¿cuándo fue la última vez que lloraste por un alma perdida?

Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo… Filipenses 3:18

¡Qué raro! ¿El apóstol hablaba de los enemigos de la cruz de Cristo llorando?

¿Por qué no con coraje por su mal testimonio?

¿Por qué no con ira justa por sus palabras blasfemas?

No, Pablo lloraba al pensar en los enemigos de la cruz de Cristo.

¿Cuándo fue la última vez que lloré yo conmovida por la condenación de una alma perdida?

¿Y tú?

¿Somos caracterizados por el amor de Cristo hacia esas pobres almas condenadas a muerte por su rechazo de la cruz de Cristo? ¿Su situación nos causa tristeza y dolor? ¿Nos mueve la compasión a llorar por ellos?

Cuando Jerusalén rechazó Su salvación, Cristo lloró.

Cuando los enemigos de la cruz se opusieron a la verdad, Pablo lloró.

Y hoy, cuando los pecadores rechazan el evangelio, ¿lloro yo?

¿Lloras tú?

¡Qué el Señor nos dé un amor profundo por el pecador!

5 cosas que me inspiran a compartir el Evangelio

A veces inicias tu día con una pasión por salvar almas. Sales de tu recámara listo para predicarle el evangelio a la primera persona que ves. Tienes el gozo del Señor en tu corazón y brota por tus labios.

Y a veces no.

A veces necesitas renovar tu ánimo. A veces necesitas algo para motivarte.

Hoy te quiero contar de 5 cosas que me inspiran a compartir el Evangelio.

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Imagen de Andrew Neel / CC-BY

1. El Apocalipsis.

¿Has leído ese libro últimamente? Si no tiene otro efecto en tu vida, ¡seguramente te volverá evangelista! Los terrores y juicios que se derramarán sobre los incrédulos en la tierra en esos días me impulsan a compartir el evangelio por pura lástima a los pobres que no creen.

2. Un vistazo hacia atrás.

Cuando miro hacia el futuro, mi vida es un camino largo que parece alcanzar el horizonte. Pero, cuando miro hacia atrás veo cuán cortos han sido mis años y cuán poco he hecho para el Señor. Este año está pasando y ¿qué he hecho para Él? ¡Tengo que servir al Señor mientras aún tenga tiempo!

3. La predicación del evangelio.

Hay pocas cosas que encienden en mí un fuego evangelistic como una buena predicación del evangelio. Si no me toca asistir a una predicación ese día, puedo encontrar una grabación. El fervor del predicador y el poder del Mensaje pueden dar vida a la pasión evangelística que en mí está por desvanecerse.

4. Un buen himno.

A veces la música puede alcanzar un corazón frío cuando ninguna otra táctica funciona. La letra de este himno:

“¿Cómo puedes pensar que al infierno tú vas,

Sin estremecerte de horror,

Sin pedir a tu Dios mientras tengas lugar 

Que tenga de ti compasión?

El verano acabó, la cosecha pasó

Y tenemos que ir y la cuenta rendir

Delante del trono De Dios.”

o de éste:

“Una línea rebasa el que ignora al Señor,

Y el Espíritu uno llama más. 

Con el mundo tú corres veloz, sin temor:

Piensa bien, piensa bien, ¿qué harás?

“En su misericordia Dios quiere salvar,

Pero tiempo no siempre tendrás.

Hoy la puerta está abierta y puedes entrar:

Piensa bien, piensa bien, ¿qué harás?”

me recuerdan de la gravedad del peligro para las almas no salvas. El cantar himnos como estos reaviva mi celo por ganar almas y vuelve mi deseo de compartir el evangelio.

5. La adoración.

Quizás este sea un motivador algo desconocido, pero la verdad es que es el motivador más bíblico. La mejor motivación que podríamos tener es la adoración. ¿Cómo funciona? Cuando paso tiempo con el Señor, mi corazón rebosa amor y gratitud. Quiero darle toda la honra y gloria que Él se merece. Y lo que Él se merece son más adoradores. El reconocer todo lo que Dios se merece me motiva a buscar más personas y compartirles las maravillas de Dios para que ellos también se conviertan y adoren.

Espero estas 5 cosas que me motivan a mí, ¡también te ayuden!

sólo una vida

Es el 20 de marzo ¡y me doy cuenta de que la última vez que publiqué algo en el blog fue el 20 de febrero! ¿Por qué el silencio?

Pues, estuve en la Convención Estudiantil Mexicana (semanas 1 y 2) y regresé enferma entonces a penas estoy poniéndome al día con muchas de mis responsabilidades. Pero, ¡cuánto he extrañado escribir, compartir ideas con ustedes y escuchar sus respuestas!

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Len Stolyarchuk, predicador en la CEM 1 y 2 // Imagen de Len Stolyarchuk

Lo que se me quedó de las dos semanas que estuve en la CEM fue una idea, propuesta por el predicador, enfatizada por un himno que cantamos y ubicuo en las conversaciones que tuve.

“Sólo tienes una vida para dedicarle al Señor.”

Es fácil permitir que las actividades diarias me distraigan de la Gran Meta de mi vida.

Y pienso que quizás lo mismo te puede suceder.

La Gran Meta de mi existencia — y de la tuya — es dar gloria a Dios.

¡Sólo tenemos una vida para hacerlo!

Cuando miras hacia el futuro, una vida se ve bastante larga.

Hay muchos años por delante en los que puedes lograr grandes metas. Muchos meses en los cuales puedes terminar proyectos para el Señor y muchísimos días que puedes llenar de servicio para Él. A partir de mañana, claro.

Pero, ¿qué sucede cuando miras hacia atrás?

Todo se vuelven un borrón.

Momentos de madurez espiritual y momentos de frivolidad vergonzosa. Años que han desaparecido, días que nunca tendrás de nuevo… y todo pasó tan rápido.

Sólo tengo una vida para servir y glorificar a Dios.

Y ya ha pasado más del 25% de esa única oportunidad.

¿Qué haré con el resto?

El tiempo, la vida, se va como el agua. No se puede detener.

Pero, sí puedo aprovechar cada momento mientras lo tengo para darle al Dios santo la gloria y la honra que se merece.

Una vida: no tienes más.

Sólo vale lo que haces para Él.

Una oportunidad de obedecer.

Tu vida entrega al Señor

¡nada hay de más valor!

Tienes sólo una vida.

de lo que me arrepiento

Todos tenemos algo en nuestro pasado que quisiéramos cambiar.

Hoy les voy a compartir algo que si pudiera regresar en el tiempo y cambiar mis acciones, lo haría.

 

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Imagen de David Cantelli / CC-BY

Hace unos meses estábamos en una oficina con una agente esperando a que la otra agente. Ella empezó a preguntarnos de dónde éramos, a qué nos dedicábamos, por qué habíamos llegado a Irapuato, etc. Después de explicarle que nos dedicábamos a predicar el evangelio y enseñar la Biblia, ella dijo que a final de cuentas todos creíamos lo mismo, la misma Biblia, el mismo Dios…

Y yo me quedé callada.

No sé si fue porque temía que no pudiéramos seguir trabajando con ella.

No sé si fue porque no quería caerle bien.

Pero, no corregí esa mentira. Y lo lamento.

Todo salió bien con los papeles ese día, nos despedimos de ella y nunca la he vuelto a ver. Pero, de vez en cuando pienso en ella y me pregunto qué hubiera pasado si le hubiera dicho la verdad. “La verdad no todos creemos lo mismo. La mayoría de las personas creen que haciendo cosas buenas pueden llegar al cielo pero la Biblia dice que no es por obras. La Biblia nos dice que es por gracia y fe en el obra del Señor Jesucristo en la cruz cuando derramó su sangre para borrar nuestros pecados.”

Pero esas palabras las encerré en mi ser y ella nunca las escuchó.

¡Qué triste! Dejé pasar la única oportunidad que tuve de hablar con ella acerca de las verdades más importantes que ella jamás oiría.

Pero aprendí mi lección. Y la siguiente vez que alguien me haga un comentario sobre lo que “todos creemos” ¡no se me vuelve a ir la oportunidad! 

Le compartiré el evangelio, cueste lo que cueste.

la causa #1 de la falta de celo misionero entre los creyentes

Hay algo que apaga el celo misionero como ninguna otra cosa. Algo que, cuando sucede, disminuye el deseo de compartir el evangelio. Se puede decir que es la causa número uno de que los creyentes no seamos misioneros. 

¿Y qué es esta cosa con efectos tan terribles?

Es el dejar de pasar tiempo con el Señor a diario.

¿A poco es tan importante el tiempo devocional?

Sí. Los momentos que pasamos con el Señor nos inspiran y fomentan el deseo de compartir acerca de esta maravillosa Persona y todo lo que ha hecho. Leyendo Su Palabra aprendemos la importancia de predicar el evangelio y vemos ejemplos de cómo hacerlo. En oración, nos comunicamos con Él, nos desahogamos y dejamos nuestras preocupaciones en las manos del Padre. Y experimentamos Su amor de manera muy personal.

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Imagen de Ben White / CC-BY

Después de pasar tiempo en presencia de un Padre tan amoroso gracias a un Salvador tan fiel, ¿cómo no compartir el evangelio? Después de leer los mandatos a ir y predicar el evangelio para la salvación de almas, ¿cómo quedarnos callados? 

La falta  de tiempo devocional es una de las razones más comunes por las que los creyentes no somos misioneros.

Si queremos mantenernos firmes y fervientes en nuestra obra para el Señor, es imprescindible que pasemos tiempo con el Señor a diario.

Aunque falte tiempo.

Aunque tenga sueño.

A pesar de cualquier dificultad emocional o física que esté pasando.

Necesitas pasar tiempo con el Señor a diario si vas a ser un creyente misionero eficaz.