el reto de Jael

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La historia de Jael es una de mis preferidas. ¿Te la sabes?

Israel estaba batallando en contra de un ejercito enemigo. El general de este ejercito se llamaba Sísara y al momento de que los Israelitas comenzaron a ganar la batalla, él huyó. Llegó a la tienda de Jael y su marido, pensando que ellos lo ayudarían. Jael lo recibió con amabilidad, le dijo que entrara a descansar y cuando el general le pidió un vaso de agua, ella le dio un vaso de leche. Pronto, el general Sísara estaba dormido en una cama. Jael tomó un mazo y una estaca y se acerco de manera silenciosa. De repente, ¡clavó la estaca en la cabeza del general! Sísara nunca despertaría.

¡Qué valentía! Jael, con la ayuda de Dios, venció al enemigo. Ella hizo algo que nadie más pudo hacer, ese malvado general estaba en su casa. Nadie más tenía la ventaja que tenía ella, ni la oportunidad que tuvo ella para vencer el mal.

Esa historia me hace pensar en situaciones en las que el Enemigo está atacando y nadie más que yo le puede vencer.

Cuando el Enemigo me está tentando a pecar, está en mi casa, está en una posición donde sólo yo (con la ayuda de Dios) lo puedo vencer. Nadie más puede hacer ese trabajo por mi. Sólo yo puedo resistir la tentación que él me está poniendo.

El reto de este fin es vencer al Enemigo resistiendo la tentación que él me ponga.

Sea la tentación de criticar a alguien, la tentación de ir a un lugar inapropiado para un creyente o la tentación de no cumplir con algo que es mi responsabilidad,

con la ayuda de Dios, puedo vencer al Enemigo en mi propia casa, tal como lo hizo Jael.

 

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