cuando tu pecado te pesa

¡A veces la memoria no es nada amable con uno!

Cuando menos quieres recordarlo, cuando te quieres dormir o cuando estás a punto de dar un discurso en público tu memoria decide repasar con horroroso detalle cada momento vergonzoso que jamás has tenido.

¿Te ha pasado? ¡Es horrible!

Pero, poquito peor, cuando no es un problema de simples recuerdos que dan pena, sino pecados. A veces, especialmente en días difíciles, uno se siente bombardeado por recuerdos de pecados que cometió.

Los recuerdos traen vergüenza, traen culpa, traen desánimo.

Y precisamente por eso es una de las herramientas preferidas de Satanás.

Él sabe que amamos al Señor y no lo queremos decepcionar. Y sabe que si logra hacernos recordar las veces que le fallamos al Señor, tiene una mayor probabilidad de desanimarnos. Esa es una de las razones por las que es Acusador de los hermanos.

¡Nos quiere volver inútiles, ahogados en el pantano del desánimo!

No sé si has sufrido un ataque así. Yo sí. Y quiero ayudarte a defenderte en contra de esos vergonzosos y deprimentes recuerdos.

¿Sabes que Pablo también tenía este problema?

Imagínate la culpa que Satanás seguramente le echó en la cara a Pablo. Pablo, el que había sido devoto a las reglas de unas tradiciones muertas. Pablo, el que no había visto a Cristo entre tantas profecías del Antiguo Testamento. Pablo, el celoso que había detenido y encarcelado a muchos hermanos. Pablo, ¡el que causó la muerte de otros hermanos! La historia de Pablo no era nada bonita. Y seguramente Satanás lo usó.

Pero en Filipenses 3:13 Pablo nos da una pista acerca de cómo se defendía ante tal ataque.

Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante… Filipenses 3:13

Pablo nunca dijo ser perfecto. Sabía que no lo era. Pero, después de confesar su pecado y ser restaurado ante el Señor, puso fuera de su mente lo pasado. Él se enfocó en el futuro, en lo que aún le quedaba por vivir y hacer.

Por tanto, nosotros también … despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante… Hebreos 12:1

¡El pasado pesa mucho! Desarráigalo de tu corazón y de tu mente. Arroja tu sentimiento de culpa a un lado.

¡Y corre! ¡Extiéndete hacia el futuro!*

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Imagen de Joshua Earle / CC-BY

*En esta entrada estoy hablando de pecado que ya se enfrentó y se trató. Si un creyente peca, lo primero que debe hacer es confesarlo ante Dios y cualquier otra persona correspondiente. Ya enfrentado y confesado el pecado, Dios promete perdonarlo y se restaura la comunión con Dios y los hermanos (1 Juan 1:7). De ahí en adelante, aplica esta entrada.

Comentarios: ¡me encantaría saber qué piensas!