el reto de la templanza

A los seres humanos nos encanta la exageración, los extremos.

En la política, declaramos nuestra confianza en uno y la gran corrupción del otro candidato. En las noticias, lo más dramático es lo que primero se cuenta. En la medicina, primero un aceite es lo mejor, y luego hay que evitar a toda costa todo aceite que no sea de coco. No nos podemos evitar el girar de un extremo al otro, en ciertas situaciones. En otras, viendo a una persona aproximarse a un punto de vista extremo, nosotros nos vamos al otro extremo tratando de evitar las fallas de su filosofía. El mantenerse moderado es muy difícil y quizás por eso es lo último que viene en la lista de los frutos del Espíritu. (¿Será que después de cultivar lo demás, sería menos difícil culitvar este? No sé. Lo cierto es que el Señor espera todas estas características de sus hijos.)

“El fruto del espíritu es… templanza.”

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Imagen de Lance Asper / CC-BY

El Señor Jesucristo nos dio el ejemplo de la templanza. No dado a exageración, ni a los extremos, Él tomaba lo que le decían a la luz de la Palabra de Dios y se comportaba de acuerdo a ella. Si alguien le hacía una pregunta acerca de la política de la era, mostraba que su enfoque no era involucrarse en el péndulo de la fama, sino hacer la obra de Su Padre. Si alguien lo pintaba de extremista, Él no se defendía buscando la compañía de los extremistas del lado opuesto. Cristo, sólo siguió viviendo su vida en templanza, en moderación.

¿La lección para nosotros?

Moderación.

Al comer, moderación. Al comprar ropa, moderación. Al hablar de nosotros mismos, moderación. Al salir con amigos, moderación. Al ver películas o leer libros, moderación. Templanza.

Una vida vivida en el poder del Espíritu Santo, una vida moderada, sin exageraciones, será drásticamente distinta a la vida de los incrédulos. Causará curiosidad por saber cuál es la diferencia, y por qué no te involucras sin límite en sus actividades como ellos.

Y así, tendrás la oportunidad de compartir el evangelio.

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