el hermano que oraba por Charles Finney

Charles Finney fue un hombre que Dios usó de manera grande para salvar a muchos; un hombre famoso porque sus predicaciones conmovían a tantas almas. Pero mientras Charles Finney predicaba poderosamente las Buenas Nuevas, en algún lugar cercano estaba otro hermano de rodillas ante el Señor. 

Daniel Nash era este hermano desconocido que apoyaba al predicador en oración. Charles Finney siempre habló muy bien de su colaborador y siempre dejó claro que dependía de él. De hecho, dos semanas después de fallecer el hermano Daniel Nash, Charles Finney dejó de viajar. 

Daniel Nash no es famoso. No ha dejado un legado grandioso de predicación. No hay libros completos dedicados a contar su vida. Pero Daniel Nash era la llama que encendía al predicador dinamita. Se cuenta que en los pueblos en donde iba a predicar el gran Charles Finney, unas semanas antes llegaba Daniel Nash. Rentaba un cuartito de bajo costo y allí recibía a unos pocos hermanos todos los días. 

Y estos hermanos oraban.

Daniel Nash pasaba horas a diario en oración por el pueblo, por el predicador, por los corazones que oirían el evangelio. Él y Charles Finney consideraban que la mejor forma de preparar un lugar para una serie de predicaciones era la oración y desde la primera vez que trabajaron juntos en una ciudad, formaron un poderoso equipo que nunca se disolvió.

Una señora contó que como ella no tenía un cuarto extra, le rentó su pequeño y húmedo sótano en donde Daniel Nash y otro hermano se quedaron a dormir y orar durante dos semanas. Otra dueña de una casa de huéspedes habló con Charles Finney quien había llegado para iniciar sus predicaciones y le preguntó que si conocía al Sr. Nash porque ¡él y otro hombre habían estado en uno de sus cuartos durante tres días sin comer y estaba preocupada por ellos!

El predicador le contestó que estaban en oración.

Cualquiera que lee biografías de los héroes de la fe ha oído hablar de Charles Finney, pero rara la vez tomamos tiempo para observar la vida del que tenía un trabajo menos espectacular: el que se encerraba durante semanas para orar. 

Y ¿sabes qué impulsó a Daniel Nash a lanzarse de lleno a este servicio de oración? Su mala vista. Tuvo una inflamación en los ojos que lo obligó a estar encerrado en un cuarto oscuro durante varias semanas para que se pudiera recuperar. Fue en estas largas horas que comenzó a dedicarse a la oración, ya que no se le permitía leer ni escribir. A través de una gran dificultad física, Dios lo llamó a un ministerio de oración que impactaría a miles de almas pero que muchos pronto olvidarían. 

¡Qué dedicación y qué perseverancia! Aprendamos esta lección de la vida de Daniel Nash. La oración muchas veces es uno de los trabajos invisibles, que se realizan detrás del escenario, que comienzan antes y terminan después de lo público, pero que son esenciales en la obra del Señor. 

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