el reto de Lidia

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La primera vez que leemos de Lidia en las escrituras, está orando.

Aún cuando no había nadie para dirigir un estudio, cuando faltaban los hombres y nadie enseñaba la Palabra de Dios, ella se reunía con otras para orar.

Lidia era una mujer de oración.

¿Se puede decir lo mismo de mí?

¿Soy un creyente de oración? Cuando digo “Voy a orar por él” o “Tendremos que seguir orando por esa familia,” ¿de verdad oro por ellos? Si alguien llega y me pide oración, ¿tiene la seguridad e que voy a doblar mis rodillas ante el Señor para rogar por su petición? ¿Sigo el ejemplo de Lidia?

Ese es el reto de este fin. Durante los siguientes dos días, vamos a orar. Apartemos un tiempo específico para hablar con Dios, sea de nuestra familia que tanto necesita de Él, algún amigo que necesita apoyo o esa persona por quien prometimos orar hace tres meses y se nos ha olvidado. Y cumplamos, sean 10 minutos o sean 40, sea en la mañana camino a la escuela, o sea al lavar los trastes.

Este fin, el reto es orar.

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