Ven.

Me levanto de mi lugar con cuidado para no pisar mi vestido de encaje y tomo la canasta con flores, antes de acercarme.

—¿Moviste mucho la cabeza? —Sonríe porque no me entiende.

—Mira ya casi es momento de que pases al auditorio. ¿Recuerdas lo que practicamos anoche?

Asiento con la cabeza. —Cuando abren las puertas van a pasar ellas dos, luego yo las voy a seguir. Todas tenemos que caminar lento. Y cuando llegue al frente, busco la moneda en el piso y me pongo allí, pero no me puedo sentar hasta que entre mi tía.

—¡Exacto! —Sus labios sonríen de nuevo pero sus ojos no. Me da un poco de miedo y miro a las de vestido verde. Ellas son mis amigas. Ellas me sonríen y veo las sonrisas en sus ojos. Les devuelvo la sonrisa y me pongo en mi lugar atrás de ellas. Todas volteamos hacia las puertas listas para caminar.

Justo al abrirse las puertas, la señorita me recuerda una última vez —Sonríe—.

Y al seguir a las gemelas verdes, me encuentro en un lugar muy grande pero no se ve tan grande como se veía anoche. Anoche era un espacio inmenso. Hoy está lleno de filas y filas de sillas con moños, listones y flores. Y mucha, mucha gente viéndome.

Doy mis primeros pasos hacia el frente. Procuro sonreír, pero sé que mi cara se ve como la de la señorita, con labios sonrientes y ojos serios. Miro hacia el frente. Allí están un viejito, mi tío y unos amigos de él. Él me mira y sé que está feliz. Me empiezo a sentir mejor ¡pero me doy cuenta que no estoy caminando lento! ¡Tengo que caminar lento! Y vuelvo a sonreír a la gente que me está mirando.

Por fin, llego al frente y busco la moneda. ¡Ése es mi lugar!

Volteo con mi tío otra vez. ¡Sigue muy feliz! Pero ya no me está viendo a mí. Está mirando hacia la puerta. La música que están tocando los de negro en una esquina se pone más lenta y más suave. Siento cosquillas en el estómago y suspiro profundo.

El viejito dice algo pero no le entiendo. Y todos se paran y voltean hacia atrás, hacia las puertas por donde entré yo con mis amigas de verde. ¡Ya no veo nada! La música sigue igual de suave y bonita pero aparte de eso hay un silencio intenso. Siento escalofríos en la espalda…¡todo está muy bonito! Luego se oye pasar un carro por la calle. Alcanzo a oír esos tacones rojos de la señorita que corre otra vez a la banqueta. Pienso en sus chinos, se van a despeinar más.

La música sigue pero la gente ya no está quieta. Algunos mueven los pies, otros voltean con mi tío, otros miran al suelo. Mi tío me mira, me cierra el ojo y le sonrío bonito. ¡Sé que va a estar contento porque ya viene mi tía y está muy bonita en ese vestido blanco y grandote! Luego, él mira hacia las puertas y yo también aunque me estorba la gente parada. Lo que sí puedo ver muy bien son sus rodillas y zapatos. Veo zapatos negros brillosos, tacones blancos y cafés, otros rojos también brillosos, veo unos azules con puntitos…

Me parece que los de negro en la esquina se emocionan porque comienzan a tocar la música más fuerte. Pero la gente ya no está poniendo atención. Están empezando a hablar entre sí. Una amiga de verde volteó a ver a su gemela. Mi tío ya no está sonriendo. ¡Y yo tampoco porque ya estoy cansada de estar parada!

No puedo sentarme hasta que entre mi tía… pero me duelen los pies. Levanto el pié para estar segura de que estoy en el lugar correcto y sí, allí está la moneda. Me siento en el escalón elegante. Acomodo el encaje de mi vestido y de mis calcetines. Mis zapatos son de los negros brillosos pero tienen perlitas blancas. ¡Son zapatos muy bonitos! Me doy cuenta de que estoy agachada ¡y no debo mover mi cabeza! Con cuidado me siento derechita para ya no mover la cabeza. No quiero despeinarme los chinos.

La música se acaba. Ya nadie está sonriendo, muchos están platicando entre sí y las gemelas verdes están mirando a mi tío… ¿están llorando? ¡Sí! Hay lágrimas en sus ojos. Mi tío suspira profundo. El viejito tiene una mano en su hombro. Veo a mi mamá sentada en la segunda fila, me está mirando y no se ve contenta.

¡Ay, no! ¡Todos se dieron cuenta de que me senté antes de que entrara mi tía! ¡Qué horror! Siento calor en mi cara y dolor en mi garganta. Me paro rapidísimo, pero sin mover la cabeza. Tengo un trabajo muy especial y no importa que esté cansada, no puedo sentarme hasta que entre mi tía.

Luego, se oye un carro que frena de repente. Corren de nuevo los tacones rojos de la señorita hacia la banqueta. ¡Sus chinos van a ser un desastre! Se azota una puerta, luego otra. Todos voltean hacia las puertas por las que entré. A lo mejor ya llegó mi tía. Yo no puedo ver nada entonces volteo con mi tío. Da dos pasos hacia la puerta y luego hace un sonido raro. —¡Ja! —Y de un brinco regresa a su lugar al frente. Los de negro comienzan a tocar música otra vez, música rápida y feliz. Todos empiezan a sonreír. ¡Mi mamá también! Y mi tío está llorando… no sé por qué.

Entre la gente, alcanzo a ver a mi tía que camina lento hacia mi tío. Tiene un velo blanco y ligero que cubre todos sus chinos amontonados. ¡Ella supo no mover la cabeza! Tiene en sus manos unas flores como las de mi canasta ¡pero son muchísimas! Y la sonrisa de ella sí está en sus ojos. Cuando llega al frente y toma la mano de mi tío, yo suspiro pero creo que muchos más suspiraron al mismo tiempo porque se escuchó muy fuerte.

¡Bien hecho, tía! Ahora sí, me puedo sentar.

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